{"id":30691,"date":"2024-11-07T08:43:23","date_gmt":"2024-11-07T08:43:23","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=30691"},"modified":"2024-11-07T08:43:57","modified_gmt":"2024-11-07T08:43:57","slug":"tercer-sueno-misionero-viajar-en-avion-1885","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/tercer-sueno-misionero-viajar-en-avion-1885\/","title":{"rendered":"Tercer sue\u00f1o misionero: viajar en avi\u00f3n (1885)"},"content":{"rendered":"\n<p><em>El sue\u00f1o de Don Bosco en la v\u00edspera de la partida de los misioneros hacia Am\u00e9rica es un evento lleno de significado espiritual y simb\u00f3lico en la historia de la Congregaci\u00f3n Salesiana. Durante esa noche entre el 31 de enero y el 1 de febrero, Don Bosco tuvo una visi\u00f3n prof\u00e9tica que destaca la importancia de la piedad, del celo apost\u00f3lico y de la plena confianza en la Providencia Divina para el \u00e9xito de la misi\u00f3n. Este episodio no solo anim\u00f3 a los misioneros, sino que tambi\u00e9n consolid\u00f3 la convicci\u00f3n de Don Bosco sobre la necesidad de expandir su obra m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras italianas, llevando educaci\u00f3n, apoyo y esperanza a las nuevas generaciones en tierras lejanas.<br><\/em><br><br>Se acerc\u00f3, entre tanto, a la v\u00edspera de la partida. A lo largo de toda la jornada, segu\u00eda don Bosco con la idea puesta en Monse\u00f1or y los otros que iban a marchar tan lejos, y en la absoluta imposibilidad de acompa\u00f1arlos, como las veces anteriores, hasta el embarque. Esto y m\u00e1s a\u00fan la imposibilidad de darles al menos el adi\u00f3s en la iglesia de Mar\u00eda Auxiliadora le causaban sobresaltos de conmoci\u00f3n, que por momentos le oprim\u00edan y le dejaban abatido. Y he aqu\u00ed que, en la noche del treinta y uno de enero al primero de febrero, tuvo un sue\u00f1o semejante al de 1883 sobre las Misiones. Lo cont\u00f3 a don Juan Bautista Lemoyne, el cual lo escribi\u00f3 inmediatamente. Es el siguiente:<br><br>Me pareci\u00f3 acompa\u00f1ar a los misioneros en su viaje. Hablamos durante unos momentos antes de salir del Oratorio. Todos estaban a mi alrededor y me ped\u00edan consejo; y me pareci\u00f3 que les dec\u00eda:<br><strong>&#8211; No con la ciencia, no con la salud, no con las riquezas, sino con el celo y la piedad, har\u00e9is mucho bien, promoviendo la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas.<\/strong> Poco antes est\u00e1bamos en el Oratorio y despu\u00e9s, sin saber qu\u00e9 camino hab\u00edamos seguido y de qu\u00e9 medios hab\u00edamos usado, nos encontramos inmediatamente en Am\u00e9rica. Al llegar al final del viaje, me vi s\u00f3lo en medio de una extens\u00edsima llanura, colocada entre Chile y la Rep\u00fablica Argentina. Mis queridos misioneros se hab\u00edan dispersado tanto por aquel espacio sin l\u00edmites que apenas si los distingu\u00eda. Al contemplarlos, qued\u00e9 maravillado, pues me parec\u00edan muy pocos. Despu\u00e9s de haber mandado tantos Salesianos a Am\u00e9rica, pensaba que ver\u00eda un mayor n\u00famero de misioneros. Pero seguidamente, reflexionando, comprend\u00ed que el n\u00famero era peque\u00f1o porque se hab\u00edan distribuido por muchos sitios, como simiente que deb\u00eda ser transportada a otro lugar para ser cultivada y para que se multiplicase.<br>Aparec\u00edan en aquella llanura muchas y. numerosas calles formadas por casas levantadas a lo largo de las mismas. Aquellas calles no eran como las de esta tierra, ni las casas como las de este mundo. Eran objetos misteriosos y dir\u00eda casi espirituales. Las calles se ve\u00edan recorridas por veh\u00edculos o por otros medios de locomoci\u00f3n que, al correr, adoptaban mil aspectos fant\u00e1sticos y mil formas diversas, aunque todas magn\u00edficas y estupendas, tanto que no ser\u00eda capaz de describir ni una sola de ellas. Observ\u00e9 con estupor que los veh\u00edculos, al llegar junto a los grupos de las casas, a los pueblos, a las ciudades, pasaban por encima, de manera que el que en ellos viajaba ve\u00eda al mirar hacia abajo los tejados de las casas, las cuales, aunque eran muy elevadas, estaban muy por debajo de aquellos caminos, que mientras atravesaban el desierto estaban adheridos al suelo y, al llegar a los lugares habitados, se convert\u00edan en caminos a\u00e9reos, como formando un m\u00e1gico puente. Desde all\u00e1 arriba, se ve\u00edan los habitantes en las casas, en los patios, en las calles y en los campos, ocupados en labrar sus tierras.<br>Cada una de aquellas calles conduc\u00eda a una de nuestras Misiones. Al fondo de un camino largu\u00edsimo que se dirig\u00eda hacia Chile, vi una casa 1 con muchos Salesianos, los cuales se ejercitaban en la ciencia, en la piedad, en los diferentes artes y oficios y en la agricultura. Hacia el Mediod\u00eda estaba la Patagonia. En la parte opuesta, de una sola ojeada, pude ver todas nuestras casas de la Rep\u00fablica Argentina. Las del Uruguay, Paysand\u00fa, Las Piedras, Villa Col\u00f3n; en Brasil pude ver el Colegio de Niter\u00f3i y muchos otros institutos esparcidos por las provincias de aquel imperio. Hacia Occidente se abr\u00eda una \u00faltima y largu\u00edsima avenida que, atravesando r\u00edos, mares y lagos, conduc\u00eda a pa\u00edses desconocidos. En esta regi\u00f3n, vi pocos Salesianos. Observ\u00e9 con atenci\u00f3n y pude descubrir solamente a dos.<br><br>En aquel momento, apareci\u00f3 junto a m\u00ed un personaje de noble aspecto, un poco p\u00e1lido, grueso, de barba rala y de edad madura. Iba vestido de blanco, con una especie de capa color rosa bordada con hilos de oro. Resplandec\u00eda en toda su persona. Reconoc\u00ed en \u00e9l a mi int\u00e9rprete.<br>&#8211; \u00bfD\u00f3nde nos encontramos?, le pregunt\u00e9 se\u00f1al\u00e1ndole aquel \u00faltimo pa\u00eds.<br>&#8211; Estamos en Mesopotamia, me replic\u00f3.<br>&#8211; \u00bfEn Mesopotamia?, le repliqu\u00e9. Pero, si esto es la Patagonia.<br>&#8211; Te repito, me replic\u00f3, que esto es Mesopotamia.<br>&#8211; Pues a pesar de ello&#8230; no logro convencerme.<br>&#8211; Pues as\u00ed es: Esto es Me&#8230; so&#8230; po&#8230; ta&#8230; mia, concluy\u00f3 el int\u00e9rprete silabeando la palabra, para que me quedase bien impresa en la memoria.<br>&#8211; \u00bfY por qu\u00e9 los Salesianos que veo aqu\u00ed son tan pocos?<br>&#8211; Lo que no hay ahora, lo habr\u00e1 con el tiempo, contest\u00f3 mi int\u00e9rprete.<br>Yo, entretanto, siempre de pie en aquella llanura, recorr\u00eda con la vista aquellos caminos interminables y contemplaba con toda claridad, pero de manera inexplicable, los lugares que est\u00e1n y estar\u00e1n ocupados por los Salesianos. \u00a1Cu\u00e1ntas cosas magn\u00edficas! Todos los detalles topogr\u00e1ficos anteriores y los que siguen, parecen indicar la casa de Fort\u00edn Mercedes, a la orilla izquierda del Colorado. Es la casa de formaci\u00f3n de la Inspector\u00eda de San Francisco Javier, con estudiantado numeroso, escuelas profesionales, escuela de agricultura, y santuario, meta de peregrinaciones. \u00a1Vi todos y cada uno de los colegios! Vi como en un solo punto el pasado, el presente y el porvenir de nuestras misiones. De la misma manera que lo contempl\u00e9 todo en conjunto de una sola mirada, lo vi tambi\u00e9n particularmente, si\u00e9ndome imposible dar una idea, aunque somera, de aquel espect\u00e1culo. Solamente lo que pude contemplar en aquella llanura de Chile, de Paraguay, de Brasil, de la Rep\u00fablica Argentina, ser\u00eda suficiente para llenar un grueso volumen, si quisiese dar una breve noticia de todo ello. Vi tambi\u00e9n en aquella amplia extensi\u00f3n, la gran cantidad de salvajes que est\u00e1n esparcidos por el Pac\u00edfico hasta el golfo de Ancud, por el Estrecho de Magallanes, Cabo de Hornos, Islas de San Diego, en las islas Malvinas. Toda la mies destinada a los Salesianos. Vi que entonces los Salesianos sembraban solamente, pero que nuestros seguidores cosechar\u00edan. Hombres y mujeres vendr\u00e1n a reforzarnos y se convertir\u00e1n en predicadores. Sus mismos hijos, que parece imposible puedan ser ganados para la fe, se convertir\u00e1n en evangelizadores de sus padres y de sus amigos. Los Salesianos lo conseguir\u00e1n todo con la humildad, con el trabajo, con la templanza. Todas las cosas, que yo contemplaba en aquel momento y que vi seguidamente, se refer\u00edan a los Salesianos, su regular establecimiento en aquellos pa\u00edses, su maravilloso aumento, la conversi\u00f3n de tantos ind\u00edgenas y de tantos europeos all\u00ed establecidos. Europa se volcar\u00e1 hacia Am\u00e9rica del Sur. Desde el momento en que en Europa se empez\u00f3 a despojar a las iglesias de sus bienes, comenz\u00f3 a disminuir el florecimiento del comercio, el cual fue e ir\u00e1 cada vez m\u00e1s de capa ca\u00edda. Por lo que los obreros y sus familias, impulsados por la miseria, ir\u00e1n a buscar refugio en aquellas nuevas tierras hospitalarias.<br>Una vez contemplado el campo que el Se\u00f1or nos tiene destinado y el porvenir glorioso de la Congregaci\u00f3n Salesiana, me pareci\u00f3 que me pon\u00eda en viaje para regresar a Italia. Era llevado a gran velocidad por un camino extra\u00f1o, alt\u00edsimo, y de esa manera llegu\u00e9 al Oratorio. Toda la ciudad de Tur\u00edn estaba bajo mis pies y las casas, los palacios, las torres me parec\u00edan bajas casucas: tan alto me encontraba. Plazas, calles, jardines, avenidas, ferrocarriles, los muros que rodean la ciudad, los campos, las colinas circundantes, las ciudades, los pueblos de la provincia, la gigantesca cadena de los Alpes cubierta de nieve estaban bajo mis pies y ofrec\u00edan a mis ojos un espect\u00e1culo maravilloso. Ve\u00eda a los j\u00f3venes all\u00e1 en el Oratorio, tan peque\u00f1os que parec\u00edan ratoncitos. Pero su n\u00famero era extraordinariamente grande; sacerdotes, cl\u00e9rigos, estudiantes, maestros de talleres lo llenaban todo; muchos part\u00edan en procesi\u00f3n y otros llegaban a ocupar las vacantes dejadas por los que se marchaban. Era un ir y venir continuo.<br>Todos iban a concentrarse en aquella extens\u00edsima llanura entre Chile y la Rep\u00fablica Argentina, de la cual hab\u00eda vuelto en un abrir y cerrar de ojos. Yo lo contemplaba todo. Un joven sacerdote, parecido a nuestro don Jos\u00e9 Pav\u00eda, pero que no lo era, con aire afable, palabra cort\u00e9s y de c\u00e1ndido aspecto y encarnadura de ni\u00f1o, se acerc\u00f3 a m\u00ed y me dijo:<br>&#8211; He aqu\u00ed las almas y los pa\u00edses destinados a los hijos de San Francisco de Sales. Yo estaba maravillado al ver la inmensa multitud que se hab\u00eda concentrado all\u00ed en un momento, desapareciendo seguidamente, sin que se distinguiese apenas en la lejan\u00eda la direcci\u00f3n que hab\u00eda tomado.<br><br>Ahora noto que, al contar mi sue\u00f1o, lo hago a grandes rasgos, no si\u00e9ndome posible precisar la sucesi\u00f3n exacta de los magn\u00edficos espect\u00e1culos que se me ofrec\u00edan a la vista y las varias circunstancias accesorias. El \u00e1nimo desfallece, la memoria flaquea, la palabra es insuficiente. Adem\u00e1s del misterio que envolv\u00eda aquellas escenas, \u00e9stas se alternaban, se mezclaban, se repet\u00edan seg\u00fan diversas Concentraciones y divisiones de los misioneros y el acercarse o alejarse de ellos a aquellos pueblos llamados a la fe y a la conversi\u00f3n. Lo repito: ve\u00eda en un solo punto el presente, el pasado y el futuro de aquellas misiones, con todas sus fases, peligros, \u00e9xitos, contrariedades y desenga\u00f1os moment\u00e1neos que acompa\u00f1aban a este apostolado. Entonces lo comprend\u00eda claramente todo, pero ahora es imposible deshacer esta intriga de hechos, de ideas, de personajes. Ser\u00eda como quien quisiese condensar en un solo cap\u00edtulo y reducir a un solo hecho y a una unidad el espect\u00e1culo del firmamento, describiendo el movimiento, el esplendor, las propiedades de todos los astros con sus relaciones y leyes particulares y rec\u00edprocas; mientras que un solo astro proporcionar\u00eda materia suficiente para ocupar la atenci\u00f3n estudiosa de la mente mejor dotada. Y he de hacer notar que aqu\u00ed se trata de cosas que no tienen relaci\u00f3n con los objetos materiales.<br>Reanudemos, pues, el relato: dije que qued\u00e9 maravillado al ver desaparecer tan inmensa multitud. Monse\u00f1or Cagliero estaba en aquel momento a mi lado. Algunos misioneros permanec\u00edan a cierta distancia. Otros estaban a mi alrededor, en compa\u00f1\u00eda de un buen n\u00famero de Cooperadores Salesianos, entre los cuales distingu\u00ed a Monse\u00f1or Espinosa, al Doctor Torrero, al Doctor Carranza y al Vicario General de Chile. Entonces el int\u00e9rprete de siempre vino hacia m\u00ed, mientras yo hablaba con monse\u00f1or Cagliero y con muchos otros intentando aclarar si aquel hecho encerraba alg\u00fan significado. De la manera m\u00e1s cort\u00e9s, el int\u00e9rprete me dijo:<br>&#8211; Escucha y ver\u00e1s.<br>Y he aqu\u00ed que, al instante, aquella extensa llanura se convirti\u00f3 en un gran sal\u00f3n. Yo no ser\u00eda capaz de describir su magnificencia y riqueza. Solamente dir\u00e9 que, si alguien intentase dar una idea de ella y lo consiguiese, ning\u00fan hombre podr\u00eda soportar su esplendor ni aun con la imaginaci\u00f3n. Su amplitud era tal que no se pod\u00eda abarcar con la vista, ni se pod\u00edan ver sus muros laterales. Su altura era inconmensurable. Su b\u00f3veda terminaba en arcos alt\u00edsimos, amplios y resplandecientes en sumo grado, sin que se distinguiese el lugar sobre el que se apoyaban. No exist\u00edan pilastras ni columnas. En general, parec\u00eda que la c\u00fapula de aquella gran sala fuese de candid\u00edsimo lino a guisa de tapiz. Lo mismo habr\u00eda que decir del pavimento. No hab\u00eda luces, ni sol, ni luna, ni estrellas, pero s\u00ed un resplandor general que se difund\u00eda igualmente por todas partes. La misma blancura del lino resplandec\u00eda y hac\u00eda visible y amena cada una de las partes del sal\u00f3n, su ornamentaci\u00f3n, las ventanas, la entrada, la salida. Se sent\u00eda en todo el ambiente una suave fragancia mezclada con los m\u00e1s gratos olores.<br>Un fen\u00f3meno se produjo en aquel momento. Una serie de peque\u00f1as mesas formaban una sola de longitud extraordinaria. Las hab\u00eda dispuestas en todas las direcciones y todas converg\u00edan en un \u00fanico centro. Estaban cubiertas de elegant\u00edsimos manteles y, sobre ellas, se ve\u00edan colocados hermos\u00edsimos floreros con multiformes y variadas flores.<br>La primera cosa que not\u00f3 monse\u00f1or Cagliero fue:<br>&#8211; Las mesas est\u00e1n aqu\u00ed, pero \u00bfy los manjares? En efecto, no hab\u00eda preparada comida alguna, ni bebida de ninguna especie, ni hab\u00eda tampoco platos, ni copas, ni recipientes en los cuales se pudiesen colocar los manjares. Tal vez quer\u00eda decir monse\u00f1or Domingo Cruz, Vicario Capitular de la di\u00f3cesis de Concepci\u00f3n. El int\u00e9rprete replic\u00f3 entonces: &#8211; Los que vienen aqu\u00ed <em>neque sitient, neque esurient amplius<\/em> (Ya no tendr\u00e1n hambre ni sed Ap 7.16.)<br><br>Dicho esto, comenz\u00f3 a entrar gente, vestida de blanco, con una sencilla cinta a manera de collar, de color rosa, recamada de hilos de oro que les ce\u00f1\u00eda el cuello y las espaldas. Los primeros en entrar formaban un n\u00famero limitado, s\u00f3lo un peque\u00f1o grupo. Apenas penetraban en aquella gran sala se iban sentando en torno a la mesa para ellos preparada, cantando: \u00a1<em>Viva<\/em>! \u00a1<em>Triunfo<\/em>! Y entonces comenz\u00f3 a aparecer una variedad de personas, grandes y peque\u00f1os, hombres y mujeres, de todo g\u00e9nero, de diversos colores, formas y actitudes, resonando los c\u00e1nticos por todas partes. Los que estaban ya colocados en sus puestos cantaban: \u00a1Viva! Y los que iban entrando: \u00a1<em>Triunfo<\/em>! Cada turba que penetraba en aquel local representaba a una naci\u00f3n o sector de naci\u00f3n que ser\u00eda convertida por los misioneros.<br><br>Di una ojeada a aquellas mesas interminables y comprob\u00e9 que hab\u00eda sentadas junto a ellas muchas hermanas nuestras y gran n\u00famero de nuestros hermanos. Estos no llevaban distintivo alguno que proclamase su calidad de sacerdotes, cl\u00e9rigos o religiosas, sino que, al igual de los dem\u00e1s, ten\u00edan la vestidura blanca y el manto de color rosa. Pero mi admiraci\u00f3n creci\u00f3 de pronto cuando vi a unos hombres de aspecto tosco, con el mismo vestido que los dem\u00e1s, cantando: \u00a1<em>Viva<\/em>! \u00a1<em>Triunfo<\/em>!<br>Entonces nuestro int\u00e9rprete dijo:<br>&#8211; Los extranjeros y los salvajes, que bebieron la leche de la palabra divina de sus educadores, se hicieron propagandistas de la palabra de Dios.<br>Vi, en medio de la multitud, grupos de muchachos con aspecto rudo y extra\u00f1o, y pregunt\u00e9:<br>&#8211; \u00bfY estos ni\u00f1os que tiene una piel tan \u00e1spera que parece la de los sapos, pero tan bella y de un color tan resplandeciente? \u00bfQui\u00e9nes son?<br>El int\u00e9rprete respondi\u00f3:<br>&#8211; Son los hijos de Cam que no han renunciado a la herencia de Lev\u00ed. Estos reforzar\u00e1n los ej\u00e9rcitos para defender el reino de Dios que ha llegado finalmente a nosotros. Su n\u00famero era reducido, pero los hijos de sus hijos lo han acrecentado. Ahora escuchad y ved, pero no podr\u00e9is entender los misterios que contemplar\u00e9is.<br>Aquellos jovencitos pertenec\u00edan a la Patagonia y al \u00c1frica Meridional.<br>Entretanto aumentaron tanto las filas de los que penetraron en aquella sala extraordinaria, que todos los asientos aparec\u00edan ocupados. Sillas y esca\u00f1os no ten\u00edan una forma determinada, sino que tomaban la que cada uno quer\u00eda. Cada uno estaba contento del lugar que ocupaba y del que ocupaban los dem\u00e1s.<br>Y he aqu\u00ed que, mientras de todas partes sal\u00edan voces de: \u00a1<em>Viva<\/em>! <em>\u00a1Triunfo<\/em>!, lleg\u00f3 finalmente una gran turba que, en actitud festiva, ven\u00eda al encuentro de los que ya hab\u00edan entrado, cantando: \u00a1<em>Aleluya, gloria, triunfo<\/em>!<br>Cuando la sala apareci\u00f3 completamente llena y los millares de reunidos eran incontables, se hizo un profundo silencio y, seguidamente, aquella multitud comenz\u00f3 a cantar dividida en coros diversos:<br>El primer coro: <em>Appropinquavit in nos regnum Dei<\/em> (El reino de Dios est\u00e1 cerca, Lc. 10:11)<em>, laetentur Coeli et exultet terra <\/em>(Al\u00e9grense los cielos, exulte la tierra, 1 Cr 16:31)<em>, Dominus regnavit super nos, alleluia<\/em> (El Se\u00f1or rein\u00f3 sobre nosotros).<br><br>El segundo coro: <em>Vicerunt et ipse Dominus dabit edere de ligno vitae et non esurient in aeternum, alleluia<\/em> (Al vencedor dar\u00e9 a comer del \u00e1rbol de la vida, y no tendr\u00e1 hambre para siempre, aleluya, Ap. 2:7)<br><br>Y un tercer coro: <em>Laudate Dominum omnes gentes, laudate eum omnes populi<\/em> (Todos los pueblos alaben al Se\u00f1or, todos los pueblos canten su alabanza, Sal 117:1)<br><br>Mientras cantaban estas y otras cosas alternando los unos con los otros, de pronto se hizo por segunda vez un profundo silencio. Despu\u00e9s comenzaron a resonar voces<br>que proced\u00edan de lo alto y de lejos. El sentido del c\u00e1ntico era \u00e9ste y la armon\u00eda que le acompa\u00f1aba era dif\u00edcil de expresar: <em>Soli Deo honor et gloria in saecula saeculorum <\/em>(s\u00f3lo a Dios honor y gloria por los siglos de los siglos 1Ti 1:17). Otros coros, que resonaban siempre en la altura y desde muy lejos, respond\u00edan a estas voces: <em>Semper gratiarum actio illi qui erat, est et venlurus est. Illi eucharistia, illi soli honor sempiternus<\/em> (Acci\u00f3n de gracias eterna a Aquel que era, que es y que ha de venir. A \u00c9l la Eucarist\u00eda, s\u00f3lo a \u00c9l el honor eterno).<br><br>Pero, en aquel momento, los coros bajaron y se acercaron. Entre aquellos m\u00fasicos celestes estaba Luis Colle. Los que estaban en la sala comenzaron entonces a cantar y se unieron, mezcl\u00e1ndose las voces de manera que semejaban instrumentos m\u00fasicos maravillosos, con unos sonidos cuya extensi\u00f3n no ten\u00eda l\u00edmites. Aquella m\u00fasica parec\u00eda compuesta al mismo tiempo por mil notas y mil grados de elevaci\u00f3n que se un\u00edan formando un solo acorde. Las voces altas sub\u00edan de una manera imposible de imaginar. Las voces de los que estaban en la sala bajaban sonoras y alcanzaban escalas dif\u00edciles de expresar. Todos formaban un coro \u00fanico, una sola armon\u00eda, pero tanto los bajos como los contraltos eran de tal gusto y belleza y penetraban en los sentidos produciendo tal efecto, que el hombre se olvidaba de su propia existencia y yo ca\u00ed de rodillas a los pies de monse\u00f1or Cagliero exclamando:<br>&#8211; \u00a1Oh, Cagliero! \u00a1Estamos en el Para\u00edso!<br>Monse\u00f1or Cagliero me tom\u00f3 por la mano y me dijo:<br>&#8211; No es el Para\u00edso, es una sencilla, una d\u00e9bil figura de lo que en realidad ser\u00e1 el Para\u00edso.<br><br>Entretanto las voces humanas de los dos grandiosos coros prosegu\u00edan y cantaban con indecible armon\u00eda: <em>Soli Deo honor et gloria et triumphus, alleluia<\/em>, <em>in aeternum, in aeternum<\/em>! (S\u00f3lo a Dios el honor, la gloria y la victoria, aleluya, por los siglos de los siglos). Aqu\u00ed me olvid\u00e9 de m\u00ed mismo y no s\u00e9 qu\u00e9 fue de m\u00ed. Por la ma\u00f1ana, a duras penas me pod\u00eda levantar del lecho; apenas me daba cuenta de lo que hac\u00eda cuando me dirig\u00eda a celebrar la Santa Misa.<br><br>El pensamiento principal, que me qued\u00f3 grabado despu\u00e9s de este sue\u00f1o, fue el de dar a monse\u00f1or Cagliero y a mis queridos misioneros un aviso de suma importancia relacionado con la suerte futura de nuestras Misiones: &#8211; Todas las solicitudes de los Salesianos y de las Hijas de Mar\u00eda Auxiliadora han de encaminarse a promover vocaciones eclesi\u00e1sticas y religiosas.<br><em>(MB IT XVII, 299-305 \/ MB ES 260-265)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sue\u00f1o de Don Bosco en la v\u00edspera de la partida de los misioneros hacia&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":30683,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":90,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[1720,2636,2558,1768,2233,1894,1702,1960,1966,1972,1984,2620,2020,2637],"class_list":["post-30691","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-dios","tag-don-bosco","tag-esperanza","tag-misiones","tag-providencia","tag-salesianos","tag-salvacion","tag-santos","tag-suenos","tag-testigos","tag-viajes","tag-vocaciones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30691","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30691"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30691\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/30683"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30691"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30691"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30691"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}