{"id":29520,"date":"2024-07-25T13:25:19","date_gmt":"2024-07-25T13:25:19","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=29520"},"modified":"2024-07-25T13:26:01","modified_gmt":"2024-07-25T13:26:01","slug":"la-inundacion-y-la-balsa-salvadora-1886","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/la-inundacion-y-la-balsa-salvadora-1886\/","title":{"rendered":"La inundaci\u00f3n y la balsa salvadora (1886)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><em>Nadie puede salvarse solo de la furia de las aguas en las grandes inundaciones. Todos tienen necesidad de un salvador que le lleve a su barca. Quien no sube a la barca corre el riesgo de ser arrastrado por las aguas embravecidas. Don Bosco comprendi\u00f3 un significado m\u00e1s profundo en su sue\u00f1o, el de la balsa salvadora, y lo transmiti\u00f3 a sus j\u00f3venes.<br><\/em><\/em><br><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco, pues, ante todos sus muchachos, habl\u00f3 as\u00ed el lunes por la noche, primer d\u00eda del a\u00f1o 1866:<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me pareci\u00f3 encontrarme a poca distancia de un pueblo que por su aspecto parec\u00eda Castelnuovo de Asti, pero que no lo era. Los j\u00f3venes del Oratorio hac\u00edan recreo alegremente en un prado inmenso; cuando he aqu\u00ed que se ven aparecer de repente las aguas en los confines de aquel campo, quedando bien pronto bloqueados por la inundaci\u00f3n, que iba creciendo a medida que avanzaba hacia nosotros. El Po se hab\u00eda salido de madre e inmensos y desmandados torrentes flu\u00edan de sus orillas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nosotros, llenos de terror, comenzamos a correr hacia la parte trasera de un molino aislado, distante de otras viviendas y con muros gruesos como los de una fortaleza. Me detuve en el patio del mismo, en medio de mis queridos j\u00f3venes, que estaban aterrados. Pero las aguas comenzaron a invadir aquella superficie, vi\u00e9ndonos obligados primeramente a entrar en la casa y despu\u00e9s a subir a las habitaciones superiores. Desde las ventanas se apreciaba la magnitud del desastre. A partir de las colinas de Superga hasta los Alpes, en lugar de los prados, de los campos cultivados, de los bosques, caser\u00edos, aldeas y ciudades, s\u00f3lo se descubr\u00eda la superficie de un lago inmenso. A medida que el agua crec\u00eda, nosotros sub\u00edamos de un piso a otro. Perdida toda humana esperanza de salvaci\u00f3n, comenc\u00e9 a animar a mis queridos j\u00f3venes, aconsej\u00e1ndoles que se pusiesen con toda confianza en las manos de Dios y en los brazos de nuestra querida Madre, Mar\u00eda.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el agua hab\u00eda llegado ya casi al nivel del \u00faltimo piso. Entonces, el espanto fue general, no viendo otro medio de salvaci\u00f3n que ocupar una grand\u00edsima balsa, en forma de nave, que apareci\u00f3 en aquel preciso momento y que flotaba cerca de nosotros. Cada uno, con la respiraci\u00f3n entrecortada por la emoci\u00f3n, quer\u00eda ser el primero en saltar a ella; pero ninguno se atrev\u00eda, porque no la pod\u00edamos acercar a la casa, a causa de un muro que emerg\u00eda un poco sobre el nivel de las aguas. Un solo medio nos pod\u00eda facilitar el acceso, a saber, un tronco de \u00e1rbol, largo y estrecho; pero la cosa resultaba un tanto dif\u00edcil, pues un extremo del \u00e1rbol estaba apoyado en la balsa que no dejaba de moverse al impulso de las olas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Arm\u00e1ndome de valor pas\u00e9 el primero y para facilitar el transbordo a los j\u00f3venes y darles \u00e1nimo, encargu\u00e9 a algunos cl\u00e9rigos y sacerdotes que, desde el molino, sostuviesen a los que part\u00edan y desde la barca tendiesen la mano a los que llegaban. Pero \u00a1cosa singular! Despu\u00e9s de estar entregados a aquel trabajo un poco de tiempo, los cl\u00e9rigos y los sacerdotes se sent\u00edan tan cansados que unos en una parte, otros en otra, ca\u00edan exhaustos de fuerzas; y los que los sustitu\u00edan corr\u00edan la misma suerte. Maravillado de lo que ocurr\u00eda a aquellos mis hijos, yo tambi\u00e9n quise hacer la prueba y me sent\u00ed tan agotado que no me pod\u00eda tener de pie.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entretanto, numerosos j\u00f3venes dej\u00e1ndose ganar por la impaciencia, ya por miedo a morir, ya por mostrarse animosos, habiendo encontrado un trozo de viga bastante largo y suficientemente ancho, establecieron un segundo puente, y sin esperar la ayuda de los cl\u00e9rigos y de los sacerdotes, se dispusieron precipitadamente a atravesarlo sin escuchar mis gritos:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Deteneos, deteneos, que os caer\u00e9is!, les dec\u00eda yo. Y sucedi\u00f3 que muchos, empujados por otros o al perder el equilibro antes de llegar a la balsa, cayeron y fueron tragados por aquellas p\u00fatridas y turbulentas aguas sin que se les volviese a ver m\u00e1s. Tambi\u00e9n el fr\u00e1gil puente se hundi\u00f3 con cuantos estaban encima de \u00e9l. Tan grande fue el n\u00famero de las v\u00edctimas que la cuarta parte de nuestros j\u00f3venes sucumbi\u00f3 al secundar sus propios caprichos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo, que hasta entonces hab\u00eda tenido sujeta la extremidad del tronco del \u00e1rbol, mientras los j\u00f3venes pasaban por encima, al darme cuenta de que la inundaci\u00f3n hab\u00eda superado a la altura del muro, me industri\u00e9 para impulsar la balsa hacia el molino. All\u00ed estaba don Juan Cagliero, el cual, con un pie en la ventana y con el otro en el borde de la embarcaci\u00f3n, hizo saltar a ella a los j\u00f3venes que hab\u00edan permanecido en las habitaciones, ayud\u00e1ndoles con la mano y poni\u00e9ndoles as\u00ed en seguro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero no todos los muchachos estaban a\u00fan a salvo. Cierto n\u00famero de ellos se hab\u00edan subido a los desvanes y desde \u00e9stos a los tejados, donde se agruparon permaneciendo los unos arrimados a los otros, mientras la inundaci\u00f3n segu\u00eda creciendo sin cesar cubriendo el agua los aleros y una parte de los bordes del mismo tejado. Al mismo tiempo que las aguas, hab\u00eda subido tambi\u00e9n la balsa y yo, al ver a aquellos pobrecitos en tan terrible situaci\u00f3n, les grit\u00e9 que rezasen de todo coraz\u00f3n; que guardasen silencio, que bajasen unidos, con los brazos entrelazados los unos con los otros para no rodar. Me obedecieron y como el flanco de la nave estaba pegado al alero, con el auxilio de los compa\u00f1eros pasaron ellos tambi\u00e9n a bordo. En la balsa hab\u00eda adem\u00e1s una buena cantidad de panes colocados en numerosas canastas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando todos estuvieron en la barca, inseguros a\u00fan de poder salir de aquel peligro, tom\u00e9 el mando de la misma y dije a los j\u00f3venes:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Mar\u00eda es la estrella del mar. Ella no abandona a los que conf\u00edan en su protecci\u00f3n; pong\u00e1monos todos bajo su manto: la Virgen nos librar\u00e1 de los peligros y nos guiar\u00e1 a un puerto seguro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s, abandonamos la nave a las olas; la balsa flotaba y se mov\u00eda serenamente alej\u00e1ndose de aquel lugar. (<em>Facta est quasi navis institoris, de longe portans panem suum<\/em>.) (Es como nave de mercader que de lejos trae su provisi\u00f3n. Pr. 31, 13.) El \u00edmpetu de las aguas, agitadas por el viento, la impulsaba a tal velocidad, que nosotros, abraz\u00e1ndonos los unos a los otros, formamos un todo para no caer.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de recorrer un gran espacio en brev\u00edsimo tiempo, la embarcaci\u00f3n se detuvo de pronto y se puso a dar vueltas sobre s\u00ed misma con extraordinaria rapidez, de manera que parec\u00eda que se iba a hundir. Pero un viento violent\u00edsimo la sac\u00f3 de aquella vor\u00e1gine. Luego comenz\u00f3 a bogar en forma regular, produci\u00e9ndose de cuando en cuando alg\u00fan remolino, hasta que, al soplo del viento salvador, fue a detenerse junto a una playa seca, hermosa y amplia, que parec\u00eda emerger como una colina en medio de aquel mar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos j\u00f3venes estaban como encantados y dec\u00edan que el Se\u00f1or hab\u00eda puesto al hombre sobre la tierra, no sobre las aguas; y sin pedir permiso a nadie salieron jubilosos de la balsa e invitando a otros a que hicieran lo mismo, subieron a aquella tierra emergida. Breve fue su alegr\u00eda, porque alborot\u00e1ndose de nuevo las aguas a causa de la repentina tempestad que se desencaden\u00f3, \u00e9stas invadieron la falda de aquella hermosa ladera y en breve tiempo, lanzando gritos de desesperaci\u00f3n, aquellos infelices se vieron sumergidos hasta la cintura y, despu\u00e9s de ser derribados por las olas, desaparecieron. Yo exclam\u00e9 entonces:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Cu\u00e1n cierto es que el que sigue su capricho lo paga caro!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La embarcaci\u00f3n, entretanto, a merced de aquel turbi\u00f3n amenazaba de nuevo con hundirse. Vi entonces los rostros de mis j\u00f3venes cubiertos de mortal palidez:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Animo! les grit\u00e9, Mar\u00eda no nos abandonar\u00e1.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y todos de consuno rezamos de coraz\u00f3n los actos de fe, esperanza, caridad y contrici\u00f3n; algunos padrenuestros, avemar\u00edas y la salve; despu\u00e9s, de rodillas, agarrados de las manos, continuamos diciendo nuestras oraciones particulares. Pero algunos insensatos, indiferentes ante aquel peligro, como si nada sucediese, se pon\u00edan de pie, se mov\u00edan continuamente, iban de una parte a otra, ri\u00e9ndose y burl\u00e1ndose de la actitud suplicante de sus compa\u00f1eros. Y he aqu\u00ed que la nave se detuvo de improviso, gir\u00f3 con gran rapidez sobre s\u00ed misma, y un viento impetuoso lanz\u00f3 al agua a aquellos desventurados. Eran treinta; y como el agua era muy profunda y densa, apenas cayeron a ella no se les volvi\u00f3 a ver m\u00e1s. Nosotros entonamos la Salve y m\u00e1s que nunca invocamos de todo coraz\u00f3n la protecci\u00f3n de la Estrella de mar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sobrevino la calma. Y la nave, cual pez gigantesco, continu\u00f3 avanzando sin saber nosotros ad\u00f3nde nos conducir\u00eda. A bordo se desarrollaba un continuo y m\u00faltiple trabajo de salvamento. Se hac\u00eda todo lo posible por impedir que los j\u00f3venes cayesen al agua y se intentaba, por todos los medios, salvar a los que ca\u00edan en ella. Pues hab\u00eda quienes, asom\u00e1ndose imprudentemente a los bajos bordes de la embarcaci\u00f3n, se precipitaban al lago, mientras que algunos muchachos descarados y crueles, invitando a los compa\u00f1eros a que se asomasen a la borda, los empujaban precipit\u00e1ndolos al agua. Por eso algunos sacerdotes prepararon unas ca\u00f1as muy largas, gruesos palangres y anzuelos de varias clases. Otros amarraban los anzuelos a las ca\u00f1as y entregaban \u00e9stas a unos y otros, mientras que algunos ocupaban ya sus puestos con las ca\u00f1as levantadas, con la vista fija en las aguas y atentos a las llamadas de socorro. Apenas ca\u00eda un joven bajaban las ca\u00f1as y el n\u00e1ufrago se agarraba al palangre o bien quedaba prendido en el anzuelo por la cintura, o por los vestidos y as\u00ed era puesto a salvo. Pero tambi\u00e9n entre los dedicados a la pesca hab\u00eda quienes entorpec\u00edan la labor de los dem\u00e1s e imped\u00edan su trabajo a los que preparaban y distribu\u00edan los anzuelos. Los cl\u00e9rigos vigilaban para que los j\u00f3venes, muy numerosos a\u00fan, no se acercasen a la borda de la embarcaci\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo estaba al pie de una alta gavia plantada en el centro, rodeado de much\u00edsimos muchachos, sacerdotes y cl\u00e9rigos que ejecutaban mis \u00f3rdenes. Mientras fueron d\u00f3ciles y obedientes a mis palabras, todo march\u00f3 bien; est\u00e1bamos tranquilos, contentos, seguros. Pero no pocos comenzaron a encontrar inc\u00f3moda la vida en aquella balsa; a tener miedo de un viaje tan largo, a quejarse de las molestias y peligros de la traves\u00eda, a discutir sobre el lugar en que deb\u00edamos atracar, a pensar en la manera de hallar otro refugio, a ilusionarse con la esperanza de encontrar tierra a poca distancia y en ella un albergue seguro, a lamentarse de que, en breve, nos faltar\u00edan las vituallas, a discutir entre ellos, a negarme su obediencia. En vano intentaba yo persuadirles con razones.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y he aqu\u00ed que aparecieron ante nuestra vista otras balsas, las cuales, al acercarse, parec\u00edan seguir una ruta distinta de la nuestra; entonces aquellos imprudentes determinaron secundar sus caprichos, alej\u00e1ndose de m\u00ed y obrando seg\u00fan su propio parecer. Echaron al agua algunas tablas que estaban en nuestra embarcaci\u00f3n y, al descubrir otras bastante largas que flotaban no muy lejos, saltaron sobre ellas y se alejaron en compa\u00f1\u00eda de las otras balsas que hab\u00edan aparecido cerca de la nuestra. Fue una escena indescriptible y dolorosa para m\u00ed ver a aquellos infelices que iban en busca de su ruina. Soplaba el viento; las olas comenzaron a encresparse; y he aqu\u00ed que algunos quedaron sumergidos bajo ellas; otros, aprisionados entre los espirales de la vor\u00e1gine y arrastrados a los abismos; otros, chocaban con objetos que hab\u00eda a flor de agua y desaparec\u00edan; algunos lograron subir a otras embarcaciones, pero \u00e9stas pronto se hundieron tambi\u00e9n. La noche se hizo negra y oscura; en lontananza se o\u00edan los gritos desgarradores de los n\u00e1ufragos. Todos perecieron. <em>In mare mundi submergentur omnes illi quos non s\u00fascipit navis ista<\/em>, esto es, la nave de Mar\u00eda Sant\u00edsima. (En el mar del mundo se hundir\u00e1n todos los que no se refugian en esta nave.)<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El n\u00famero de mis queridos hijos hab\u00eda disminuido notablemente; a pesar de ello, con la confianza puesta en la Virgen, despu\u00e9s de una noche tenebrosa, la nave entro finalmente, como a trav\u00e9s de una especie de paso estrech\u00edsimo, entre dos playas cubiertas de limo, de matorrales, de astillones, cascajo, palos, ramaje, ejes destrozados, antenas, remos. Alrededor de la barca pululaban tar\u00e1ntulas, sapos, serpientes, dragones, cocodrilos, escualos, v\u00edboras y mil otros repugnantes animales. Sobre unos sauces llorones, cuyas ramas ca\u00edan sobre nuestra embarcaci\u00f3n, hab\u00eda unos gatazos de forma singular que desgarraban pedazos de miembros humanos y muchos monos de gran tama\u00f1o, que columpi\u00e1ndose de las mismas ramas, intentaban tocar y ara\u00f1ar a los j\u00f3venes; pero \u00e9stos, atemorizados, se agachaban salv\u00e1ndose de aquellas amenazas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue all\u00ed, en aquel arenal, donde volvimos a ver con gran sorpresa y horror a los pobres compa\u00f1eros que hab\u00edamos perdido o que hab\u00edan desertado de nuestras filas. Despu\u00e9s del naufragio fueron arrojados por las olas a aquella playa. Los miembros de algunos estaban destrozados como consecuencia del choque violento contra los escollos. Otros hab\u00edan quedado sepultados en el pantano y s\u00f3lo se les ve\u00edan los cabellos y la mitad de un brazo. Aqu\u00ed sobresal\u00eda del fango un torso, m\u00e1s all\u00e1 una cabeza; en otra parte flotaba, a la vista de todos, un cad\u00e1ver.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De pronto se oy\u00f3 la voz de un joven de la barca que gritaba:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Aqu\u00ed hay un monstruo que est\u00e1 devorando las carnes de fulano y de zutano.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y repet\u00eda los nombres de los desgraciados, se\u00f1al\u00e1ndolos a los compa\u00f1eros que contemplaban la escena con horror.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero otro espect\u00e1culo no menos horrible se present\u00f3 a nuestros ojos. A poca distancia se levantaba un horno gigantesco en el cual ard\u00eda un fuego devorador. En \u00e9l se ve\u00edan formas humanas, pies, brazos, piernas, manos, cabezas que sub\u00edan y bajaban entre las llamas confusamente, como las legumbres en la olla cuando \u00e9sta hierve. Miramos atentamente y vimos all\u00ed a muchos de nuestros j\u00f3venes y al reconocerlos quedamos aterrados. Sobre aquel fuego hab\u00eda como una tapadera, encima de la cual estaban escritas con gruesos caracteres estas palabras: \u00abEL SEXTO Y EL S\u00c9PTIMO CONDUCEN AQUI\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cerca de all\u00ed hab\u00eda una alta y amplia prominencia de tierra o promontorio con numerosos \u00e1rboles silvestres desordenadamente dispuestos, entre los que se agitaba gran n\u00famero de nuestros muchachos de los que hab\u00edan ca\u00eddo a las aguas o de los que se hab\u00edan alejado de nosotros durante el viaje. Baj\u00e9 a tierra, sin hacer caso del peligro a que me expon\u00eda, me acerqu\u00e9 y vi que ten\u00edan los ojos, las orejas, los cabellos y hasta el coraz\u00f3n llenos de insectos y de asquerosos gusanos que les ro\u00edan aquellos \u00f3rganos caus\u00e1ndoles atroc\u00edsimos dolores. Uno de ellos sufr\u00eda m\u00e1s que los dem\u00e1s; quise acercarme a \u00e9l, pero hu\u00eda de m\u00ed escondi\u00e9ndose detr\u00e1s de los \u00e1rboles. Vi a otros que entreabriendo por el dolor sus ropas, mostraban el cuerpo ce\u00f1ido de serpientes; otros, llevaban v\u00edboras en el seno.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se\u00f1al\u00e9 a todos ellos una fuente que arrojaba agua fresca y ferruginosa en gran cantidad; todo el que iba a lavarse en ella curaba al instante y pod\u00eda volver a la barca. La mayor parte de aquellos infelices obedeci\u00f3 mis mandatos; pero algunos se negaron a secundarlos. Entonces yo, decididamente, me volv\u00ed a los que hab\u00edan sanado, los cuales, ante mis instancias, me siguieron sin titubear mientras los monstruos desaparec\u00edan. Apenas estuvimos en la embarcaci\u00f3n, \u00e9sta, impulsada por el viento, atraves\u00f3 aquel estrecho, saliendo por la parte opuesta a la que hab\u00eda entrado, lanz\u00e1ndose de nuevo a un mar sin l\u00edmites.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nosotros, compadecidos del fin lastimoso y de la triste suerte de nuestros compa\u00f1eros abandonados en aquel lugar, comenzamos a cantar: \u00a1a Mar\u00eda!, en acci\u00f3n de gracias a la Madre celestial, por habernos protegido hasta entonces; y al instante, como obedeciendo a un mandato de la Virgen, ces\u00f3 la furia del viento y la nave comenz\u00f3 a deslizarse con rapidez sobre las pl\u00e1cidas olas, con una suavidad imposible de describir. Parec\u00eda que avanzase al solo impulso que le daban los j\u00f3venes al jugar echando el agua hacia atr\u00e1s con la palma de la mano.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; He aqu\u00ed que seguidamente apareci\u00f3 en el cielo un arco iris, m\u00e1s maravilloso y esplendente que una aurora boreal, al pasar bajo el cual le\u00edmos escrito con gruesos caracteres de luz, la palabra <em>MEDOUM<\/em>, sin entender su significado. A m\u00ed me pareci\u00f3 que cada letra era la inicial de estas palabras: <em>Mater Et D\u00f3mina Omnis Universi Maria<\/em>. (Mar\u00eda es la madre y se\u00f1ora del universo entero.)<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de un largo trayecto, he aqu\u00ed que apareci\u00f3 tierra en el horizonte; al acercarnos a ella, sent\u00edamos renacer poco a poco en el coraz\u00f3n una alegr\u00eda indecible. Aquella tierra amen\u00edsima, cubierta de bosques con toda clase de \u00e1rboles, ofrec\u00eda el panorama m\u00e1s encantador que imaginarse puede, iluminada por la luz del sol naciente tras las colinas que la formaban. Era una luz que brillaba con inefable suavidad, semejante a la de un espl\u00e9ndido atardecer de est\u00edo, infundiendo en el \u00e1nimo una sensaci\u00f3n de tranquilidad y de paz.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Finalmente, dando contra las arenas de la playa y desliz\u00e1ndose sobre ella, la balsa se detuvo en un lugar seco al pie de una hermos\u00edsima vi\u00f1a.<br><br>Bien se pudo decir de esta embarcaci\u00f3n: <em>Eam tu, Deus, pontem fecisti, quo a mundi fl\u00factibus trajicientes ad tranquillum portum tuum deveniamus<\/em>. (T\u00fa, oh Dios, hiciste de ella un puente, por el que atravesando las aguas del mundo lleguemos a tu apacible puerto).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los muchachos estaban con deseos de penetrar en aquella vi\u00f1a y algunos, m\u00e1s curiosos que otros, de un salto se pusieron en la playa. Pero, apenas avanzaron unos pasos, al recordar la suerte desgraciada de los que quedaron fascinados por el islote que se levantaba en medio del mar borrascoso, volvieron apresuradamente a la balsa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las miradas de todos se hab\u00edan vuelto hacia m\u00ed y en la frente de cada uno se le\u00eda esta pregunta:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Don Bosco: \u00bfes hora ya de que bajemos y nos paremos?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Primero reflexion\u00e9 un poco y despu\u00e9s les dije:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Bajemos! Ha llegado el momento: ahora estamos seguros.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hubo un grito general de alegr\u00eda; los muchachos, frot\u00e1ndose las manos de j\u00fabilo, entraron en la vi\u00f1a, en la cual reinaba el orden m\u00e1s perfecto. De las vides pend\u00edan racimos de uva semejantes a los de la tierra prometida y en los \u00e1rboles hab\u00eda todas las clases de frutos que se pueden desear en la bella estaci\u00f3n y todos de un sabor desconocido. En medio de aquella extens\u00edsima vi\u00f1a se elevaba un gran castillo rodeado de un delicioso y regio jard\u00edn y cercado de fuertes murallas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos dirigimos a aquel edificio para visitarlo y se nos permiti\u00f3 la entrada. Est\u00e1bamos cansados y hambrientos, y en una amplia sala adornada toda de oro, hab\u00eda preparada para nosotros una gran mesa abastecida con los m\u00e1s exquisitos manjares, de los que cada uno pudo servirse a su placer. Mientras termin\u00e1bamos de refocilarnos, entr\u00f3 en la sala un noble joven, ricamente vestido y de una hermosura singular, el cual, con afectuosa y familiar cortes\u00eda, nos salud\u00f3 llam\u00e1ndonos a cada uno por nuestro nombre. Al vernos estupefactos y maravillados ante su belleza y las cosas que hab\u00edamos contemplado, nos dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Esto no es nada; venid y ver\u00e9is.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le seguimos, y desde los balcones de las galer\u00edas nos hizo contemplar los jardines, dici\u00e9ndonos que \u00e9ramos due\u00f1os de todos ellos, que los pod\u00edamos usar para nuestro recreo. Nos llev\u00f3 despu\u00e9s de sala en sala; cada una superaba a la anterior por la riqueza de su arquitectura, por sus columnas y decorado de toda clase. Abri\u00f3 despu\u00e9s una puerta que comunicaba con una capilla, y nos invit\u00f3 a entrar. Por fuera parec\u00eda peque\u00f1a, pero apenas cruzamos el umbral comprobamos que era tan amplia que de un extremo a otro apenas si nos pod\u00edamos ver. El pavimento, los muros, las b\u00f3vedas estaban cubiertas con m\u00e1rmoles art\u00edsticamente trabajados, plata, oro y piedras preciosas; por lo que yo, profundamente maravillado, exclam\u00e9:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Esto es una belleza de cielo! Me apunto para quedarme aqu\u00ed para siempre.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En medio de aquel gran templo, se levantaba sobre un rico basamento, una grande y magn\u00edfica estatua de Mar\u00eda Auxiliadora. Llam\u00e9 a muchos de los j\u00f3venes que se hab\u00edan dispersado por una y otra parte para contemplar la belleza de aquel sagrado edificio, y se concentraron todos ante la estatua de Nuestra Se\u00f1ora para darle gracias por tantos favores como nos hab\u00eda otorgado. Entonces me di cuenta de la enorme capacidad de aquella iglesia, pues todos aquellos millares de j\u00f3venes parec\u00edan formar un peque\u00f1o grupo que ocupase el centro de la misma.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras contemplaban aquella estatua, cuyo rostro era de una hermosura verdaderamente celestial, la imagen pareci\u00f3 animarse de pronto y sonre\u00edr. Y he aqu\u00ed que se levant\u00f3 un murmullo entre los muchachos, apoder\u00e1ndose de sus corazones una emoci\u00f3n indecible.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1La Virgen mueve los ojos!, exclamaron algunos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y en efecto, Mar\u00eda Sant\u00edsima recorr\u00eda con su maternal mirada aquel grupo de hijos. Seguidamente se oy\u00f3 una nueva y general exclamaci\u00f3n:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1La Virgen mueve las manos!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y en efecto, abriendo lentamente los brazos, levantaba el manto como para acogernos a todos debajo de \u00e9l. L\u00e1grimas de emoci\u00f3n surcaban nuestras mejillas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1La Virgen mueve los labios!, dijeron algunos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; H\u00edzose un profundo silencio; la Virgen abri\u00f3 la boca y con una voz argentina y suav\u00edsima, dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; SI VOSOTROS SOIS PARA M\u00cd HIJOS DEVOTOS, YO SER\u00c9 PARA VOSOTROS UNA MADRE PIADOSA.<br>Al o\u00edr estas palabras, todos ca\u00edmos de rodillas y entonamos el canto: <em>Load a Mar\u00eda<\/em>.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se produjo una armon\u00eda tan fuerte y al mismo tiempo tan suave, que gratamente impresionado me despert\u00e9, y termin\u00f3 as\u00ed la visi\u00f3n.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco concluy\u00f3 con estas palabras:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfVeis, mis queridos hijos? En este sue\u00f1o podemos reconocer el mar borrascoso de este mundo. Si sois d\u00f3ciles y obedientes a mis palabras y no hac\u00e9is caso de los que os aconsejan mal, despu\u00e9s de habernos esforzado por hacer el bien y huir del mal; despu\u00e9s de vencidas todas nuestras malas tendencias, llegaremos felizmente al t\u00e9rmino de nuestra vida, a una playa segura. Entonces vendr\u00e1 a nuestro encuentro mandado por la Virgen Sant\u00edsima, quien en nombre de nuestro buen Dios, nos introducir\u00e1 para restaurarnos de nuestras fatigas, en su regio jard\u00edn, esto es, en el Para\u00edso, donde gozaremos de su amabil\u00edsima presencia divina. Pero, si por el contrario, quer\u00e9is obrar, no seg\u00fan yo os digo, sino siguiendo vuestro capricho y desoyendo mis consejos, entonces naufragar\u00e9is miserablemente.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco dio, en circunstancias diversas y privadamente, alguna explicaci\u00f3n detallada de este sue\u00f1o, relacionado no s\u00f3lo con el Oratorio, sino tambi\u00e9n con la P\u00eda Sociedad, seg\u00fan parece.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abEl prado es el mundo; el agua que amenazaba ahogarnos, los peligros del mundo. La inundaci\u00f3n tan terriblemente extendida, los vicios y las m\u00e1ximas irreligiosas y las persecuciones contra los buenos. El molino, esto es, un lugar aislado y tranquilo, pero tambi\u00e9n amenazado, la casa del pan, la Iglesia Cat\u00f3lica. Los canastos del pan, la Sant\u00edsima Eucarist\u00eda que sirve de vi\u00e1tico a los navegantes. La embarcaci\u00f3n, el Oratorio. El tronco del \u00e1rbol que forma el puente entre el molino y la balsa es la Cruz, o sea, el sacrificio de s\u00ed mismo a Dios, mediante la mortificaci\u00f3n cristiana. El le\u00f1o empleado por los j\u00f3venes, como un puente m\u00e1s ligero para entrar en la embarcaci\u00f3n, es el reglamento conculcado. Muchos vienen con fines rastreros y bajos: hacer una carrera; con deseos de lucro, de honores, de comodidades, de cambiar de condici\u00f3n y de estado; \u00e9stos son los que no rezan y se burlan de la piedad de los dem\u00e1s. Los sacerdotes y los cl\u00e9rigos simbolizan la obediencia y las portentosas obras de salvaci\u00f3n que por medio de \u00e9sta se consiguen. Los remolinos, las varias y tremendas persecuciones que se suscitaron y se suscitar\u00e1n. La isla sumergida, los desobedientes que no quieren permanecer en la embarcaci\u00f3n y vuelven al mundo despreciando la vocaci\u00f3n. D\u00edgase lo mismo de los que se refugian en las otras balsas. Muchos ca\u00edan al agua y tend\u00edan la mano a los que estaban en la embarcaci\u00f3n y con la ayuda de los compa\u00f1eros sub\u00edan nuevamente a ella. Eran los dotados de buena voluntad que, habiendo ca\u00eddo desgraciadamente en pecado, vuelven a adquirir la gracia de Dios mediante la penitencia. El estrecho, los gatazos, los monos y dem\u00e1s monstruos, son las revoluciones, las ocasiones y las incitaciones a la culpa, etc\u00e9tera. Los insectos en los ojos, en la lengua, en el coraz\u00f3n, son las miradas peligrosas, las conversaciones obscenas, los afectos desordenados. La fuente de agua ferruginosa que ten\u00eda la virtud de matar todos los insectos y de curar instant\u00e1neamente, son los sacramentos de la Confesi\u00f3n y de la Comuni\u00f3n. El lodazal y el fuego, son los lugares del pecado y de la condenaci\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con todo, hay que observar que esto no quiere decir que cuantos cayeron en el lodo y no se volvieron a ver m\u00e1s y los que ard\u00edan en las llamas tienen que ir a parar irremisiblemente al infierno: \u00a1no! Dios nos libre de afirmar semejante cosa. Sino que indica que los que se encontraban en desgracia de Dios, si hubiesen muerto entonces, se habr\u00edan condenado para siempre. La isla feliz, el templo, es la Sociedad Salesiana, consolidada y triunfante. El bizarro joven que acoge a los muchachos y los acompa\u00f1a a visitar el palacio y el templo, parece que fuera un alumno muerto en posesi\u00f3n del Para\u00edso, tal vez Domingo Savio\u00bb. (MB IT VIII, 275-283 \/ MB ES VIII, 240-248)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nadie puede salvarse solo de la furia de las aguas en las grandes inundaciones. 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