{"id":26431,"date":"2024-02-12T09:05:19","date_gmt":"2024-02-12T09:05:19","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=26431"},"modified":"2024-05-02T12:17:05","modified_gmt":"2024-05-02T12:17:05","slug":"ser-amable-como-don-bosco-1-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/ser-amable-como-don-bosco-1-2\/","title":{"rendered":"Ser amable como Don Bosco (1\/2)"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em>Ser amable es una cualidad humana que se cultiva, aceptando el esfuerzo que a menudo conlleva. Para Don Bosco no era un fin en s\u00ed mismo, sino un camino para conducir las almas a Dios. Exposici\u00f3n en las 42 Jornadas de Espiritualidad Salesiana en Valdocco, Tur\u00edn.<br><br>Todas las cosas buenas de este mundo empezaron con un sue\u00f1o (Willy Wonka).<br>No renuncies al tuyo (la madre de Willy Wonka).<br><\/em><\/em><br><br>Un escultor trabajaba afanosamente con su martillo y su cincel sobre un gran bloque de m\u00e1rmol. Un ni\u00f1o peque\u00f1o, que paseaba lamiendo helado, se detuvo ante la puerta abierta de par en par del taller.<br>El peque\u00f1o miraba fascinado la lluvia de polvo blanco, de peque\u00f1os y grandes trozos de piedra que ca\u00edan a diestra y siniestra.<br>No ten\u00eda ni idea de lo que estaba pasando; aquel hombre que esculp\u00eda la gran piedra de manera fren\u00e9tica le parec\u00eda un poco extra\u00f1o.<br>Unas semanas m\u00e1s tarde, el ni\u00f1o pas\u00f3 por delante del estudio y, para su sorpresa, vio un le\u00f3n grande y poderoso en el lugar donde antes estaba el bloque de m\u00e1rmol.<br>Todo emocionado, el ni\u00f1o corri\u00f3 hacia el escultor y le dijo: \u201cSe\u00f1or, dime, \u00bfc\u00f3mo sab\u00edas que hab\u00eda un le\u00f3n en la piedra?\u201d<br><br><strong>El sue\u00f1o de Don Bosco es el cincel de Dios.<br><\/strong><em>El simple y singular consejo de la Virgen en el sue\u00f1o de los nueve a\u00f1os \u201cHazte humilde, fuerte y robusto\u201d se convirti\u00f3 en la estructura de una personalidad \u00fanica y fascinante. Y sobre todo un \u201cestilo\u201d que podemos definir como \u201csalesiano\u201d.<br><\/em><br>Todo el mundo amaba a Don Bosco. \u00bfPor qu\u00e9? Era atrayente, un l\u00edder nato, un verdadero im\u00e1n humano. A lo largo de su vida ser\u00eda siempre un \u2018conquistador\u2019 de amigos leales.<br>Juan Giacomelli, que sigui\u00f3 siendo su amigo de por vida, recuerda: \u00abEntr\u00e9 en el seminario un mes despu\u00e9s que los dem\u00e1s, no conoc\u00eda a casi nadie, y en los primeros d\u00edas estaba como perdido en la soledad. Fue el cl\u00e9rigo Bosco, quien se acerc\u00f3 a m\u00ed la primera vez que me vio solo, despu\u00e9s del almuerzo, y me hizo compa\u00f1\u00eda todo el tiempo en los recreos, cont\u00e1ndome varias cosas graciosas, para distraerme de cualquier pensamiento que pudiera tener de casa o de los parientes que hab\u00eda dejado atr\u00e1s. Hablando con \u00e9l, me enter\u00e9 de que hab\u00eda estado bastante enfermo durante las vacaciones. Entonces se deshizo en atenciones hacia m\u00ed. Entre otras, recuerdo que como yo ten\u00eda un birrete desproporcionadamente alto, de la que varios de mis compa\u00f1eros se burlaban, y que nos disgustaba a m\u00ed y a Bosco, que ven\u00eda a menudo conmigo, \u00e9l mismo me la arregl\u00f3, ya que llevaba consigo el material necesario y era muy bueno cosiendo. Desde entonces empec\u00e9 a admirar la bondad de su coraz\u00f3n. Su compa\u00f1\u00eda era edificante\u00bb.<br><em>\u00bfPodemos robarle algunas de sus cualidades para llegar a ser tambi\u00e9n \u201camables\u201d?<br><\/em><br><strong>1) Ser una fuerza positiva<br><\/strong>Alguien que mantiene constantemente una actitud positiva nos ayuda a ver el lado positivo y nos empuja hacia adelante.<br>\u00abCuando Don Bosco visit\u00f3 por primera vez el m\u00edsero techo, que iba a servir para su oratorio, tuvo que tener cuidado de no romperse la cabeza, porque por un lado s\u00f3lo ten\u00eda un metro de altura; por suelo ten\u00eda la tierra desnuda, y cuando llov\u00eda el agua penetraba por todos lados. Don Bosco sent\u00eda grandes ratas que corr\u00edan entre sus pies, y murci\u00e9lagos que revoloteaban sobre su cabeza\u00bb. Pero para Don Bosco era el lugar m\u00e1s hermoso del mundo. Y se puso en marcha a la carrera: \u00abCorr\u00ed r\u00e1pidamente hacia mis j\u00f3venes; los reun\u00ed a mi alrededor y en voz alta grit\u00e9: \u201c\u00c1nimo, hijos m\u00edos, tenemos un Oratorio m\u00e1s estable que en el pasado; tendremos una iglesia, una sacrist\u00eda, salas para las escuelas, un campo de recreo\u201d. El domingo, domingo iremos al nuevo Oratorio que hay est\u00e1 ah\u00ed en casa Pinardi. Y les ense\u00f1aremos el lugar\u00bb.<br><br><strong>La Alegr\u00eda.<br><\/strong>La alegr\u00eda, un estado de \u00e1nimo positivo y feliz, fue la norma en la vida de Don Bosco.<br>Para \u00e9l es m\u00e1s verdadera que nunca la expresi\u00f3n \u00abMi vocaci\u00f3n es otra. Mi vocaci\u00f3n es ser feliz en la felicidad de los dem\u00e1s\u00bb.<br>Frente al amor no hay adultos, s\u00f3lo ni\u00f1os, ese esp\u00edritu infantil que es abandono, despreocupaci\u00f3n, libertad interior.<br><br>\u00abIba de un sitio a otro del patio, siempre con el alarde de ser un h\u00e1bil jugador, algo que requer\u00eda sacrificio y esfuerzo continuo. \u201cEra encantador verle entre nosotros\u201d, dec\u00eda uno de los alumnos, ya de edad avanzada. Algunos est\u00e1bamos sin chaqueta, otros la ten\u00edan, pero toda hecha jirones; \u00e9ste apenas pod\u00eda mantener los pantalones en las caderas, aqu\u00e9l no ten\u00eda sombrero, o los dedos de los pies sobresal\u00edan de sus zapatos rotos. Uno era desali\u00f1ado, a veces mugriento, grosero, importuno, caprichoso, y encontraba su deleite en estar con los m\u00e1s miserables. Al m\u00e1s peque\u00f1o le ten\u00eda un afecto de madre. A veces dos ni\u00f1os se insultaban y se pegaban por juegos. Don Bosco se acercaba r\u00e1pidamente a ellos y les invitaba a parar. Cegados por la c\u00f3lera, a veces no hac\u00edan caso, y entonces \u00e9l levantaba la mano como para pegarles; pero de repente se deten\u00eda, los cog\u00eda del brazo y los separaba, y pronto los peque\u00f1os traviesos cesaban todas sus peleas como por arte de magia\u00bb.<br><br>A menudo alineaba a los j\u00f3venes en dos bandos enfrentados por la <em>barrarotta <\/em>(es el nombre de un juego), y haci\u00e9ndose el jefe de uno de los bandos, montaba un juego tan animado que, en parte jugadores y en parte espectadores, todos los j\u00f3venes se enardec\u00edan con estos juegos. Por un lado, quer\u00edan la gloria de la victoria de Don Bosco, por otro festejaban por la seguridad de la victoria.<br>No pocas veces desafiaba a todos los j\u00f3venes a superarle en la carrera, y fijaba la meta otorgando el premio al vencedor. Y all\u00ed se alineaban. Don Bosco se levanta la sotana hasta la rodilla: &#8211; Atenci\u00f3n, gritad: \u00a1Uno, dos, tres! &#8211; Y un enjambre de j\u00f3venes se lanzaba hacia delante, pero Don Bosco era siempre el primero en llegar a la meta. El \u00faltimo de estos desaf\u00edos tuvo lugar precisamente en 1868 y Don Bosco, a pesar de sus piernas hinchadas, segu\u00eda corriendo tan r\u00e1pido que dej\u00f3 atr\u00e1s a 800 j\u00f3venes, muchos de ellos maravillosamente delgados. Los que est\u00e1bamos presentes no pod\u00edamos creer lo que ve\u00edamos (MB III,127).<br><br><strong>2) Preocuparse sinceramente por los dem\u00e1s<br><\/strong>Una de las caracter\u00edsticas de las personas \u201catrayentes\u201d es la preocupaci\u00f3n genuina y sincera por los dem\u00e1s. No se trata s\u00f3lo de preguntar a alguien c\u00f3mo le ha ido el d\u00eda y escuchar su respuesta. Se trata de escuchar de verdad, empatizar y mostrar verdadero inter\u00e9s por la vida de los dem\u00e1s. Don Bosco llor\u00f3 con el coraz\u00f3n roto por la muerte de Don Calosso, de Luis Comollo, al ver a los primeros chicos entre rejas.<br><br><strong>La juventud anticlerical<br><\/strong>De este joven haremos alguna menci\u00f3n porque es como el representante de otros ciento y pico de sus compa\u00f1eros. En el oto\u00f1o de 1860, Don Bosco entraba en el caf\u00e9, llamado de la Consolata, porque estaba cerca del famoso Santuario de ese nombre, y tomaba asiento en una sala apartada para leer tranquilamente la correspondencia que sol\u00eda llevar consigo. En aquel local, un camarero despreocupado y cort\u00e9s atend\u00eda a los clientes. Se llamaba Cotella Juan Pablo, era natural de Cavour (Tur\u00edn) y ten\u00eda trece a\u00f1os. Se hab\u00eda escapado de casa en el verano de ese a\u00f1o, porque no soportaba los reproches y la severidad de sus padres. Le dejamos a \u00e9l la descripci\u00f3n de su encuentro con Don Bosco, tal como se lo narr\u00f3 a Don Cerruti Francisco.<br>Una tarde, cont\u00f3 \u00e9l, el patr\u00f3n me dijo: \u00abLleva una taza de caf\u00e9 a un sacerdote que est\u00e1 en aquella habitaci\u00f3n\u00bb. \u00ab\u00bfYo llevar caf\u00e9 a un cura?\u00bb, dije como sobresaltado. Los curas eran entonces tan impopulares como ahora, incluso m\u00e1s que ahora. Yo hab\u00eda o\u00eddo y le\u00eddo todo tipo de cosas y, por tanto, me hab\u00eda formado una muy mala opini\u00f3n de los curas.<br>Continu\u00e9 con aire burl\u00f3n: \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres de m\u00ed, cura?\u00bb, le pregunt\u00e9 a Don Bosco con pesar. Y \u00e9l me mir\u00f3 fijamente: \u00abQuisiera de ti, buen joven, una taza de caf\u00e9\u00bb, respondi\u00f3 con gran amabilidad, \u00abpero con una condici\u00f3n\u00bb. \u00ab\u00bfCu\u00e1l?\u00bb \u00abQue me lo traiga usted mismo\u00bb.<br>Aquellas palabras y aquella mirada me conquistaron y me dije: \u00abEste no es un cura como los dem\u00e1s\u00bb.<br>Le llev\u00e9 el caf\u00e9; una fuerza arcana me mantuvo cerca de \u00e9l, que empez\u00f3 a interrogarme, siempre de la forma m\u00e1s cari\u00f1osa, sobre mi pa\u00eds natal, mi edad, mis ocupaciones y, sobre todo, por qu\u00e9 me hab\u00eda escapado de casa. Entonces: \u00ab\u00bfQuieres venir conmigo?\u00bb, me dijo. \u00ab\u00bfD\u00f3nde?\u00bb \u00abAl Oratorio de D. Bosco. Este lugar y este servicio no son para ti\u00bb. \u00ab\u00bfY cuando est\u00e9s all\u00ed?\u00bb \u00abSi quieres, puedes estudiar\u00bb. \u00ab\u00bfPero me mantendr\u00e1s bien?\u00bb \u00ab\u00a1Oh, piensa! All\u00ed juegas, est\u00e1s alegre, te diviertes&#8230;\u00bb. \u00abBueno, bueno\u00bb, respond\u00ed, \u00abir\u00e9. \u00bfPero cu\u00e1ndo? \u00bfInmediatamente? \u00bfMa\u00f1ana?\u00bb \u00abEsta tarde\u00bb, a\u00f1adi\u00f3 D. Bosco.<br>Renunci\u00e9 a mi patr\u00f3n, que hubiera querido que me quedara unos d\u00edas m\u00e1s, cog\u00ed mis pocos harapos y me fui al Oratorio aquella misma tarde. Al d\u00eda siguiente, D. Bosco escribi\u00f3 a mis padres para tranquilizarlos respecto a m\u00ed, e invit\u00e1ndoles a acudir a \u00e9l para el necesario entendimiento sobre su ayuda con la comida y los gastos correspondientes. En efecto, mi madre vino y, despu\u00e9s de escuchar lo que dijo sobre el estado de la familia: \u00abBien, concluy\u00f3 D. Bosco, hag\u00e1moslo as\u00ed; t\u00fa pagas 12 liras al mes, D. Bosco pondr\u00e1 el resto\u00bb.<br>Admir\u00e9 en esto, no s\u00f3lo la exquisita caridad, sino la prudencia de D. Bosco. Mi familia no era rica, pero gozaba de suficiente fortuna. Si, por tanto, me hubiera aceptado gratuitamente, no habr\u00eda hecho bien, pues esto habr\u00eda perjudicado a otros m\u00e1s necesitados que yo.<br>Durante dos a\u00f1os sus parientes hab\u00edan mantenido el acuerdo con Don Bosco respecto a la pensi\u00f3n, pero al comienzo del tercero dejaron de pagar y ya no quisieron saber nada: El joven, aunque vivaz en grado sumo, era abierto, franco, de buen coraz\u00f3n, de conducta ejemplar, y sacaba mucho provecho de sus estudios. Ahora en este a\u00f1o escolar (1862 &#8211; 1863), cuando estaba a punto de entrar en la cuarta clase, temeroso de tener que interrumpir sus estudios, se sincer\u00f3 con Don Bosco, quien le contest\u00f3: \u00ab\u00bfY qu\u00e9 importa si tus padres ya no quieren pagar? \u00bfNo estoy yo ah\u00ed? <strong>Ten por seguro que Don Bosco no te abandonar\u00e1\u00bb<\/strong>. Y efectivamente, mientras permaneci\u00f3 en el Oratorio, Don Bosco le proporcion\u00f3 todo lo que necesitaba.<br>Cuando termin\u00f3 el cuarto a\u00f1o de bachillerato y super\u00f3 con \u00e9xito los ex\u00e1menes, se puso a trabajar; y el primer dinero que pudo reunir con su trabajo, lo envi\u00f3 a Don Bosco a costa de privaciones y en peque\u00f1os plazos para completar el saldo de la peque\u00f1a pensi\u00f3n que sus parientes se hab\u00edan olvidado de pagarle en su \u00faltimo a\u00f1o en el Oratorio. Vivi\u00f3 como un buen cristiano, difundi\u00f3 con celo las lecturas cat\u00f3licas, fue de los primeros en afiliarse a la uni\u00f3n de antiguos alumnos y mantuvo siempre una afectuosa comunicaci\u00f3n con sus antiguos superiores.<br><br><strong>3) Ser un buen escuchador<br><\/strong>En un mundo en el cual todo el mundo parece estar hablando todo el tiempo, un buen oyente se destaca. Escuchar lo que alguien dice es una cosa, pero escuchar de verdad -absorber y comprender- es otra cosa. Ser un buen oyente no consiste s\u00f3lo en permanecer en silencio mientras la otra persona habla. Se trata de participar en la conversaci\u00f3n, hacer preguntas de profundizaci\u00f3n y mostrar un inter\u00e9s genuino.<br><br><strong>El contacto como intercambio de energ\u00eda.<br><\/strong>Ten\u00eda una de las cualidades m\u00e1s raras: la \u201cgracia de estar\u201d. Una vida desbordante, como el buen vino de la cuba. Por la que miles de personas dec\u00edan: \u00ab\u00a1Gracias por estar ah\u00ed!\u00bb y \u00ab\u00a1A tu lado yo soy un otro!\u00bb<br>\u00abEscuchaba a los chicos con la mayor atenci\u00f3n, como si las cosas que dijeran fueran muy importantes. A veces se levantaba o caminaba con ellos por la habitaci\u00f3n. Cuando terminaba la conversaci\u00f3n, los acompa\u00f1aba hasta el umbral, abr\u00eda \u00e9l mismo la puerta y se desped\u00eda de ellos diciendo: \u00a1Somos siempre amigos, eh!\u00bb (Memorias biogr\u00e1ficas VI, 439).<br><br><strong>4) La belleza del hombre bueno<br><\/strong>Por esto Don Bosco es atrayente. El cardenal Juan Cagliero relat\u00f3 el siguiente hecho constatado personalmente cuando acompa\u00f1aba a Don Bosco. Despu\u00e9s de una conferencia celebrada en Niza, Don Bosco sali\u00f3 del presbiterio de la iglesia para dirigirse a la puerta, rodeado por la multitud que no le dejaba caminar. Un individuo de aspecto adusto permanec\u00eda inm\u00f3vil, observ\u00e1ndole como si no estuviera tramando nada bueno. Don Cagliero, que no le quitaba ojo, inquieto por lo que pudiera suceder, vio acercarse al hombre. Don Bosco le habl\u00f3: \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres?\u00bb \u00ab\u00bfYo? \u00a1Nada!\u00bb.<br>\u00ab\u00a1Parece que tienes algo que decirme!\u00bb \u00abNo tengo nada que decirle\u00bb.<br>\u00ab\u00bfQuieres confesarte?\u00bb \u00ab\u00bfConfesarme? \u00a1Ni por asomo!\u00bb<br>\u00abEntonces, \u00bfqu\u00e9 haces aqu\u00ed?\u00bb \u00abEstoy aqu\u00ed porque&#8230; \u00a1no puedo irme!\u00bb<br>\u00abComprendo&#8230; Se\u00f1ores, d\u00e9jenme solo un momento\u00bb, dijo Don Bosco a los que le rodeaban. Los que lo reodeaban se apartaron, Don Bosco susurr\u00f3 unas palabras al o\u00eddo del hombre que, cayendo de rodillas, se confes\u00f3 en medio de la iglesia (cf. MB XIV, 37).<br><br><strong>El Papa P\u00edo XI<\/strong>, el Pont\u00edfice que canoniz\u00f3 a Don Bosco y que hab\u00eda sido hu\u00e9sped de Don Bosco en la Casa Pinardi en el oto\u00f1o de 1883, recuerda: \u00abAqu\u00ed respond\u00eda a todos: y ten\u00eda la palabra justa para todo, tan propia que asombraba: primero sorprend\u00eda y luego asombraba demasiado\u00bb.<br>Dos cosas nos hacen comprender la eternidad: el amor y el asombro. Don Bosco las resum\u00eda en su persona. La belleza exterior es el componente visible de la belleza interior. Y se manifiesta a trav\u00e9s de la luz que emana de los ojos de cada individuo. No importa si est\u00e1 mal vestido o no se ajusta a nuestros c\u00e1nones de elegancia, o si no trata de imponerse a la atenci\u00f3n de las personas que le rodean. Los ojos son el espejo del alma y, en cierta medida, revelan lo que parece oculto.<br><br>Pero, adem\u00e1s de la capacidad para brillar, poseen otra cualidad: act\u00faan como espejo tanto de los dones que alberga el alma como de los hombres y mujeres que son objeto de su mirada.<br>En efecto, reflejan a quien los mira. Como cualquier espejo, los ojos devuelven el reflejo m\u00e1s \u00edntimo del rostro que tienen delante.<br><br><strong>Un viejo sacerdote<\/strong>, antiguo alumno de Valdocco, escrib\u00eda en 1889: \u201cLo que m\u00e1s destacaba en Don Bosco era su mirada, dulce pero penetrante, hasta las tinieblas del coraz\u00f3n, en las que uno dif\u00edcilmente pod\u00eda resistirse a mirar\u201d. Y a\u00f1ad\u00eda: \u201cNormalmente los retratos y los cuadros no muestran esta singularidad\u201d (MB VI, 2-3).<br>Otro antiguo alumno, de los a\u00f1os 70, Pons Pedro, revela en sus recuerdos: \u201cDon Bosco ten\u00eda dos ojos que traspasaban y penetraban la mente&#8230;. Se paseaba hablando y mirando a todo el mundo con dos ojos que se volv\u00edan en todas direcciones, electrizando de alegr\u00eda los corazones\u201d (MB XVII, 863).<br>Sabes que eres una buena persona cuando la gente siempre acude a ti en busca de consejo y aliento. La puerta de Don Bosco estaba siempre abierta para j\u00f3venes y mayores. La belleza del hombre bueno es una cualidad dif\u00edcil de definir, pero cuando est\u00e1 ah\u00ed, se nota: como un perfume. Todos sabemos lo que es el perfume de las rosas, pero nadie puede levantarse y explicarlo.<br>A veces suced\u00eda este fen\u00f3meno, que un joven escuchaba la palabra de Don Bosco y no pod\u00eda apartarse de su lado, absorto casi en una idea luminosa&#8230; Otros velaban por la noche a su puerta, dando ligeros golpecitos de vez en cuando, hasta que se les abr\u00eda, porque no quer\u00edan irse a dormir con el pecado en el alma.<\/p>\n\n\n\n<p><br><em><a href=\"..\/es\/don-bosco\/ser-amable-como-don-bosco-2-2\/\">(continuaci\u00f3n)<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser amable es una cualidad humana que se cultiva, aceptando el esfuerzo que a menudo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":26425,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":129,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[2566,1720,2636,1768,2225,1960,1972,2620,2026],"class_list":["post-26431","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-don-bosco","tag-formacion","tag-salesianos","tag-santos","tag-testigos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26431","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26431"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26431\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/26425"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26431"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26431"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26431"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}