{"id":28619,"date":"2024-06-08T13:39:46","date_gmt":"2024-06-08T13:39:46","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=28619"},"modified":"2024-06-08T13:40:29","modified_gmt":"2024-06-08T13:40:29","slug":"el-sueno-de-las-dos-columnas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/el-sueno-de-las-dos-columnas\/","title":{"rendered":"El sue\u00f1o de las dos columnas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><em>Entre los sue\u00f1os de Don Bosco, uno de los m\u00e1s conocidos es el llamado \u201cSue\u00f1o de las dos columnas\u201d. Lo cont\u00f3 la noche del 30 de mayo de 1862.<br><\/em><\/em><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abOs quiero contar un sue\u00f1o. Es cierto que el que sue\u00f1a no razona; con todo yo que os contar\u00eda a vosotros hasta mis pecados si no temiese que salieseis huyendo asustados, o que se cayese la casa, os lo voy a contar para vuestro bien espiritual. Este sue\u00f1o lo tuve hace algunos d\u00edas.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Figuraos que est\u00e1is conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escollo aislado, desde el cual no divis\u00e1is m\u00e1s tierra que la que ten\u00e9is debajo de los pies. En toda aquella superficie l\u00edquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas terminan en un afilado espol\u00f3n de hierro a modo de lanza que hiere y traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar. Dichas naves est\u00e1n armadas de ca\u00f1ones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y tambi\u00e9n de libros, y se dirigen contra otra embarcaci\u00f3n mucho m\u00e1s grande y m\u00e1s alta, intentando clavarle el espol\u00f3n, incendiarla o al menos hacerle el mayor da\u00f1o posible.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas navecillas que de ella reciben las \u00f3rdenes, realizando las oportunas maniobras para defenderse de la flota enemiga. El viento le es adverso y la agitaci\u00f3n del mar favorece a los enemigos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distantes la una de la otra. Sobre una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripci\u00f3n: <em>Auxilium Christianorum<\/em>. (Auxilio de los cristianos). Sobre la otra columna, que es mucho m\u00e1s alta y m\u00e1s gruesa, hay una Hostia de tama\u00f1o proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: <em>Salus credentium<\/em>. (Salvaci\u00f3n de los que creen).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pont\u00edfice, al apreciar el furor de los enemigos y la situaci\u00f3n apurada en que se encuentran sus leales, piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la conducta a seguir. Todos los pilotos suben a la nave capitana y se congregan alrededor del Papa. Celebran consejo; pero al comprobar que el viento arrecia cada vez m\u00e1s y que la tempestad es cada vez m\u00e1s violenta, son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves respectivas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Restablecida por un momento la calma, el Papa re\u00fane por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana contin\u00faa su curso; pero la borrasca se torna nuevamente espantosa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Pont\u00edfice empu\u00f1a el tim\u00f3n y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos columnas, de cuya parte superior penden numerosas \u00e1ncoras y gruesas argollas unidas a robustas cadenas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las naves enemigas disp\u00f3nense todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla. Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo; otras con los ca\u00f1ones, con los fusiles, con los espolones: el combate se torna cada vez m\u00e1s encarnizado. Las proas enemigas chocan contra ella violentamente, pero sus esfuerzos y su \u00edmpetu resultan in\u00fatiles. En vano reanudan el ataque y gastan energ\u00edas y municiones: la gigantesca nave prosigue segura y serena su camino. A veces sucede que, por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura; pero, apenas producido el da\u00f1o, sopla un viento suave de las dos columnas y las v\u00edas de agua se cierran y las brechas desaparecen.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Disparan entre tanto los ca\u00f1ones de los asaltantes, y, al hacerlo, revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las dem\u00e1s armas y espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, llenos de furor, comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los pu\u00f1os, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y as\u00ed contin\u00faa el combate.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando he aqu\u00ed que el Papa cae herido gravemente. Inmediatamente los que le acompa\u00f1an acuden a ayudarle y le sujetan. El Pont\u00edfice es herido por segunda vez, cae nuevamente y muere. Un grito de victoria y de alegr\u00eda resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de sus naves reina un j\u00fabilo indecible. Pero apenas muerto el Pont\u00edfice, otro ocupa el puesto vacante. Los pilotos reunidos lo han elegido inmediatamente de suerte que la ((171)) noticia de la muerte del Papa llega con la de la elecci\u00f3n de su sucesor. Los enemigos comienzan a desanimarse.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El nuevo Pont\u00edfice, venciendo y superando todos los obst\u00e1culos, gu\u00eda la nave hacia las dos columnas, y, al llegar al espacio comprendido entre ambas, las amarra con una cadena que pende de la proa a un \u00e1ncora de la columna de la Hostia; y con otra cadena que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra \u00e1ncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces se produce una gran confusi\u00f3n. Todas las naves que hasta aquel momento hab\u00edan luchado contra la embarcaci\u00f3n capitaneada por el Papa, se dan a la fuga, se dispersan, chocan entre s\u00ed y se destruyen mutuamente. Unas al hundirse procuran hundir a las dem\u00e1s. Otras navecillas, que han combatido valerosamente a las \u00f3rdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan amarradas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otras naves, que por miedo al combate se hab\u00edan retirado y se encuentran muy distantes, contin\u00faan observando prudentemente los acontecimientos, hasta que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas, y all\u00ed permanecen tranquilas y serenas, en compa\u00f1\u00eda de la nave capitana ocupada por el Papa. En el mar reina una calma absoluta.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al llegar a este punto del relato, don Bosco pregunt\u00f3 a don Miguel R\u00faa:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfQu\u00e9 piensas de esta narraci\u00f3n?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Miguel R\u00faa contest\u00f3:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es cabeza: las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo. Los que defienden a la embarcaci\u00f3n del Pont\u00edfice son los leales a la Santa Sede; los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan aniquilarla. Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoci\u00f3n a Mar\u00eda Sant\u00edsima y al Sant\u00edsimo Sacramento de la Eucarist\u00eda.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Miguel R\u00faa no hizo referencia al Papa ca\u00eddo y muerto y don Bosco nada dijo tampoco sobre este particular. Solamente a\u00f1adi\u00f3: &#8211; Has dicho bien. Solamente habr\u00eda que corregir una expresi\u00f3n. Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan d\u00edas dif\u00edciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparaci\u00f3n de lo que tiene que suceder. Los enemigos de la Iglesia est\u00e1n representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen. \u00a1S\u00f3lo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto! Devoci\u00f3n a Mar\u00eda. Frecuencia de sacramentos: comuni\u00f3n frecuente, empleando todos los recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los dem\u00e1s siempre y, en todo momento. \u00a1Buenas noches! \u00bb.<br>(M.B. VII, 169-171).<br><br>* * *<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Siervo de Dios Cardenal Schuster, Arzobispo de Mil\u00e1n, dio tanta importancia a esta visi\u00f3n que, en 1953, estando en Tur\u00edn como Legado Pontificio al Congreso Eucar\u00edstico Nacional, en la noche del 13 de septiembre, durante el solemne Pontifical de clausura, en la Piazza Vittorio, abarrotada de gente, dio a este sue\u00f1o una parte relevante de su Homil\u00eda.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dijo entre otras cosas: \u201cEn esta hora solemne, en la Tur\u00edn Eucar\u00edstica del Cottolengo y de Don Bosco, me viene a la memoria una visi\u00f3n prof\u00e9tica que el Fundador del Templo de Mar\u00eda Auxiliadora narr\u00f3 a los suyos en mayo de 1862. Le pareci\u00f3 ver c\u00f3mo la flota de la Iglesia era batida aqu\u00ed y all\u00e1 por las olas de una horrible tempestad; tanto que, en un momento dado, el comandante supremo de la nave capitana -P\u00edo IX- convoc\u00f3 a consejo a los jerarcas de las naves menores.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desgraciadamente, la tempestad, que bramaba cada vez m\u00e1s amenazadora, interrumpi\u00f3 el Concilio Vaticano en medio (hay que se\u00f1alar que Don Bosco anunci\u00f3 estos acontecimientos ocho a\u00f1os antes de que tuvieran lugar). En los avatares de aquellos a\u00f1os, dos veces sucumbieron al parto los mismos Sumos Jerarcas. Cuando ocurri\u00f3 la tercera, en medio del oc\u00e9ano embravecido comenzaron a surgir dos pilares, en cuya c\u00faspide triunfaban los s\u00edmbolos de la Eucarist\u00eda y de la Virgen Inmaculada.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ante aquella aparici\u00f3n, el nuevo Pont\u00edfice -el Beato P\u00edo X- se anim\u00f3 y, con una firme cadena, enganch\u00f3 la nave capital de Pedro a aquellos dos s\u00f3lidos pilares, bajando las anclas al mar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces, las naves menores comenzaron a remar en\u00e9rgicamente para agruparse en torno a la nave del Papa, escapando as\u00ed del naufragio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La historia confirm\u00f3 la profec\u00eda del Vidente. El inicio pontificio de P\u00edo X con el ancla en su escudo coincidi\u00f3 precisamente con el quincuag\u00e9simo a\u00f1o jubilar de la proclamaci\u00f3n dogm\u00e1tica de la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00eda, y se celebr\u00f3 en todo el mundo cat\u00f3lico. Todos los antiguos recordamos el 8 de diciembre de 1904, cuando el Pont\u00edfice, en San Pedro, rode\u00f3 la frente de la Inmaculada Concepci\u00f3n con una preciosa corona de gemas, consagrando a la Madre toda la familia que Jes\u00fas Crucificado le hab\u00eda encomendado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llevar a los ni\u00f1os inocentes y enfermos a la Mesa Eucar\u00edstica tambi\u00e9n entr\u00f3 a formar parte del programa del generoso Pont\u00edfice, que quer\u00eda restaurar el mundo entero en Cristo. As\u00ed fue como, mientras vivi\u00f3 P\u00edo X, no hubo guerra, y mereci\u00f3 el t\u00edtulo de Pont\u00edfice pac\u00edfico de la Eucarist\u00eda.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde entonces las condiciones internacionales no han mejorado realmente; de modo que la experiencia de tres cuartos de siglo confirma que la barca del pescador en el mar tempestuoso s\u00f3lo puede esperar la salvaci\u00f3n enganch\u00e1ndose a las dos columnas de la Eucarist\u00eda y de Mar\u00eda Auxiliadora, que se apareci\u00f3 a Don Bosco en sue\u00f1os\u201d <em>(L&#8217;Italia<\/em>, 13 de septiembre de 1953).<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mismo santo Card. Schuster, dijo una vez a un salesiano: \u201cHe visto reproducida la visi\u00f3n de las dos columnas. Diga a sus Superiores que la hagan reproducir en estampas y postales, y que la difundan por todo el mundo cat\u00f3lico, porque esta visi\u00f3n de Don Bosco es de gran actualidad: la Iglesia y el pueblo cristiano se salvar\u00e1n por estas dos devociones: la Eucarist\u00eda y Mar\u00eda, Auxilio de los Cristianos\u201d.<br><br><br><em>don Pedro ZERBINO, sdb<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre los sue\u00f1os de Don Bosco, uno de los m\u00e1s conocidos es el llamado \u201cSue\u00f1o&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":28612,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":541,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[2566,1720,2636,1768,1822,1690,2612,1966,1984],"class_list":["post-28619","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-don-bosco","tag-gracia","tag-maria","tag-nuestros-guias","tag-salvacion","tag-suenos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28619","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=28619"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28619\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/28612"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28619"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=28619"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=28619"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}