{"id":28840,"date":"2024-06-14T16:28:22","date_gmt":"2024-06-14T16:28:22","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=28840"},"modified":"2026-03-25T16:30:53","modified_gmt":"2026-03-25T16:30:53","slug":"el-camino-educativo-de-don-bosco-1-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/reflexiones\/el-camino-educativo-de-don-bosco-1-2\/","title":{"rendered":"El camino educativo de Don Bosco (1\/2)"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><strong>Sobre las sendas del coraz\u00f3n<br><\/strong><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco lloraba al ver a los muchachos que acababan en la c\u00e1rcel. Ayer como hoy, la agenda del mal es implacable: afortunadamente, tambi\u00e9n lo es el del bien. Y siempre m\u00e1s. Siento que las ra\u00edces de ayer son las mismas que las de hoy. Como ayer, otros encuentran hoy un hogar en las calles y en las c\u00e1rceles. Creo que la memoria del sacerdote de tantos chicos que no ten\u00edan parroquia es el term\u00f3metro insustituible para medir la temperatura de nuestra intervenci\u00f3n educativa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco vivi\u00f3 en una \u00e9poca de llamativa pobreza social. Est\u00e1bamos al principio del proceso de agregaciones juveniles en las grandes metr\u00f3polis industriales. Las propias autoridades policiales denunciaban este peligro: hab\u00eda tantos \u201c<em>chiquillos que, criados sin principios de Religi\u00f3n, Honor y Humanidad, acababan pudri\u00e9ndose totalmente en el odio<\/em>\u201d, leemos en las cr\u00f3nicas de la \u00e9poca. Fue la creciente pobreza la que empuj\u00f3 a una gran multitud de adultos y j\u00f3venes a vivir de artima\u00f1as, y en particular del robo y la limosna.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La decadencia urbana hizo estallar las tensiones sociales, que iban de la mano de las tensiones pol\u00edticas; los muchachos desordenados y la juventud descarriada, hacia mediados del siglo XIX, atrajeron la atenci\u00f3n p\u00fablica, sacudiendo las sensibilidades gubernamentales.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al fen\u00f3meno social se a\u00f1adi\u00f3 un evidente pauperismo educativo. La desintegraci\u00f3n de la familia preocupaba sobre todo a la Iglesia; la prevalencia del sistema represivo estaba en el origen del creciente malestar juvenil; la relaci\u00f3n entre padres e hijos, educadores y educandos se ve\u00eda afectada. Don Bosco tuvo que enfrentarse a un sistema hecho de \u201cmalos tratos\u201d, proponiendo el de la bondad amorosa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una vida en los l\u00edmites de lo l\u00edcito y lo il\u00edcito de tantos padres, la necesidad de procurarse lo necesario para sobrevivir, llevar\u00e1 a multitud de j\u00f3venes al desarraigo de la familia, al desapego del propio territorio. La ciudad se llena cada vez m\u00e1s de muchachos y j\u00f3venes a la caza de un trabajo; para muchos que vienen de lejos falta tambi\u00e9n un rinc\u00f3n donde dormir.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es raro encontrarse a una se\u00f1ora, como Mar\u00eda G., mendigando, utilizando a ni\u00f1os colocados ingeniosamente en puntos estrat\u00e9gicos de la ciudad o delante de las puertas de las iglesias; a menudo, los propios padres confiaban sus hijos a los mendigos, que los utilizaban para despertar la compasi\u00f3n de los dem\u00e1s y recibir m\u00e1s dinero. Parece una fotocopia de un sistema probado en una gran ciudad del sur: el alquiler de ni\u00f1os ajenos, para compadecer al transe\u00fante y hacer m\u00e1s rentable la mendicidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, el robo era la verdadera fuente de ingresos: fue un fen\u00f3meno que creci\u00f3 y se hizo imparable en la Tur\u00edn del siglo XIX. El 2 de febrero de 1845, nueve traviesos de entre once y catorce a\u00f1os comparecieron ante el comisario de polic\u00eda del Vicariato, acusados de haber robado en una librer\u00eda numerosos vol\u00famenes&#8230; y diversos art\u00edculos de papeler\u00eda, utilizando una ganz\u00faa. La nueva raza de \u201c<em>bosacazas<\/em>\u201d atra\u00eda constantes quejas de la gente. Casi siempre eran ni\u00f1os abandonados, sin padres, parientes ni medios de subsistencia, muy pobres, perseguidos y abandonados por todos, que acababan robando.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El panorama de la desviaci\u00f3n juvenil era impresionante: la delincuencia y el estado de abandono de tantos chicos se extend\u00eda como un reguero de p\u00f3lvora. Sin embargo, el creciente n\u00famero de \u201c<em>granujas<\/em>\u201d, de \u201c<em>temerarios bolsacazas<\/em>\u201d en las calles y plazas era s\u00f3lo un aspecto de una situaci\u00f3n generalizada. La fragilidad de la familia, el fuerte malestar econ\u00f3mico, la constante y fuerte inmigraci\u00f3n del campo a la ciudad, alimentaban una situaci\u00f3n precaria, ante la que las fuerzas pol\u00edticas se sent\u00edan impotentes. El malestar crece a medida que la delincuencia se organiza y penetra en las estructuras p\u00fablicas. Comienzan las primeras manifestaciones de violencia por parte de bandas organizadas, que act\u00faan con actos repentinos y repetidos de intimidaci\u00f3n, destinados a crear un clima de tensi\u00f3n social, pol\u00edtica y religiosa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed lo expresaron las bandas, conocidas como \u201cel coche\u201d, que se extendieron en varios n\u00fameros, tomando diferentes nombres de los barrios donde se asentaban. Su \u00fanico objetivo era \u201cmolestar a los pasajeros, maltratarlos si se quejaban, cometer actos obscenos con las mujeres y atacar a alg\u00fan soldado o responsable aislado\u201d. En realidad, no se trataba de asociaciones delictivas, sino m\u00e1s bien de agregaciones, formadas no s\u00f3lo por turineses, sino tambi\u00e9n por inmigrantes: j\u00f3venes de entre diecis\u00e9is y treinta a\u00f1os que sol\u00edan reunirse en encuentros espont\u00e1neos, sobre todo por la noche, dando rienda suelta a sus tensiones y frustraciones del d\u00eda. En esta situaci\u00f3n, a mediados del siglo XIX, se insertaron las actividades de Don Bosco. No eran los pobres muchachos, amigos y compa\u00f1eros de infancia de su tierra de los Becchi en Castelnuovo, no eran los valerosos j\u00f3venes de Chieri, sino \u201clos lobos, los pendencieros, los d\u00edscolos\u201d de sus sue\u00f1os.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es en este mundo de conflictos pol\u00edticos, en esta vi\u00f1a, donde abunda la siembra de ciza\u00f1a, entre este mercado de brazos j\u00f3venes, alquilados para la depravaci\u00f3n, entre estos j\u00f3venes sin amor y desnutridos en cuerpo y alma, donde Don Bosco es llamado a trabajar. El joven sacerdote escucha, sale a la calle: ve, se conmueve, pero, concreto como era, se arremanga; esos muchachos necesitan escuela, educaci\u00f3n, catecismo, formaci\u00f3n para el trabajo. No hay tiempo que perder. Son j\u00f3venes: necesitan dar sentido a sus vidas, tienen derecho a disponer de tiempo y medios para estudiar, para aprender un oficio, pero tambi\u00e9n de tiempo y espacio para ser felices, para jugar.<br><strong>Ve, \u00a1mira a tu alrededor!<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sedentarios por profesi\u00f3n o por elecci\u00f3n, informatizados en pensamiento y acci\u00f3n, corremos el riesgo de perder la originalidad de \u201cser\u201d, de compartir, de crecer \u201c<em>juntos<\/em>\u201d.<br>Don Bosco no vivi\u00f3 en la era de los preparados de probeta: leg\u00f3 a la humanidad la pedagog\u00eda del \u201ccompa\u00f1erismo\u201d, el placer espiritual y f\u00edsico de vivir junto al muchacho, peque\u00f1o entre los peque\u00f1os, pobre entre los pobres, fr\u00e1gil entre los fr\u00e1giles.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un sacerdote amigo suyo y gu\u00eda espiritual, Don Cafasso, conoc\u00eda a Don Bosco, conoc\u00eda su celo por las almas, intu\u00eda su pasi\u00f3n por aquella multitud de muchachos; le inst\u00f3 a salir a la calle. \u201cVe, mira a tu alrededor\u201d. Desde los primeros domingos, el sacerdote, que ven\u00eda de la tierra, el sacerdote que no hab\u00eda conocido a su padre, sali\u00f3 a ver la miseria de los suburbios de la ciudad. Qued\u00f3 conmocionado. \u201cSe encontr\u00f3 con un gran n\u00famero de j\u00f3venes de todas las edades -declar\u00f3 su sucesor, el P. Rua- que deambulaban por las calles y plazas, sobre todo en las afueras de la ciudad, jugando, pele\u00e1ndose, insultando e incluso haciendo cosas peores\u201d.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entra en las obras, habla con los obreros, se pone en contacto con los empleadores; siente emociones que le marcar\u00e1n para el resto de su vida cuando se encuentra con estos chicos. Y a veces encuentra a estos pobres \u201calba\u00f1iles\u201d tirados en el suelo en un rinc\u00f3n de una iglesia, cansados, somnolientos, incapaces de sintonizar con sermones sin sentido sobre sus vidas vagabundas. Tal vez \u00e9se era el \u00fanico lugar donde pod\u00edan encontrar algo de calor, despu\u00e9s de un d\u00eda de trabajo, antes de aventurarse en busca de un lugar donde pasar la noche. Entraron en las tiendas, vagaron por los mercados, visitaron las esquinas de las calles, donde hab\u00eda muchos mendigos. Por todas partes, chicos mal vestidos y desnutridos; es testigo de escenas de malas pr\u00e1cticas y transgresiones: protagonistas, a\u00fan chicos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al cabo de unos a\u00f1os, pas\u00f3 de las calles a las c\u00e1rceles. \u201c<em>Durante veinte a\u00f1os continuos y asiduos frecuent\u00e9 las c\u00e1rceles reales de Tur\u00edn y, en particular, las c\u00e1rceles senatoriales; despu\u00e9s segu\u00ed yendo all\u00ed, pero ya no con regularidad<\/em>&#8230;\u201d. (MB XV, 705)<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1Cu\u00e1ntos malentendidos al principio! \u00a1Cu\u00e1ntos insultos! Una \u201csotana\u201d desentonaba en aquel lugar, identificada tal vez con alg\u00fan superior mal considerado. Se acerc\u00f3 a aquellos \u201clobos\u201d, rabiosos y desconfiados; escuch\u00f3 sus historias, pero sobre todo hizo suyo su sufrimiento.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comprendi\u00f3 el drama de aquellos muchachos: unos astutos explotadores les hab\u00edan empujado a aquellas celdas. Y se convirti\u00f3 en su amigo. Su trato sencillo y humano devolvi\u00f3 la dignidad y el respeto a cada uno de ellos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hab\u00eda que hacer algo, y pronto; hab\u00eda que inventar un sistema diferente, para apoyar a los que se hab\u00edan descarriado. \u201c<em>Cuando el tiempo se lo permit\u00eda, pasaba d\u00edas enteros en las c\u00e1rceles. Todos los s\u00e1bados iba all\u00ed con bolsillos llenos, unas veces de tabaco, otras de barras de pan, pero con el objetivo de cultivar a los j\u00f3venes en particular&#8230; ayudarles, hacerles amigos, y as\u00ed excitarles a venir al oratorio, cuando tuvieran la suerte de abandonar el lugar de perdici\u00f3n<\/em>\u201d. (MB II, 173)<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la \u201cGenerala\u201d, Casa de Correcci\u00f3n inaugurada en Tur\u00edn el 12 de abril de 1845, como se indica en el reglamento de la Casa de castigo, ven\u00edan \u201c<em>recogidos y gobernados con el m\u00e9todo del trabajo en com\u00fan, del silencio y de la segregaci\u00f3n nocturna en celdas especiales los j\u00f3venes condenados a una pena correccional por obrar sin discernimiento, cometiendo el delito, y los j\u00f3venes sostenidos en prisi\u00f3n por amor paterno<\/em>\u201d. Este fue el contexto de la extraordinaria excursi\u00f3n a Stupinigi organizada por Don Bosco en solitario, con el consentimiento del Ministro del Interior, Urbano Rattazzi, sin guardias, basada \u00fanicamente en la confianza mutua, el compromiso de conciencia y la fascinaci\u00f3n del educador. Quer\u00eda saber la \u201craz\u00f3n por la que el Estado no tiene la influencia\u201d del sacerdote sobre estos j\u00f3venes. \u201c<em>La fuerza que tenemos es una fuerza moral: a diferencia del Estado, que s\u00f3lo sabe mandar y castigar, nosotros hablamos ante todo al coraz\u00f3n de los j\u00f3venes, y nuestra palabra es la palabra de Dios<\/em>\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conociendo el sistema de vida adoptado dentro de la Generala, el desaf\u00edo lanzado por el joven sacerdote piamont\u00e9s adquiere un valor incre\u00edble: pedir un d\u00eda de \u201c<em>Salida libre<\/em>\u201d para todos aquellos j\u00f3venes reclusos. Era una locura y tal fue la petici\u00f3n de Don Bosco. Obtuvo el permiso en la primavera de 1855. Todo lo organiz\u00f3 Don Bosco solo, con la ayuda de los propios muchachos. El consentimiento que recibi\u00f3 del ministro Rattazzi fue sin duda una se\u00f1al de estima y confianza hacia el joven sacerdote. La experiencia de sacar a los muchachos de aquella Casa de Correcci\u00f3n en completa libertad y conseguir que todos volvieran a la c\u00e1rcel, a pesar de lo que ocurr\u00eda normalmente dentro de la estructura penitenciaria, es extraordinaria. Es el triunfo de la apelaci\u00f3n a la confianza y a la conciencia, es el ensayo de una idea, de una experiencia, que le guiar\u00e1 durante toda su vida para apostar por los recursos escondidos en el coraz\u00f3n de tantos j\u00f3venes condenados a una marginaci\u00f3n irreversible.<br><br><strong>Adelante y en mangas de camisa<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Incluso hoy, en un contexto cultural y social diferente, las intuiciones de Don Bosco no tienen en absoluto el molde de las cosas \u201cpasadas de moda\u201d, sino que siguen siendo proactivas. Sobre todo, en la din\u00e1mica de recuperaci\u00f3n de chicos y j\u00f3venes que han entrado en el circuito penal, sorprende el esp\u00edritu de inventiva para crear oportunidades concretas de trabajo para ellos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hoy nos preocupa ofrecer oportunidades de empleo a nuestros menores en situaci\u00f3n de riesgo. Quienes trabajan en el sector social saben lo dif\u00edcil que es superar los mecanismos y engranajes burocr\u00e1ticos para hacer realidad, por ejemplo, simples becas de trabajo para menores. Con f\u00f3rmulas y estructuras \u00e1giles, con Don Bosco se realiz\u00f3 una especie de \u201cacogida\u201d de chicos a empresarios, bajo la tutela educativa del garante.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los primeros a\u00f1os de la vida sacerdotal y apost\u00f3lica de Don Bosco estuvieron marcados por una b\u00fasqueda continua de la forma correcta de sacar a los muchachos y j\u00f3venes del peligro de la calle. Los planes estaban claros en su mente, como arraigado en su mente y en su alma estaba el m\u00e9todo educativo. \u201cNo con golpes, sino con mansedumbre\u201d. Tambi\u00e9n estaba convencido de que no era f\u00e1cil convertir a los lobos en corderos. Pero ten\u00eda a la Divina Providencia de su parte.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y cuando se enfrentaba a problemas inmediatos, nunca se echaba atr\u00e1s. No era de los que \u201c<em>hablaba n<\/em>\u201d sobre la condici\u00f3n sociol\u00f3gica de los menores, ni de los que se compromet\u00edan pol\u00edtica o formalmente; era santamente terco en sus prop\u00f3sitos de bien, pero era fuertemente tenaz y concreto en realizarlos. Ten\u00eda un gran celo por la salvaci\u00f3n de la juventud y no hab\u00eda obst\u00e1culos que pudieran condicionar esta santa pasi\u00f3n, que marcaba cada paso y puntuaba cada hora de su jornada.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c<em>Encontrar en las c\u00e1rceles multitudes de j\u00f3venes e incluso de ni\u00f1os de doce a dieciocho a\u00f1os, todos ellos sanos, robustos y de un ingenio despierto; verlos all\u00ed inoperantes y ro\u00eddos por los insectos, luchando por el pan espiritual y temporal, expiando en esos lugares de castigo con remordimientos los pecados de una depravaci\u00f3n precoz, horroriza al joven sacerdote. Ve en esos desgraciados personificados la deshonra de la patria, el deshonor de la familia, la infamia de s\u00ed mismos; sobre todo, ve almas redimidas y rotas por la sangre de un Dios que gime en cambio en el vicio, y en el m\u00e1s claro peligro de perderse eternamente. \u00bfQui\u00e9n sabe si hubieran tenido un AMIGO, que les hubiera cuidado amorosamente, asistido e instruido en la religi\u00f3n en los d\u00edas de fiesta, qui\u00e9n sabe si no se habr\u00edan guardado del mal y de la ruina, y si no habr\u00edan evitado venir y volver a estos lugares de infortunio? Ciertamente, al menos el n\u00famero de estos peque\u00f1os prisioneros habr\u00eda disminuido mucho<\/em>\u201d. (MB II, 63)<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se arremang\u00f3 y se entreg\u00f3 en cuerpo y alma a la prevenci\u00f3n de estos males; aport\u00f3 toda su contribuci\u00f3n, su experiencia, pero sobre todo su perspicacia para poner en marcha sus propias iniciativas o las de otras asociaciones. Fue la salida de la c\u00e1rcel lo que preocup\u00f3 tanto al gobierno como a la \u201c<em>sociedad<\/em>\u201d privada. Fue precisamente en 1846 cuando se cre\u00f3 una estructura asociativa autorizada por el gobierno, que se parec\u00eda, al menos en sus intenciones y en algunos aspectos, a lo que ocurre hoy en el sistema penal juvenil italiano. Se llamaba \u201c<em>Real Sociedad para el Patronato de los J\u00f3venes Liberados de la Casa de Educaci\u00f3n Correccional<\/em>\u201d. Su objetivo era apoyar a los j\u00f3venes liberados de la Generala.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una lectura atenta de los Estatutos nos remite a algunas de las medidas penales que hoy en d\u00eda se prev\u00e9n como medidas alternativas a la prisi\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los miembros de la Sociedad se divid\u00edan en \u201coperantes\u201d, que asum\u00edan el cargo de tutores, \u201cque pagan\u201d y \u201cque pagan a los operantes\u201d. Don Bosco era un \u201cmiembro operante Don Bosco acept\u00f3 varios, pero con resultados desalentadores. Quiz\u00e1 fueron estos fracasos los que le hicieron decidirse a pedir a las autoridades que enviaran a los chicos de manera preventiva.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es importante tratar aqu\u00ed la relaci\u00f3n entre D. Bosco, las casas de correcci\u00f3n y los servicios colaterales, sino recordar la atenci\u00f3n que el Santo prest\u00f3 a este grupo de menores. Don Bosco conoc\u00eda el coraz\u00f3n de los j\u00f3venes de la Generala, pero sobre todo ten\u00eda en mente algo m\u00e1s que permanecer indiferente ante la degradaci\u00f3n moral y humana de aquellos pobres y desgraciados internos. Continu\u00f3 su misi\u00f3n: no los abandon\u00f3: \u201c<em>Desde que el Gobierno abri\u00f3 aquella Penitenciar\u00eda, y confi\u00f3 su direcci\u00f3n a la Sociedad de San Pedro Encadenado, Don Bosco pudo ir de vez en cuando entre aquellos pobres j\u00f3venes [&#8230;]. Con el permiso del Director de las c\u00e1rceles les instru\u00eda en el catecismo, les predicaba, les confesaba y muchas veces les entreten\u00eda amistosamente en los recreos, como hac\u00eda con sus hijos del Oratorio<\/em>\u201d (BS 1882, n. 11 pg. 180).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El inter\u00e9s de Don Bosco por los j\u00f3venes en dificultad se concentr\u00f3 a lo largo del tiempo en el Oratorio, verdadera expresi\u00f3n de una pedagog\u00eda preventiva y recuperadora, siendo un servicio social abierto y multifuncional. Un contacto directo con los j\u00f3venes pendencieros y violentos, rayanos en la delincuencia hacia 1846-50. Se trata de los encuentros con los cocche, bandas o grupos de barrio en permanente conflicto. Se cuenta la historia de un muchacho de catorce a\u00f1os, hijo de un padre borracho y anticlerical que, al encontrarse por casualidad en el Oratorio en 1846, se lanza de cabeza a las diversas actividades recreativas, pero se niega a asistir a los oficios religiosos, porque, seg\u00fan las ense\u00f1anzas de su padre, no quiere convertirse en un \u201c<em>mohoso y cretino<\/em>\u201d. Don Bosco lo fascin\u00f3 con su tolerancia y paciencia, que le hicieron cambiar de comportamiento en poco tiempo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco tambi\u00e9n estaba interesado en asumir la direcci\u00f3n de instituciones reeducativas y correccionales. Propuestas en este sentido le hab\u00edan llegado de diversas partes. Hubo intentos y contactos, pero los borradores y las propuestas de acuerdos quedaron en nada. Todo esto basta para mostrar hasta qu\u00e9 punto Don Bosco se preocupaba por el problema de los descartados. Y si hab\u00eda resistencia, siempre proven\u00eda de la dificultad de utilizar el sistema preventivo. All\u00ed donde encontraba una \u201c<em>mezcla<\/em>\u201d de sistema represivo y preventivo, era categ\u00f3rico en su rechazo, como tambi\u00e9n era claro en su rechazo a cualquier denominaci\u00f3n o estructura que volviera a la idea del \u201creformatorio\u201d. Una lectura atenta de estas tentativas revela el hecho de que Don Bosco nunca se neg\u00f3 a ayudar al muchacho en dificultad, pero estaba en contra de la gesti\u00f3n de institutos, casas de correcci\u00f3n o direcci\u00f3n de obras con un evidente compromiso educativo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es muy interesante la conversaci\u00f3n que tuvo lugar entre Don Bosco y Crispi en Roma, en febrero de 1878. Crispi pidi\u00f3 a Don Bosco noticias sobre la marcha de su obra y, en particular, habl\u00f3 de los sistemas educativos. Lament\u00f3 los disturbios que se estaban produciendo en las c\u00e1rceles de los corregidores. Fue una conversaci\u00f3n en la que el Ministro qued\u00f3 fascinado por el an\u00e1lisis de Don Bosco; no s\u00f3lo le pidi\u00f3 consejo, sino tambi\u00e9n un programa para estas casas de correcci\u00f3n (MB XIII, 483).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las respuestas y propuestas de Don Bosco encontraron simpat\u00eda, pero no voluntad: la fractura entre el mundo religioso y el pol\u00edtico era fuerte. Don Bosco expres\u00f3 su opini\u00f3n, indicando varias categor\u00edas de muchachos: bribones, disipados y buenos. Para el santo educador hab\u00eda esperanza de \u00e9xito para todos, incluso para los disolutos, como sol\u00eda referirse entonces a lo que hoy llamamos chicos en riesgo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c<em>Que no empeoren<\/em>\u201d. \u201c&#8230;Con el tiempo dejemos que los buenos principios adquiridos lleguen m\u00e1s tarde a producir su efecto&#8230; muchos se reducen a utilizar el sentido com\u00fan\u201d. \u00c9sta es una respuesta expl\u00edcita y quiz\u00e1 la m\u00e1s interesante.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras mencionar la distinci\u00f3n entre los dos sistemas educativos, determina qu\u00e9 muchachos <em>deben considerarse en peligro: los que van a otras ciudades o pueblos en busca de trabajo, aquellos cuyos padres no pueden o no quieren hacerse cargo de ellos, los vagabundos que caen en manos de la \u201cseguridad p\u00fablica\u201d<\/em>. Se\u00f1ala las medidas necesarias y posibles: \u201c<em>Los jardines de recreo festivos asisten durante la semana a aquellos ubicados en los asilos y casas de protecci\u00f3n laboral, con actividades y artesan\u00edas, as\u00ed como con colonias agr\u00edcolas<\/em>\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No propone una gesti\u00f3n gubernamental directa de las instituciones educativas, sino un apoyo adecuado en edificios, equipamiento y subvenciones financieras, y presenta una versi\u00f3n del Sistema Preventivo que conserva los elementos esenciales, sin la referencia religiosa expl\u00edcita. Adem\u00e1s, una pedagog\u00eda del coraz\u00f3n no pod\u00eda ignorar los problemas sociales, psicol\u00f3gicos y religiosos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco atribuye su desorientaci\u00f3n a la ausencia de Dios, a la incertidumbre de los principios morales, a la corrupci\u00f3n del coraz\u00f3n, a la nubosidad de la mente, a la incapacidad y descuido de los adultos, especialmente de los padres, a la influencia corrosiva de la sociedad y a la acci\u00f3n negativa intencionada de los \u201cmalos compa\u00f1eros\u201d o a la falta de responsabilidad de los educadores.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco juega mucho con lo positivo: las ganas de vivir, la afici\u00f3n al trabajo, el redescubrimiento de la alegr\u00eda, la solidaridad social, el esp\u00edritu de familia, la diversi\u00f3n sana.<\/p>\n\n\n\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/reflexiones\/el-camino-educativo-de-don-bosco-2-2\/\">(continuaci\u00f3n)<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>P. Alfonso Alfano, sdb<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre las sendas del coraz\u00f3n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco lloraba al ver a los muchachos que acababan&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":28832,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":51,"footnotes":""},"categories":[468],"tags":[1720,1768,2198,1816,1948,1966,2620],"class_list":["post-28840","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reflexiones","tag-carisma-salesiano","tag-don-bosco","tag-educacion","tag-jovenes","tag-ninos","tag-salvacion","tag-testigos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28840","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=28840"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28840\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":51095,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28840\/revisions\/51095"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/28832"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28840"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=28840"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=28840"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}