{"id":26835,"date":"2024-03-14T09:41:17","date_gmt":"2024-03-14T09:41:17","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=26835"},"modified":"2024-05-02T07:08:32","modified_gmt":"2024-05-02T07:08:32","slug":"vida-de-san-jose-esposo-de-maria-santisima-padre-adoptivo-de-jesucristo-2-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/vida-de-san-jose-esposo-de-maria-santisima-padre-adoptivo-de-jesucristo-2-3\/","title":{"rendered":"Vida de San Jos\u00e9, esposo de Mar\u00eda Sant\u00edsima, padre adoptivo de Jesucristo (2\/3)"},"content":{"rendered":"\n<p><em><a href=\"..\/es\/nuestros-santos\/vida-de-san-jose-esposo-de-maria-santisima-padre-adoptivo-de-jesucristo-1-3\">(continuaci\u00f3n del art\u00edculo anterior)<\/a><\/em><br><\/p>\n\n\n\n<p><strong><strong>Cap\u00edtulo IX. La Circuncisi\u00f3n.<br><\/strong><\/strong><em><em>Et vocavit nomen eius Iesum.<\/em><\/em> (Y le puso por nombre Jes\u00fas. &#8211; Mt 1,25)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al octavo d\u00eda despu\u00e9s del nacimiento, los hijos de Israel deb\u00edan ser circuncidados por mandato expreso de Dios dado a Abrah\u00e1n, para que hubiera una se\u00f1al que recordara al pueblo la alianza que Dios hab\u00eda jurado con ellos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mar\u00eda y Jos\u00e9 comprendieron muy bien que tal se\u00f1al no era en absoluto necesaria para Jes\u00fas. Este doloroso servicio era un castigo que conven\u00eda a los pecadores, y su finalidad era borrar el pecado original. Ahora bien, siendo Jes\u00fas el santo por excelencia, la fuente de toda santidad, no llevaba consigo ning\u00fan pecado que necesitara remisi\u00f3n. Adem\u00e1s, hab\u00eda venido al mundo por concepci\u00f3n milagrosa, y no ten\u00eda que someterse a ninguna de las leyes que correspond\u00edan a los hombres. Sin embargo, Mar\u00eda y Jos\u00e9, sabiendo que Jes\u00fas no hab\u00eda venido a quebrantar la ley, sino a cumplirla; que hab\u00eda venido a dar a los hombres el ejemplo de una obediencia perfecta, dispuestos a sufrir todo lo que la gloria del Padre Celestial y la salud de la humanidad exigieran de \u00e9l, no se arredraron a la hora de realizar la dolorosa ceremonia sobre el Divino Ni\u00f1o.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9, el santo Patriarca, es el ministro y sacerdote de ese rito sagrado. Aqu\u00ed est\u00e1, con los ojos blandos de l\u00e1grimas, diciendo a Mar\u00eda: \u201cMar\u00eda, ahora es el momento en que vamos a realizar en este bendito hijo tuyo el signo de nuestro padre Abraham. Pierdo el coraz\u00f3n al pensar en ti. \u00a1Yo pongo hierro en esta carne inmaculada! Yo extraer la primera sangre de este cordero de Dios; \u00a1oh, si abrieras la boca, oh hija m\u00eda, y me dijeras que no quieres la herida, oh, \u00a1c\u00f3mo arrojar\u00eda lejos de m\u00ed este cuchillo, y me alegrar\u00eda que no lo quisieras! Pero veo que me pides este sacrificio; que quieres sufrir. S\u00ed, oh dulc\u00edsimo ni\u00f1o, sufriremos: t\u00fa en tu carne m\u00e1s ajena al mundo; Mar\u00eda y yo en nuestros corazones\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras tanto, Jos\u00e9 hab\u00eda desempe\u00f1ado el doloroso oficio de ofrecer a Dios aquella primera sangre en expiaci\u00f3n por los pecados de los hombres. Luego, con Mar\u00eda llorosa y llena de angustia por la aflicci\u00f3n de su Hijo, hab\u00eda repetido: \u201cJes\u00fas es su nombre, porque \u00c9l debe salvar a su pueblo de sus pecados: <em>vocabis nomen eius Iesum; ipse enim salvum faciet populum suum a peccatis eorum<\/em>. &#8211; Mt. 1,25\u201d \u00a1Oh nombre sant\u00edsimo! \u00a1Oh nombre sobre todo nombre! \u00a1Cu\u00e1n oportunamente eres pronunciado por primera vez en este momento! Dios quiso que el ni\u00f1o se llamara Jes\u00fas entonces, cuando empez\u00f3 a derramar sangre, pues si era y ser\u00eda Salvador, era precisamente en virtud y a causa de su sangre, por la que entr\u00f3 una sola vez en el lugar sant\u00edsimo y consum\u00f3, mediante el sacrificio de todo su ser, la Redenci\u00f3n de Israel y del mundo entero.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9 fue ese gran y noble ministro de la Circuncisi\u00f3n por la que el Hijo de Dios recibi\u00f3 su propio nombre. Jos\u00e9 recibi\u00f3 el informe de ello del \u00e1ngel, Jos\u00e9 lo pronunci\u00f3 el primero entre los hombres y, al pronunciarlo, hizo que todos los \u00e1ngeles se postraran y que los demonios, presa de un espanto extraordinario, incluso sin comprender por qu\u00e9, cayeran adorando y se escondieran en las profundidades del infierno. \u00a1Gran dignidad de Jos\u00e9! Gran obligaci\u00f3n de reverencia le debemos, pues fue el primero en haber llamado Redentor al Hijo de Dios, y fue el primero en haber cooperado con el santo ministerio de la circuncisi\u00f3n para convertirlo en nuestro Redentor.<br><br><strong>Cap\u00edtulo X. Jes\u00fas adorado por los Magos. La Purificaci\u00f3n.<br><\/strong><em><em>Reges Tharsis et insulae munera offerent, Reges Arabum et Saba dona adducent.<\/em><\/em> (Los reyes de Tharsis y de islas numerosas le har\u00e1n sus ofrendas, los reyes de los \u00e1rabes y de Saba traer\u00e1n sus dones. &#8211; Sal. 71:10)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquel Dios que hab\u00eda bajado a la tierra para hacer de la casa de Israel y de los pueblos dispersos una sola familia, quer\u00eda en torno a su cuna a los representantes de un pueblo y del otro. Los sencillos y los humildes ten\u00edan preferencia para estar junto a Jes\u00fas; adem\u00e1s, los grandes y los sabios de la tierra no deb\u00edan ser excluidos. Despu\u00e9s de los pastores cercanos, Jes\u00fas, desde el silencio de su cueva de Bel\u00e9n, movi\u00f3 una estrella del Cielo para traer de vuelta a los adoradores lejanos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una tradici\u00f3n, popular en todo Oriente y recogida en la Biblia, anunciaba que nacer\u00eda un ni\u00f1o en Occidente, que cambiar\u00eda la faz del mundo, y que al mismo tiempo aparecer\u00eda una nueva estrella que marcar\u00eda este acontecimiento. En la \u00e9poca del nacimiento del Salvador hab\u00eda en el lejano Oriente unos pr\u00edncipes llamados com\u00fanmente los tres Reyes Magos, dotados de una ciencia extraordinaria.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Profundamente versados en las ciencias astron\u00f3micas, estos tres Magos esperaban ansiosamente la aparici\u00f3n de la nueva estrella que deb\u00eda anunciarles el nacimiento del maravilloso ni\u00f1o.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una noche, mientras observaban atentamente el cielo, una estrella de magnitud inusitada pareci\u00f3 desprenderse de la b\u00f3veda celeste, como si quisiera descender por encima de la tierra.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Reconociendo ante esta se\u00f1al que hab\u00eda llegado el momento, partieron apresuradamente, y guiados de nuevo por la estrella llegaron a Jerusal\u00e9n. La fama de su llegada y, sobre todo, la causa que los guiaba, turbaron el coraz\u00f3n del envidioso Herodes. Este pr\u00edncipe cruel hizo que los Magos acudieran a \u00e9l y les dijo: \u201cInformaos exactamente sobre este ni\u00f1o y, en cuanto lo hay\u00e1is encontrado, volved a avisarme para que yo tambi\u00e9n vaya a adorarlo\u201d. Habiendo indicado los doctores de la ley que el Cristo hab\u00eda de nacer en Bel\u00e9n, los Magos salieron de Jerusal\u00e9n siempre precedidos por la misteriosa estrella. No tardaron en llegar a Bel\u00e9n; la estrella se detuvo sobre la cueva donde estaba el Mes\u00edas. Los Magos entraron, se postraron a los pies del ni\u00f1o y lo adoraron.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s, abriendo los cofres de maderas preciosas que hab\u00edan tra\u00eddo, le ofrecieron oro como para reconocerle como rey, incienso como Dios y mirra como hombre mortal.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Advertidos entonces por un \u00e1ngel de los verdaderos designios de Herodes, sin pasar por Jerusal\u00e9n, regresaron directamente a sus pa\u00edses.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se acercaba el cuadrag\u00e9simo d\u00eda del nacimiento del Santo Ni\u00f1o: la ley de Mois\u00e9s prescrib\u00eda que todo primog\u00e9nito deb\u00eda ser llevado al templo para ser ofrecido a Dios y as\u00ed consagrado, y la madre para ser purificada. Jos\u00e9, en compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas y Mar\u00eda, se dirigi\u00f3 a Jerusal\u00e9n para realizar la ceremonia prescrita. Ofreci\u00f3 dos t\u00f3rtolas como sacrificio y pag\u00f3 cinco siclos de plata. Despu\u00e9s, habiendo hecho inscribir a su hijo en las tablas del censo y pagado el tributo, la santa pareja regres\u00f3 a Galilea, a Nazaret, su ciudad.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo XI. La triste anunciaci\u00f3n. &#8211; La matanza de los inocentes. &#8211; La sagrada familia parte para Egipto.<br><\/strong><em><em>Surge, accipe puerum et matrem eius et fuge in Aegyptum et esto ibi usque dum dicam tibi.<\/em><\/em> (El \u00e1ngel del Se\u00f1or dijo a Jos\u00e9: Lev\u00e1ntate, toma al ni\u00f1o y a su madre y huye a Egipto y qu\u00e9date all\u00ed hasta que yo te diga. &#8211; Mt. 2:13)<br><br><em><em>Vox in excelso audita est lamentationis, luctus, et fletus Rachel plorantis filios suos, et nolentis consolari super eis quia non sunt.<\/em><\/em> (Se ha o\u00eddo en lo alto una voz de queja, luto y lamento de Raquel que llora a sus hijos; y respecto a ellos no admite consuelo porque ya no est\u00e1n. &#8211; Jer. 31:15)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La tranquilidad de la sagrada familia no iba a ser de larga duraci\u00f3n. En cuanto Jos\u00e9 hubo regresado a la casa pobre de Nazaret, un \u00e1ngel del Se\u00f1or se le apareci\u00f3 en sue\u00f1os y le dijo: \u00abLev\u00e1ntate, aparta de ti al ni\u00f1o y a su madre, huye a Egipto y qu\u00e9date all\u00ed hasta que yo te ordene volver. Porque Herodes buscar\u00e1 al ni\u00f1o para darle muerte\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y esto era demasiado cierto. El cruel Herodes, enga\u00f1ado por los Magos y furioso por haber perdido una ocasi\u00f3n tan buena de deshacerse de quien consideraba un competidor al trono, hab\u00eda concebido el designio infernal de hacer degollar a todos los ni\u00f1os varones menores de dos a\u00f1os. Esta orden abominable fue ejecutada.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un ancho r\u00edo de sangre corri\u00f3 por Galilea. Entonces se cumpli\u00f3 lo que Jerem\u00edas hab\u00eda predicho: \u201cSe oy\u00f3 una voz en Ram\u00e1, una voz mezclada de l\u00e1grimas y lamentos. Es Raquel que llora a sus hijos y no quiere ser consolada, porque ya no est\u00e1n\u201d. Estos pobres inocentes, cruelmente asesinados, fueron los primeros m\u00e1rtires de la divinidad de Jesucristo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9 hab\u00eda reconocido la voz del \u00c1ngel; no se permiti\u00f3 ninguna reflexi\u00f3n sobre la precipitada partida, a la que tuvieron que decidirse; sobre las dificultades de un viaje tan largo y tan peligroso. Debi\u00f3 de lamentar abandonar su pobre hogar para atravesar los desiertos y buscar asilo en un pa\u00eds que no conoc\u00eda. Sin esperar siquiera a ma\u00f1ana, en cuanto el \u00e1ngel desapareci\u00f3 se levant\u00f3 y corri\u00f3 a despertar a Mar\u00eda. Mar\u00eda prepar\u00f3 apresuradamente una peque\u00f1a provisi\u00f3n de ropa y v\u00edveres para que se los llevaran. Jos\u00e9, mientras tanto, prepar\u00f3 la yegua, y partieron sin pesar de su ciudad para obedecer el mandato de Dios. He aqu\u00ed, pues, a un pobre anciano, que hace vanas las horribles conspiraciones del tirano de Galilea; es a \u00e9l a quien Dios conf\u00eda la custodia de Jes\u00fas y Mar\u00eda.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo XII. Desastroso viaje &#8211; Una tradici\u00f3n.<br><\/strong><em><em>Si persequentur vos in civitate ista, fugite in aliam.<\/em><\/em> (Cuando os persigan en esta ciudad, huid a otra. &#8211; Mt. 10, 23.)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos caminos se presentaban al viajero que quer\u00eda ir a Egipto por tierra. El uno atravesaba desiertos poblados de bestias feroces, y los caminos eran \u00e1speros, largos y poco frecuentados. El otro atravesaba un pa\u00eds poco visitado, pero los habitantes de la comarca eran muy hostiles a los jud\u00edos. Jos\u00e9, que tem\u00eda especialmente a los hombres en esta precipitada huida, eligi\u00f3 el primero de estos dos caminos por ser el m\u00e1s oculto.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Partiendo de Nazaret en plena noche, los cautelosos viajeros, cuyo itinerario les exig\u00eda pasar cerca de Jerusal\u00e9n, recorrieron durante alg\u00fan tiempo los caminos m\u00e1s tristes y tortuosos. Cuando era necesario cruzar alg\u00fan gran camino, Jos\u00e9, dejando a Jes\u00fas y a su Madre al abrigo de una roca, exploraba el camino, para asegurarse de que la salida no estaba vigilada por los soldados de Herodes. Tranquilizado por esta precauci\u00f3n, volvi\u00f3 a buscar su precioso tesoro, y la sagrada familia prosigui\u00f3 su viaje, entre barrancos y colinas. De vez en cuando, hac\u00edan una breve parada a la orilla de un claro arroyo, y despu\u00e9s de una frugal comida descansaban un poco de los esfuerzos del viaje. Cuando lleg\u00f3 la noche, era hora de resignarse a dormir bajo el cielo abierto. Jos\u00e9 se despoj\u00f3 de su manto y cubri\u00f3 con \u00e9l a Jes\u00fas y a Mar\u00eda para preservarlos de la humedad de la noche. Ma\u00f1ana, al amanecer, comenzar\u00eda de nuevo el arduo viaje. Los santos viajeros, tras atravesar la peque\u00f1a ciudad de Anata, se dirigieron por el lado de Ramla para descender a las llanuras de Siria, donde ahora deb\u00edan verse libres de las asechanzas de sus feroces perseguidores. En contra de su costumbre, hab\u00edan seguido caminando a pesar de que ya era de noche, para ponerse antes a salvo. Jos\u00e9 casi tocaba el suelo por delante de los dem\u00e1s. Mar\u00eda, toda temblorosa por aquella carrera nocturna, mov\u00eda sus miradas inquietas hacia las profundidades de los valles y las sinuosidades de las rocas. De pronto, en una curva, un enjambre de hombres armados apareci\u00f3 para interceptar su camino. Era una banda de canallas, que asolaba la comarca, cuya espantosa fama se extend\u00eda a lo lejos. Jos\u00e9 hab\u00eda detenido la montura de Mar\u00eda y rezaba al Se\u00f1or en silencio, pues toda resistencia era imposible. A lo sumo se pod\u00eda esperar salvar la vida. El jefe de los bandidos se separ\u00f3 de sus compa\u00f1eros y avanz\u00f3 hacia Jos\u00e9 para ver con qui\u00e9n ten\u00eda que v\u00e9rselas. La visi\u00f3n de aquel anciano sin brazos, de aquel ni\u00f1o durmiendo sobre el pecho de su madre, conmovi\u00f3 el coraz\u00f3n sanguinario del bandido. Lejos de desearles ning\u00fan mal, tendi\u00f3 la mano a Jos\u00e9, ofreci\u00e9ndole hospitalidad a \u00e9l y a su familia. Este l\u00edder se llamaba Dimas. La tradici\u00f3n cuenta que treinta a\u00f1os despu\u00e9s fue apresado por los soldados y condenado a ser crucificado. Fue puesto en la cruz del Calvario al lado de Jes\u00fas, y es el mismo que conocemos con el nombre del buen ladr\u00f3n.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo XIII. Llegada a Egipto &#8211; Prodigios ocurridos a su entrada en esta tierra &#8211; Aldea de Matari &#8211; Morada de la Sagrada Familia.<br><\/strong><em><em>Ecce ascendet Dominus super nubem levem et commovebuntur simulacra Aegypti.<\/em><\/em> (He aqu\u00ed que el Se\u00f1or ascender\u00e1 sobre una nube ligera y entrar\u00e1 en Egipto, y en su presencia se contorsionar\u00e1n los simulacros de Egipto. &#8211; Is. 19:1)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;En cuanto apareci\u00f3 el d\u00eda, los fugitivos, dando gracias a los bandidos que se hab\u00edan convertido en sus anfitriones, reanudaron su viaje lleno de peligros. Se dice que Mar\u00eda, al ponerse en camino, dijo estas palabras al jefe de aquellos bandidos: \u00abLo que has hecho por este ni\u00f1o, alg\u00fan d\u00eda te ser\u00e1 ricamente recompensado.\u00bb Tras pasar por Bel\u00e9n y Gaza, Jos\u00e9 y Mar\u00eda descendieron a Siria y, al encontrarse con una caravana que part\u00eda hacia Egipto, se unieron a ella. A partir de este momento y hasta el final de su viaje, no vieron ante s\u00ed m\u00e1s que un inmenso desierto de arena, cuya aridez s\u00f3lo se ve\u00eda interrumpida a intervalos raros por algunos oasis, es decir, algunas extensiones de tierra f\u00e9rtil y verde. Sus esfuerzos se redoblaron durante la carrera a trav\u00e9s de estas llanuras abrasadas por el sol. La comida era escasa y a menudo faltaba el agua. \u00a1Cu\u00e1ntas noches tuvo que retroceder Jos\u00e9, que era viejo y pobre, cuando intent\u00f3 acercarse al manantial en el que la caravana se hab\u00eda detenido para saciar su sed!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Finalmente, tras dos meses de penoso viaje, los viajeros entraron en Egipto. Seg\u00fan Sozomeno, desde el momento en que la Sagrada Familia toc\u00f3 esta antigua tierra, los \u00e1rboles bajaron sus ramas para adorar al Hijo de Dios; las bestias feroces acudieron all\u00ed, olvidando sus instintos; y los p\u00e1jaros cantaron a coro las alabanzas del Mes\u00edas. En efecto, si creemos lo que nos dicen autores fidedignos, todos los \u00eddolos de la provincia, al reconocer al vencedor del paganismo, se derrumbaron. As\u00ed se cumplieron literalmente las palabras del profeta Isa\u00edas cuando dijo: \u201cHe aqu\u00ed que el Se\u00f1or subir\u00e1 sobre una nube y entrar\u00e1 en Egipto, y en su presencia ser\u00e1n quebrantados los simulacros de Egipto\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9 y Mar\u00eda, deseosos de llegar pronto al final de su viaje, no hicieron sino pasar por Heli\u00f3polis, consagrada al culto del sol, para dirigirse a Matari, donde pensaban descansar de sus fatigas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matari es una hermosa aldea sombreada por sicomoros, a unas dos leguas de El Cairo, la capital de Egipto. All\u00ed pensaba Jos\u00e9 establecerse. Pero all\u00ed no terminaban sus problemas. Necesitaba buscar alojamiento. Los egipcios no eran nada hospitalarios, por lo que la sagrada familia se vio obligada a refugiarse durante unos d\u00edas en el tronco de un gran \u00e1rbol viejo. Finalmente, tras una larga b\u00fasqueda, Jos\u00e9 encontr\u00f3 una habitaci\u00f3n modesta y peque\u00f1a, en la que coloc\u00f3 a Jes\u00fas y a Mar\u00eda.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta casa, que a\u00fan puede verse en Egipto, era una especie de cueva, de seis metros de largo por cinco de ancho. Tampoco hab\u00eda ventanas; la luz ten\u00eda que penetrar por la puerta. Las paredes eran de una especie de arcilla negra y sucia, cuya antig\u00fcedad llevaba la huella de la miseria. A la derecha hab\u00eda una peque\u00f1a cisterna, de la que Jos\u00e9 sacaba agua para el servicio de la familia.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo XIV. Las penas. &#8211; Consolaci\u00f3n y fin del destierro.<br><\/strong><em><em>Cum ipso sum in tribulatione.<\/em><\/em> (Con \u00e9l estoy en la tribulaci\u00f3n. &#8211; Sal. 90:15)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Reci\u00e9n entrado en esta nueva morada, Jos\u00e9 reanud\u00f3 su trabajo ordinario. Empez\u00f3 a amueblar su casa; una mesita, unas sillas, un banco, todo obra de sus manos. Luego fue de puerta en puerta buscando trabajo para ganarse la vida para su peque\u00f1a familia. Sin duda experiment\u00f3 muchos rechazos y soport\u00f3 muchos desprecios humillantes. Era pobre y desconocido, y esto bast\u00f3 para que su trabajo fuera rechazado. A su vez, Mar\u00eda, mientras ten\u00eda mil cuidados para su Hijo, se entreg\u00f3 valientemente al trabajo, ocupando en \u00e9l una parte de la noche para compensar los peque\u00f1os e insuficientes ingresos de su marido. Sin embargo, en medio de sus penas, \u00a1cu\u00e1nto consuelo para Jos\u00e9! Trabajaba para Jes\u00fas, y el pan que com\u00eda el divino ni\u00f1o lo hab\u00eda comprado con el sudor de su frente. Y cuando regres\u00f3 al atardecer agotado y oprimido por el calor, Jes\u00fas sonri\u00f3 a su llegada y le acarici\u00f3 con sus peque\u00f1as manos. A menudo, con el precio de las privaciones que se impon\u00eda a s\u00ed mismo, Jos\u00e9 consegu\u00eda algunos ahorros, \u00a1qu\u00e9 alegr\u00eda sinti\u00f3 entonces al poder utilizarlos para endulzar la condici\u00f3n del ni\u00f1o divino! Ahora eran unos d\u00e1tiles, ahora unos juguetes adecuados a su edad, lo que el piadoso carpintero llevaba al Salvador de los hombres. \u00a1Oh, qu\u00e9 dulces eran entonces las emociones del buen anciano al contemplar el rostro radiante de Jes\u00fas! Cuando lleg\u00f3 el s\u00e1bado, d\u00eda de descanso y consagrado al Se\u00f1or, Jos\u00e9 tom\u00f3 al ni\u00f1o de la mano y gui\u00f3 sus primeros pasos con una solicitud verdaderamente paternal.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras tanto, muri\u00f3 el tirano que reinaba sobre Israel. Dios, cuyo brazo todopoderoso castiga siempre a los culpables, le hab\u00eda enviado una cruel enfermedad, que le condujo r\u00e1pidamente a la tumba. Traicionado por su propio hijo, comido vivo por los gusanos, Herodes hab\u00eda muerto, llevando consigo el odio de los jud\u00edos y la maldici\u00f3n de la posteridad.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo XV. La nueva anunciaci\u00f3n. &#8211; Regreso a Judea. &#8211; Tradici\u00f3n relatada por San Buenaventura.<br><\/strong><em><em>Ex Aegypto vocavi filium meum.<\/em><\/em> (Desde Egipto llam\u00e9 a mi hijo. &#8211; Os. 11:1)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hac\u00eda siete a\u00f1os que Jos\u00e9 estaba en Egipto, cuando el \u00c1ngel del Se\u00f1or, mensajero ordinario de la voluntad del Cielo, se le apareci\u00f3 de nuevo durante el sue\u00f1o y le dijo: \u201cLev\u00e1ntate, aparta de ti al ni\u00f1o y a su madre, y vuelve a la tierra de Israel, pues ya no est\u00e1n los que buscaban al ni\u00f1o para darle muerte\u201d. Siempre dispuesto a la voz de Dios, Jos\u00e9 vendi\u00f3 su casa y sus muebles, y lo orden\u00f3 todo para partir. En vano los egipcios, extasiados por la bondad de Jos\u00e9 y la dulzura de Mar\u00eda, hicieron fervientes s\u00faplicas para retenerle. En vano le prometieron abundancia de todo lo necesario para la vida, Jos\u00e9 se mostr\u00f3 inflexible. Los recuerdos de su infancia, los amigos que ten\u00eda en Judea, la atm\u00f3sfera pura de su patria, hablaban mucho m\u00e1s a su coraz\u00f3n que la belleza de Egipto. Adem\u00e1s, Dios hab\u00eda hablado, y no hac\u00eda falta nada m\u00e1s para decidir a Jos\u00e9 a regresar a la tierra de sus antepasados.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos historiadores opinan que la Sagrada Familia hizo parte del viaje por mar, porque les llevaba menos tiempo, y ten\u00edan un gran deseo de volver a ver pronto su patria. En cuanto desembarcaron en Ascalonia, Jos\u00e9 se enter\u00f3 de que Arquelao hab\u00eda sucedido en el trono a su padre Herodes. Esto supuso una nueva fuente de ansiedad para Jos\u00e9. El \u00e1ngel no le hab\u00eda dicho en qu\u00e9 parte de Judea deb\u00eda establecerse. \u00bfDeb\u00eda hacerlo en Jerusal\u00e9n, en Galilea o en Samar\u00eda? Jos\u00e9, lleno de ansiedad, rog\u00f3 al Se\u00f1or que le enviara a su mensajero celestial durante la noche. El \u00e1ngel le orden\u00f3 que huyera de Arquelao y se retirara a Galilea. Entonces Jos\u00e9 ya no tuvo nada que temer y tom\u00f3 tranquilamente el camino de Nazaret, que hab\u00eda abandonado siete a\u00f1os antes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Que nuestros devotos lectores no se apenen al o\u00edr del ser\u00e1fico Doctor San Buenaventura sobre este punto de la historia: \u201cEstaban en el acto de partir: y Jos\u00e9 fue primero con los hombres, y su madre vino con las mujeres (que hab\u00edan venido como amigas de la sagrada familia para acompa\u00f1arles un poco). Cuando salieron por la puerta, Jos\u00e9 hizo retroceder a los hombres y no les permiti\u00f3 que le acompa\u00f1aran m\u00e1s. Entonces uno de los hombres buenos, compadeci\u00e9ndose de la pobreza de aquellos hombres, llam\u00f3 al Ni\u00f1o y le dio algo de dinero para los gastos. El Ni\u00f1o se avergonz\u00f3 de recibirlos; pero, por amor a la pobreza, extendi\u00f3 la mano y recibi\u00f3 el dinero con verg\u00fcenza y le dio las gracias. Y as\u00ed lo hicieron m\u00e1s personas. Aquellas honorables matronas volvieron a llamarle e hicieron lo mismo; la madre no estaba menos avergonzada que el ni\u00f1o, pero, no obstante, les dio humildemente las gracias\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras despedirse de aquella cordial compa\u00f1\u00eda y renovar sus agradecimientos y saludos, la sagrada familia volvi\u00f3 sus pasos hacia Judea.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo XVI. Llegada de Jos\u00e9 a Nazaret. &#8211; Vida dom\u00e9stica con Jes\u00fas y Mar\u00eda.<br><\/strong><em><em>Constituit eum dominum domus suae.<\/em><\/em> (Le constituy\u00f3 se\u00f1or de su casa. &#8211; Sal. 104,20)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por fin hab\u00edan terminado los d\u00edas del exilio. Jos\u00e9 pod\u00eda volver a ver su a\u00f1orada tierra natal, que le tra\u00eda los recuerdos m\u00e1s entra\u00f1ables. Habr\u00eda que amar a la propia patria como la amaban entonces los jud\u00edos, para comprender las dulces impresiones que llenaban el alma de Jos\u00e9 cuando aparec\u00eda a lo lejos la vista de Nazaret. El humilde patriarca aceler\u00f3 el paso de la cabalgadura de Mar\u00eda, y pronto llegaron a las estrechas calles de su querida ciudad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los nazarenos, que ignoraban la causa de la partida del piadoso obrero, vieron su regreso con alegr\u00eda. Los cabezas de familia acudieron a dar la bienvenida a Jos\u00e9 y a estrechar la mano del anciano, cuya cabeza estaba vuelta lejos de su patria. Las hijas saludaron a la humilde Virgen, cuya gracia aumentaba a\u00fan m\u00e1s por los cuidados con que rodeaba a su divino hijo. El amado Jes\u00fas vio a los muchachos de su edad que acud\u00edan a \u00e9l y, por primera vez, oy\u00f3 la lengua de sus antepasados en lugar de la amarga lengua del exilio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el tiempo y la negligencia hab\u00edan reducido la pobre morada de Jos\u00e9 a un mal estado. La hierba salvaje hab\u00eda crecido sobre las paredes, y la polilla se hab\u00eda apoderado de los viejos muebles de la sagrada familia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se vendi\u00f3 parte del terreno que rodeaba la casa, y con su precio se compraron los enseres dom\u00e9sticos m\u00e1s necesarios. Los escasos recursos de la pareja se emplearon en las compras m\u00e1s indispensables. A Jos\u00e9 s\u00f3lo le quedaban su taller y sus armas. Pero la estima que todos sent\u00edan por el santo var\u00f3n, la confianza que la gente ten\u00eda tanto en su buena fe como en su capacidad, hicieron que poco a poco volvieran a \u00e9l el trabajo y los mecenas; y el valeroso carpintero no tard\u00f3 en reanudar su trabajo habitual. Hab\u00eda envejecido en sus trabajos, pero su brazo segu\u00eda siendo fuerte, y su ardor a\u00fan aumentaba despu\u00e9s de que le hubieran encargado alimentar al Salvador de la humanidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jes\u00fas crec\u00eda en edad y sabidur\u00eda. Del mismo modo que Jos\u00e9 hab\u00eda guiado sus primeros pasos, cuando a\u00fan era un ni\u00f1o peque\u00f1o, tambi\u00e9n dio a Jes\u00fas su primer conocimiento del trabajo. Sostuvo su manita y la dirigi\u00f3 para ense\u00f1arle a trazar l\u00edneas y a manejar el plano. Ense\u00f1\u00f3 a Jes\u00fas las dificultades y la pr\u00e1ctica del oficio. \u00a1Y el Creador del mundo se dej\u00f3 guiar por su fiel servidor, al que hab\u00eda elegido por padre!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9, que era asiduo en los oficios del santo templo, como diligente en los deberes de su trabajo, observaba estrictamente la ley de Mois\u00e9s y la religi\u00f3n de sus antepasados. Por eso nunca se le ve\u00eda trabajando en un d\u00eda festivo, pues hab\u00eda comprendido que ni un solo d\u00eda a la semana es demasiado para rezar al Se\u00f1or y agradecerle sus favores. Cada a\u00f1o, en las tres grandes fiestas jud\u00edas, las de Pascua, Pentecost\u00e9s y Tabern\u00e1culos, acud\u00eda al templo de Jerusal\u00e9n en compa\u00f1\u00eda de Mar\u00eda. De ordinario dejaba a Jes\u00fas en Nazaret, que habr\u00eda estado excesivamente cansado por el largo viaje; y siempre sol\u00eda rogar a uno de sus vecinos que se hiciera cargo del ni\u00f1o en ausencia de sus padres.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo XVII. Jes\u00fas va con Mar\u00eda, su madre, y San Jos\u00e9 a celebrar la Pascua en Jerusal\u00e9n. &#8211; Se pierde y lo encuentran al cabo de tres d\u00edas.<br><\/strong><em>Fili, quid fecisti nobis sic? Ecce pater tuus et ego dolentes quaerebamus te. Quid est quod me quaerebatis? Nesciebatis quia in his quae Patris mei sunt oportet me esse? <\/em>(Hijo, \u00bfpor qu\u00e9 nos has hecho esto? He aqu\u00ed que tu padre y yo, afligidos, fuimos en tu busca; [y \u00e9l les dijo] \u00bfPor qu\u00e9 me buscabais? \u00bfNo sab\u00edais que en las cosas de mi Padre deb\u00eda estar ocupado? &#8211; Lc. 2:48-49)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando Jes\u00fas cumpli\u00f3 doce a\u00f1os y se acercaba la fiesta de Pascua, Jos\u00e9 y Mar\u00eda lo juzgaron lo bastante fuerte para soportar el viaje y lo llevaron con ellos a Jerusal\u00e9n. Permanecieron unos siete d\u00edas en la ciudad santa para celebrar la Pascua y realizar los sacrificios ordenados por la ley.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando terminaron las fiestas pascuales, emprendieron el camino de regreso a Nazaret en medio de sus parientes y amigos. La caravana era muy numerosa. En la sencillez de sus costumbres, las familias de un mismo pueblo o aldea regresaban a sus casas en alegres brigadas, en las que los ancianos hablaban animadamente con los ancianos, las mujeres con las mujeres, mientras los ni\u00f1os corr\u00edan y jugaban juntos por el camino. As\u00ed que Jos\u00e9, al no ver a Jes\u00fas cerca de s\u00ed, lo crey\u00f3, como era natural, con su madre o con los muchachos de su edad. Mar\u00eda tambi\u00e9n caminaba entre sus compa\u00f1eras, igualmente convencida de que el ni\u00f1o segu\u00eda a los dem\u00e1s. Al atardecer, la caravana se detuvo en la peque\u00f1a ciudad de Machmas para pasar la noche. Jos\u00e9 vino a buscar a Mar\u00eda; pero \u00bfcu\u00e1l no fue su sorpresa y su pena cuando se preguntaron mutuamente d\u00f3nde estaba Jes\u00fas? Ni uno ni otro le hab\u00edan visto despu\u00e9s de salir del templo; los muchachos, por su parte, no pod\u00edan dar noticias suyas. No estaba con ellos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Inmediatamente, Jos\u00e9 y Mar\u00eda, a pesar de su cansancio, se pusieron de nuevo en camino hacia Jerusal\u00e9n. P\u00e1lidos e inquietos, recorrieron el camino que ya hab\u00edan recorrido aquel mismo d\u00eda. Los alrededores resonaban con sus gritos de duelo; Jos\u00e9 llamaba a Jes\u00fas, pero \u00e9ste no respond\u00eda. Al amanecer llegaron a Jerusal\u00e9n, donde, seg\u00fan dice el Evangelio, pasaron tres d\u00edas enteros buscando a su hijo amado. \u00a1Cu\u00e1nto le doli\u00f3 el coraz\u00f3n a Jos\u00e9! \u00a1Y cu\u00e1nto tuvo que reprocharse un momento de distracci\u00f3n! Finalmente, hacia el final del tercer d\u00eda, estos padres desolados entraron en el templo, m\u00e1s bien para invocar la luz de lo alto que con la esperanza de encontrar all\u00ed a Jes\u00fas. Pero \u00a1cu\u00e1l fue su sorpresa y admiraci\u00f3n al ver al ni\u00f1o divino en medio de los doctores maravillados por la sabidur\u00eda de sus discursos, las preguntas y las respuestas que les daba! Mar\u00eda, llena de alegr\u00eda porque hab\u00eda encontrado a su hijo, no pudo, sin embargo, abstenerse de expresarle la inquietud que la aflig\u00eda: \u201cHijo m\u00edo -le dijo-, \u00bfpor qu\u00e9 nos has hecho esto? hace tres d\u00edas que te buscamos con dolor\u201d. &#8211; Jes\u00fas respondi\u00f3: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 me buscabais as\u00ed? \u00bfNo sab\u00edais que es asunto m\u00edo ocuparme de lo que concierne a mi padre?\u201d El evangelio a\u00f1ade que Jos\u00e9 y Mar\u00eda no comprendieron inmediatamente esta respuesta. Afortunados por haber encontrado a Jes\u00fas, volvieron tranquilamente a su peque\u00f1o hogar de Nazaret.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo XVIII. Continuaci\u00f3n de la vida dom\u00e9stica de la sagrada familia.<br><\/strong><em>Et erat subditus illis.<\/em> (Y Jes\u00fas les fue obediente. &#8211; Lc. 2,51)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El santo Evangelio, despu\u00e9s de relatar los rasgos principales de la vida de Jes\u00fas hasta los doce a\u00f1os, concluye en este punto toda la vida privada de Jes\u00fas hasta los treinta a\u00f1os con estas breves palabras: \u201cJes\u00fas era obediente a Mar\u00eda y a Jos\u00e9<em>, et erat subditus illis<\/em>\u201d. Estas palabras, aunque ocultan a nuestros ojos la gloria de Jes\u00fas, revelan en un aspecto magn\u00edfico la grandeza de Jos\u00e9. Si el educador de un pr\u00edncipe ocupa una honrosa dignidad en el Estado, \u00a1cu\u00e1l deb\u00eda ser la dignidad de Jos\u00e9, mientras se le confiaba la educaci\u00f3n del Hijo de Dios! Jes\u00fas, cuya fuerza hab\u00eda crecido con los a\u00f1os, se convirti\u00f3 en alumno de Jos\u00e9. Le sigui\u00f3 en sus d\u00edas de trabajo, y bajo su direcci\u00f3n aprendi\u00f3 el oficio de carpintero. San Cipriano, obispo de Cartago, escribi\u00f3 hacia el a\u00f1o 250 de la era cristiana que a\u00fan se conservaban con veneraci\u00f3n los arados hechos por la mano del Salvador. Fue sin duda Jos\u00e9 quien hab\u00eda proporcionado el modelo y quien hab\u00eda dirigido la mano del Creador de todas las cosas en su taller.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jes\u00fas quiso dar a los hombres el ejemplo de la obediencia incluso en las m\u00e1s peque\u00f1as circunstancias de la vida. As\u00ed, cerca de Nazaret a\u00fan puede verse un pozo, donde Jos\u00e9 envi\u00f3 al divino ni\u00f1o a sacar agua para las necesidades de la familia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos faltan detalles sobre estos laboriosos a\u00f1os que Jos\u00e9 pas\u00f3 en Nazaret con Jes\u00fas y Mar\u00eda. Lo que podemos decir sin temor a equivocarnos es que Jos\u00e9 trabaj\u00f3 incansablemente para ganarse el pan. La \u00fanica distracci\u00f3n que se permit\u00eda era conversar bien y a menudo con el Salvador, cuyas palabras quedaron profundamente grabadas en su coraz\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A los ojos de los hombres, Jes\u00fas pas\u00f3 por hijo de Jos\u00e9. Y \u00e9ste, cuya humildad era tan grande como su obediencia, guardaba en s\u00ed mismo el misterio que estaba encargado de proteger con su presencia. \u201cJos\u00e9\u201d, dice Bossuet, \u201cvio a Jes\u00fas y guard\u00f3 silencio; lo sabore\u00f3 y no habl\u00f3 de \u00e9l; se content\u00f3 s\u00f3lo con Dios sin compartir su gloria con los hombres. Cumpli\u00f3 su vocaci\u00f3n, pues as\u00ed como los ap\u00f3stoles fueron ministros del Jesucristo conocido, Jos\u00e9 fue ministro y compa\u00f1ero de su vida oculta\u201d.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo XIX. \u00daltimos d\u00edas de San Jos\u00e9. Su preciosa agon\u00eda.<br><\/strong><em>\u00a1O nimis felix, nimis o beatus Cuius extremam vigiles ad horam Christus et Virgo simul astiterunt Ore sereno!<\/em> (Oh alma piadosa bendita o feliz que, de tu destierro en el \u00faltimo momento, gozaste al lado de Jes\u00fas y Mar\u00eda la bella semblanza. &#8211; de San Jos\u00e9).<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9 estaba llegando a los ochenta a\u00f1os, y Jes\u00fas no tardar\u00eda en salir de su casa para recibir el bautismo de manos de Juan el Bautista, cuando Dios llam\u00f3 a s\u00ed a su fiel siervo. Trabajos y fatigas de todo tipo hab\u00edan desgastado el robusto estado de \u00e1nimo de Jos\u00e9, y \u00e9l mismo sent\u00eda que su fin estaba cerca. Despu\u00e9s de todo, su misi\u00f3n en la tierra hab\u00eda terminado; y era justo que recibiera al fin la recompensa que merec\u00edan sus virtudes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por un favor muy especial, un \u00e1ngel vino a advertirle de la proximidad de su muerte. Estaba preparado para comparecer ante Dios. Toda su vida no hab\u00eda sido m\u00e1s que una serie de actos de obediencia a la voluntad divina y poco le importaba la vida, pues se trataba de obedecer a Dios, que le llamaba a la vida bienaventurada. Seg\u00fan el testimonio un\u00e1nime de la tradici\u00f3n, Jos\u00e9 no muri\u00f3 en el sufrimiento agudo de la enfermedad. Muri\u00f3 suavemente, como una llama a la que le ha faltado el alimento.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yaciendo en su lecho de muerte, con Jes\u00fas y Mar\u00eda a su lado, Jos\u00e9 qued\u00f3 extasiado durante veinticuatro horas. Sus ojos vieron entonces con claridad las verdades que su fe hab\u00eda cre\u00eddo hasta entonces sin comprender. Penetr\u00f3 en el misterio de Dios hecho hombre y en la grandeza de la misi\u00f3n que Dios le hab\u00eda confiado a \u00e9l, un pobre mortal. Presenci\u00f3 en esp\u00edritu los dolores de la pasi\u00f3n del Salvador. Cuando despert\u00f3, su rostro estaba iluminado y como transfigurado por una belleza totalmente celestial. Un delicioso perfume llenaba la habitaci\u00f3n en la que yac\u00eda y se esparc\u00eda tambi\u00e9n fuera, anunciando as\u00ed a los vecinos del santo var\u00f3n que su alma pura y bella estaba a punto de pasar a un mundo mejor.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En una familia de almas pobres y sencillas que se aman con ese amor puro y cordial que dif\u00edcilmente se encuentra en el seno de la grandeza y la abundancia, cuando estas personas disfrutaron de los a\u00f1os de peregrinaci\u00f3n en santa uni\u00f3n, y que, al igual que compart\u00edan las alegr\u00edas dom\u00e9sticas, compart\u00edan las penas santificadas por el consuelo religioso, si ocurriera que esta hermosa paz se viera oscurecida por la separaci\u00f3n de un miembro querido, \u00a1oh cu\u00e1n angustiado se siente entonces el coraz\u00f3n al separarse!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jes\u00fas tuvo como Dios a un padre en el cielo que le comunic\u00f3 su sustancia y naturaleza divinas desde toda la eternidad, haciendo eterna la gloria celestial de su persona en la tierra (aunque velada por los restos mortales); Mar\u00eda tuvo a Jes\u00fas en la tierra que llen\u00f3 su coraz\u00f3n de para\u00edso. Sin embargo, \u00bfqui\u00e9n negar\u00eda que Jes\u00fas y Mar\u00eda, estando ahora cerca del Patriarca moribundo y dejando incluso la ternura de sus corazones a merced de la naturaleza, no sufrieron por tener que separarse temporalmente de su fiel compa\u00f1ero en la tierra? Mar\u00eda no pod\u00eda olvidar los sacrificios, los dolores, las penalidades, que Jos\u00e9 hab\u00eda tenido que sufrir por ella en los penosos viajes a Bel\u00e9n y a Egipto. Es cierto que Jos\u00e9, al estar continuamente en su compa\u00f1\u00eda, se ve\u00eda compensado por lo que sufr\u00eda, pero si esto era un argumento de consuelo para la una, no era una raz\u00f3n que dispensara al tierno coraz\u00f3n de la otra de un sentimiento de gratitud. Jos\u00e9 la hab\u00eda servido no s\u00f3lo con todo el afecto de un esposo, sino tambi\u00e9n con toda la fidelidad de un siervo y la humildad de un disc\u00edpulo, venerando en ella a la Reina del cielo, a la Madre de Dios. Ahora bien, ciertamente Mar\u00eda no hab\u00eda pasado por alto tantas muestras de veneraci\u00f3n, obediencia y estima, y no pod\u00eda dejar de sentir una profunda y muy verdadera gratitud hacia Jos\u00e9.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y Jes\u00fas, que en cuestiones de amor ciertamente no deb\u00eda ser inferior a ninguno de los dos, puesto que hab\u00eda dispuesto en los decretos de su divina Providencia que Jos\u00e9 fuera su guardi\u00e1n y protector en la tierra, puesto que esta protecci\u00f3n tambi\u00e9n hab\u00eda tenido que costarle a Jos\u00e9 tantos sufrimientos y trabajos, tambi\u00e9n Jes\u00fas debi\u00f3 de sentir en su coraz\u00f3n m\u00e1s amoroso los m\u00e1s dulces sentimientos de agradecido recuerdo. Al contemplar aquellos escasos brazos dispuestos en cruz sobre su fatigado pecho, record\u00f3 cu\u00e1ntas veces se hab\u00edan abierto para estrecharlo contra su pecho cuando se lamentaba en Bel\u00e9n, c\u00f3mo se hab\u00edan afanado para llevarlo a Egipto, c\u00f3mo se hab\u00edan agotado en el trabajo para guardarle el pan de la vida. Cu\u00e1ntas veces aquellos labios queridos se hab\u00edan acercado reverentes para imprimirle besos amorosos o para calentar sus miembros resecos en invierno; y aquellos ojos, que entonces estaban a punto de cerrarse a la luz del d\u00eda, cu\u00e1ntas veces se hab\u00edan abierto al llanto, honrando los sufrimientos de \u00c9l y de Mar\u00eda, cuando tuvo que contemplarlo huyendo a Egipto, pero sobre todo cuando durante tres d\u00edas lo llor\u00f3 perdido en Jerusal\u00e9n. Sin duda, estas muestras de amor inquebrantable no fueron olvidadas por Jes\u00fas en aquellos \u00faltimos momentos de la vida de Jos\u00e9. Por eso imagino que Mar\u00eda y Jes\u00fas, en la difusi\u00f3n del para\u00edso en aquellas \u00faltimas horas de la vida de Jos\u00e9, tambi\u00e9n habr\u00e1n honrado, como sobre la tumba de su amigo L\u00e1zaro, con el derramamiento de las l\u00e1grimas m\u00e1s puras, aquella \u00faltima despedida solemne. \u00a1Oh s\u00ed, Jos\u00e9 ten\u00eda el para\u00edso ante sus ojos! Volvi\u00f3 su mirada a un lado y vio la aparici\u00f3n de Mar\u00eda, y sostuvo sus sant\u00edsimas manos entre las suyas, y recibi\u00f3 sus \u00faltimos cuidados, y oy\u00f3 sus palabras de consuelo. Volvi\u00f3 los ojos hacia el otro lado y se encontr\u00f3 con la mirada majestuosa y todopoderosa de Jes\u00fas, y sinti\u00f3 sus manos divinas sosteniendo su cabeza, y enjugando sus sudores, y recogiendo de sus labios consuelos, acciones de gracias, bendiciones y promesas. Y me parece que Mar\u00eda dec\u00eda: \u201cJos\u00e9, nos dejas; has terminado la peregrinaci\u00f3n del destierro, me preceder\u00e1s en tu paz, descendiendo primero al seno de nuestro padre Abraham; \u00a1oh Jos\u00e9, cu\u00e1nto te agradezco la dulce compa\u00f1\u00eda que me has hecho, los buenos ejemplos que me has dado, el cuidado que has tenido de m\u00ed y de mis cosas y los dolores m\u00e1s penosos que has sufrido por mi causa! oh, me dejas, pero vivir\u00e1s siempre en mi recuerdo y en mi coraz\u00f3n. Ten buen \u00e1nimo, oh Jos\u00e9, <em>quoniam appropinquat redemptio nostra<\/em>\u201d. Y me parece que Jes\u00fas dijo: \u201cJos\u00e9 m\u00edo, t\u00fa mueres, pero yo tambi\u00e9n morir\u00e9, y si yo muero debes estimar la muerte y amarla como una recompensa. Corto es, oh Jos\u00e9, el tiempo de la oscuridad y de la espera. D\u00edselo a Abraham y a Isaac, que ansiaban verme y no fueron dignos; d\u00edselo a los que han esperado muchos a\u00f1os mi venida en esa oscuridad, y h\u00e1blales de la liberaci\u00f3n venidera; d\u00edselo a No\u00e9, a Jos\u00e9, a David, a Judit, a Jerem\u00edas, a Ezequiel, a todos esos Padres que deben esperar tres a\u00f1os m\u00e1s, y entonces se consumir\u00e1n la Hueste y el Sacrificio y se borrar\u00e1 la iniquidad del mundo. Mientras tanto, despu\u00e9s de este breve tiempo, resucitar\u00e1s gloriosa y hermosa, y conmigo, m\u00e1s gloriosa y m\u00e1s hermosa, te alzar\u00e1s en la embriaguez del triunfo. Al\u00e9grate, querido guardi\u00e1n de mi vida, fuiste bueno y generoso conmigo, pero nadie puede ganarme con la gratitud\u201d. La santa Iglesia expresa las amorosas \u00faltimas atenciones de Jes\u00fas y Mar\u00eda hacia san Jos\u00e9 con estas palabras: \u201c<em>Cuius extremas vigiles ad horas Christus et Mater simul astiterunt ore sereno<\/em>\u201d. En las \u00faltimas horas de San Jos\u00e9, con semblante sereno, Jes\u00fas y Mar\u00eda asistieron con la m\u00e1s amorosa vigilancia.<\/p>\n\n\n\n<p><br><em><a href=\"..\/es\/nuestros-santos\/vida-de-san-jose-esposo-de-maria-santisima-padre-adoptivo-de-jesucristo-3-3\">(continuaci\u00f3n)<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(continuaci\u00f3n del art\u00edculo anterior) Cap\u00edtulo IX. La Circuncisi\u00f3n.Et vocavit nomen eius Iesum. 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