{"id":26519,"date":"2024-02-19T07:14:56","date_gmt":"2024-02-19T07:14:56","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=26519"},"modified":"2024-02-19T07:15:34","modified_gmt":"2024-02-19T07:15:34","slug":"las-profecias-de-don-bosco-y-los-reyes-de-italia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/las-profecias-de-don-bosco-y-los-reyes-de-italia\/","title":{"rendered":"Las profec\u00edas de Don Bosco y los reyes de Italia"},"content":{"rendered":"\n<p>\u201c<em>La familia de los que roban a Dios no llega a la cuarta generaci\u00f3n<\/em>\u201d.<br><br><br><em>El pretendiente al trono de Italia, <\/em><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/V%C3%ADctor_Manuel_de_Saboya_(1937-2024)\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><strong><em><strong><em>V\u00edctor Manuel de Saboya<\/em><\/strong><\/em><\/strong><\/a><em><em> <\/em>(n. 12.02.1937 &#8211; \u2020 03.02.2024), quinto descendiente del primer rey de Italia, V\u00edctor Manuel II de Saboya, falleci\u00f3 hace unos d\u00edas. Se le concedi\u00f3 sepultura en la cripta de la Bas\u00edlica de Superga, en Tur\u00edn, donde se encuentran decenas de otros restos mortales de la Casa de Saboya. Este acontecimiento nos recuerda otros sue\u00f1os de Don Bosco que se hicieron realidad.<br><\/em><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En noviembre de 1854 se preparaba una ley sobre la confiscaci\u00f3n de bienes eclesi\u00e1sticos y la supresi\u00f3n de conventos. Para ser v\u00e1lida, deb\u00eda ser sancionada por el rey de Italia, V\u00edctor Manuel II de Saboya. A finales de aquel mes de noviembre, Don Bosco tuvo dos sue\u00f1os que se hicieron realidad como profec\u00edas sobre el rey y su familia. Recordemos los hechos con Don Lemoyne.<br><br><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco anhelaba disipar una nube ominosa que se oscurec\u00eda cada vez m\u00e1s sobre la Casa Real.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una noche, hacia finales de noviembre, hab\u00eda tenido un sue\u00f1o. Le pareci\u00f3 que estaba de pie donde est\u00e1 el p\u00f3rtico central del Oratorio, entonces s\u00f3lo a medio construir, cerca de la bomba de agua fijada a la pared de la casita de Pinardi. Estaba rodeado de sacerdotes y cl\u00e9rigos: de repente vio avanzar en medio del patio a un ayuda de c\u00e1mara de la corte, con su uniforme rojo, que con pasos apresurados llegaba a su presencia y parec\u00eda gritar:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Grandes noticias!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&#8211; \u00bfY qu\u00e9? le pregunt\u00f3 D. Bosco.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&#8211; Anuncio: \u00a1<strong>Gran funeral en la Corte! \u00a1Gran funeral en la Corte<\/strong>!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ante esta repentina aparici\u00f3n, ante este grito, Don Bosco qued\u00f3 estupefacto, y el ayuda de c\u00e1mara repiti\u00f3: &#8211; \u00a1Gran funeral en la Corte! &#8211; Don Bosco quiso entonces pedirle explicaciones sobre este feroz anuncio, pero hab\u00eda desaparecido. D. Bosco, que se despert\u00f3, estaba como fuera de s\u00ed y, habiendo comprendido el misterio de aquella aparici\u00f3n, tom\u00f3 la pluma y prepar\u00f3 inmediatamente una carta para V\u00edctor Manuel, explic\u00e1ndole lo que se le hab\u00eda anunciado y relatando simplemente el sue\u00f1o.<br>[&#8230;]<br>&#8230;era saber lo que Don Bosco hab\u00eda escrito al Rey, sobre todo porque sab\u00edan lo que pensaba de la usurpaci\u00f3n de los bienes eclesi\u00e1sticos. Don Bosco no los mantuvo en<\/em><em>suspenso y les cont\u00f3 lo que hab\u00eda escrito al Rey, para que no permitiera la presentaci\u00f3n de la ley infausta. Luego narr\u00f3 el sue\u00f1o, concluyendo: Este sue\u00f1o me enferm\u00f3 y fatig\u00f3, y mucho. &#8211; Estaba pensativo y exclamaba de vez en cuando: &#8216;\u00a1Qui\u00e9n sabe&#8230; qui\u00e9n sabe&#8230; recemos!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sorprendidos, los cl\u00e9rigos comenzaron entonces a hablar, pregunt\u00e1ndose unos a otros si hab\u00edan o\u00eddo decir que hab\u00eda alg\u00fan noble enfermo en el palacio real; pero todos coincidieron en que de ning\u00fan modo lo sab\u00edan. Don Bosco, mientras tanto, llam\u00f3 a Ch. Angelo Savio y le entreg\u00f3 la carta: &#8211; Copia, dijo, y anuncia al Rey: \u00a1Gran funeral en la Corte! &#8211; Y Ch. Savio escribi\u00f3. Pero el Rey, seg\u00fan supo Don Bosco por sus confidentes empleados en palacio, ley\u00f3 aquel papel con indiferencia y no le hizo caso.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hab\u00edan pasado cinco d\u00edas desde este sue\u00f1o, y Don Bosco, durmiendo por la noche, volvi\u00f3 a so\u00f1ar. Crey\u00f3 que estaba en su habitaci\u00f3n, ante su escritorio, escribiendo; cuando oy\u00f3 las coces de un caballo en el patio. De pronto vio abrirse la puerta de par en par y aparecer el ayuda de c\u00e1mara con su uniforme rojo, que entr\u00f3 por la mitad de la habitaci\u00f3n y grit\u00f3:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Anuncio: \u00a1<strong>no gran funeral en la Corte, sino grandes funerales en la Corte<\/strong>! -Y repiti\u00f3 estas palabras dos veces. Luego se retir\u00f3 con paso r\u00e1pido y cerr\u00f3 la puerta tras de s\u00ed. Don Bosco quiso saber, quiso interrogarle, quiso pedirle, una explicaci\u00f3n; as\u00ed que se levant\u00f3 de la mesa, corri\u00f3 al balc\u00f3n y ve al ayuda de c\u00e1mara en el patio que sub\u00eda al caballo. \u00c9l, lo llam\u00f3, le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 hab\u00eda venido a repetir aquel anuncio; pero el ayuda de c\u00e1mara gritando: -\u00a1Grandes funerales en la Corte! &#8211; desapareci\u00f3. Al amanecer, el mismo Don Bosco dirigi\u00f3 otra carta al Rey, en la que le relataba el segundo sue\u00f1o y conclu\u00eda dici\u00e9ndole a su Majestad \u201cque pensara en regularse de tal manera que evitara los castigos amenazados, al tiempo que le rogaba que impidiera esa ley a toda costa.<br>Por la noche, despu\u00e9s de cenar, Don Bosco exclam\u00f3 en medio de sus cl\u00e9rigos: &#8211; \u00bfSab\u00e9is que tengo que deciros algo a\u00fan m\u00e1s extra\u00f1o que el otro d\u00eda? &#8211; Y relat\u00f3 lo que hab\u00eda visto durante la noche. Entonces los cl\u00e9rigos, m\u00e1s asombrados que antes, se preguntaron qu\u00e9 indicaban estos anuncios de muerte; y es de imaginar la ansiedad que sent\u00edan por ver c\u00f3mo se cumpl\u00edan estas predicciones.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al cl\u00e9rigo Cagliero y a algunos otros les revel\u00f3 abiertamente que se trataba de amenazas de castigo que el Se\u00f1or estaba dando a conocer a los que m\u00e1s da\u00f1o y mal hab\u00edan hecho ya a la Iglesia y otros estaban preparando. En aquellos d\u00edas estaba muy afligido y repet\u00eda con frecuencia: Esta ley traer\u00e1 graves desgracias a la casa del Soberano. &#8211; Estas cosas dec\u00eda a sus alumnos para comprometerlos a rezar por el Rey, y a interceder por la misericordia del Se\u00f1or para evitar la dispersi\u00f3n de tantos religiosos y la p\u00e9rdida de tantas vocaciones.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entretanto, el Rey hab\u00eda confiado aquellas cartas al Marqu\u00e9s Fassati, quien, despu\u00e9s de haberlas le\u00eddo, vino al Oratorio y dijo a D. Bosco: &#8211; \u00a1Oh! \u00bfTe parece \u00e9ste el modo de poner patas arriba toda la Corte? El Rey qued\u00f3 m\u00e1s que impresionado y turbado. De hecho, estaba furioso.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y D. Bosco le contest\u00f3 &#8211; \u00bfPero y si lo que se ha escrito es verdad? Lamento haber causado a mi Soberano tal turbaci\u00f3n; pero, en fin, se trata de su bien y del de la Iglesia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las advertencias de Don Bosco no fueron escuchadas. El 28 de noviembre de 1854 el ministro de los Sellos Urbano Rattazzi present\u00f3 a los diputados un proyecto de ley para la supresi\u00f3n de los conventos. El conde Camillo di Cavour, ministro de Finanzas, estaba decidido a conseguir su aprobaci\u00f3n a toda costa. Estos se\u00f1ores establecieron como principio indiscutible e incontrovertible, que fuera del gran cuerpo civil, no hay ni puede haber sociedad superior a \u00e9l e independiente de \u00e9l; que el Estado lo es todo, y que por lo tanto ninguna entidad moral, ni siquiera la Iglesia cat\u00f3lica puede subsistir legalmente sin el consentimiento y reconocimiento de la autoridad civil. Por lo tanto, esta autoridad, no reconociendo en la Iglesia universal el dominio de los bienes eclesi\u00e1sticos, y atribuyendo este dominio a cada entidad de las corporaciones religiosas, pretendi\u00f3 que \u00e9stas eran creaci\u00f3n de la soberan\u00eda civil y que su existencia ser\u00eda modificada o extinguida por la voluntad de la propia soberan\u00eda, y que el Estado, heredero de toda personalidad civil que no tenga sucesi\u00f3n, se convertir\u00eda en el \u00fanico y absoluto propietario de todos sus bienes cuando fueran suprimidas. Craso error, porque estos patrimonios, por cualquier causa que dejara de existir una Congregaci\u00f3n Religiosa, no quedaban sin due\u00f1o, ya que deb\u00edan devolverse a la Iglesia de Jesucristo., representada por el Sumo Pont\u00edfice, por mucho que los estat\u00f3latros la negaran p\u00e9rfidamente (MB V, 176-180).<br><\/em><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Que se trataba de advertencias del Cielo lo confirma tambi\u00e9n una carta escrita cuatro a\u00f1os antes, el 9 de abril de 1850, que la madre del Rey, la Reina Madre Mar\u00eda Teresa, viuda de Carlos Alberto, hab\u00eda dirigido a su hijo, el Rey V\u00edctor Manuel II de Saboya.<br><br><em>Dios te compensar\u00e1, te bendecir\u00e1, pero qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntos castigos, cu\u00e1ntos azotes traer\u00e1 Dios sobre ti, tu familia y tu pa\u00eds si sanciona [la ley Siccardi sobre la abolici\u00f3n del foro eclesi\u00e1stico]. Piensa cu\u00e1l ser\u00eda tu dolor si el Se\u00f1or te enfermara gravemente o incluso si se llevara a tu querida Adela, a la que con santa raz\u00f3n tanto amas, o a tu Chichina (Clotilde) o a tu Betto (Umberto); y si pudieras ver dentro de mi coraz\u00f3n, cu\u00e1n afligido, angustiado, asustado estoy por el temor de que sancionases esta ley a causa de las muchas desgracias, que estoy seguro nos traer\u00e1 si se hace sin el permiso del Santo Padre, tal vez tu coraz\u00f3n, que es realmente bueno y sensible, y que siempre ha amado tanto a su pobre Mam\u00e1, se dejar\u00eda enternecer. (Antonio Monti, Nuova Antologia, 1 de enero de 1936, p. 65; MB XVII, 898).<br><\/em><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el rey no hizo caso de estas advertencias y las consecuencias no se hicieron esperar. Las negociaciones para la aprobaci\u00f3n continuaron y las profec\u00edas tambi\u00e9n se cumplieron:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; el 12 de enero de 1855 muere la reina madre Mar\u00eda Teresa a la edad de 53 a\u00f1os;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; el 20 de enero de 1855 muere la reina Mar\u00eda Adelaida, a los 33 a\u00f1os;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; el 11 de febrero de 1855 muere el pr\u00edncipe Fernando, hermano del Rey, a los 32 a\u00f1os;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; el 17 de mayo de 1855 muere el hijo del Rey, el pr\u00edncipe V\u00edctor Manuel Leopoldo Mar\u00eda Eugenio, con s\u00f3lo 4 meses de edad.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco continu\u00f3 advirtiendo, publicando la carta de fundaci\u00f3n de Altacomba (Hautecombe) con una exposici\u00f3n de todas las maldiciones infligidas a quienes osaran destruir o usurpar las posesiones de la Abad\u00eda de Altacomba, insertadas en ese documento por los antiguos duques de Saboya para proteger ese lugar, donde est\u00e1n enterrados decenas de ilustres antepasados de la Casa de Saboya.<br>Y tambi\u00e9n continu\u00f3 publicando en abril de 1855, en las \u201cLetture Cattoliche\u201d (Lecturas Cat\u00f3licas) un folleto escrito por el Bar\u00f3n Nilinse titulado: <em>Los bienes de la iglesia c\u00f3mo se roban y cu\u00e1les son las consecuencias;<\/em><em><em>con un breve ap\u00e9ndice sobre los eventos en el Piamonte. <\/em><\/em>En el frontispicio estaba escrito<em>: \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Por ning\u00fan derecho se puede violar la casa de un particular, y sin embargo has tenido la osad\u00eda de poner tu mano sobre la casa del Se\u00f1or!&#8217; &#8211; San Ambrosio<\/em>. En aquel escrito se mostraba que no s\u00f3lo los despojadores de la Iglesia y de las \u00d3rdenes Religiosas, sino incluso sus familias se ve\u00edan casi siempre afectadas, cumpli\u00e9ndose as\u00ed el terrible dicho: <strong><em><strong><em>\u00a1La familia de quien roba a Dios no llega a la cuarta generaci\u00f3n!<\/em><\/strong><\/em><\/strong> (MB V, 233-234).<em><br><\/em><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 29 de mayo V\u00edctor Manuel II firm\u00f3 la ley Rattazzi, que confiscaba los bienes eclesi\u00e1sticos y suprim\u00eda las corporaciones religiosas, sin tener en cuenta lo que Don Bosco hab\u00eda predicho y el luto que desde enero golpeaba a su familia&#8230; sin saber que estaba firmando tambi\u00e9n el destino de la familia real.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De hecho, aqu\u00ed tambi\u00e9n se cumpli\u00f3 la profec\u00eda, como vemos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; El rey <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/V%C3%ADctor_Manuel_II_de_Italia\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">V\u00edctor Manuel II de Saboya<\/a> (nacido el 14.03.1820 &#8211; \u2020 09.01.1878), rein\u00f3 del 17.03.1861 &#8211; al 09.01.1878, muri\u00f3 a la edad de 58 a\u00f1os;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; el rey <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Humberto_I_de_Italia\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Humberto I<\/a> (n. 14.03.1844 &#8211; \u2020 29.07.1900), hijo del rey V\u00edctor Manuel II de Saboya, rein\u00f3 del 10.01.1878 al 29.07.1900, fue asesinado en Monza a la edad de 56 a\u00f1os<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Rey <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/V%C3%ADctor_Manuel_III_de_Italia\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">V\u00edctor Manuel III<\/a> (n. 11.11.1869 &#8211; \u2020 28.12.1947), nieto del Rey V\u00edctor Manuel II de Saboya, rein\u00f3 del 30.07.1900 &#8211; al 09.05.1946, fue obligado a abdicar el 9 de mayo de 1946 y muri\u00f3 un a\u00f1o despu\u00e9s<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; El <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Humberto_II_de_Italia\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Rey Humberto II<\/a> (n. 15.09.1904 &#8211; \u2020 18.03.1983) \u00faltimo Rey de Italia, rein\u00f3 del 10.05.1946 al 18.06.1946, bisnieto de V\u00edctor Manuel II (cuarta generaci\u00f3n), fue obligado a abdicar tras s\u00f3lo 35 d\u00edas de reinado, a ra\u00edz del Refer\u00e9ndum Institucional del 2 de junio del mismo a\u00f1o. Muri\u00f3 el 18 de marzo de 1983 en Ginebra, y fue enterrado en la abad\u00eda de Altacomba&#8230;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos interpretan estos acontecimientos como meras coincidencias, porque no pueden negar los hechos, pero los que conocen la acci\u00f3n de Dios saben que en su misericordia siempre advierte de una u otra manera de las graves consecuencias que pueden tener ciertas decisiones de gran importancia, que afectan al destino del mundo y de la Iglesia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recordemos tan s\u00f3lo el final de la vida del hombre m\u00e1s sabio de la tierra, el rey Salom\u00f3n.<br><em>Cuando Salom\u00f3n envejeci\u00f3, sus mujeres lo atrajeron hacia los extranjeros, y su coraz\u00f3n ya no permaneci\u00f3 enteramente con el Se\u00f1or, su Dios, como el coraz\u00f3n de David, su padre. Salom\u00f3n sigui\u00f3 a Astart\u00e9, la diosa de los de Sid\u00f3n, y a Milcom, la abominaci\u00f3n de los amonitas.<br>Salom\u00f3n cometi\u00f3 lo que es malo a los ojos del Se\u00f1or y no fue fiel al Se\u00f1or como lo hab\u00eda sido su padre David.<br>Salom\u00f3n construy\u00f3 un lugar alto en honor de Camos, la abominaci\u00f3n de los moabitas, en el monte frente a Jerusal\u00e9n, y tambi\u00e9n en honor de Milcom, la abominaci\u00f3n de los amonitas.<br>Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras, que ofrec\u00edan incienso y sacrificios a sus dioses.<br>Por eso el Se\u00f1or se indign\u00f3 con Salom\u00f3n, porque hab\u00eda apartado su coraz\u00f3n del Se\u00f1or, Dios de Israel, que se <strong>le hab\u00eda aparecido dos veces y le hab\u00eda ordenado que no siguiera a otros dioses, pero Salom\u00f3n no observ\u00f3 lo que el Se\u00f1or le hab\u00eda mandado.<br><\/strong>Entonces le dijo a Salom\u00f3n: \u201cComo te has comportado as\u00ed y no has guardado mi alianza ni los decretos que te di, te quitar\u00e9 tu reino y se lo entregar\u00e9 a uno de tus s\u00fabditos\u201d. (1 Reyes 11:4-11).<\/em><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Basta con leer atentamente la historia, tanto la sagrada como la profana&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa familia de los que roban a Dios no llega a la cuarta generaci\u00f3n\u201d. 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