{"id":26747,"date":"2024-03-09T15:59:59","date_gmt":"2024-03-09T15:59:59","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=26747"},"modified":"2024-05-02T07:08:07","modified_gmt":"2024-05-02T07:08:07","slug":"vida-de-san-jose-esposo-de-maria-santisima-padre-adoptivo-de-jesucristo-1-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/vida-de-san-jose-esposo-de-maria-santisima-padre-adoptivo-de-jesucristo-1-3\/","title":{"rendered":"Vida de San Jos\u00e9, esposo de Mar\u00eda Sant\u00edsima, padre adoptivo de Jesucristo (1\/3)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><em>San Jos\u00e9 es patrono de la Iglesia y tambi\u00e9n copatrono de la Congregaci\u00f3n Salesiana. Desde el principio, Don Bosco quiso asociarlo como protector de la naciente obra en favor de los j\u00f3venes. Seguro de su poderosa intercesi\u00f3n, quiso difundir su culto y escribi\u00f3 para ello una vida, m\u00e1s para instruir que para meditar, que deseamos presentar a continuaci\u00f3n.<br><\/em><\/em><br><br><strong>Prefacio<br><br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un momento en que la devoci\u00f3n al glorioso padre adoptivo de Jes\u00fas, San Jos\u00e9, parece ser tan universal, creemos que no estar\u00eda de m\u00e1s que nuestros lectores publicaran hoy un dossier sobre la vida de este santo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las dificultades encontradas para encontrar los hechos particulares de la vida de este santo en los escritos antiguos tampoco deben disminuir en lo m\u00e1s m\u00ednimo nuestra estima y veneraci\u00f3n por \u00e9l; al contrario, en el silencio tan sagrado del que est\u00e1 rodeada su vida encontramos algo misterioso y grandioso. San Jos\u00e9 hab\u00eda recibido de Dios una misi\u00f3n totalmente opuesta a la de los ap\u00f3stoles (Bossuet). Estos \u00faltimos deb\u00edan dar a conocer a Jes\u00fas; Jos\u00e9 deb\u00eda mantenerlo oculto; ellos deb\u00edan ser antorchas que lo mostraran al mundo, \u00e9ste un velo que lo cubriera. As\u00ed pues, Jos\u00e9 no era para s\u00ed mismo, sino para Jesucristo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por tanto, estaba en la econom\u00eda de la Divina Providencia que San Jos\u00e9 se mantuviera oculto mostrando s\u00f3lo lo necesario para autentificar la legitimidad del matrimonio con Mar\u00eda, y para despejar toda sospecha sobre la filiaci\u00f3n de Jes\u00fas. Pero, aunque no podamos penetrar en el Santuario del Coraz\u00f3n de Jos\u00e9 y admirar las maravillas que Dios obr\u00f3 all\u00ed, sostenemos, sin embargo, que para gloria de su divino protegido, para gloria de su esposa celestial, Jos\u00e9 tuvo que reunir en s\u00ed mismo un c\u00famulo de gracias y dones celestiales.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Puesto que la verdadera perfecci\u00f3n cristiana consiste en aparecer tan grande ante Dios como el m\u00e1s peque\u00f1o ante los hombres, San Jos\u00e9, que pas\u00f3 su vida en la m\u00e1s humilde oscuridad, es capaz de proporcionar el modelo de aquellas virtudes que son como la flor de la santidad, la santidad interior, de modo que lo que David escribi\u00f3 de la sagrada esposa puede decirse muy bien de San Jos\u00e9: Omnis gloria eius filia Regis ab intus (<em>toda resplandeciente esta hija de reyes en el interior <\/em>(Sal 44,14).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S. Jos\u00e9 es universalmente reconocido e invocado como protector de los moribundos, y ello por tres razones: 1<sup>ro<\/sup> por el imperio amoroso que adquiri\u00f3 sobre el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, juez de vivos y muertos y su hijo adoptivo; 2<sup>do<\/sup> por el extraordinario poder que Jesucristo le confiri\u00f3 para vencer a los demonios que asaltan a los moribundos, y ello en recompensa por haberle salvado el santo una vez de las asechanzas de Herodes; 3<sup>ro<\/sup> por el sublime honor de que goz\u00f3 Jos\u00e9 al ser asistido en el punto de la muerte por Jes\u00fas y Mar\u00eda. \u00bfQu\u00e9 nueva raz\u00f3n importante hay para que nos inflamemos en su devoci\u00f3n?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Deseosos, pues, de proporcionar a nuestros lectores los rasgos principales de la vida de San Jos\u00e9, hemos buscado entre las obras ya publicadas algunas que sirvieran a este fin. Muchas de ellas se publican desde hace algunos a\u00f1os, pero, bien porque eran demasiado voluminosas o demasiado ajenas en su sublimidad al estilo popular, bien porque carec\u00edan de datos hist\u00f3ricos y estaban escritas con el objetivo de servir de meditaci\u00f3n m\u00e1s que de instrucci\u00f3n, no se adaptaban a nuestro prop\u00f3sito. Aqu\u00ed, por tanto, hemos recogido del Evangelio y de algunos de los autores m\u00e1s acreditados la informaci\u00f3n principal sobre la vida de este santo, con algunas reflexiones apropiadas de los santos Padres.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La veracidad de la narraci\u00f3n, la sencillez del estilo y la autenticidad de la informaci\u00f3n har\u00e1n, esperamos, agradable este leve esfuerzo. Si la lectura de este op\u00fasculo sirve para procurar al casto esposo de Mar\u00eda, aunque s\u00f3lo sea un devoto m\u00e1s, ya nos sentiremos abundantemente satisfechos.<br><br><strong>Cap\u00edtulo I. Nacimiento de San Jos\u00e9. Su lugar de origen.<br><\/strong><em>Ioseph, autem, vir eius cum esset iustus (Jos\u00e9, su esposo siendo justo. &#8211; Mt. 1,19)<\/em><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A unas dos leguas [9,7 km] de Jerusal\u00e9n, en la cima de una colina, cuyo suelo rojizo est\u00e1 sembrado de olivares, se levanta una peque\u00f1a ciudad famosa desde siempre por el nacimiento del ni\u00f1o Jes\u00fas, la ciudad de Bel\u00e9n, de la que tom\u00f3 su origen la familia de David. En esta peque\u00f1a ciudad, hacia el a\u00f1o del mundo 3950, naci\u00f3 aquel que, seg\u00fan los elevados designios de Dios, iba a convertirse en el guardi\u00e1n de la virginidad de Mar\u00eda y en el padre adapotivo del Salvador de la humanidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus padres le dieron el nombre de Jos\u00e9, que significa <em>aumento<\/em>, como para dar a entender que fue aumentado con los dones de Dios y colmado pr\u00f3digamente de todas las virtudes desde su nacimiento.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos evangelistas nos transmitieron la genealog\u00eda de Jos\u00e9. Su padre se llamaba Jacob, seg\u00fan san Mateo (Mt 1,16), y seg\u00fan san Lucas se llamaba El\u00ed (Lc 3,23); pero la opini\u00f3n m\u00e1s com\u00fan y m\u00e1s antigua es la que nos ha transmitido Julio Africano, que escribi\u00f3 a finales del siglo II de la era cristiana. Fiel a lo que le contaron los propios parientes del Salvador, nos dice que Jacob y El\u00ed eran hermanos y que, habiendo muerto El\u00ed sin descendencia, Jacob se cas\u00f3 con su viuda, como prescrib\u00eda la ley de Mois\u00e9s, y de este matrimonio naci\u00f3 Jos\u00e9.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del linaje real de David, descendiente de Zorobabel, que trajo de vuelta al pueblo de Dios del cautiverio de Babilonia, los padres de Jos\u00e9 hab\u00edan ca\u00eddo muy lejos del antiguo esplendor de sus antepasados en cuanto a riqueza temporal. Seg\u00fan la tradici\u00f3n, su padre era un pobre jornalero que se ganaba el sustento diario con el sudor de su frente. Pero Dios, que no admira la gloria que se disfruta ante los hombres, sino el m\u00e9rito de la virtud ante sus propios ojos, le eligi\u00f3 para ser el guardi\u00e1n del Verbo descendido sobre la tierra. Adem\u00e1s, la profesi\u00f3n de artesano, que en s\u00ed misma no tiene nada de abyecta, gozaba de gran honor en el pueblo de Israel. En efecto, todo israelita era artesano, porque todo padre de familia, cualquiera que fuera su fortuna y la altura de su rango, estaba obligado a hacer que su hijo aprendiera un oficio, a menos que, seg\u00fan la ley, quisiera convertirse en un ladr\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Poco sabemos de la infancia y juventud de Jos\u00e9. De la misma manera que el nativo, para encontrar el oro con el cual debe forjar su fortuna, se ve obligado a lavar la arena del r\u00edo para extraer de ella el metal precioso que s\u00f3lo se encuentra en part\u00edculas muy peque\u00f1as, as\u00ed nosotros estamos obligados a buscar en el Evangelio esas pocas palabras que el Esp\u00edritu Santo dej\u00f3 esparcidas aqu\u00ed y all\u00e1 sobre Jos\u00e9. Pero como el nativo al lavar su oro le da todo su esplendor, as\u00ed al reflexionar sobre las palabras del Evangelio encontramos apropiado para San Jos\u00e9 el elogio m\u00e1s hermoso que se puede hacer de una criatura. El libro sagrado se contenta con decirnos que era un hombre justo. \u00a1Oh admirable palabra que por s\u00ed sola expresa mucho m\u00e1s que discursos enteros! Jos\u00e9 era un hombre justo, y gracia a esta justicia deb\u00eda ser juzgado digno del sublime ministerio del padre adoptivo de Jes\u00fas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus piadosos padres se preocuparon de educarlo en la pr\u00e1ctica austera de los deberes de la religi\u00f3n jud\u00eda. Sabiendo cu\u00e1nto influye la educaci\u00f3n temprana en el futuro de los ni\u00f1os, se esforzaron por hacerle amar y practicar la virtud tan pronto como su joven inteligencia fue capaz de apreciarla. Adem\u00e1s, si es cierto que la belleza moral se refleja en el exterior, bastaba echar un vistazo a la querida persona de Jos\u00e9 para leer en sus rasgos el candor de su alma. Seg\u00fan autorizados escritores, su rostro, su frente, sus ojos, todo su cuerpo exudaban la m\u00e1s dulce pureza y le hac\u00edan asemejarse a un \u00e1ngel descendido de la tierra.<br><br>(\u201c<em>Hab\u00eda en Jos\u00e9 una modestia exaltada, un pudor, una prudencia suprema, era excelente en la piedad hacia Dios y resplandec\u00eda con una maravillosa belleza de cuerpo<\/em>\u201d. Eusebio de Cesarea, lib. 7 <em>De praep. Evang. apud Engelgr. in Serm<\/em>. s. Joseph).<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo II. Juventud de Jos\u00e9 &#8211; Traslado a Jerusal\u00e9n &#8211; Voto de castidad.<br><\/strong><em>Bonum est viro cum portaverit iugum ab adolescentia sua<\/em>. (<em>Es bueno para un hombre llevar el yugo desde su adolescencia. &#8211; Lam. 3,27<\/em>)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Apenas sus fuerzas se lo permitieron, Jos\u00e9 ayud\u00f3 a su padre en el trabajo. Aprendi\u00f3 el oficio de carpintero, que, seg\u00fan la tradici\u00f3n, era tambi\u00e9n el oficio de su padre. \u00a1Cu\u00e1nta aplicaci\u00f3n, cu\u00e1nta docilidad tuvo que emplear en todas las lecciones que recibi\u00f3 de su padre!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su aprendizaje termin\u00f3 precisamente entonces, cuando Dios permiti\u00f3 que sus padres le fueran arrebatados por la muerte. Llor\u00f3 a quienes hab\u00edan cuidado de su infancia; pero soport\u00f3 esta dura prueba con la resignaci\u00f3n de un hombre que sabe que no todo acaba con esta vida mortal y que los justos son recompensados en un mundo mejor. Ahora que ya no le reten\u00edan en Bel\u00e9n, vendi\u00f3 su peque\u00f1a propiedad y fue a establecerse en Jerusal\u00e9n. Esperaba encontrar all\u00ed m\u00e1s trabajo que en su ciudad natal. Por otra parte, se acerc\u00f3 al templo, donde su piedad le atra\u00eda continuamente.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; All\u00ed pas\u00f3 Jos\u00e9 los mejores a\u00f1os de su vida, entre el trabajo y la oraci\u00f3n. Dotado de una perfecta probidad, no intentaba ganar m\u00e1s de lo que su trabajo merec\u00eda, \u00e9l mismo fijaba el precio con una admirable buena fe, y sus clientes nunca se sent\u00edan tentados de rebajarle el precio, porque conoc\u00edan su honradez. Aunque estaba todo \u00e9l concentrado en su trabajo, nunca permit\u00eda que sus pensamientos se alejaran de Dios. \u00a1Ah! si uno pudiera aprender de Jos\u00e9 este precioso arte de trabajar y rezar al mismo tiempo, obtendr\u00eda sin duda un doble beneficio; \u00a1asegurar\u00eda as\u00ed la vida eterna gan\u00e1ndose el pan de cada d\u00eda con mucha mayor satisfacci\u00f3n y provecho!<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seg\u00fan las tradiciones m\u00e1s respetables, Jos\u00e9 pertenec\u00eda a la secta de los esenios, secta religiosa que exist\u00eda en Judea en la \u00e9poca de su conquista por los romanos. Los esenios profesaban una austeridad mayor que los dem\u00e1s jud\u00edos. Sus principales ocupaciones eran el estudio de la ley divina y la pr\u00e1ctica del trabajo y la caridad, y en general eran admirados por la santidad de sus vidas. Jos\u00e9, cuya alma pura aborrec\u00eda la m\u00e1s ligera inmundicia, se hab\u00eda unido a una clase del pueblo cuyas reglas correspond\u00edan tan bien a las aspiraciones de su coraz\u00f3n; incluso, como dice el venerable Beda, hab\u00eda hecho voto formal de castidad perpetua. Y lo que nos confirma en esta creencia es la afirmaci\u00f3n de San Jer\u00f3nimo, que nos dice que Jos\u00e9 nunca se hab\u00eda preocupado por el matrimonio antes de convertirse en esposo de Mar\u00eda.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por esta v\u00eda oscura y oculta, Jos\u00e9 se prepar\u00f3, sin saberlo, para la sublime misi\u00f3n que Dios le ten\u00eda reservada. Sin otra ambici\u00f3n que cumplir fielmente la voluntad divina, viv\u00eda alejado del mundanal ruido, dividiendo su tiempo entre el trabajo y la oraci\u00f3n. Tal hab\u00eda sido su juventud, tal tambi\u00e9n, seg\u00fan cre\u00eda, era su deseo de pasar su vejez. Pero Dios, que ama a los humildes, ten\u00eda otros cuidados para su fiel servidor.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo III. Matrimonio de San Jos\u00e9.<br><\/strong><em>Faciamus ei adiutorium simile sibi.<\/em> (Hagamos al hombre una semejante a \u00e9l. &#8211; Gn. 2,18)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9 estaba entrando en la cincuentena, cuando Dios lo sac\u00f3 de la apacible existencia que llevaba en Jerusal\u00e9n. Hab\u00eda en el templo una joven Virgen de padres consagrados al Se\u00f1or desde su infancia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del linaje de David, era hija de los dos santos ancianos Joaqu\u00edn y Ana, y se llamaba Mar\u00eda. Su padre y su madre hab\u00edan muerto hac\u00eda muchos a\u00f1os, y la carga de su educaci\u00f3n qued\u00f3 enteramente en manos de los sacerdotes de Israel. Cuando cumpli\u00f3 los catorce a\u00f1os, edad fijada por la ley para el matrimonio de las j\u00f3venes doncellas, el gran Pont\u00edfice se preocup\u00f3 de procurar a Mar\u00eda un esposo digno de su nacimiento y de su alta virtud. Pero se present\u00f3 un obst\u00e1culo; Mar\u00eda hab\u00eda hecho voto al Se\u00f1or de su virginidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella respondi\u00f3 respetuosamente que, puesto que hab\u00eda hecho el voto de virginidad, no pod\u00eda romper sus promesas de matrimonio. Esta respuesta desconcert\u00f3 mucho las ideas del sumo sacerdote.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No sabiendo c\u00f3mo conciliar el respeto debido a los votos hechos a Dios con la costumbre mosaica que impon\u00eda el matrimonio a todas las doncellas de Israel, reuni\u00f3 a los ancianos y consult\u00f3 al Se\u00f1or al pie del tabern\u00e1culo de la alianza. Habiendo recibido las inspiraciones del Cielo y convencido de que algo extraordinario se ocultaba en este asunto, el Sumo Sacerdote resolvi\u00f3 convocar a los numerosos parientes de Mar\u00eda, a fin de elegir entre ellos al que deb\u00eda ser el afortunado esposo de la Virgen bendita.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todos los solteros de la familia de David fueron, pues, convocados al templo. Jos\u00e9, aunque mayor, estaba con ellos. El Sumo Sacerdote les anunci\u00f3 que se trataba de echar suertes para dar un esposo a Mar\u00eda, y que la elecci\u00f3n la har\u00eda el Se\u00f1or, orden\u00f3 que todos estuvieran en el templo santo al d\u00eda siguiente con una vara de almendro. La vara se colocar\u00eda sobre el altar, y aquel cuya vara hubiera florecido ser\u00eda el favorito del Alt\u00edsimo para ser el consorte de la Virgen.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al d\u00eda siguiente, una gran multitud de j\u00f3venes acudi\u00f3 al templo con sus ramas de almendro, y Jos\u00e9 con ellos; pero, ya fuera por esp\u00edritu de humildad o por el voto que hab\u00eda hecho de virginidad, en lugar de presentar su rama la escondi\u00f3 bajo su manto. Todas las dem\u00e1s ramas fueron colocadas sobre la mesa, los j\u00f3venes salieron con el coraz\u00f3n lleno de esperanza, y Jos\u00e9 call\u00f3 y se reuni\u00f3 con ellos. El templo estaba cerrado y el Sumo Sacerdote aplaz\u00f3 la reuni\u00f3n hasta ma\u00f1ana. Apenas hab\u00eda salido el nuevo sol, y los j\u00f3venes ya estaban impacientes por conocer su destino.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando lleg\u00f3 la hora se\u00f1alada, se abrieron las puertas sagradas y apareci\u00f3 el Pont\u00edfice. Todos se agolparon para ver el resultado. No hab\u00eda florecido ninguna vara.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Sumo Sacerdote se postr\u00f3 con el rostro en tierra ante el Se\u00f1or, y le interrog\u00f3 sobre su voluntad, y si por su falta de fe, o por no haber entendido su voz, no hab\u00eda aparecido en las ramas la se\u00f1al prometida. Y Dios le contest\u00f3 que la se\u00f1al prometida no se hab\u00eda producido porque entre aquellas tiernas varas faltaba la ramita de la deseada del Cielo; que buscara y viera cumplida la se\u00f1al. Pronto se busc\u00f3 a la persona que hab\u00eda robado la rama.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El silencio, el casto rubor que enrojeci\u00f3 las mejillas de Jos\u00e9, no tardaron en delatar su secreto. Conducido ante el santo Pont\u00edfice, confes\u00f3 la verdad: pero el sacerdote vislumbr\u00f3 el misterio y, llevando aparte a Jos\u00e9, le interrog\u00f3 por qu\u00e9 hab\u00eda desobedecido as\u00ed.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9 respondi\u00f3 humildemente que hac\u00eda tiempo que ten\u00eda en mente alejar de s\u00ed aquel peligro, que hac\u00eda tiempo que ten\u00eda resuelto en su coraz\u00f3n no casarse con ninguna doncella, y que le parec\u00eda que Dios mismo le hab\u00eda consolado en su santo prop\u00f3sito, y que \u00e9l mismo era demasiado indigno de una doncella tan santa como sab\u00eda que era Mar\u00eda; por eso deb\u00eda entregarse a otro m\u00e1s santo y m\u00e1s rico.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces el sacerdote empez\u00f3 a admirar el santo consejo de Dios, y a Jos\u00e9 ya no le dijo: Ten buen \u00e1nimo, hijo: deja tu ramita como los dem\u00e1s y espera el juicio divino. Seguramente, si te elige, encontrar\u00e1s en Mar\u00eda tanta santidad y perfecci\u00f3n por encima de todas las dem\u00e1s doncellas, que no tendr\u00e1s que utilizar oraciones para persuadirla de tu prop\u00f3sito. Al contrario, ella misma te rogar\u00e1 lo que quieras, y te llamar\u00e1 hermano, tutor, testigo, esposo, pero nunca marido.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9, convencido de la voluntad del Se\u00f1or por las palabras del Sumo Pont\u00edfice, dej\u00f3 su rama con los dem\u00e1s y se retir\u00f3 en santo recogimiento a orar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al d\u00eda siguiente se congreg\u00f3 de nuevo la asamblea en torno al Sumo Sacerdote, y he aqu\u00ed que en la rama de Jos\u00e9 brotaban flores blancas y gruesas, con hojas suaves y tiernas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Sumo Sacerdote lo mostr\u00f3 todo a los j\u00f3venes reunidos, y les anunci\u00f3 que Dios hab\u00eda elegido para esposo de Mar\u00eda, hija de Joaqu\u00edn, a Jos\u00e9, hijo de Jacob, ambos de la casa y familia de David. Al mismo tiempo se oy\u00f3 una voz que dec\u00eda: \u201c\u00a1Oh mi fiel siervo Jos\u00e9! a ti te est\u00e1 reservado el honor de casarte con Mar\u00eda, la m\u00e1s pura de todas las criaturas; c\u00famplele todo lo que ella te diga\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9 y Mar\u00eda, reconociendo la voz del Esp\u00edritu Santo, aceptaron esta decisi\u00f3n y consintieron en un matrimonio que no perjudicara su virginidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seg\u00fan San Jer\u00f3nimo, el matrimonio se celebr\u00f3 el mismo d\u00eda con la mayor sencillez.<br><br>Una tradici\u00f3n de la Historia del Carmelo cuenta que entre los j\u00f3venes reunidos para aquella ocasi\u00f3n hab\u00eda un joven apuesto y vivaz que aspiraba ardientemente la mano de Mar\u00eda. Cuando vio florecer la rama de Jos\u00e9 y desvanecerse sus esperanzas, se qued\u00f3 at\u00f3nito y sin sentimientos. Pero en aquel tumulto de afecto, el Esp\u00edritu Santo descendi\u00f3 dentro de \u00e9l y cambi\u00f3 de repente su coraz\u00f3n. Levant\u00f3 el rostro, sacudi\u00f3 la rama in\u00fatil y con fuego inusitado dijo: \u201cYo -dijo- no era para ella. Ella no era para m\u00ed. Y nunca ser\u00e9 de otro. Ser\u00e9 de Dios\u201d. Rompi\u00f3 la rama y la arroj\u00f3 fuera de s\u00ed, diciendo: Vete con todo pensamiento de matrimonio. Al Carmelo, al Carmelo con los hijos de El\u00edas. All\u00ed tendr\u00e9 la paz que por ahora me ser\u00eda imposible en la ciudad. Dicho esto, fue al Carmelo y pidi\u00f3 ser aceptado tambi\u00e9n entre los hijos de los Profetas. Fue aceptado, progres\u00f3 r\u00e1pidamente all\u00ed en esp\u00edritu y virtud, y se convirti\u00f3 en profeta. Es aquel Agabo que predijo prisiones y encarcelamientos al Ap\u00f3stol San Pablo. Ante todo, fund\u00f3 un santuario a Mar\u00eda en el Monte Carmelo. La santa Iglesia celebra su memoria en sus esplendores, y los hijos del Carmelo lo tienen por hermano.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9, llevando de la mano a la humilde Virgen, se present\u00f3 ante los sacerdotes acompa\u00f1ado de algunos testigos. El modesto artesano ofreci\u00f3 a Mar\u00eda un anillo de oro, adornado con una piedra amatista, s\u00edmbolo de la fidelidad virginal, y al mismo tiempo le dirigi\u00f3 las palabras sacramentales: \u201cSi consientes en ser mi esposa, acepta esta prenda\u201d. Al aceptarlo, Mar\u00eda qued\u00f3 solemnemente ligada a Jos\u00e9, aunque a\u00fan no se hubieran celebrado las ceremonias matrimoniales.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este anillo ofrecido por Jos\u00e9 a Mar\u00eda se conserva a\u00fan en Italia, en la ciudad de Perusa, a la que, tras muchas vicisitudes y controversias, le fue finalmente concedido por el papa Inocencio VIII en 1486.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo IV. Jos\u00e9 regresa a Nazaret con su esposa.<br><\/strong><em>Erant cor unum et anima una<\/em>. (Eran un solo coraz\u00f3n y una sola alma. &#8211; Hch 4:32)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una vez celebrado el matrimonio, Mar\u00eda regres\u00f3 a su Nazaret natal con siete v\u00edrgenes que el Sumo Sacerdote le hab\u00eda concedido como compa\u00f1eras.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Deb\u00eda esperar la ceremonia nupcial en oraci\u00f3n y confeccionar su modesto ajuar nupcial. San Jos\u00e9 permaneci\u00f3 en Jerusal\u00e9n para preparar su morada y disponerlo todo para la celebraci\u00f3n del matrimonio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al cabo de unos meses, seg\u00fan las costumbres de la naci\u00f3n jud\u00eda, se celebraron las ceremonias que deb\u00edan seguir a la boda. Aunque ambos eran pobres, Jos\u00e9 y Mar\u00eda dieron a esta celebraci\u00f3n toda la pompa y circunstancia que les permit\u00edan sus limitados medios. Mar\u00eda dej\u00f3 entonces su casa de Nazaret y vino a vivir con su marido a Jerusal\u00e9n, donde iba a celebrarse la boda.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una antigua tradici\u00f3n cuenta que Mar\u00eda lleg\u00f3 a Jerusal\u00e9n en una fr\u00eda tarde de invierno y que la luna hac\u00eda brillar sus rayos de plata sobre la ciudad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos\u00e9 se dirigi\u00f3 al encuentro de su joven compa\u00f1era a las puertas de la ciudad santa, seguido de una larga procesi\u00f3n de parientes, cada uno de ellos con una antorcha en la mano. El cortejo nupcial condujo a la pareja a casa de Jos\u00e9, donde \u00e9ste hab\u00eda preparado el banquete nupcial.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando entraron en la sala del banquete y los invitados ocuparon los lugares que les hab\u00edan sido asignados en la mesa, el patriarca se acerc\u00f3 a la santa Virgen: \u201cSer\u00e1s como mi madre -le dijo- y te respetar\u00e9 como al altar mismo del Dios vivo\u201d. En adelante, dice un erudito escritor, a los ojos de la ley religiosa no fueron m\u00e1s que hermano y hermana en matrimonio, aunque su uni\u00f3n se conserv\u00f3 \u00edntegramente. Jos\u00e9 no permaneci\u00f3 mucho tiempo en Jerusal\u00e9n despu\u00e9s de las ceremonias nupciales; los dos santos esposos abandonaron la ciudad santa para dirigirse a Nazaret, a la modesta casa que Mar\u00eda hab\u00eda heredado de sus padres.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nazaret, cuyo nombre hebreo significa flor de los campos, es una peque\u00f1a y hermosa ciudad, pintorescamente encaramada en la ladera de una colina, al final del valle de Esdrel\u00f3n. Fue, pues, en esta agradable ciudad donde Jos\u00e9 y Mar\u00eda vinieron a establecer su hogar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La casa de la Virgen constaba de dos habitaciones principales, una de las cuales serv\u00eda de taller a Jos\u00e9, y la otra era para Mar\u00eda. El taller, donde trabajaba Jos\u00e9, consist\u00eda en una habitaci\u00f3n baja de tres o cuatro metros de ancho por otros tantos de largo. All\u00ed se ve\u00edan distribuidas ordenadamente las herramientas necesarias para su profesi\u00f3n. En cuanto a la madera que necesitaba, una parte permanec\u00eda en el taller y la otra fuera, lo que permit\u00eda al santo obrero trabajar al aire libre gran parte del a\u00f1o.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la parte delantera de la casa hab\u00eda, seg\u00fan la costumbre oriental, un banco de piedra sombreado por esteras de palma, donde el viajero pod\u00eda descansar sus miembros cansados y resguardarse de los abrasadores rayos del sol.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La vida que llevaban estos esposos privilegiados era muy sencilla. Mar\u00eda se ocupaba de la limpieza de su pobre morada, trabajaba su ropa con sus propias manos y lavaba la de su marido. En cuanto a Jos\u00e9, ahora fabricaba una mesa para las necesidades de la casa, o carros o yugos para los vecinos de quienes hab\u00eda recibido el encargo; ahora, con su brazo a\u00fan vigoroso, sub\u00eda a la monta\u00f1a para cortar los altos sic\u00f3moros y los terebintos negros que deb\u00edan servir para la construcci\u00f3n de las caba\u00f1as que levant\u00f3 en el valle.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su joven y virtuosa compa\u00f1era no le hizo esperar, sino que ella misma le secaba la frente empapada de sudor, le dio el agua tibia que hab\u00eda calentado para lavarle los pies y le sirvi\u00f3 la frugal cena que le devolver\u00eda las fuerzas. Consist\u00eda principalmente en peque\u00f1os panes de cebada, productos l\u00e1cteos, fruta y algunas legumbres. Luego, cuando termin\u00f3 la noche, un sue\u00f1o reparador prepar\u00f3 a nuestro santo Patriarca para reanudar ma\u00f1ana sus ocupaciones cotidianas. Esta vida, laboriosa y dulce al mismo tiempo, hab\u00eda durado unos dos meses, cuando lleg\u00f3 la hora se\u00f1alada por la Providencia para la encarnaci\u00f3n del Verbo divino.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo V. La Anunciaci\u00f3n de Mar\u00eda Sant\u00edsima<br><\/strong><em>Ecce ancilla Domini; fiat mihi secundum verbum tuum<\/em>. (He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra. &#8211; Lc. 1:38)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un d\u00eda Jos\u00e9 hab\u00eda ido a trabajar a una aldea vecina. Mar\u00eda estaba sola en casa y, como era su costumbre, oraba mientras estaba ocupada hilando lino. De repente, un \u00e1ngel del Se\u00f1or, el arc\u00e1ngel Gabriel, descendi\u00f3 a la pobre casa todo resplandeciente con los rayos de la gloria celestial, y salud\u00f3 a la humilde Virgen, dici\u00e9ndole: \u201cTe saludo, llena de gracia; el Se\u00f1or es contigo, bendita t\u00fa eres entre todas las mujeres\u201d. Tan inesperado elogio produjo una profunda turbaci\u00f3n en el alma de Mar\u00eda. Para tranquilizarla, el \u00c1ngel le dijo: \u201cNo temas, oh Mar\u00eda, porque has hallado gracia ante los ojos de Dios. He aqu\u00ed que concebir\u00e1s y dar\u00e1s a luz un hijo, que se llamar\u00e1 Jes\u00fas. Ser\u00e1 grande y se llamar\u00e1 Hijo del Alt\u00edsimo. El Se\u00f1or le dar\u00e1 el trono de David, su padre; reinar\u00e1 eternamente en la casa de Jacob, y su reino no tendr\u00e1 fin\u201d. \u201c\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 esto posible\u201d, pregunt\u00f3 la humilde Virgen, \u201csi no conozco a nadie?\u201d<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No pod\u00eda conciliar su promesa de virginidad con el t\u00edtulo de Madre de Dios. Pero el \u00c1ngel le respondi\u00f3: \u201cEl Esp\u00edritu Santo descender\u00e1 en ti, y la virtud del Alt\u00edsimo te cubrir\u00e1 con su sombra; el fruto santo que nacer\u00e1 de ti ser\u00e1 llamado hijo de Dios\u201d. Y para dar una prueba de la omnipotencia de Dios, el arc\u00e1ngel Gabriel a\u00f1adi\u00f3: \u201cHe aqu\u00ed que Isabel, tu prima, ha concebido un hijo en su vejez, y la que era est\u00e9ril ya est\u00e1 en el sexto mes de su embarazo. Porque nada hay imposible para Dios\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ante estas divinas palabras, la humilde Mar\u00eda no encontr\u00f3 nada m\u00e1s que decir: \u201cHe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or\u201d, respondi\u00f3 al \u00c1ngel, \u201ch\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u201d. El \u00c1ngel desapareci\u00f3; el misterio de los misterios se hab\u00eda cumplido. El Verbo de Dios se hab\u00eda encarnado para la salud de la humanidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hacia el anochecer, cuando Jos\u00e9 regres\u00f3 a la hora acostumbrada, despu\u00e9s de haber terminado su trabajo, Mar\u00eda no le dijo nada del milagro del que hab\u00eda sido objeto.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se content\u00f3 con anunciarle el embarazo de su prima Isabel: y como deseaba visitarla, como esposa sumisa pidi\u00f3 permiso a Jos\u00e9 para emprender el viaje, que por cierto era largo y fatigoso. \u00c9l no tuvo nada que negarle y ella parti\u00f3 en compa\u00f1\u00eda de algunos parientes. Es de creer que Jos\u00e9 no pudo acompa\u00f1arla a casa de su prima, porque ten\u00eda sus ocupaciones en Nazaret.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo VI. La inquietud de Jos\u00e9 &#8211; Un \u00e1ngel le tranquiliza.<br><\/strong><em>Ioseph, fili David, noli timere accipere Mariam coniugem tuam, quod enim in ea natum est, de Spiritu Sancto est.<\/em> (Jos\u00e9, hijo de David, no temas recibir a Mar\u00eda, tu esposa, porque lo concebido en ella es por el Esp\u00edritu Santo. &#8211; Mt. 1:20)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S. Isabel viv\u00eda en las monta\u00f1as de Judea, en una peque\u00f1a ciudad llamada Hebr\u00f3n, a setenta millas [113 km] de Nazaret. No seguiremos la pista de Mar\u00eda en su viaje; nos basta con saber que Mar\u00eda permaneci\u00f3 unos tres meses con su prima.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el regreso de Mar\u00eda prepar\u00f3 a Jos\u00e9 para una prueba que iba a ser el preludio de muchas otras. No tard\u00f3 en darse cuenta de que Mar\u00eda se encontraba en un estado interesante y, por tanto, atormentada por ansiedades mortales. La ley le autorizaba a acusar a su esposa ante los sacerdotes y a cubrirla de deshonra eterna; pero tal paso repugnaba a la bondad de su coraz\u00f3n y a la alta estima en que hasta entonces hab\u00eda tenido a Mar\u00eda. En esta incertidumbre, resolvi\u00f3 abandonarla y expatriarse para rechazar \u00fanicamente sobre s\u00ed todo lo odioso de tal separaci\u00f3n. De hecho, ya hab\u00eda hecho los preparativos para partir, cuando un \u00e1ngel descendi\u00f3 del Cielo para tranquilizarle:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cJos\u00e9, hijo de David\u201d, le dijo el mensajero celestial, \u201cno temas recibir a Mar\u00eda por consorte, pues lo concebido en ella es por el Esp\u00edritu Santo. Dar\u00e1 a luz un hijo al que pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas, porque librar\u00e1 a su pueblo de sus pecados\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En adelante, Jos\u00e9, completamente tranquilo, concibi\u00f3 la m\u00e1s alta veneraci\u00f3n por su casta esposa; vio en ella el tabern\u00e1culo viviente del Alt\u00edsimo, y sus cuidados no fueron sino m\u00e1s tiernos y respetuosos.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo VII. Edicto de C\u00e9sar Augusto. &#8211; El censo. &#8211; Viaje de Mar\u00eda y Jos\u00e9 a Bel\u00e9n.<br><\/strong><em>Tamquam aurum in fornace probavit electos Dominus<\/em>. (Dios prob\u00f3 a los elegidos como oro en el horno. &#8211; Sab. 3:6.)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se acercaba el momento en que el Mes\u00edas prometido a las naciones iba a aparecer por fin en el mundo. El Imperio Romano hab\u00eda alcanzado entonces el apogeo de su grandeza.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; C\u00e9sar Augusto, al hacerse con el poder supremo, realiz\u00f3 aquella unidad que, seg\u00fan los designios de la Providencia, deb\u00eda servir a la propagaci\u00f3n del Evangelio. Bajo su reinado cesaron todas las guerras y se cerr\u00f3 el Templo de Jano (en aquella \u00e9poca era costumbre en Roma mantener abierto el Templo de Jano durante la guerra y cerrarlo en tiempos de paz). En su orgullo, el emperador romano quiso conocer el n\u00famero de sus s\u00fabditos, y para ello orden\u00f3 un censo general en todo el imperio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cada ciudadano deb\u00eda censarse a s\u00ed mismo y a toda su familia en su ciudad natal. Jos\u00e9 tuvo, pues, que abandonar su pobre casa para obedecer las \u00f3rdenes del emperador; y como era del linaje de David, y esta ilustre familia proced\u00eda de Bel\u00e9n, tuvo que ir all\u00ed para ser empadronado.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era una triste y brumosa ma\u00f1ana del mes de diciembre del a\u00f1o 752 de Roma, cuando Jos\u00e9 y Mar\u00eda abandonaron su pobre hogar de Nazaret para dirigirse a Bel\u00e9n, adonde les llamaba la obediencia debida a las \u00f3rdenes del soberano. Sus preparativos para la partida no fueron largos. Jos\u00e9 meti\u00f3 algunas ropas en un saco, prepar\u00f3 el tranquilo y manso caballo que deb\u00eda transportar a Mar\u00eda, que ya estaba en el noveno mes de su embarazo, y se envolvi\u00f3 en su gran manto. Entonces los dos santos viajeros partieron de Nazaret acompa\u00f1ados por las felicitaciones de sus parientes y amigos. El santo patriarca, con su bast\u00f3n de viaje en una mano, sujetaba con la otra la brida de la yegua en la que iba sentada su esposa.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras cuatro o cinco d\u00edas de marcha, divisaron Bel\u00e9n a lo lejos. Empezaba a amanecer cuando entraron en la ciudad. La montura de Mar\u00eda estaba cansada; Mar\u00eda, adem\u00e1s, ten\u00eda gran necesidad de descansar: as\u00ed que Jos\u00e9 parti\u00f3 r\u00e1pidamente en busca de alojamiento. Recorri\u00f3 todas las posadas de Bel\u00e9n, pero sus pasos fueron in\u00fatiles. El censo general hab\u00eda atra\u00eddo all\u00ed a una multitud extraordinaria; y todas las posadas estaban a rebosar de forasteros. En vano fue Jos\u00e9 de puerta en puerta pidiendo albergue para su agotada esposa, y las puertas permanecieron cerradas.<br><br><br><strong>Cap\u00edtulo VIII. Mar\u00eda y Jos\u00e9 se refugian en una pobre cueva. &#8211; Nacimiento del Salvador del mundo. &#8211; Jes\u00fas adorado por los pastores.<br><\/strong><em>Et Verbum caro factum est.<\/em> (Y el Verbo se hizo carne. &#8211; Jn. 1:14.)<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algo desanimados por la falta de toda hospitalidad, Jos\u00e9 y Mar\u00eda abandonaron Bel\u00e9n con la esperanza de encontrar en el campo el asilo que la ciudad les hab\u00eda negado. Llegaron a una cueva abandonada, que ofrec\u00eda cobijo a los pastores y sus reba\u00f1os por la noche y en los d\u00edas de mal tiempo. Hab\u00eda un poco de paja en el suelo, y un hueco en la roca serv\u00eda tambi\u00e9n de banco para descansar y de pesebre para los animales. Los dos viajeros entraron en la cueva para descansar de las fatigas del viaje y calentarse los miembros resecos por el fr\u00edo del invierno. En este miserable refugio, lejos de la mirada de los hombres, Mar\u00eda dio al mundo al Mes\u00edas prometido a nuestros primeros padres. Era medianoche, Jos\u00e9 ador\u00f3 al ni\u00f1o divino, lo envolvi\u00f3 en pa\u00f1os y lo deposit\u00f3 en el pesebre. Era el primero de los hombres a quien correspond\u00eda el incomparable honor de ofrecer homenaje a Dios, que hab\u00eda descendido a la tierra para redimir los pecados de la humanidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Unos pastores vigilaban sus reba\u00f1os en el campo cercano. Se les apareci\u00f3 un \u00e1ngel del Se\u00f1or y les anunci\u00f3 la buena nueva del nacimiento del Salvador. Al mismo tiempo se oyeron coros celestiales que repet\u00edan: \u201cGloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad\u201d. Aquellos hombres sencillos no dudaron en seguir la voz del \u00e1ngel. \u201cVayamos -se dijeron- a Bel\u00e9n y veamos lo que ha sucedido\u201d. Y sin m\u00e1s pre\u00e1mbulos entraron en la cueva y adoraron al divino ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><em><a href=\"..\/es\/nuestros-santos\/vida-de-san-jose-esposo-de-maria-santisima-padre-adoptivo-de-jesucristo-2-3\">(continuaci\u00f3n)<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Jos\u00e9 es patrono de la Iglesia y tambi\u00e9n copatrono de la Congregaci\u00f3n Salesiana. 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