{"id":28466,"date":"2024-05-23T16:03:57","date_gmt":"2024-05-23T16:03:57","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=28466"},"modified":"2024-05-23T16:04:36","modified_gmt":"2024-05-23T16:04:36","slug":"maravillas-de-la-madre-de-dios-invocadas-bajo-el-titulo-de-maria-auxiliadora-6-13","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/santisima-virgen-maria\/maravillas-de-la-madre-de-dios-invocadas-bajo-el-titulo-de-maria-auxiliadora-6-13\/","title":{"rendered":"Maravillas de la Madre de Dios invocadas bajo el t\u00edtulo de Mar\u00eda Auxiliadora (6\/13)"},"content":{"rendered":"\n<p><a href=\"..\/es\/maria-auxiliadora-es\/maravillas-de-la-madre-de-dios-invocadas-bajo-el-titulo-de-maria-auxiliadora-5-13\"><\/a><em><em><a href=\"..\/es\/maria-auxiliadora-es\/maravillas-de-la-madre-de-dios-invocadas-bajo-el-titulo-de-maria-auxiliadora-5-13\">(<em>continuaci\u00f3n del art\u00edculo anterior<\/em>)<\/a><\/em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><br>Cap\u00edtulo IX. La batalla de Lepanto<br><\/strong><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Expuestos as\u00ed algunos de los muchos hechos que confirman en general c\u00f3mo Mar\u00eda protege los brazos de los cristianos cuando luchan por la fe, pasemos a otros m\u00e1s particulares que han dado a la Iglesia motivos para llamar a Mar\u00eda con el glorioso t\u00edtulo de <em>Auxilium Christianorum<\/em>. La principal de ellas es la batalla de Lepanto.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A mediados del siglo XVI, nuestra pen\u00ednsula disfrutaba de cierta paz cuando una nueva insurrecci\u00f3n procedente de Oriente vino a sembrar el caos entre los cristianos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los turcos, establecidos en Constantinopla desde hac\u00eda m\u00e1s de cien a\u00f1os, vieron con pesar que el pueblo de Italia, y en particular los venecianos, pose\u00edan islas y ciudades en medio de su vasto imperio. Por ello, empezaron a pedir a los venecianos la isla de Chipre. Cuando se negaron, tomaron las armas y con un ej\u00e9rcito de ochenta mil soldados de infanter\u00eda, tres mil caballos y una artiller\u00eda formidable, dirigidos por su propio emperador Selimo II, sitiaron Nicosia y Famagusta, las ciudades m\u00e1s fuertes de la isla. Estas ciudades, tras una heroica defensa, cayeron ambas en poder del enemigo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los venecianos apelaron entonces al Papa para que acudiera en su ayuda para combatir y rebajar el orgullo de los enemigos de la Cristiandad. El Romano Pont\u00edfice, que era entonces s. P\u00edo V, temiendo que si los turcos sal\u00edan victoriosos traer\u00edan la desolaci\u00f3n y la ruina entre los cristianos, pens\u00f3 en recurrir a la poderosa intercesi\u00f3n de aquella a quien la santa Iglesia proclama tan terrible como un ej\u00e9rcito ordenado a la batalla: <em>Terribilis ut castrorum aeies ordinata<\/em>. Por ello orden\u00f3 oraciones p\u00fablicas para toda la cristiandad: apel\u00f3 al rey Felipe II de Espa\u00f1a y al duque Manuel Filiberto.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El rey de Espa\u00f1a form\u00f3 un poderoso ej\u00e9rcito y se lo confi\u00f3 a un hermano menor conocido como D. Juan de Austria. El duque de Saboya envi\u00f3 de buena gana un selecto n\u00famero de valerosos hombres, que se unieron al resto de las fuerzas italianas y fueron a reunirse con los espa\u00f1oles cerca de Mesina.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El enfrentamiento del ej\u00e9rcito enemigo tuvo lugar cerca de la ciudad griega de Lepanto. Los cristianos atacaron ferozmente a los turcos; \u00e9stos opusieron una feroz resistencia. Cada nav\u00edo giraba repentinamente en medio de torbellinos de llamas y humo y parec\u00eda vomitar rayos de los cien ca\u00f1ones con los que estaba armado. La muerte tom\u00f3 todas las formas, los m\u00e1stiles y las cuerdas de los barcos rotos por las balas cayeron sobre los combatientes y los aplastaron. Los gritos ag\u00f3nicos de los heridos se mezclaban con el estruendo de las olas y los ca\u00f1ones. En medio de la agitaci\u00f3n comunal, Vernieri, jefe del ej\u00e9rcito cristiano, advirti\u00f3 que la confusi\u00f3n empezaba a apoderarse de las naves turcas. Inmediatamente puso en orden algunas galeras poco profundas llenas de diestros artilleros, rode\u00f3 las naves enemigas y a ca\u00f1onazos las destroz\u00f3 y las fulmin\u00f3. En aquel momento, a medida que aumentaba la confusi\u00f3n entre los enemigos, surgi\u00f3 un gran entusiasmo entre los cristianos, y de todas partes se o\u00eda el grito de \u00a1Victoria! y la victoria estaba con ellos. Los barcos turcos huyen hacia tierra, los venecianos los persiguen y los destrozan; ya no es batalla, es matanza. El mar est\u00e1 sembrado de ropas, pa\u00f1os, barcos destrozados, sangre y cuerpos destrozados; treinta mil turcos han muerto; doscientas de sus galeras caen en poder de los cristianos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La noticia de la victoria produjo una alegr\u00eda universal en los pa\u00edses cristianos. El senado de G\u00e9nova y Venecia decret\u00f3 que el 7 de octubre fuera un d\u00eda solemne y festivo a perpetuidad, porque fue en este d\u00eda del a\u00f1o 1571 cuando tuvo lugar la gran batalla. Entre las oraciones que el santo Pont\u00edfice hab\u00eda ordenado para el d\u00eda de aquella gran batalla estaba el Rosario, y a la misma hora en que tuvo lugar aquel acontecimiento, \u00e9l mismo lo recit\u00f3 con una multitud de fieles reunidos con \u00e9l. En aquel momento, la Sant\u00edsima Virgen se le apareci\u00f3 y le revel\u00f3 el triunfo de las naves cristianas, triunfo que San P\u00edo V anunci\u00f3 r\u00e1pidamente en Roma antes de que nadie m\u00e1s hubiera podido llevar la noticia. Entonces el santo Pont\u00edfice, en agradecimiento a Mar\u00eda, a cuyo patrocinio atribu\u00eda la gloria de aquel d\u00eda, orden\u00f3 que se a\u00f1adiera a las letan\u00edas de Loreto la jaculatoria: <em>Maria Auxilium Christianorum, ora pro nobis<\/em>. Mar\u00eda Auxiliadora, ruega por nosotros. El mismo Pont\u00edfice, para que el recuerdo de aquel prodigioso acontecimiento sea perpetuo, instituy\u00f3 la Solemnidad del Sant\u00edsimo Rosario, que se celebra cada a\u00f1o el primer domingo de octubre.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo X. La Liberaci\u00f3n de Viena.<br><\/strong><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el a\u00f1o 1683, los turcos, para vengar su derrota en Lepanto, hicieron planes para llevar sus armas a trav\u00e9s del Danubio y del Rin, amenazando as\u00ed a toda la Cristiandad. Con un ej\u00e9rcito de doscientos mil hombres, avanzando a marchas forzadas, llegaron a sitiar las murallas de Viena. El Sumo Pont\u00edfice, que era entonces Inocencio XI, pens\u00f3 en apelar a los pr\u00edncipes cristianos, inst\u00e1ndoles a acudir en ayuda de la Cristiandad amenazada. Pocos, sin embargo, respondieron a la invitaci\u00f3n del Pont\u00edfice, por lo que \u00e9ste, al igual que su predecesor P\u00edo V, decidi\u00f3 ponerse bajo la protecci\u00f3n de aquella a quien la Iglesia proclama <em>terribilis ut castrorum acies ordinata<\/em>. Rez\u00f3 e invit\u00f3 a los fieles de todo el mundo a rezar con \u00e9l.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entretanto se produjo una consternaci\u00f3n general en Viena; el pueblo, temiendo caer en manos de los infieles, abandon\u00f3 la ciudad y lo dej\u00f3 todo. El emperador no ten\u00eda fuerzas para oponerse y abandon\u00f3 su capital. El pr\u00edncipe Carlos de Lorena, que apenas hab\u00eda podido reunir a treinta mil alemanes, consigui\u00f3 entrar en la ciudad para intentar de alg\u00fan modo su defensa. Las aldeas vecinas fueron incendiadas. El 14 de agosto, los turcos abrieron sus trincheras desde la puerta principal y acamparon all\u00ed a pesar del fuego de los sitiados. Luego asediaron todas las murallas de la ciudad, incendiaron y quemaron varios edificios p\u00fablicos y privados. Un caso doloroso aument\u00f3 el valor de los enemigos y disminuy\u00f3 el de los sitiados.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Prendieron fuego a la Iglesia de los Escoceses, consumieron aquel soberbio edificio, y en su camino hacia el arsenal, donde se guardaba la p\u00f3lvora y las municiones, estuvieron a punto de abrir la ciudad a los enemigos, si por una protecci\u00f3n muy especial de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, el d\u00eda de su gloriosa Asunci\u00f3n, no se hubiera extinguido el fuego, d\u00e1ndoles as\u00ed tiempo para salvar las municiones militares. Aquella sensible protecci\u00f3n de la Madre de Dios reaviv\u00f3 el valor de los soldados y de los habitantes. El d\u00eda veintid\u00f3s del mismo mes, los turcos intentaron derribar m\u00e1s edificios lanzando un gran n\u00famero de bolas y bombas, con las que hicieron mucho da\u00f1o, pero no pudieron impedir que los habitantes suplicaran d\u00eda y noche la ayuda del cielo en las iglesias, ni que los predicadores les exhortaran a poner toda su confianza, despu\u00e9s de Dios, en Aqu\u00e9l que tantas veces les hab\u00eda prestado una poderosa ayuda. El 31, los sitiadores paralizaron las obras, y los soldados de ambos bandos lucharon cuerpo a cuerpo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La ciudad era un mont\u00f3n de ruinas, cuando el d\u00eda de la Natividad de Mar\u00eda Virgen. los cristianos redoblaron sus oraciones y, como por milagro, recibieron aviso de un pr\u00f3ximo socorro. En efecto, al d\u00eda siguiente, segundo d\u00eda de la octava de la Natividad, vieron la monta\u00f1a, que se alza frente a la ciudad, toda cubierta de tropas. Fue Johanni Sobieschi, rey de Polonia, que estaba casi solo entre los pr\u00edncipes cristianos, cediendo a la invitaci\u00f3n del Pont\u00edfice, acudi\u00f3 con sus valientes hombres al rescate. Convencido de que con el escaso n\u00famero de sus soldados la victoria le ser\u00eda imposible, recurri\u00f3 tambi\u00e9n al que es formidable en medio de los ej\u00e9rcitos m\u00e1s ordenados y feroces. El 12 de septiembre fue a la iglesia con el pr\u00edncipe Carlos, y all\u00ed oyeron la santa misa, que \u00e9l mismo quiso servir, con los brazos extendidos en forma de cruz. Despu\u00e9s de comulgar y recibir la santa bendici\u00f3n para \u00e9l y su ej\u00e9rcito, el pr\u00edncipe se levant\u00f3 y dijo en voz alta: \u201cSoldados, por la gloria de Polonia, por la liberaci\u00f3n de Viena, por la salud de toda la cristiandad, bajo la protecci\u00f3n de Mar\u00eda podemos marchar con seguridad contra nuestros enemigos y la victoria ser\u00e1 nuestra\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ej\u00e9rcito cristiano descendi\u00f3 entonces de las monta\u00f1as y avanz\u00f3 hacia el campamento de los turcos, quienes, despu\u00e9s de luchar durante alg\u00fan tiempo, se retiraron al otro lado del Danubio con tal precipitaci\u00f3n y confusi\u00f3n que dejaron en el campamento el estandarte otomano, unos cien mil hombres, la mayor\u00eda de sus tripulaciones, todas sus municiones de guerra y ciento ochenta piezas de artiller\u00eda. Nunca hubo una victoria m\u00e1s gloriosa que costara tan poca sangre a los vencedores. Pod\u00edan verse soldados cargados de bot\u00edn entrando en la ciudad, conduciendo delante de ellos muchos reba\u00f1os de bueyes, que los enemigos hab\u00edan abandonado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El emperador Leopoldo, enterado de la derrota de los turcos, regres\u00f3 a Viena aquel mismo d\u00eda, hizo cantar un <em>Te Deum<\/em> con la mayor solemnidad, y luego, reconociendo que una victoria tan inesperada se deb\u00eda enteramente a la protecci\u00f3n de Mar\u00eda, hizo llevar a la iglesia mayor el estandarte que hab\u00eda encontrado en la tienda del Gran Visir. El de Mahoma, m\u00e1s rico a\u00fan y que se alzaba en medio del campo, fue enviado a Roma y presentado al Papa. Este santo Pont\u00edfice, tambi\u00e9n \u00edntimamente persuadido de que la gloria de aquel triunfo era toda debida a la gran Madre de Dios, y deseoso de perpetuar la memoria de aquel beneficio, orden\u00f3 que la fiesta del Santo Nombre de Mar\u00eda, ya practicada desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo en algunos pa\u00edses, se celebrase en adelante en toda la Iglesia el domingo entre la octava de su Natividad.<br><br><strong>Cap\u00edtulo XI. Asociaci\u00f3n de Mar\u00eda Auxiliadora en Munich.<br><\/strong><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La victoria de Viena aument\u00f3 maravillosamente la devoci\u00f3n a Mar\u00eda entre los fieles y dio origen a una piadosa sociedad de devotos bajo el t\u00edtulo de Cofrad\u00eda de Mar\u00eda Auxiliadora. Un padre capuchino que predicaba con gran celo en la iglesia parroquial de San Pedro de Munich, con expresiones fervientes y conmovedoras exhortaba a los fieles a ponerse bajo la protecci\u00f3n de Mar\u00eda Auxiliadora y a implorar su patrocinio contra los turcos que amenazaban con invadir Baviera desde Viena. La devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda Auxiliadora creci\u00f3 hasta tal punto que los fieles quisieron continuarla incluso despu\u00e9s de la victoria de Viena, a pesar de que los enemigos ya se hab\u00edan visto obligados a abandonar su ciudad. Fue entonces cuando se estableci\u00f3 una Cofrad\u00eda bajo el t\u00edtulo de Mar\u00eda Auxiliadora para eternizar el recuerdo del gran favor obtenido de la Sant\u00edsima Virgen.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El duque de Baviera, que hab\u00eda mandado una parte del ej\u00e9rcito cristiano, mientras que el rey de Polonia y el duque de Lorena mandaban el resto de la milicia, para dar continuidad a lo que se hab\u00eda hecho en su capital, pidi\u00f3 al Sumo Pont\u00edfice, Inocencio XI, la erecci\u00f3n de la Cofrad\u00eda. El Papa accedi\u00f3 de buen grado y concedi\u00f3 la instituci\u00f3n implorada con una bula fechada el 18 de agosto de 1684, enriqueci\u00e9ndola con indulgencias. As\u00ed, el 8 de septiembre del a\u00f1o siguiente, mientras el pr\u00edncipe asediaba la ciudad de Buda, la Cofrad\u00eda fue establecida por su orden con gran solemnidad en la iglesia de San Pedro de Munich. Desde entonces, los hermanos de esa Asociaci\u00f3n, unidos de coraz\u00f3n en el amor a Jes\u00fas y a Mar\u00eda, se reun\u00edan en Munich y ofrec\u00edan oraciones y sacrificios a Dios para implorar su infinita misericordia. Gracias a la protecci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen, esta Cofrad\u00eda se difundi\u00f3 r\u00e1pidamente, de modo que las m\u00e1s grandes personalidades estaban deseosas de inscribirse en ella para asegurarse la asistencia de esta gran Reina del Cielo en los peligros de la vida y, sobre todo, en el momento de la muerte. Emperadores, reyes, reinas, prelados, sacerdotes e infinidad de personas de todas partes de Europa siguen considerando una gran fortuna estar inscritos en ella. Los Papas han concedido muchas indulgencias a los que est\u00e1n en esa Hermandad. Los sacerdotes agregados pueden agregar a otros. Se rezan miles de Misas y Rosarios en vida y despu\u00e9s de la muerte por los que son miembros.<br><br><strong>Cap\u00edtulo XII. Conveniencia de la fiesta de Mar\u00eda Auxiliadora.<br><\/strong><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los hechos que hemos expuesto hasta ahora en honor de Mar\u00eda Auxiliadora dejan claro cu\u00e1nto le gusta a Mar\u00eda ser invocada bajo este t\u00edtulo. La Iglesia cat\u00f3lica observ\u00f3, examin\u00f3 y aprob\u00f3 todo, guiando ella misma las pr\u00e1cticas de los fieles, para que ni el tiempo ni la malicia de los hombres desvirtuaran el verdadero esp\u00edritu de la devoci\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recordemos aqu\u00ed lo que hemos dicho a menudo sobre las glorias de Mar\u00eda como ayuda de los cristianos. En los libros sagrados est\u00e1 simbolizada en el arca de No\u00e9, que salva del diluvio universal a los seguidores del Dios verdadero; en la escalera de Jacob, que se eleva hasta el cielo; en la zarza ardiente de Mois\u00e9s; en el arca de la alianza; en la torre de David, que defiende contra todos los asaltos; en la rosa de Jeric\u00f3; en la fuente sellada; en el jard\u00edn bien cultivado y vigilado de Salom\u00f3n; est\u00e1 figurada en un acueducto de bendiciones; en el vellocino de Gede\u00f3n. En otros lugares se la llama la estrella de Jacob, bella como la luna, elegida como el sol, el iris de la paz; la pupila del ojo de Dios; la aurora portadora de consuelos, la Virgen y Madre y Madre de su Se\u00f1or. Estos s\u00edmbolos y expresiones que la Iglesia aplica a Mar\u00eda ponen de manifiesto los designios providenciales de Dios, que quiso d\u00e1rnosla a conocer antes de su nacimiento como primog\u00e9nita entre todas las criaturas, excelent\u00edsima protectora, auxilio y sost\u00e9n del g\u00e9nero humano.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el Nuevo Testamento, pues, cesan las figuras y las expresiones simb\u00f3licas; todo es realidad y cumplimiento del pasado. Mar\u00eda es saludada por el arc\u00e1ngel Gabriel, que la llama llena de gracia; Dios admira la gran humildad de Mar\u00eda y la eleva a la dignidad de Madre del Verbo Eterno. Jes\u00fas, Dios inmenso, se convierte en hijo de Mar\u00eda; por ella nace, por ella es educado, asistido. Y el Verbo Eterno hecho carne se somete en todo a la obediencia de su augusta Madre. A petici\u00f3n suya, Jes\u00fas realiza el primero de sus milagros en Can\u00e1 de Galilea; en el Calvario es convertida de hecho en Madre com\u00fan de los cristianos. Los Ap\u00f3stoles la convierten en su gu\u00eda y maestra de virtudes. Con ella se re\u00fanen para orar en el cen\u00e1culo; con ella asisten a la oraci\u00f3n, y al final reciben el Esp\u00edritu Santo. A los Ap\u00f3stoles dirige sus \u00faltimas palabras y vuela gloriosa al Cielo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde su m\u00e1s alto sitial de gloria se dirige diciendo: <em>Ego in altissimis habito ut ditem diligentes me et thesauros corum repleam<\/em>. Habito en el m\u00e1s alto trono de gloria para enriquecer con bendiciones a los que me aman y colmar sus tesoros con favores celestiales. De ah\u00ed que, desde su Asunci\u00f3n a los cielos, comenzara el constante e ininterrumpido concurso de los cristianos a Mar\u00eda, sin que jam\u00e1s se oyera, dice San Bernardo, de nadie que confiadamente apelara a ella que no fuera escuchado. De ah\u00ed la raz\u00f3n por la que cada siglo, cada a\u00f1o, cada d\u00eda y, podemos decir, cada momento est\u00e1 marcado en la historia por alg\u00fan gran favor concedido a quienes la han invocado con fe. De ah\u00ed tambi\u00e9n la raz\u00f3n de que cada reino, cada ciudad, cada pa\u00eds, cada familia tenga una iglesia, una capilla, un altar, una imagen, un cuadro o alg\u00fan signo que recuerde una gracia concedida a quienes recurrieron a Ella en las necesidades de la vida. Los gloriosos acontecimientos contra los nestorianos y contra los albigenses; las palabras que Mar\u00eda dijo a St. Domingo en el momento en que recomend\u00f3 la predicaci\u00f3n del Rosario, que la misma Sant\u00edsima Virgen denomin\u00f3 <em>magnum in Ecclesia praesidium<\/em>; la victoria de Lepanto, de Viena, de Buda, la Cofrad\u00eda de Munich, la de Roma, la de Tur\u00edn y otras muchas erigidas en diversos pa\u00edses de la Cristiandad, ponen suficientemente de manifiesto cu\u00e1n antigua y extendida es la devoci\u00f3n a Mar\u00eda Auxiliadora, cu\u00e1nto le agrada este t\u00edtulo y cu\u00e1nto beneficio reporta a los pueblos cristianos. De modo que Mar\u00eda pudo pronunciar con toda raz\u00f3n las palabras que el Esp\u00edritu Santo puso en su boca: <em>In omni gente primatum habui<\/em>. Soy reconocida Se\u00f1ora entre todas las naciones.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estos hechos, tan gloriosos para la Sant\u00edsima Virgen, hac\u00edan desear la intervenci\u00f3n expresa de la Iglesia para dar el l\u00edmite y la forma en que Mar\u00eda pod\u00eda ser invocada bajo el t\u00edtulo de Auxilio de los Cristianos, y la Iglesia ya hab\u00eda intervenido en cierto modo con la aprobaci\u00f3n de las cofrad\u00edas, oraciones y muchas pr\u00e1cticas piadosas a las que van unidas las santas indulgencias, y que en todo el mundo proclaman a <em>Mar\u00eda Auxilium Christianorum<\/em>.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todav\u00eda faltaba una cosa y era un d\u00eda establecido del a\u00f1o para honrar el t\u00edtulo de Mar\u00eda Auxiliadora, es decir, un d\u00eda de fiesta con un rito, una Misa y un Oficio aprobados por la Iglesia, y se fij\u00f3 el d\u00eda de esta solemnidad. Para que los Pont\u00edfices determinaran esta importante instituci\u00f3n, fue necesario alg\u00fan acontecimiento extraordinario, que no tard\u00f3 en manifestarse a los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p><br><em><a href=\"..\/maria-ausiliatrice\/maraviglie-della-madre-di-dio-invocata-sotto-il-titolo-di-maria-ausiliatrice-7-13\"><\/a><em><a href=\"..\/es\/maria-auxiliadora-es\/maravillas-de-la-madre-de-dios-invocadas-bajo-el-titulo-de-maria-auxiliadora-7-13\">(continuaci\u00f3n)<\/a><\/em><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(continuaci\u00f3n del art\u00edculo anterior) Cap\u00edtulo IX. 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