{"id":30018,"date":"2024-09-20T07:59:33","date_gmt":"2024-09-20T07:59:33","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=30018"},"modified":"2024-09-20T08:00:15","modified_gmt":"2024-09-20T08:00:15","slug":"primer-sueno-misionero-patagonia-1872","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/primer-sueno-misionero-patagonia-1872\/","title":{"rendered":"Primer sue\u00f1o misionero: Patagonia (1872)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; He aqu\u00ed el sue\u00f1o que decidi\u00f3 a don Bosco a iniciar el apostolado misionero en la Patagonia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo cont\u00f3 por vez primera a P\u00edo IX en el mes de marzo de 1876. Despu\u00e9s repiti\u00f3 el relato del mismo a algunos salesianos en privado. Al primero a quien hizo esta confidencia fue a don Francisco Bodrato, el 30 de julio del mismo a\u00f1o. Aquella misma noche se lo cont\u00f3 \u00e9l a don Julio Barberis, en Lanzo, a donde hab\u00eda ido a pasar unos d\u00edas de vacaciones con un grupo de cl\u00e9rigos novicios.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tres d\u00edas despu\u00e9s, se dirigi\u00f3 a Tur\u00edn don Julio Barberis y, encontr\u00e1ndose ((54)) en la biblioteca conversando con el Santo, escuch\u00f3 de sus labios el mismo relato. Don Julio no dijo nada por la satisfacci\u00f3n de o\u00edrlo directamente de sus labios y porque, adem\u00e1s, el Siervo de Dios cada vez sol\u00eda a\u00f1adir alg\u00fan detalle nuevo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi\u00e9n don Juan Bautista Lemoyne lo oy\u00f3 de labios del mismo don Bosco y, tanto Barberis como Lemoyne, lo consignaron por escrito. Don Bosco, declaraba Lemoyne, les dijo que eran los primeros a quienes hab\u00eda expuesto detalladamente esta especie de visi\u00f3n, que aqu\u00ed ofrecemos repitiendo casi las mismas palabras del Siervo de Dios.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me pareci\u00f3 encontrarme en una regi\u00f3n salvaje y por completo desconocida. Era una inmensa llanura completamente inculta, en la que no se descubr\u00edan montes ni colinas. En sus lejan\u00edsimos confines se perfilaban escabrosas monta\u00f1as. Vi en ella una turba de hombres que la recorr\u00edan. Estaban casi desnudos, eran de altura y estatura extraordinarias, de aspecto feroz, cabellos largos e hirsutos, color bronceado y negruzco e iban vestidos con amplios mantos de pieles de animales que les ca\u00edan por las espaldas. Usaban como armas una especie de lanza larga y la honda (el lazo).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estas turbas de hombres, esparcidos por ac\u00e1 y acull\u00e1, ofrec\u00edan a los ojos del espectador escenas diversas; unos corr\u00edan detr\u00e1s de las fieras para darles caza; otros llevaban clavados en las puntas de sus lanzas trozos de carne ensangrentada. Por una parte, unos luchaban entre s\u00ed, otros peleaban con soldados vestidos a la europea, y quedaba el terreno cubierto de cad\u00e1veres. Yo temblaba al contemplar semejante espect\u00e1culo, y he aqu\u00ed que aparecieron en los l\u00edmites de la llanura numerosos personajes, en los cuales reconoc\u00eda, por sus ropas y su manera de obrar, a los misioneros de varias \u00d3rdenes. Estos se aproximaban para predicar a aquellos b\u00e1rbaros la religi\u00f3n de Jesucristo. Los observ\u00e9 atentamente, mas no reconoc\u00ed a ninguno. Se mezclaron con los salvajes, pero ellos, apenas los ve\u00edan, se les echaban encima con furor diab\u00f3lico y alegr\u00eda infernal, los mataban y con sa\u00f1a feroz los descuartizaban, los cortaban a pedazos y colocaban trozos de sus carnes en la punta de sus largas picas. Luego se repet\u00edan las luchas entre ellos y con los pueblos vecinos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de observar las horribles matanzas, me dije:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfC\u00f3mo convertir a esta gente tan salvaje? Vi entretanto en lontananza un grupo de otros misioneros que se acercaban a los salvajes con rostro alegre, precedidos de un pelot\u00f3n de muchachos. Yo temblaba pensando: -Vienen para hacerse matar. Y me acerqu\u00e9 a ellos; eran cl\u00e9rigos y sacerdotes. Los mir\u00e9 atentamente y vi que eran nuestros salesianos. Los primeros me eran conocidos y, si bien no pude conocer personalmente a otros muchos que les segu\u00edan, me di cuenta de que eran tambi\u00e9n misioneros salesianos, precisamente de los nuestros.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Pero \u00bfc\u00f3mo es esto?, exclam\u00e9. Estaba decidido a no dejarlos avanzar y me dispuse a detenerlos. Esperaba que de un momento a otro corrieran la misma suerte que los anteriores. Quise hacerles volver atr\u00e1s, cuando not\u00e9 que su aparici\u00f3n hab\u00eda provocado la alegr\u00eda en aquellas turbas de b\u00e1rbaros, los cuales bajaron las armas, cambiaron su ferocidad y recibieron a nuestros misioneros con las mayores muestras de cortes\u00eda. Maravillado de ello, me dec\u00eda a m\u00ed mismo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Ya veremos c\u00f3mo termina esto! Y vi que nuestros misioneros avanzaban hacia las hordas de salvajes; les hablaban, y ellos escuchaban atentamente su voz; les ense\u00f1aban, y aprend\u00edan prontamente; les amonestaban, y ellos aceptaban y pon\u00edan en pr\u00e1ctica sus avisos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Segu\u00ed observando y me di cuenta de que los misioneros rezaban el santo Rosario, mientras los salvajes corr\u00edan por todas partes, les abr\u00edan paso y contestaban con gusto a aquella plegaria.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los Salesianos se colocaron en el centro de la muchedumbre, que les rode\u00f3, y se arrodillaron. Los salvajes echaron las armas a los pies de los misioneros y tambi\u00e9n se arrodillaron. Y he aqu\u00ed que uno de los salesianos enton\u00f3 el: Load a Mar\u00eda; y aquellas turbas, todos a una voz, continuaron el canto tan al un\u00edsono y en tono tal, que yo, casi espantado, me despert\u00e9.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tuve este sue\u00f1o hace cuatro o cinco a\u00f1os, me caus\u00f3 mucha impresi\u00f3n, y qued\u00e9 convencido de que se trababa de un aviso del cielo. Con todo, no comprend\u00ed su particular significado. Vi claramente que se trataba de misiones extranjeras, en las que ya hac\u00eda tiempo hab\u00eda pensado con gran ilusi\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El sue\u00f1o, pues, tuvo lugar hacia el 1872. Al principio, don Bosco crey\u00f3 que se trataba de los pueblos de Etiop\u00eda, despu\u00e9s pens\u00f3 en los alrededores de Hong-Kong y en los habitantes de Australia y de las Indias; s\u00f3lo en el 1874, cuando recibi\u00f3, como veremos, las m\u00e1s apremiantes invitaciones para enviar a los salesianos a Argentina, comprendi\u00f3 claramente que los salvajes que hab\u00eda visto en el sue\u00f1o eran los ind\u00edgenas de la inmensa regi\u00f3n, entonces casi desconocida de la Patagonia<br><em>(MB IT X, 53-55 \/ MB ES 59-60)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; He aqu\u00ed el sue\u00f1o que decidi\u00f3 a don Bosco a iniciar el apostolado misionero&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":30012,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":651,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[1720,2636,2558,1768,1822,1894,1960,1966,1972,1984],"class_list":["post-30018","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-dios","tag-don-bosco","tag-gracia","tag-misiones","tag-salesianos","tag-salvacion","tag-santos","tag-suenos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30018","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30018"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30018\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/30012"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30018"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30018"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30018"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}