{"id":27599,"date":"2024-04-17T07:26:03","date_gmt":"2024-04-17T07:26:03","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=27599"},"modified":"2024-04-17T07:26:40","modified_gmt":"2024-04-17T07:26:40","slug":"patagonia-en-las-cartas-de-los-primeros-misioneros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/misiones\/patagonia-en-las-cartas-de-los-primeros-misioneros\/","title":{"rendered":"Patagonia, en las cartas de los primeros misioneros"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><strong>Llegada a Patagones e inicio de la obra<br><\/strong><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los primeros salesianos establecieron definitivamente su misi\u00f3n en la Patagonia el 20 de enero de 1880. Acompa\u00f1ados por Monse\u00f1or Antonio Espinosa, vicario del Arzobispo Federico Aneyros, llegaron a Carmen de Patagones Don Giuseppe Fagnano, Don Emilio Rizzo, Don Luigi Chiaria, el catequista coadjutor Luciani y otro \u201cjoven alumno suyo\u201d, que ha permanecido desconocido; con ellos llegaron tambi\u00e9n cuatro Hijas de Mar\u00eda Auxiliadora: Giovanna Borgo, Angela Vallese, Angiolina Cassolo y Laura Rodr\u00edguez.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los misioneros se comprometieron con la catequesis y la formaci\u00f3n de los habitantes de Patagones y Viedma abriendo un colegio dedicado a San Jos\u00e9, mientras que las Hijas de Mar\u00eda Auxiliadora fundaron un instituto dedicado a Santa Mar\u00eda de Las Indias. A continuaci\u00f3n, se emprendieron expediciones a las colonias situadas a lo largo del curso del R\u00edo Negro, con el fin de garantizar el apoyo espiritual y catequ\u00e9tico a los emigrantes que viv\u00edan en esas regiones y, al mismo tiempo, iniciar sistem\u00e1ticamente la catequesis para la conversi\u00f3n de las comunidades nativas de la Patagonia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La presencia de los Salesianos en Argentina fue favorecida y seguida con inter\u00e9s por el gobierno argentino, que evidentemente no estaba impulsado en esta elecci\u00f3n por un ferviente deseo de ver a las comunidades ind\u00edgenas convertidas al cristianismo, sino por la necesidad de calmar a la opini\u00f3n p\u00fablica indignada por las matanzas indiscriminadas y la venta de prisioneros: las campa\u00f1as militares de 1879 para ampliar las fronteras hab\u00edan chocado con la resistencia de las comunidades que viv\u00edan en los territorios de la Pampa y la Patagonia.<br><br><strong>H\u00e1bitos y costumbres de las comunidades ind\u00edgenas de la Patagonia<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conocer las costumbres, la cultura y las creencias de las comunidades que pretend\u00edan convertir fue una tarea importante para los primeros misioneros: Don Giacomo Costamagna, durante su misi\u00f3n exploratoria a Patagones en 1879, se\u00f1al\u00f3 que, una vez cruzado el R\u00edo Colorado, se hab\u00eda encontrado con un \u00e1rbol \u201ccargado de cortinas, o mejor dicho, de trapos, de los que los indios se hab\u00edan colgado como votos\u201d. El misionero explic\u00f3 que el \u00e1rbol no se consideraba una divinidad, sino simplemente la morada \u201cde los dioses o buenos esp\u00edritus\u201d y que los trapos eran una especie de ofrenda para apaciguarlos y hacerlos ben\u00e9volos. Costamagna descubri\u00f3 m\u00e1s tarde que las comunidades adoraban a un \u201cDios supremo\u201d llamado G\u00f9nechen.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los conocimientos aumentaron con los a\u00f1os. Con el tiempo, los misioneros se dieron cuenta de que las comunidades de la Patagonia cre\u00edan en un \u201cSer Supremo\u201d que administraba y gobernaba el universo y que, sin embargo, su concepto de una deidad benevolente -comparado con el cristiano- parec\u00eda confuso, ya que a menudo no era posible \u201cdistinguir el principio del bien, que es Dios, del genio del mal, que es el diablo\u201d. Los miembros de la comunidad s\u00f3lo tem\u00edan \u00ab\u201das influencias del genio maligno\u201d, de modo que al final los indios s\u00f3lo imploraban a la deidad maligna que se abstuviera de todo mal.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los misioneros constataron con tristeza que las comunidades ind\u00edgenas \u201cno saben pedir nada al Se\u00f1or sobre cosas espirituales\u201d y tambi\u00e9n describieron c\u00f3mo se trataba la enfermedad y la muerte de un miembro de la comunidad. Seg\u00fan la creencia com\u00fan, el demonio, llamado Gualicho, tomaba posesi\u00f3n del enfermo y, en el caso de la muerte del enfermo, el demonio \u201chab\u00eda vencido\u201d: \u201cy as\u00ed lloran, rezan y cantan lamentaciones acompa\u00f1adas de mil exorcismos, con los que pretenden conseguir que el genio maligno deje en paz al difunto\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una vez enterrado el cad\u00e1ver, comenzaba el periodo de luto, que sol\u00eda durar seis d\u00edas en los que los indios \u201cse arrojaban con el rostro a tierra\u201d y cantaban &#8216;una especie de lamento&#8217;; se desaconsejaba vivamente vivir donde hab\u00eda residido el difunto y entrar en contacto con cualquiera de sus efectos personales, porque Gualicho hab\u00eda vivido all\u00ed.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No hab\u00eda cementerios compartidos y sobre las tumbas era posible ver \u201cdonde dos y donde tres esqueletos de caballos\u201d, que se sacrificaban al difunto para que le sirvieran de ayuda y apoyo en la otra vida. As\u00ed pues, se mataba a los caballos encima de la tumba, dejando all\u00ed los cad\u00e1veres para que el difunto pudiera disfrutar de su carne, mientras que la silla de montar, diversas provisiones y joyas se enterraban con el cad\u00e1ver.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la vida ordinaria, s\u00f3lo los m\u00e1s ricos ten\u00edan viviendas cuadradas de adobe, sin nada \u201cm\u00e1s que la puerta para entrar en ellas y una abertura en medio del tejado para la luz y para que saliera el humo\u00bb, mientras que las comunidades a lo largo del curso del r\u00edo Negro se establec\u00edan junto a r\u00edos o lagunas y las viviendas eran en su mayor\u00eda simples tiendas: \u201ccuero de caballo o de guanaco suspendido por encima con unos palos clavados en el suelo\u201d. A los que se hab\u00edan rendido, el gobierno argentino les hab\u00eda ordenado construirse una casucha (rancho), es decir, \u201cuna habitaci\u00f3n m\u00e1s o menos grande hecha generalmente de ca\u00f1a, planta con la que abunda el campo en los lugares h\u00famedos\u201d. Los m\u00e1s afortunados hab\u00edan construido casas con palos de sauce y barro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1883, los misioneros constataron: \u201cHoy en d\u00eda, y sobre todo en la mala estaci\u00f3n, es raro ver a un indio que no vaya vestido de pies a cabeza, incluso entre los que a\u00fan no se han rendido. Los hombres visten m\u00e1s o menos como los nuestros, menos la limpieza, que no tienen, y los pantalones los llevan ordinariamente como los Garci, a la manera, como dicen, de Cirip\u00e0. Los m\u00e1s pobres, si no tienen otra cosa, se envuelven en una especie de manto de la tela m\u00e1s ordinaria. Las mujeres llevan la manta, que es un abrigo que cubre todo el cuerpo\u201d. Las mujeres permanecieron fieles a los trajes tradicionales durante m\u00e1s tiempo: las mujeres tienen la ambici\u00f3n de llevar grandes pendientes de plata, varios anillos en los dedos y una especie de brazalete en las mu\u00f1ecas, hecho de filigrana de plata con varias vueltas alrededor del brazo. Algunas de ellas y las m\u00e1s pudientes tambi\u00e9n llevan varias vueltas de filigrana sobre el pecho. Son por naturaleza muy t\u00edmidos, y cuando alg\u00fan forastero desconocido se acerca a su casa, se esconden apresuradamente.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los matrimonios segu\u00edan la tradici\u00f3n: el novio regalaba a los padres de su futura esposa \u201cdiversos objetos preciosos de oro y plata, como anillos, brazaletes, estribos, frenos y similares\u201d, o simplemente pod\u00eda pagar \u201cen dinero una suma acordada entre ellos\u201d: los padres s\u00f3lo daban a sus hijas en matrimonio por dinero y, adem\u00e1s, el novio estaba obligado a quedarse en casa de la novia y encargarse del mantenimiento de toda la familia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La poligamia estaba muy extendida entre los jefes o caciques y, por consiguiente, como afirmaba Don Costamagna en una carta publicada en enero de 1880, era dif\u00edcil convencerles de que renunciaran a ella para hacerse cristianos.<br><br><strong>Evangelizar a las comunidades nativas: \u201cno con golpes, sino con mansedumbre y con caridad deb\u00e9is ganaros a estos amigos vuestros\u201d.<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un papel fundamental en la labor de catequesis y evangelizaci\u00f3n en la Patagonia lo desempe\u00f1\u00f3 el P. Domingo Milanesio, tambi\u00e9n por su labor como mediador entre las comunidades y el gobierno argentino.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El misionero se uni\u00f3 a los hermanos el 8 de noviembre de 1880 tras ser nombrado vicario de la parroquia de Nuestra Se\u00f1ora de la Merced de Viedma, y en una carta a Don Miguel Rua fechada el 28 de marzo de 1881 relataba su primera misi\u00f3n entre \u201clos indios del campo\u201d, subrayando las considerables dificultades encontradas en el intento de instruir y catequizar: las comunidades nativas viv\u00edan lejos unas de otras y Don Domenico ten\u00eda que ir personalmente a sus toldos, o casas. A veces consegu\u00eda reunir a varias familias y entonces la catequesis se celebraba al aire libre, donde, sentados en el c\u00e9sped, los patagones escuchaban la lecci\u00f3n de catecismo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Domenico contaba que incluso una oraci\u00f3n sencilla como \u201cJes\u00fas m\u00edo, misericordia\u201d, que \u00e9l consideraba simple y f\u00e1cil de memorizar, en realidad tardaba mucho tiempo en entenderse: aunque se repet\u00eda entre cincuenta y cien veces, a menudo se olvidaba en un par de d\u00edas. Sin embargo, el deseo de ver a las comunidades nativas convertidas y sinceramente cristianas era motivaci\u00f3n m\u00e1s que suficiente para continuar la misi\u00f3n: \u201cPero nuestra Religi\u00f3n nos manda amarlos como a hermanos nuestros, como a hijos del Padre Celestial, como a almas redimidas por la Sangre de Jesucristo; y por eso con caridad paciente y benigna, y que lo espera todo, decimos, repetimos un d\u00eda, dos, diez, veinte hasta que basta, y por fin conseguimos que aprendan lo necesario. Si vieras lo felices que son despu\u00e9s; es un verdadero consuelo para ellos y para nosotros, que nos recompensa por todo\u201d.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No fue f\u00e1cil conseguir que estas comunidades aceptaran las verdades de la fe cat\u00f3lica: Don Domenico, en un informe publicado en el Bolet\u00edn en noviembre de 1883, cont\u00f3 que durante una misi\u00f3n a la comunidad del cacique (jefe) Willamay, cerca de Norquin, arriesg\u00f3 seriamente su vida cuando la asamblea a la que predicaba empez\u00f3 a discutir las ense\u00f1anzas que hab\u00eda recibido hasta entonces. El propio Willamay, describiendo a Milanesio como \u201cun contador de sue\u00f1os a la manera de las viejas\u201d, se retir\u00f3 a su toldo, mientras que hab\u00eda quienes se pon\u00edan de parte del misionero y quienes eran de la misma opini\u00f3n que el cacique. Ante esta situaci\u00f3n, Milanesio prefiri\u00f3 mantenerse al margen y, como \u00e9l mismo se\u00f1al\u00f3: \u201cPermanec\u00ed entonces en silencio esperando el resultado de aquella agitaci\u00f3n de las mentes, que era presagio de siniestras aventuras. En cierto momento, cre\u00ed realmente que hab\u00eda llegado el momento de recibir al menos una paliza de aquellos b\u00e1rbaros, y tal vez incluso de dejar mi propio pellejo entre ellos\u201d. Afortunadamente, al final prevaleci\u00f3 el partido que apoyaba al misionero, por lo que el salesiano pudo concluir su catequesis con el agradecimiento de la comunidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Catequizar a estas poblaciones no fue una tarea f\u00e1cil y los salesianos se vieron obstaculizados por los militares argentinos, cuyas actitudes y h\u00e1bitos ofrec\u00edan ejemplos negativos de vida cristiana.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Fagnano escribi\u00f3: \u201cLa conversi\u00f3n de los indios no es tan f\u00e1cil de obtener, cuando se ven obligados a vivir con ciertos soldados, que no les dan buen ejemplo de moralidad; y en sus toldos por el momento no es posible penetrar sin peligro de la propia vida, porque estos salvajes se sirven de todos los medios para vengarse de los cristianos, que, seg\u00fan ellos, van a apoderarse de sus campos y de sus ganados\u201d. El mismo salesiano escribi\u00f3 tambi\u00e9n sobre dos comunidades que, habi\u00e9ndose instalado a poca distancia de un campamento argentino donde se hab\u00edan abierto \u201clicorer\u00edas\u201d, se entregaban \u201cal vicio de la embriaguez\u201d. Don Fagnano reproch\u00f3 a los militares que, \u201cpor cobard\u00eda\u201d, prepararan el terreno para que los indios se entregaran a\u00fan m\u00e1s al \u201cdesorden bestial\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Fagnano y Don Milanesio continuaron, sin embargo, acerc\u00e1ndose a estas comunidades, catequiz\u00e1ndolas y form\u00e1ndolas, para \u201cinstruirlas en las verdades del Evangelio, educarlas con la palabra, pero sobre todo con el buen ejemplo\u201d, a pesar del peligro, para que, como deseaba Don Bosco, llegaran a ser \u201cbuenos cristianos y honrados ciudadanos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><br><em>Giacomo Bosco<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llegada a Patagones e inicio de la obra&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los primeros salesianos establecieron definitivamente su misi\u00f3n&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":27593,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":103,"footnotes":""},"categories":[185],"tags":[2566,1720,1762,1840,1894,1960,2620],"class_list":["post-27599","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-misiones","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-creatividad-salesiana","tag-iniciativas","tag-misiones","tag-salesianos","tag-testigos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27599","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27599"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27599\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/27593"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27599"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27599"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27599"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}