{"id":28879,"date":"2024-06-17T11:57:07","date_gmt":"2024-06-17T11:57:07","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=28879"},"modified":"2024-06-17T11:57:52","modified_gmt":"2024-06-17T11:57:52","slug":"edmond-obrecht-he-comido-con-un-santo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/edmond-obrecht-he-comido-con-un-santo\/","title":{"rendered":"Edmond Obrecht. He comido con un santo"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em>En la biograf\u00eda de un famoso abad, la emoci\u00f3n de encontrarse con Don Bosco.<br><\/em><\/em><br><br>Hoy en d\u00eda es bastante f\u00e1cil conocer a un santo de altar, me ha sucedido varias veces. He conocido a varios: al cardenal de Mil\u00e1n Ildefonso Schuster (que me confirm\u00f3) y a los papas Juan XXIII y Pablo VI; mantuve una conversaci\u00f3n con Madre Teresa, incluso almorc\u00e9 con el papa Juan Pablo II. Pero hace un siglo no era tan f\u00e1cil, para uno estar cerca personalmente de un santo de altar era una experiencia que quedaba grabada en la mente y el coraz\u00f3n del afortunado. Tal fue el caso del abad trapense franc\u00e9s Dom Edmond Obrecht (1852-1935). E 1934, cuando Don Bosco fue canonizado, tres d\u00edas despu\u00e9s de la solemne ceremonia, confi\u00f3 al editor del semanario cat\u00f3lico estadounidense Louisville Record su gran satisfacci\u00f3n por haber conocido personalmente al nuevo santo, haberle estrechado la mano, incluso haber almorzado con \u00e9l.<br>\u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sucedido? El episodio se relata en su biograf\u00eda.<br><br><strong>Cuatro horas con Don Bosco<br><\/strong>Nacido en Alsacia en 1852, Edmond Obrecht se hab\u00eda hecho monje trapense a los 23 a\u00f1os. Reci\u00e9n ordenado sacerdote en 1879, el padre Edmond fue enviado a Roma como secretario del procurador general de las tres observancias trapenses, que en 1892 se unir\u00edan en una sola Orden con la casa general la Trappa delle Tre Fontane en la capital italiana.<br>Durante su estancia en Roma tuvo libre el domingo y lo aprovech\u00f3 para ir a celebrar con sus hermanos cistercienses en la bas\u00edlica de Santa Cruz en Jerusal\u00e9n. El celebrante titular era el vicario de Roma, el cardenal Lucido Maria Parocchi, por lo que el padre Edmond tuvo la oportunidad de servirle varias veces en solemnes oficios pontificios y conocerlo de cerca.<br>Ahora bien, el 14 de mayo de 1887 estaba prevista la consagraci\u00f3n de la iglesia del Sagrado Coraz\u00f3n de Roma, junto a la actual estaci\u00f3n de Termini: una magn\u00edfica iglesia que le hab\u00eda costado a Don Bosco una fortuna y por la que se hab\u00eda entregado \u201cen cuerpo y alma\u201d para conseguir terminarla. La hizo posible a pesar de su salud, por entonces decididamente comprometida (morir\u00eda ocho meses despu\u00e9s), quiso asistir a la solemne ceremonia de consagraci\u00f3n.<br>Para esta largu\u00edsima celebraci\u00f3n (cinco horas a puerta cerrada), el Card. Parocchi estuvo acompa\u00f1ado por el padre Edmond. Fue una experiencia decididamente inolvidable para \u00e9l. Escribir\u00eda 50 a\u00f1os m\u00e1s tarde: \u201cDurante aquella larga ceremonia tuve el placer y el honor de sentarme junto a Don Bosco en el presbiterio de la iglesia y despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n fui admitido en la misma mesa que \u00e9l y el cardenal. Fue la \u00fanica vez en mi vida que entr\u00e9 en estrecho contacto con un santo canonizado y la profunda impresi\u00f3n que me caus\u00f3 ha perdurado en mi mente durante todos estos largos a\u00f1os\u201d. El padre Edmond hab\u00eda o\u00eddo hablar mucho de Don Bosco que, en tiempos de ruptura de las relaciones diplom\u00e1ticas de la Santa Sede con el nuevo Reino de Italia, gozaba de una fuerte estima y de acceso a los pol\u00edticos del tiempo: Zanardelli, Depretis, Nicotera. Los peri\u00f3dicos hab\u00edan hablado de sus intervenciones para zanjar algunas cuestiones graves relativas al nombramiento de nuevos obispos y a la toma de posesi\u00f3n de los bienes de algunas di\u00f3cesis.<br>Dom Edmond no se content\u00f3 con aquella experiencia inolvidable. M\u00e1s tarde, en un viaje, pas\u00f3 por Tur\u00edn y quiso detenerse a visitar la gran obra salesiana de Don Bosco. Qued\u00f3 admirado y no pudo sino alegrarse el d\u00eda de su beatificaci\u00f3n (2 de junio de 1929).<br><br><strong>Post Scriptum<br><\/strong>La v\u00edspera de la consagraci\u00f3n de la iglesia del Sagrado Coraz\u00f3n, el 13 de mayo de 1887, el Papa Le\u00f3n XIII hab\u00eda concedido a Don Bosco una audiencia de una hora en el Vaticano. Hab\u00eda sido muy cordial con \u00e9l e incluso hab\u00eda bromeado diciendo que Don Bosco, dada su edad, estaba cerca de la muerte (\u00a1pero era m\u00e1s joven que el papa!), pero Don Bosco ten\u00eda un pensamiento que quiz\u00e1s no se atrev\u00eda a expresar al papa en persona. Lo hizo unos d\u00edas m\u00e1s tarde, el 17 de mayo, a su salida de Roma: le pregunt\u00f3 si pod\u00eda pagar todo o parte el gasto de la fachada de la iglesia: una bonita suma, 51.000 liras [230.000 euros]. \u00bfValent\u00eda o descaro? \u00bfConfianza extrema o simple descaro? El hecho es que unos meses m\u00e1s tarde, el 6 de noviembre, Don Bosco volvi\u00f3 a la carga y solicit\u00f3 la intervenci\u00f3n de Monse\u00f1or Francesco della Volpe, prelado dom\u00e9stico del Papa, para obtener -escribi\u00f3- \u201cla suma de 51.000 francos, que la caridad del Santo Padre le hizo esperar pagar \u00e9l mismo&#8230; nuestro Ec\u00f3nomo va a Roma para liquidar los gastos de esta construcci\u00f3n; se dirigir\u00e1 al E. V. para obtener la mejor respuesta posible\u201d. Garantiz\u00f3 que \u201cNuestros hu\u00e9rfanos, m\u00e1s de trescientos mil rezan cada d\u00eda por Su Santidad\u201d. Y concluy\u00f3: \u201cPor favor, perdone este pobre y feo escrito m\u00edo. Ya no puedo escribir\u201d.<br>Pobre Don Bosco: en mayo, en aquella iglesia, celebrando ante el altar de Mar\u00eda Auxiliadora, hab\u00eda llorado varias veces porque vio realizado el sue\u00f1o de nueve a\u00f1os; pero seis meses despu\u00e9s su coraz\u00f3n segu\u00eda angustiado porque ante la muerte que sent\u00eda cercana dej\u00f3 una pesada deuda para cerrar las cuentas de esa misma iglesia. Por esos gastos realmente pas\u00f3 varios a\u00f1os, \u201chasta su \u00faltimo aliento\u201d. Lo saben muy pocas de las decenas de miles de personas que pasan por delante de ella cada d\u00eda al salir de la estaci\u00f3n de Termini por Via Marsala.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la biograf\u00eda de un famoso abad, la emoci\u00f3n de encontrarse con Don Bosco. 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