{"id":29849,"date":"2024-08-30T08:43:03","date_gmt":"2024-08-30T08:43:03","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=29849"},"modified":"2024-08-30T08:43:53","modified_gmt":"2024-08-30T08:43:53","slug":"el-sueno-del-elefante-1863","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/el-sueno-del-elefante-1863\/","title":{"rendered":"El sue\u00f1o del elefante (1863)"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em>Como don Bosco no hab\u00eda podido dar el \u00faltimo d\u00eda del a\u00f1o el aguinaldo a sus alumnos, al regresar de Borgo Cornalense, el d\u00eda 4, domingo, les hab\u00eda prometido d\u00e1rselo por la noche de la fiesta de Epifan\u00eda. Era el 6 de enero de 1863 y todos los alumnos, aprendices y estudiantes reunidos, esperaban ansiosos el aguinaldo. Recitadas las oraciones, subi\u00f3 el buen padre a la tribuna de costumbre y empez\u00f3 a hablar as\u00ed:<br><\/em><\/em><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta es la noche del aguinaldo. Todos los a\u00f1os, por las fiestas de Navidad, acostumbro elevar oraciones a Dios para que se complazca inspirarme un aguinaldo que os pueda ser \u00fatil. Pero este a\u00f1o he redoblado las plegarias considerando el crecido n\u00famero de alumnos. Transcurri\u00f3 el \u00faltimo d\u00eda del a\u00f1o, lleg\u00f3 el jueves, el viernes, y nada de nuevo. La noche del viernes fui a descansar, cansado por los trabajos del d\u00eda, y no pude dormir durante la noche, de modo que por la ma\u00f1ana me levant\u00e9 postrado y medio muerto. No me apur\u00e9 por esto, antes, al contrario, me alegr\u00e9, porque sab\u00eda que ordinariamente cuando el Se\u00f1or est\u00e1 para manifestarme alguna cosa, lo paso muy mal la noche anterior. Prosegu\u00ed por tanto mis habituales ocupaciones en el pueblo de Borgo Cornalense y el s\u00e1bado por la tarde llegu\u00e9 entre vosotros. Despu\u00e9s de confesar me fui a dormir, y debido al cansancio motivado por las pl\u00e1ticas y las confesiones de Borgo, y lo poqu\u00edsimo que hab\u00eda descansado la noche precedente, me qued\u00e9 dormido. Y aqu\u00ed comienza el sue\u00f1o que me ha de servir para daros el aguinaldo.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mis queridos j\u00f3venes, so\u00f1\u00e9 que era un d\u00eda festivo, a la hora del recreo despu\u00e9s de comer y que os divert\u00edais de mil maneras. Me pareci\u00f3 encontrarme en mi habitaci\u00f3n con el caballero Vallauri, profesor de bellas letras. Hab\u00edamos hablado de algunos temas literarios y de otras cosas relacionadas con la religi\u00f3n. De pronto, o\u00ed a la puerta el tant\u00e1n de alguien que llamaba.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Corr\u00ed a abrir. Era mi madre, muerta hace seis a\u00f1os, que me dec\u00eda asustada:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Ven a ver, ven a ver.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Qu\u00e9 hay?, le pregunt\u00e9.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y sin m\u00e1s, me condujo al balc\u00f3n desde donde vi en el patio en medio de los j\u00f3venes un elefante de tama\u00f1o colosal.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Pero \u00bfc\u00f3mo puede ser eso? exclam\u00e9. \u00a1Vamos abajo!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y lleno de pavor miraba al caballero Vallauri y \u00e9l a m\u00ed como si nos pregunt\u00e1semos la causa de la presencia de aquella bestia descomunal en medio de los muchachos. Sin p\u00e9rdida de tiempo bajamos los tres a los p\u00f3rticos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos de vosotros, como es natural, os hab\u00edais acercado a ver al elefante. Este parec\u00eda de \u00edndole d\u00f3cil; se divert\u00eda correteando con los j\u00f3venes; los acariciaba con la trompa; era tan inteligente, que obedec\u00eda los mandatos de sus peque\u00f1os amigos como si hubiese sido amaestrado y domesticado en el Oratorio desde sus primeros a\u00f1os, de forma que numerosos j\u00f3venes le acariciaban con toda confianza y le segu\u00edan por doquier. Mas no todos estabais alrededor de \u00e9l. Pronto vi que la mayor parte hu\u00edais asustados de una a otra parte buscando un lugar de refugio, y que al fin penetrasteis en la iglesia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo tambi\u00e9n intent\u00e9 entrar en ella por la puerta que da al patio, pero al pasar junto a la estatua de la Virgen, colocada cerca de la fuente, toqu\u00e9 la extremidad de su manto como para invocar su patrocinio, y entonces Ella levant\u00f3 el brazo derecho. Vallauri quiso imitarme haciendo lo mismo por la otra parte y la Virgen levant\u00f3 el brazo izquierdo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo estaba sorprendido, sin saber explicarme un hecho tan extra\u00f1o.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lleg\u00f3 entretanto la hora de las funciones sagradas y vosotros os dirigisteis todos a la iglesia. Tambi\u00e9n yo entr\u00e9 en ella y vi al elefante de pie al fondo del templo, cerca de la puerta.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se cantaron las V\u00edsperas y despu\u00e9s de la pl\u00e1tica me dirig\u00ed al altar acompa\u00f1ado de don V\u00edctor Alasonatti y de don Angel Savio para dar la bendici\u00f3n con el Sant\u00edsimo Sacramento. Pero en el momento solemne en que todos estaban profundamente inclinados para adorar al Santo de los Santos, vi, siempre al fondo de la iglesia, en el centro del pasillo, entre las dos hileras de los bancos, al elefante arrodillado e inclinado, pero en sentido inverso, esto es, con la trompa y los colmillos vueltos en direcci\u00f3n a la puerta principal.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Terminada la funci\u00f3n, quise salir inmediatamente al patio para ver qu\u00e9 suced\u00eda; pero, como tuviese que atender en la sacrist\u00eda a alguien que me quer\u00eda comunicar una noticia, hube de detenerme un poco.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sal\u00ed poco despu\u00e9s bajo los p\u00f3rticos, mientras vosotros reanudabais en el patio vuestros juegos. El elefante, al salir de la iglesia, se dirigi\u00f3 al segundo patio, alrededor del cual est\u00e1n los edificios en obra. Tened presente esta circunstancia, pues en aquel patio tuvo lugar la escena desagradable que voy a contaros ahora.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De pronto vi aparecer al final del patio un estandarte en el que se le\u00eda escrito con caracteres cubitales: <em>Sancta Mar\u00eda, succurre miseris<\/em>. (Santa Mar\u00eda, socorre a los desgraciados.)<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los j\u00f3venes formaban detr\u00e1s procesionalmente. Cuando de repente, y sin que nadie lo esperara, vi al elefante que al principio parec\u00eda tan manso, arrojarse contra los circunstantes dando furiosos bramidos y agarrando con la trompa a los que estaban m\u00e1s pr\u00f3ximos a \u00e9l, los levantaba en alto, los arrojaba al suelo, pisote\u00e1ndolos y haciendo un estrago horrible. Mas a pesar de ello, los que hab\u00edan sido maltratados de esta manera no mor\u00edan, sino que quedaban en estado de poder sanar de las heridas espantosas que les produjeran las acometidas de la bestia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La dispersi\u00f3n fue entonces general: unos gritaban; otros lloraban; algunos, al verse heridos, ped\u00edan auxilio a los compa\u00f1eros, mientras, cosa verdaderamente incalificable, ciertos j\u00f3venes a los que la bestia no hab\u00eda hecho da\u00f1o alguno, en lugar de ayudar y socorrer a los heridos, hac\u00edan un pacto con el elefante para proporcionarle nuevas v\u00edctimas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras suced\u00edan estas cosas (yo me encontraba en el segundo arco del p\u00f3rtico junto a la fuente) aquella estatuita que veis all\u00e1 (<em>don Bosco indicaba la estatua de la Sant\u00edsima Virgen<\/em>) se anim\u00f3 y aument\u00f3 de tama\u00f1o; se convirti\u00f3 en una persona de elevada estatura, levant\u00f3 los brazos y abri\u00f3 el manto, en el cual se ve\u00edan bordadas, con exquisito arte, numerosas inscripciones. El manto alcanz\u00f3 tales proporciones que lleg\u00f3 a cubrir a todos los que acud\u00edan a guarecerse bajo \u00e9l: all\u00ed todos se encontraban seguros. Los primeros en acudir a tal refugio fueron los j\u00f3venes mejores, que formaban un grupo escogido. Pero al ver la Sant\u00edsima Virgen que muchos no se apresuraban a acudir a Ella, gritaba en alta voz:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; <em>\u00a1Venite ad me ommes<\/em>! (\u00a1Venid todos a m\u00ed!).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y he aqu\u00ed que la muchedumbre de los j\u00f3venes segu\u00eda afluyendo al amparo de aquel manto, que se extend\u00eda cada vez m\u00e1s y m\u00e1s.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos, en cambio, en vez de refugiarse en \u00e9l, corr\u00edan de una parte a otra, resultandos heridos antes de ponerse en seguro. La Sant\u00edsima Virgen, angustiada, con el rostro encendido, continuaba gritando, pero cada vez eran menos los que acud\u00edan a Ella.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El elefante prosegu\u00eda causando estragos, y algunos j\u00f3venes, manejando una y dos espadas, situ\u00e1ndose a una y otra parte, dificultaban a los compa\u00f1eros, que a\u00fan se encontraban en el patio, que acudiesen a Mar\u00eda, amenazando e hiriendo. A los de las espadas el elefante no les molestaba lo m\u00e1s m\u00ednimo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos de los muchachos que se hab\u00edan refugiado cerca de la Virgen, animados por Ella, comenzaron a hacer frecuentes correr\u00edas; y en sus salidas consegu\u00edan arrebatar al elefante alguna presa, y transportaban al herido bajo el manto de la estatua misteriosa, quedando los tales inmediatamente sanos. Despu\u00e9s, los emisarios de Mar\u00eda volv\u00edan a emprender nuevas conquistas. Varios de ellos, armados con palos, alejaban a la bestia de sus v\u00edctimas, manteniendo a raya a los c\u00f3mplices de la misma. Y no cesaron en su empe\u00f1o, aun a costa de la propia vida, consiguiendo poner a salvo a casi todos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El patio aparec\u00eda ya desierto. Algunos muchachos estaban tendidos en el suelo, casi muertos. Hacia una parte, junto a los p\u00f3rticos, se ve\u00eda una multitud de j\u00f3venes bajo el manto de la Virgen. Por la otra, a cierta distancia, estaba el elefante con diez o doce muchachos que le hab\u00edan ayudado en su labor destructora, esgrimiendo aun insolentemente en tono amenazador sus espadas. Cuando he aqu\u00ed que el animal, irgui\u00e9ndose sobre las patas posteriores, se convirti\u00f3 en un horrible fantasma de largos cuernos; y tomando un amplio manto negro o una red, envolvi\u00f3 en ella a los miserables que le hab\u00edan ayudado, dando al mismo tiempo un tremendo rugido. Seguidamente los envolvi\u00f3 a todos en una espesa humareda y, abri\u00e9ndose la tierra bajo sus pies, desaparecieron con el monstruo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al finalizar esta horrible escena mir\u00e9 a mi alrededor para decir algo a mi madre y al caballero Vallauri, pero no los vi.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me volv\u00ed entonces a Mar\u00eda, deseoso de leer las inscripciones bordadas en su manto, y vi que algunas estaban tomadas literalmente de las Sagradas Escrituras, y otras un poco modificadas. Le\u00ed \u00e9stas entre otras muchas: <em>Qui elucidant me, vitam aeternam habebunt: qui me invenerit, inveniet vitam; si quis est parvulus veniat ad me; refugium peccatorum; salus credentium; plena omnis pietatis, mansuetudinis et misericordiae. Beati qui custodiunt vias meas.<\/em> (Los que me honran tendr\u00e1n la vida eterna; el que me encuentre, encontrar\u00e1 la vida; si uno es ni\u00f1o venga a m\u00ed; refugio de los pecadores; salud de los que creen; toda llena de piedad, de mansedumbre y de misericordia. Dichosos los que guardan mis caminos).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras la desaparici\u00f3n del elefante todo qued\u00f3 tranquilo. La Virgen parec\u00eda como cansada de tanto gritar. Despu\u00e9s de un breve silencio dirigi\u00f3 a los j\u00f3venes la palabra, dici\u00e9ndoles bellas frases de consuelo y de esperanza; repitiendo la misma sentencia que veis bajo aquel nicho, mandada escribir por m\u00ed: <em>Qui elucidant me, vitam aeternam habebunt<\/em>. Despu\u00e9s dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Vosotros que hab\u00e9is escuchado mi voz y hab\u00e9is escapado de los estragos del demonio, hab\u00e9is visto y podido observar a vuestros compa\u00f1eros pervertidos. \u00bfQuer\u00e9is saber cu\u00e1l fue la causa de su perdici\u00f3n? <em>Sunt colloquia prava<\/em>: las malas conversaciones contra la pureza, las malas acciones a que se entregaron despu\u00e9s de las conversaciones inconvenientes. Visteis tambi\u00e9n a vuestros compa\u00f1eros armados de espadas: son los que procuran vuestra ruina alej\u00e1ndoos de m\u00ed; los que fueron la causa de la perdici\u00f3n de muchos de sus condisc\u00edpulos. Pero <em>quos diutius expectat durius dammat<\/em>. Aqu\u00e9llos a los que Dios espera durante m\u00e1s largo tiempo, son despu\u00e9s m\u00e1s severamente castigados; y aquel demonio infernal, despu\u00e9s de envolverlos en sus redes, los llev\u00f3 consigo a la perdici\u00f3n eterna. Ahora vosotros, marchaos tranquilos, pero no olvid\u00e9is mis palabras: huid de los compa\u00f1eros amigos de Satan\u00e1s; evitad las conversaciones malas, especialmente contra la pureza; poned en m\u00ed una ilimitada confianza, y mi manto os servir\u00e1 siempre de refugio seguro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dichas estas y otras palabras semejantes, se esfum\u00f3 y nada qued\u00f3 en el lugar que antes ocupara, a excepci\u00f3n de nuestra querida estatuita.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces vi aparecer nuevamente a mi difunta madre; otra vez se alz\u00f3 el estandarte con la inscripci\u00f3n: <em>Sancta Maria, succurre miseris<\/em>. Todos los j\u00f3venes se colocaron en orden detr\u00e1s de \u00e9l y as\u00ed procesionalmente dispuestos, entonaron la canci\u00f3n: <em>Load a Mar\u00eda<\/em>.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero pronto el canto comenz\u00f3 a decaer; despu\u00e9s desapareci\u00f3 todo aquel espect\u00e1culo y yo me despert\u00e9 completamente ba\u00f1ado en sudor. Esto es lo que so\u00f1\u00e9.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Hijos m\u00edos: deducid vosotros mismos el aguinaldo. Los que estaban bajo el manto, los que fueron arrojados a los aires por el elefante, los que manejaban la espada se dar\u00e1n cuenta de su situaci\u00f3n si examinan sus conciencias. Yo solamente os repito las palabras de la Sant\u00edsima Virgen: <em>Venite ad me, omnes<\/em>, recurrid todos a Ella; en toda suerte de peligros invocad a Mar\u00eda, y os aseguro que ser\u00e9is escuchados. Por lo dem\u00e1s, los que fueron tan cruelmente maltratados por la bestia, hagan el prop\u00f3sito de huir de las malas conversaciones, de los malos compa\u00f1eros; y los que pretend\u00edan alejar a los dem\u00e1s de Mar\u00eda, que cambien de vida o que abandonen esta Casa. Quien desee saber el lugar que ocupaba en el sue\u00f1o, que venga a verme a mi habitaci\u00f3n y yo se lo dir\u00e9. Pero lo repito: los ministros de Satan\u00e1s, que cambien de vida o que se marchen. \u00a1Buenas noches!<br><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estas palabras fueron pronunciadas por Don Bosco con tal unci\u00f3n y con tal emoci\u00f3n, que los j\u00f3venes, pensando en el sue\u00f1o, no le dejaron en paz durante m\u00e1s de una semana. Por las ma\u00f1anas las confesiones fueron numeros\u00edsimas y despu\u00e9s de la comida un buen n\u00famero se entrevist\u00f3 con el siervo de Dios, para preguntarle qu\u00e9 lugar ocupaba en el sue\u00f1o misterioso.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Que no se trataba de un sue\u00f1o, sino m\u00e1s bien de una visi\u00f3n, lo hab\u00eda afirmado indirectamente don Bosco mismo, al decir:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; <em>Cuando el Se\u00f1or quiere manifestarme algo, paso&#8230; etc&#8230; Suelo elevar a Dios especiales plegarias para que me ilumine&#8230;<\/em><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y despu\u00e9s, al prohibir que se bromease sobre el tema de esta narraci\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero a\u00fan hay m\u00e1s.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esta ocasi\u00f3n el mismo siervo de Dios escribi\u00f3 en un papel los nombres de los alumnos que hab\u00eda visto heridos en el sue\u00f1o, de los que manejaban la espada y de los que esgrim\u00edan dos; y ense\u00f1\u00f3 la lista a don Celestino Durando, encarg\u00e1ndole de vigilarlos. Este nos proporcion\u00f3 dicha lista, que tenemos ante la vista. Los heridos son trece, a saber: los que probablemente no se refugiaron bajo el manto de la Virgen; los que manejaban una espada eran diecisiete; los que esgrim\u00edan dos, se reduc\u00edan a tres. La nota al lado de alg\u00fan nombre indica un cambio de conducta. Hemos de observar tambi\u00e9n que el sue\u00f1o, como veremos m\u00e1s adelante, no se refer\u00eda solamente al tiempo presente, sino tambi\u00e9n al futuro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sobre la realidad del sue\u00f1o, los mismos j\u00f3venes fueron los mejores testigos. Uno de ellos dec\u00eda: \u00abNo cre\u00eda yo que don Bosco me conociese tan bien; me ha manifestado el estado de mi alma, y las tentaciones a que estoy sometido, con tal precisi\u00f3n, que nada podr\u00eda a\u00f1adir.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A otros dos j\u00f3venes, a los cuales don Bosco aseguraba haberlos visto con la espada, se les oy\u00f3 exclamar: \u201c\u00a1Ah, s\u00ed, es cierto; hace tiempo que me he dado cuenta de ello; lo sab\u00eda!\u201d Y cambiaron de conducta.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un d\u00eda, despu\u00e9s de comer, hablaba de su sue\u00f1o y tras haber manifestado que algunos j\u00f3venes ya se hab\u00edan marchado y otros tendr\u00edan que hacerlo, para alejar las espadas de la casa, comenz\u00f3 a comentar la astucia de los tales, como \u00e9l la llamaba; y a prop\u00f3sito de ello refiri\u00f3 el siguiente hecho:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un joven escribi\u00f3 hace poco tiempo a su casa endosando a las personas m\u00e1s dignas del Oratorio, como superiores y sacerdotes, graves calumnias e insultos. Temiendo que don Bosco pudiese leer aquella carta, estudi\u00f3 y encontr\u00f3 la manera de que llegase a manos de sus parientes sin que nadie lo pudiese impedir. La carta sali\u00f3 por la tarde, lo llam\u00e9; se present\u00f3 en mi habitaci\u00f3n y tras de hacerle recapacitar sobre su falta, le pregunt\u00e9 el motivo que le hab\u00eda inducido a escribir tantas mentiras. El neg\u00f3 descaradamente el hecho; y yo le dej\u00e9 hablar; despu\u00e9s, comenzando por la primera palabra, le repet\u00ed toda la carta.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Confundido y asustado, se arroj\u00f3 llorando a mis pies, diciendo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Entonces mi carta no ha salido?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; S\u00ed, le respond\u00ed; a esta hora est\u00e1 en tu casa; pero debes pensar en la reparaci\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos preguntaron al siervo de Dios c\u00f3mo lo hab\u00eda sabido; y don Bosco respondi\u00f3 sonriendo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Ah, mi astucia&#8230;!\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta astucia deb\u00eda ser la misma del sue\u00f1o, que no s\u00f3lo se refer\u00eda al momento presente, sino a la vida futura de cada alumno, uno de los cuales, que sosten\u00eda estrecha relaci\u00f3n con don Miguel R\u00faa, le escrib\u00eda as\u00ed a la vuelta de muchos a\u00f1os. Es de advertir que la carta lleva el nombre y apellido del comunicante con el nombre de la calle y el n\u00famero de su casa en Tur\u00edn.<br><br><br><em>Querid\u00edsimo Padre<\/em> (don Miguel R\u00faa):<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8230;Recuerdo entre otras cosas una visi\u00f3n que tuvo don Bosco en 1863, do yo estaba interno en su casa. Vio en ella el futuro de todos los suyos y \u00e9l mismo nos lo cont\u00f3 despu\u00e9s de las oraciones de la noche. Fue el sue\u00f1o del elefante (<em>Describe aqu\u00ed cuanto hemos expuesto y sigue<\/em>): don Bosco, al terminar la narraci\u00f3n, nos dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si dese\u00e1is saber d\u00f3nde estabais, venid a mi habitaci\u00f3n, y yo os lo dir\u00e9.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo tambi\u00e9n fui.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; T\u00fa, me dijo, eras uno de los que corr\u00edan junto al elefante, antes y despu\u00e9s de las funciones religiosas, y naturalmente, te apres\u00f3, te lanz\u00f3 por los aires con la trompa y al caer quedaste malparado, de forma que no pod\u00edas escapar, aunque hicieras esfuerzos. Luego, un compa\u00f1ero tuyo sacerdote, desconocido por ti, se acerc\u00f3, te agarr\u00f3 por un brazo y te traslad\u00f3 hasta el manto de la Virgen. Te salvaste.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esto no fue un sue\u00f1o, como expresaba don Bosco, sino una verdadera revelaci\u00f3n del futuro, que el Se\u00f1or hac\u00eda a su Siervo. Acaeci\u00f3 durante el segundo a\u00f1o de mi estancia en el Oratorio, en una \u00e9poca en la que yo era modelo de mis compa\u00f1eros, lo mismo en el estudio que en la piedad, y, sin embargo, don Bosco me vio en aquel estado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llegaron las vacaciones de 1863. March\u00e9 para descansar, por mi maltrecha salud y no regres\u00e9 m\u00e1s al Oratorio. Ten\u00eda trece a\u00f1os cumplidos. Al a\u00f1o siguiente mi padre me puso a aprender el oficio de zapatero. Dos a\u00f1os despu\u00e9s (1866) me traslad\u00e9 a Francia, para perfeccionarme en mi profesi\u00f3n. All\u00ed me encontr\u00e9 con gente sectaria y poco a poco abandon\u00e9 la iglesia y las pr\u00e1cticas religiosas, comenc\u00e9 a leer libros esc\u00e9pticos y llegu\u00e9 al extremo de aborrecer la santa Iglesia Cat\u00f3lica, Apost\u00f3lica, Romana, como la m\u00e1s da\u00f1osa de las religiones. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde regres\u00e9 a la patria y segu\u00ed lo mismo, leyendo siempre libros imp\u00edos y alej\u00e1ndome cada vez m\u00e1s de la verdadera Iglesia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con todo, durante este tiempo nunca dej\u00e9 de pedir a Dios Padre, en nombre de Jesucristo, que me iluminase y diese a conocer la verdadera religi\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante estas circunstancias, al menos trece a\u00f1os, realizaba todo esfuerzo para levantarme, pero estaba herido, era presa del elefante, no me pod\u00eda mover.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A fines del a\u00f1o 1878 se dio una misi\u00f3n en una parroquia. Asist\u00edan muchos a las instrucciones y tambi\u00e9n yo empec\u00e9 a ir, para o\u00edr a aquellos <em>famosos oradores<\/em>.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Escuch\u00e9 cosas hermosas, verdades irrefutables, y finalmente la \u00faltima pl\u00e1tica, que trataba precisamente del Sant\u00edsimo Sacramento, el \u00faltimo y principal punto que me quedaba en duda (pues yo no cre\u00eda ya en la presencia de Jesucristo en el Sant\u00edsimo Sacramento, ni real ni espiritual). Supo el predicador explicar tan maravillosamente la verdad, confutar los errores y convencerme, que yo, tocado por la gracia del Se\u00f1or, decid\u00ed confesarme y retornar bajo el manto de la Virgen Mar\u00eda. Desde entonces no dejo de agradecer a Dios y a la bienaventurada Virgen el favor recibido.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Advierto que, para afirmaci\u00f3n de la visi\u00f3n, supe despu\u00e9s que aquel predicador misionero era compa\u00f1ero m\u00edo del Oratorio de don Bosco.<br><br><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tur\u00edn, 25 de febrero, 1891.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; DOMlNGO N&#8230;.<br><\/em><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; PS. Si V.R. cree conveniente publicar esta mi carta, le otorgo plena facultad hasta para retocarla, a condici\u00f3n de que no se cambie el sentido, porque es la pura verdad. Respetuosamente beso su mano, amado padre R\u00faa, entendiendo que, al hacerlo, beso la de nuestro querido don Bosco.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mediante este sue\u00f1o don Bosco ciertamente recibi\u00f3 tambi\u00e9n luz para poder juzgar las vocaciones al estado religioso o eclesi\u00e1stico, las aptitudes de unos y de otros para realizar el bien. Hab\u00eda visto a aquellos valientes que combat\u00edan al elefante y a sus partidarios para salvar a los compa\u00f1eros, curarles las heridas y llevarlos bajo el manto de la Virgen. El, por tanto, continuaba aceptando las peticiones de los que, entre \u00e9stos, deseaban formar parte de la P\u00eda Sociedad, o admitiendo, a los que ya eran novicios, a pronunciar los votos trienales. Ser\u00e1 su eterno t\u00edtulo honor\u00edfico el haber sido elegidos por don Bosco. Algunos de ellos no pronunciaron los votos o, cumplida la promesa trienal, salieron del Oratorio; pero es una realidad que perseveraron casi todos en su misi\u00f3n de salvar e instruir a la juventud como sacerdotes diocesanos o como profesores seglares en las escuelas del Estado.<br><em>(MB IT VII, 356-363 \/ MB ES VII, 307-314)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como don Bosco no hab\u00eda podido dar el \u00faltimo d\u00eda del a\u00f1o el aguinaldo a&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":29841,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":272,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[1720,2636,2558,1768,1948,1918,1966,1972],"class_list":["post-29849","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-dios","tag-don-bosco","tag-ninos","tag-oratorio","tag-salvacion","tag-santos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29849","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=29849"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29849\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/29841"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=29849"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=29849"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=29849"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}