{"id":31492,"date":"2024-12-29T10:43:27","date_gmt":"2024-12-29T10:43:27","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=31492"},"modified":"2024-12-29T10:55:05","modified_gmt":"2024-12-29T10:55:05","slug":"perfiles-de-familias-heridas-en-la-historia-de-la-santidad-salesiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/buena-prensa\/perfiles-de-familias-heridas-en-la-historia-de-la-santidad-salesiana\/","title":{"rendered":"Perfiles de familias heridas en la historia de la santidad salesiana"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>1. Historias de familias heridas<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estamos acostumbrados a imaginar la familia como una realidad armoniosa, caracterizada por la coexistencia de varias generaciones y por el papel gu\u00eda de los padres que establecen la norma y de los hijos que, al aprenderla, son guiados por ellos en la experiencia de la realidad. Sin embargo, a menudo las familias se ven atravesadas por dramas e incomprensiones, o marcadas por heridas que agreden su configuraci\u00f3n \u00f3ptima y devuelven una imagen distorsionada, falsificada y enga\u00f1osa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi\u00e9n la historia de la santidad salesiana est\u00e1 atravesada por historias de familias heridas: familias donde falta al menos una de las figuras parentales, o donde la presencia de mam\u00e1 y pap\u00e1 se convierte, por diversas razones (f\u00edsicas, ps\u00edquicas, morales y espirituales), en un obst\u00e1culo para sus hijos, hoy en camino hacia los honores de los altares. El mismo Don Bosco, que hab\u00eda experimentado la muerte prematura de su padre y el alejamiento de la familia por la prudente voluntad de Mam\u00e1 Margarita, quiere \u2013 no es casualidad \u2013 que la obra salesiana est\u00e9 particularmente dedicada a la \u00abjuventud pobre y abandonada\u00bb y no duda en alcanzar a los j\u00f3venes que se han formado en su oratorio con una intensa pastoral vocacional (demostrando que ninguna herida del pasado es un obst\u00e1culo para una vida humana y cristiana plena). Por lo tanto, es natural que la misma santidad salesiana, que se nutre de las existencias de muchos j\u00f3venes de Don Bosco que luego fueron consagrados a trav\u00e9s de \u00e9l a la causa del Evangelio, lleve en s\u00ed \u2013 como l\u00f3gica consecuencia \u2013 la huella de familias heridas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De estos chicos y chicas que crecieron en contacto con las obras salesianas se quieren presentar tres, cuyas historias se \u201cinserten\u201d en el surco biogr\u00e1fico de Don Bosco. Los protagonistas son:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; la beata Laura Vicu\u00f1a, nacida en Chile en 1891, hu\u00e9rfana de padre y cuya madre inicia en Argentina una convivencia con el rico propietario Manuel Mora; Laura, por lo tanto, herida por la situaci\u00f3n de irregularidad moral de su madre, est\u00e1 dispuesta a ofrecer su vida por ella;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; el siervo de Dios Carlo Braga, valtellinense de 1889, abandonado de peque\u00f1o por su padre y cuya madre es alejada porque se la considera, por una mezcla de ignorancia y maledicencia, ps\u00edquicamente inestable; Carlo, por lo tanto, que enfrenta grandes humillaciones y ver\u00e1 su vocaci\u00f3n salesiana puesta en dificultades en varias ocasiones por aquellos que temen en \u00e9l un comprometedor resurgimiento del malestar ps\u00edquico falsamente atribuido a su madre;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; finalmente, la sierva de Dios Anna Mar\u00eda Lozano, que nace en 1883 en Colombia, sigue con su familia a su padre en el lazareto, donde se ve obligado a trasladarse tras la aparici\u00f3n de la terrible lepra, ser\u00e1 obstaculizada en su vocaci\u00f3n religiosa, pero podr\u00e1 finalmente realizarla gracias al encuentro providencial con el salesiano Luigi Variara, beato.<br><br><strong>2. Don Bosco y la b\u00fasqueda del padre<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como Laura, Carlo y Anna Mar\u00eda \u2013 marcados por la ausencia o las \u201cheridas\u201d de una o m\u00e1s figuras parentales \u2013 antes que ellos, y en cierto sentido \u201cpor ellos\u201d, tambi\u00e9n Don Bosco experimenta la falta de un n\u00facleo familiar fuerte.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las <em>Memorias del Oratorio<\/em> deben pronto detenerse en la precoz p\u00e9rdida del padre: Francisco muere a los 34 a\u00f1os y Don Bosco \u2013 no sin recurrir a una expresi\u00f3n en ciertos aspectos desconcertante \u2013 reconoce que \u00ab<em>Dios misericordioso<\/em> los golpe\u00f3 a todos con una grave desgracia\u00bb. As\u00ed, entre los primeros recuerdos del futuro santo de los j\u00f3venes se abre paso una experiencia desgarradora: la del cad\u00e1ver del padre, de quien la madre intenta alejarlo, encontrando sin embargo su resistencia: \u00abYo quer\u00eda absolutamente quedarme\u00bb, explica Don Bosco, quien entonces a\u00f1adi\u00f3: \u00abSi pap\u00e1 no viene, no quiero ir [me]\u00bb. Margarita le responde entonces: \u00abPobre hijo, ven conmigo, ya no tienes padre\u00bb. Ella llora y Juancito, que carece de una comprensi\u00f3n racional de la situaci\u00f3n, pero intuye todo el drama con una intuici\u00f3n afectiva e identificativa, hace suya la tristeza de la madre: \u00abYo lloraba porque ella lloraba, ya que a esa edad no pod\u00eda comprender cu\u00e1nto gran infortunio era la p\u00e9rdida del padre\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Frente al pap\u00e1 muerto, Juancito demuestra considerarlo a\u00fan el centro de su vida. De hecho, dice: \u00abno quiero <em>ir<\/em> [contigo, mam\u00e1]\u00bb y no, como esperar\u00edamos: \u00abno quiero <em>venir<\/em>\u00bb. Su punto de referencia es el padre \u2013 punto de partida y deseable punto de retorno \u2013, respecto al cual cada alejamiento parece desestabilizador. En el dramatismo de esos momentos, adem\u00e1s, Juancito a\u00fan no ha comprendido qu\u00e9 significa la muerte del progenitor. De hecho, espera (\u00absi pap\u00e1 no viene\u2026\u00bb) que el padre a\u00fan pueda estar cerca de \u00e9l: y sin embargo ya intuye su inmovilidad, su mutismo, su incapacidad de protegerlo y defenderlo, la imposibilidad de ser tomado de la mano por \u00e9l para convertirse a su vez en un hombre. Las vicisitudes inmediatamente posteriores, adem\u00e1s, confirman a Giovanni en la certeza de que el padre lo protege amorosamente, lo orienta y lo gu\u00eda y que, cuando le falta, incluso la mejor de las madres, como lo es Margarita, puede proveer solo en parte. En su camino de chico exuberante, el futuro Don Bosco encuentra sin embargo a otros \u201cpadres\u201d: los casi coet\u00e1neos Luis Comollo, que despierta en \u00e9l la emulaci\u00f3n de las virtudes, y san Jos\u00e9 Cafasso, que lo llama \u00abmi querido amigo\u00bb, le hace \u00abun gesto amable para que se acerque\u00bb y, al hacerlo, lo confirma en la persuasi\u00f3n de que la paternidad es cercan\u00eda, confianza e inter\u00e9s concreto. Pero hay sobre todo don Calosso, el sacerdote que \u201cintercepta\u201d al rizado Juancito en ocasi\u00f3n de una \u201cmisi\u00f3n popular\u201d y se convierte en determinante para su crecimiento humano y espiritual. Los gestos de don Calosso operan en el preadolescente Juancito una verdadera revoluci\u00f3n. Don Calosso, ante todo, <em>le habla<\/em>. Luego <em>le da voz<\/em>. Despu\u00e9s <em>lo<\/em> <em>anima<\/em>. Adem\u00e1s: se <em>interesa<\/em> por la historia de la familia Bosco, demostrando saber contextualizar el \u201cahora\u201d de ese chico en el \u201ctodo\u201d de su historia. Adem\u00e1s, le revela el mundo, de hecho, de alguna manera lo reintegra al mundo, haci\u00e9ndole conocer cosas nuevas, regal\u00e1ndole nuevas palabras y demostr\u00e1ndole que tiene las capacidades para hacer mucho y bien. Finalmente, <em>lo<\/em> <em>cuida<\/em> con el gesto y con la mirada, y provee a sus necesidades m\u00e1s urgentes y reales: \u00abMientras yo hablaba, nunca me quit\u00f3 la mirada de encima.<br>\u201cAn\u00edmate amigo, yo pensar\u00e9 en ti y en tus estudios\u201d\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En don Calosso, Juan Bosco hace, por lo tanto, la experiencia de que la verdadera paternidad merece una entrega total y totalizadora; conduce a la conciencia de s\u00ed mismo; abre un \u201cmundo ordenado\u201d donde la regla da seguridad y educa a la libertad:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>\u00abYo me puse pronto en manos de don Calosso. Entonces conoc\u00ed lo que significa tener una gu\u00eda estable [\u2026], un amigo fiel del alma\u2026 \u00c9l me anim\u00f3; todo el tiempo que pod\u00eda lo pasaba cerca de \u00e9l\u2026. Desde esa \u00e9poca comenc\u00e9 a saborear lo que es la vida espiritual, ya que antes actuaba m\u00e1s bien materialmente y como una m\u00e1quina que hace una cosa, sin saber la raz\u00f3n\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El padre terrenal, sin embargo, tambi\u00e9n es aquel que siempre quisiera estar cerca del hijo, pero en un cierto momento ya no puede hacerlo. Tambi\u00e9n don Calosso muere; incluso el mejor padre en un momento se hace a un lado, para otorgar al hijo la fuerza del desapego y de la autonom\u00eda propias de la edad adulta.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfCu\u00e1l es entonces, para Don Bosco, la diferencia entre familias exitosas o fracasadas? Se podr\u00eda estar tentado a decir que est\u00e1 toda aqu\u00ed: \u201cexitosa\u201d es la familia caracterizada por padres que educan a los hijos a la libertad y, si los dejan, es solo por una imposibilidad sobrevenida o por su bien. \u201cHerida\u201d en cambio es la familia donde el progenitor ya no genera vida, sino que lleva en s\u00ed problemas de diversa \u00edndole que obstaculizan el crecimiento del hijo: un progenitor que se desinteresa por \u00e9l y, ante las dificultades, incluso lo abandona, con una actitud tan diferente a la del Buen Pastor.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las vicisitudes biogr\u00e1ficas de Laura, Carlo y Anna Mar\u00eda lo confirman.<br><br><strong>3. Laura: una hija que \u201cgenera\u201d a su propia madre<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nacida en Santiago de Chile el 5 de abril de 1891, y bautizada el 24 de mayo siguiente, Laura es la hija mayor de Jos\u00e9 D. Vicu\u00f1a, un noble venido a menos que se hab\u00eda casado con Mercedes Pino, hija de modestos agricultores. Tres a\u00f1os despu\u00e9s llega una hermanita, Julia Amanda, pero pronto el pap\u00e1 muere, tras haber sufrido una derrota pol\u00edtica que ha minado su salud y comprometido, con el sustento econ\u00f3mico de la familia, tambi\u00e9n el honor. Privada de cualquier \u00abprotecci\u00f3n y perspectiva de futuro\u00bb, la madre llega a Argentina, donde recurre a la tutela del terrateniente Manuel Mora: un hombre \u00abde car\u00e1cter soberbio y altivo\u00bb, que \u00abno disimula odio y desprecio por quienquiera que se oponga a sus planes\u00bb. Un hombre que solo en apariencia garantiza protecci\u00f3n, pero que en realidad est\u00e1 acostumbrado a tomar, si es necesario con la fuerza, lo que quiere, instrumentalizando a las personas. Mientras tanto, paga los estudios de Laura y su hermana en el colegio de las Hijas de Mar\u00eda Auxiliadora y su madre \u2013 que sufre la influencia psicol\u00f3gica de Mora \u2013 convive con \u00e9l sin encontrar la fuerza para romper el v\u00ednculo. Sin embargo, cuando Mora comienza a mostrar signos de deshonesto inter\u00e9s hacia la misma Laura, y sobre todo cuando esta \u00faltima emprende el camino de preparaci\u00f3n para la Primera Comuni\u00f3n, ella de repente comprende toda la gravedad de la situaci\u00f3n. A diferencia de la madre \u2013 que justifica un mal (la convivencia) en vista de un bien (la educaci\u00f3n de las hijas en el colegio) \u2013 Laura entiende que se trata de una argumentaci\u00f3n moralmente ileg\u00edtima, que pone en grave peligro el alma de la madre. En este per\u00edodo, adem\u00e1s, Laura quisiera convertirse ella misma en hermana de Mar\u00eda Auxiliadora: pero su solicitud es rechazada, porque es hija de una \u00abconcubina p\u00fablica\u00bb. Y es en este punto que precisamente en Laura \u2013 acogida en el colegio cuando en ella dominaban a\u00fan \u00abimpulsividad, facilidad de resentimiento, irritabilidad, impaciencia y propensi\u00f3n a aparecer\u00bb \u2013 se manifiesta un cambio que solo la Gracia, unida al compromiso de la persona, puede operar: pide a Dios la conversi\u00f3n de la madre, ofreci\u00e9ndose a s\u00ed misma por ella. En ese momento, Laura no puede moverse ni \u201chacia adelante\u201d (ingresando entre las Hijas de Mar\u00eda Auxiliadora) ni \u201chacia atr\u00e1s\u201d (regresando con la madre y Mora). Con un gesto entonces cargado de la creatividad t\u00edpica de los santos, Laura emprende el \u00fanico camino que a\u00fan le es accesible: el de la altura y la profundidad. En los prop\u00f3sitos de la Primera Comuni\u00f3n hab\u00eda anotado:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Propongo hacer cuanto s\u00e9 y puedo para [\u2026] reparar las ofensas que ustedes, Se\u00f1or, reciben cada d\u00eda de los hombres, especialmente de las personas de mi familia; Dios m\u00edo, dame una vida de amor, de mortificaci\u00f3n y de sacrificio.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora finaliza el prop\u00f3sito en \u201cActo de ofrecimiento\u201d, que incluye el sacrificio de la vida misma. El confesor, reconociendo que la inspiraci\u00f3n es de Dios, pero ignorando las consecuencias, consiente, y confirma que Laura es \u00abconsciente de la oferta que acaba de realizar\u00bb. Ella vive los \u00faltimos dos a\u00f1os con silencio, alegr\u00eda y sonrisa y una \u00edndole rica de calor humano. Y, sin embargo, la mirada que posa sobre el mundo \u2013 como confirma un retrato fotogr\u00e1fico, muy diferente de la estilizaci\u00f3n hagiogr\u00e1fica conocida \u2013 tambi\u00e9n dice toda la sufrida conciencia y el dolor que la habitan. En una situaci\u00f3n donde le falta tanto la \u201clibertad de\u201d (condicionamientos, obst\u00e1culos, fatigas), como la \u201clibertad para\u201d hacer tantas cosas, esta preadolescente testifica la \u201clibertad para\u201d: la del don total de s\u00ed misma.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Laura no desprecia, sino que ama la vida: la suya y la de su madre. Por eso se ofrece. El 13 de abril de 1902, Domingo del Buen Pastor, se pregunta: \u00abSi \u00c9l da la vida&#8230; \u00bfqu\u00e9 me impide a m\u00ed por la mam\u00e1?\u00bb. Moribunda, a\u00f1ade: \u00ab\u00a1Mam\u00e1, yo muero, yo misma se lo he pedido a Jes\u00fas&#8230; hace casi dos a\u00f1os que le ofrec\u00ed la vida por ti&#8230;, para obtener la gracia de tu regreso!\u00bb.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estas son palabras libres de arrepentimiento y reproche, pero cargadas de una gran fuerza, una gran esperanza y una gran fe. Laura ha aprendido a aceptar a su madre por lo que es. De hecho, se ofrece a s\u00ed misma para darle lo que ella sola no puede conseguir. Cuando Laura muere, la madre se convierte. Laurita de los Andes, la hija, ha contribuido as\u00ed a generar a la madre en la vida de fe y gracia.<br><br><strong>4. Carlo Braga y la sombra de la madre<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi\u00e9n Carlo Braga, que nace dos a\u00f1os antes que Laura, en 1889, est\u00e1 marcado por la fragilidad de su madre: cuando su marido la abandona a ella y a los hijos, Matilde \u00abcasi no com\u00eda y se deterioraba a vista de ojo\u00bb. Llevada entonces a Como, muere all\u00ed cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde de tuberculosis, aunque todos est\u00e1n convencidos de que la depresi\u00f3n se hab\u00eda transformado en una verdadera locura. Carlo comienza a ser \u00abcompadecido como el hijo de un inconsciente [el padre] y de una madre infeliz\u00bb. Sin embargo, tres acontecimientos providenciales lo socorren.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del primero, ocurrido cuando era muy peque\u00f1o, redescubre m\u00e1s tarde el sentido: hab\u00eda ca\u00eddo en el hogar y su madre Matilde, al rescatarlo, lo hab\u00eda consagrado en ese instante a la Virgen. As\u00ed, el pensamiento de la madre ausente se convierte para Carlo ni\u00f1o en \u00abun recuerdo doloroso y consolador a la vez\u00bb: dolor por su ausencia; pero tambi\u00e9n la certeza de que ella lo hab\u00eda confiado a la Madre de todas las madres, Mar\u00eda Sant\u00edsima. Escribe don Braga, a\u00f1os despu\u00e9s, a un hermano salesiano conmovido por la p\u00e9rdida de su propia madre:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora la madre te pertenece mucho m\u00e1s que cuando estaba viva. D\u00e9jame que te hable de mi experiencia personal. Mi madre me dej\u00f3 cuando ten\u00eda seis a\u00f1os [\u2026]. Pero debo confesarte que ella me sigui\u00f3 paso a paso y, cuando lloraba desolado al murmullo del r\u00edo Adda, mientras, pastorcillo, me sent\u00eda llamado a una vocaci\u00f3n m\u00e1s alta, me parec\u00eda que la Mam\u00e1 me sonre\u00eda y me secaba las l\u00e1grimas.<br><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carlo luego conoce a sor Giuditta Torelli, una Hija de Mar\u00eda Auxiliadora que \u00absalv\u00f3 al peque\u00f1o Carlo de la desintegraci\u00f3n de su personalidad cuando a los nueve a\u00f1os se dio cuenta de que era tolerado y oy\u00f3 a veces a la gente decir sobre \u00e9l: \u201cPobre ni\u00f1o, \u00bfpor qu\u00e9 est\u00e1 en el mundo?\u201d\u00bb. De hecho, hab\u00eda quienes sosten\u00edan que su padre merec\u00eda ser fusilado por la traici\u00f3n del abandono y, en cuanto a la madre, muchos compa\u00f1eros de escuela le replican: \u00abT\u00fa c\u00e1llate, total tu madre era una loca\u00bb. Pero sor Giuditta lo ama o lo ayuda de manera especial; posa sobre \u00e9l una mirada \u201cnueva\u201d; adem\u00e1s, cree en su vocaci\u00f3n y la alienta.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entrado entonces en el colegio salesiano de Sondrio, Carlo vive la tercera y decisiva experiencia: conoce a don Rua, de quien tiene el honor de ser el peque\u00f1o secretario por un d\u00eda. Don Rua sonr\u00ede a Carlo y, repitiendo el gesto que Don Bosco hab\u00eda realizado en su momento con \u00e9l (\u00abMiguelito, t\u00fa y yo siempre haremos todo a medias\u00bb), \u00abmete su mano dentro de la suya y le dice: \u201csiempre seremos amigos\u201d\u00bb: si sor Giuditta hab\u00eda cre\u00eddo en la vocaci\u00f3n de Carlo, don Rua ahora le permite realizarla, \u00abhaci\u00e9ndolo pasar por encima de todos los obst\u00e1culos\u00bb. Ciertamente, a Carlo Braga no le faltar\u00e1n dificultades en cada etapa de su vida \u2013 de novicio, cl\u00e9rigo, incluso inspector \u2013, concret\u00e1ndose en aplazamientos prudenciales y asumiendo a veces la forma de maledicencia: pero \u00e9l ya habr\u00e1 aprendido a enfrentarlas. Mientras tanto, se convierte en un hombre capaz de irradiar una extraordinaria alegr\u00eda, humilde, activo y de delicada iron\u00eda: todas caracter\u00edsticas que dicen del equilibrio de la persona y su sentido de la realidad. Bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, don Braga desarrolla \u00e9l mismo una radiante paternidad, a la que se une una gran ternura por los j\u00f3venes a su cargo. Don Braga redescubre el amor por su propio pap\u00e1, lo perdona y emprende un viaje para reconciliarse con \u00e9l. Se somete a fatigas sin n\u00famero para estar siempre entre sus Salesianos y chicos. Se define como aquel que ha sido \u00abpuesto en la vi\u00f1a para hacer de palo\u00bb, es decir, en la sombra, pero para el bien de los dem\u00e1s. Un padre, al confiarle su hijo como aspirante salesiano, dice: \u00ab\u00a1Con un hombre as\u00ed te dejo ir incluso al Polo Norte!\u00bb. Don Carlo no se escandaliza de las necesidades de los hijos, sino que los educa a manifestarlas, a aumentar el deseo: \u00ab\u00bfNecesitas alg\u00fan libro? No tengas miedo, escribe una lista m\u00e1s larga\u00bb. Sobre todo, don Carlo ha aprendido a posarse sobre los dem\u00e1s con esa mirada de amor de la que \u00e9l mismo se sinti\u00f3 alcanzado en su momento gracias a sor Giuditta y don Rua. Testifica don Giuseppe Zen, hoy cardenal, en un largo pasaje que merece ser le\u00eddo en su totalidad y que comienza con las palabras de su propia madre a don Braga:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abMire, Padre, este chico ya no es tan bueno. Quiz\u00e1s no sea adecuado para ser aceptado en este instituto. No quisiera que usted fuera enga\u00f1ado. \u00a1Ah, si supiera c\u00f3mo me ha hecho desesperar en este \u00faltimo a\u00f1o! No sab\u00eda realmente qu\u00e9 hacer. Y si tambi\u00e9n aqu\u00ed me har\u00e1 desesperar, d\u00edgamelo, que ir\u00e9 a recogerlo de inmediato\u00bb. Don Braga, en lugar de responder, me miraba a los ojos; yo tambi\u00e9n lo miraba, pero con la cabeza baja. Me sent\u00eda como un imputado acusado por el Fiscal, en lugar de defendido por su abogado. Pero el juez estaba de mi lado. Con la mirada me entendi\u00f3 profundamente, de inmediato y mejor que todas las explicaciones de mi madre. \u00c9l mismo, escribi\u00e9ndome muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, se aplicaba las palabras del Evangelio: \u00ab<em>Intuitus dilexit eum<\/em> (\u201cmir\u00e1ndolo lo am\u00f3\u201d)\u00bb. Y desde ese d\u00eda no tuve m\u00e1s dudas sobre mi vocaci\u00f3n.<br><br><strong>5. Anna Mar\u00eda Lozano D\u00edaz y la fecunda enfermedad del padre<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los padres de Laura y de Carlo se hab\u00edan \u2013 a diversos t\u00edtulos \u2013 revelado como \u201clejanos\u201d y \u201causentes\u201d. Una \u00faltima figura, la de Anna Mar\u00eda, atestigua en cambio el dinamismo opuesto: el de un padre <em>demasiado<\/em> presente, que con su presencia abre a la hija un nuevo camino de santificaci\u00f3n. Anna nace el 24 de septiembre de 1883 en Oicat\u00e0, Colombia, en una familia numerosa, caracterizada por la ejemplar vida cristiana de los padres. Cuando Anna es muy joven, el pap\u00e1 \u2013 un d\u00eda, al lavarse \u2013 descubre una mancha sospechosa en la pierna. Es la terrible lepra, que logra ocultar durante alg\u00fan tiempo, pero finalmente se ve obligado a reconocer, aceptando primero separarse de la familia, y luego reunirse con ella en el lazareto de Agua de Dios. La esposa le hab\u00eda dicho heroicamente: \u00abTu suerte es la nuestra\u00bb. As\u00ed, los sanos aceptan las condicionantes que les vienen al asumir el ritmo de los enfermos. En este momento, la enfermedad del padre condiciona la libertad de elecci\u00f3n de Anna Mar\u00eda, obligada a proyectar su vida en el lazareto. Ella, adem\u00e1s \u2013 como ya hab\u00eda sucedido con Laura \u2013 se encuentra imposibilitada para realizar su vocaci\u00f3n religiosa a causa de la enfermedad paterna: experimenta entonces, interiormente, esa laceraci\u00f3n que la lepra opera en los enfermos. Sin embargo, Anna Mar\u00eda no est\u00e1 sola. Como Don Bosco gracias al Calosso, Laura en el confesor y Carlo en don Rua, encuentra un amigo del alma. Es el beato don Luigi Variara, salesiano, que le asegura: \u00abSi tienes vocaci\u00f3n religiosa, se realizar\u00e1\u00bb, y la involucra en la fundaci\u00f3n de las Hijas de los Sagrados Corazones de Jes\u00fas y Mar\u00eda, en 1905. Es el primer Instituto en acoger en su interior a leprosos o hijos de leprosos. Cuando la Lozano muere, el 5 de marzo de 1982 a casi 99 a\u00f1os, Madre general durante m\u00e1s de medio siglo, la intuici\u00f3n del salesiano don Variara se ha concretado ya en una experiencia que ha confirmado y reforzado la dimensi\u00f3n victimaria-reparadora del carisma salesiano.<br><br><strong>6. Los santos ense\u00f1an<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su ineludible diferencia, las vicisitudes de Laura Vicu\u00f1a (beata), Carlo Braga y Anna Mar\u00eda Lozano (siervos de Dios) est\u00e1n unidas por algunos aspectos dignos de nota:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; a) Laura, Anna y Carlo, como ya Don Bosco, sufren situaciones de desasosiego y dificultad, a diversos t\u00edtulos relacionadas con sus padres. No se puede olvidar a Mam\u00e1 Margarita, que se ve obligada a alejar a Juancito de casa cuando la ausencia de la autoridad paterna facilita la confrontaci\u00f3n con el hermano Antonio; ni olvidar que Laura fue acosada por el Mora y rechazada por las Hijas de Mar\u00eda Auxiliadora como su aspirante; que Carlo Braga sufri\u00f3 incomprensiones y calumnias; o que la lepra del padre parece en un momento dado arrebatar a Anna Mar\u00eda toda esperanza de futuro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una familia a diversos t\u00edtulos herida causa por lo tanto un <em>da\u00f1o objetivo<\/em> a quienes forman parte de ella: desconocer o intentar reducir la magnitud de este da\u00f1o ser\u00eda una empresa tan ilusoria como injusta. A cada sufrimiento se asocia de hecho un elemento de p\u00e9rdida que los \u201csantos\u201d, con su realismo, interceptan y aprenden a nombrar.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; b) Juancito, Laura, Anna Mar\u00eda y Carlo realizan en este punto un segundo paso, m\u00e1s arduo que el primero: en lugar de sufrir pasivamente la situaci\u00f3n, o de gemir sobre ella, se acercan con una mayor conciencia al problema. Adem\u00e1s de un vivo realismo, atestiguan la capacidad, t\u00edpica de los santos, de reaccionar con prontitud, evitando el repliegue autorreferencial. Se dilatan en el don, e insertan este don en las condiciones concretas de vida. Al hacerlo, unen el \u00ab<em>da mihi animas\u00bb al \u00abcaetera tolle<\/em>\u00bb.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; c) Los l\u00edmites y las heridas, as\u00ed, nunca son removidos: pero siempre reconocidos y nombrados; incluso, son \u201c<em>habitadas<\/em>\u201d. Tambi\u00e9n la beata Alexandrina Mar\u00eda da Costa y el siervo de Dios Nino Baglieri, el venerable Andrea Beltrami y el beato Augusto Czartoryski, \u201calcanzados\u201d por el Se\u00f1or en las condiciones invalidantes de su enfermedad, el beato Tito Zeman, el venerable Jos\u00e9 Vandor y el siervo de Dios Ignacio Stuchl\u00fd \u2013 parte de vicisitudes hist\u00f3ricas m\u00e1s grandes que ellos y que parecen sobrepasarlos \u2013 ense\u00f1an el dif\u00edcil arte de permanecer en las dificultades y permitir al Se\u00f1or hacer florecer a la persona en ellas. \u00a1La libertad de elecci\u00f3n asume aqu\u00ed la forma alt\u00edsima de una libertad de adhesi\u00f3n, en el \u00ab<em>fiat<\/em>!\u00bb.<br><br><br><strong>Nota Bibliogr\u00e1fica:<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para preservar el car\u00e1cter de \u201ctestimonio\u201d y no de \u201crelaci\u00f3n\u201d de este escrito, se ha evitado un aparato cr\u00edtico de notas. Se se\u00f1ala sin embargo que las citas presentes en el texto son extra\u00eddas de las Memorias del Oratorio del Sac. Juan Bosco; de Mar\u00eda Dosio, Laura Vicu\u00f1a. Un camino de santidad juvenil salesiana, LAS, Roma 2004; de Don Carlo Braga cuenta su experiencia misionera y pedag\u00f3gica (testimonio autobiogr\u00e1fico del siervo de Dios) y de la Vida de Don Carlo Braga, \u201cEl Don Bosco de China\u201d, escrita por el salesiano don Mario Rassiga y hoy disponible en copiados. A estas fuentes se a\u00f1aden luego los materiales de los Procesos de beatificaci\u00f3n y canonizaci\u00f3n, accesibles para Don Bosco y Laura, a\u00fan reservados para los siervos de Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Historias de familias heridas&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estamos acostumbrados a imaginar la familia como una realidad armoniosa,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":31485,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":28,"footnotes":""},"categories":[175],"tags":[1720,2636,2593,2002,2620,2026],"class_list":["post-31492","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-buena-prensa","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-familia-salesiana","tag-historias-de-jovenes","tag-testigos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31492","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31492"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31492\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/31485"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31492"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31492"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31492"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}