{"id":26354,"date":"2024-02-05T09:52:18","date_gmt":"2024-02-05T09:52:18","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=26354"},"modified":"2026-03-25T16:29:12","modified_gmt":"2026-03-25T16:29:12","slug":"jose-buzzetti-de-inmigrante-a-primer-coadjutor-salesiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/reflexiones\/jose-buzzetti-de-inmigrante-a-primer-coadjutor-salesiano\/","title":{"rendered":"Jos\u00e9 Buzzetti, de inmigrante a primer coadjutor salesiano"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em>Fue uno de los muchos j\u00f3venes inmigrantes del Tur\u00edn del siglo XIX. Tuvo la suerte de conocer pronto a Don Bosco y se convirti\u00f3 en su primer \u201cverdadero\u201d salesiano laico.<br><\/em><\/em><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco, sacerdote muy joven, hab\u00eda llegado a Tur\u00edn en noviembre de 1841. Mirando a su alrededor, y bajando a las c\u00e1rceles junto a Don Cafasso, se hab\u00eda dado cuenta de la dram\u00e1tica situaci\u00f3n en la que se encontraban los muchachos de la ciudad. Pidi\u00f3 al Se\u00f1or que le ayudara a \u201chacer algo\u201d por ellos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La ma\u00f1ana del 8 de diciembre, fiesta de Mar\u00eda Inmaculada, hab\u00eda encontrado a Bartolom\u00e9 Garelli, alba\u00f1il de Asti. En la sacrist\u00eda anexa a la iglesia de San Francisco de As\u00eds, le hab\u00eda dado su primera lecci\u00f3n de catecismo y se hab\u00eda hecho amigo suyo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La tarde de esa misma fiesta, durante la celebraci\u00f3n vespertina, Don Bosco vio a tres peque\u00f1os alba\u00f1iles durmiendo, uno al lado del otro, en un escal\u00f3n del altar. La iglesia estaba abarrotada de gente, y en el p\u00falpito un predicador hilvanaba su laborioso serm\u00f3n. Don Bosco se acerc\u00f3 a los tres de puntillas, estrech\u00f3 al primero y en un susurro le pregunt\u00f3:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfC\u00f3mo te llamas?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Carlos Buzzetti -respondi\u00f3 confuso el muchacho, esperando una bofetada del sacerdote-. Perdone, pero he intentado prestar atenci\u00f3n al serm\u00f3n. Pero no entend\u00ed nada y me qued\u00e9 dormido.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En lugar de una reprimenda, Carlos vio una buena sonrisa en el rostro del cura, que continu\u00f3 en un susurro:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfY estos qui\u00e9nes son?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Mi hermano y mi primo -dijo Carlos, sacudiendo a los dos peque\u00f1os durmientes-. Somos alba\u00f1iles toda la semana y estamos cansados.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Venid conmigo -volvi\u00f3 a susurrar Don Bosco. Y los precedi\u00f3 hasta la sacrist\u00eda.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cEran Carlos y Juan Buzzetti, y Juan Gariboldi\u201d, recordaba emocionado Don Bosco a sus primeros salesianos. Peque\u00f1os alba\u00f1iles de Lombard\u00eda que estar\u00edan con \u00e9l durante treinta, cuarenta a\u00f1os, a los que todos en Valdocco conoc\u00edan.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cEntonces eran simples recaderos, ahora son maestros de obras, constructores estimados y respetados\u201d.<br><br><strong>Giuseppe, el hermano peque\u00f1o<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los Buzzetti proced\u00edan de Caronno Ghiringhello (actual Caronno Varesino), una familia numerosa que viv\u00eda del trabajo de la tierra. Pero en la familia de Antonio y Giuseppina hab\u00edan nacido siete hijos, demasiados brazos para una tierra peque\u00f1a. Nada m\u00e1s cruzar la infancia, el padre Antonio hab\u00eda pensado en enviar a los dos hijos mayores a Tur\u00edn, donde hab\u00eda una colonia de alba\u00f1iles de Lombard\u00eda que ganaban buen dinero y volv\u00edan con una buena cantidad de ahorros.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full td-caption-align-center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1010\" height=\"600\" src=\"https:\/\/www.donbosco.press\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Giuseppe-Buzzetti-da-immigrante-a-primo-coadiutore-salesiano_3_tn.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-26334\" srcset=\"https:\/\/www.donbosco.press\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Giuseppe-Buzzetti-da-immigrante-a-primo-coadiutore-salesiano_3_tn.jpg 1010w, https:\/\/www.donbosco.press\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Giuseppe-Buzzetti-da-immigrante-a-primo-coadiutore-salesiano_3_tn-300x178.jpg 300w, https:\/\/www.donbosco.press\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Giuseppe-Buzzetti-da-immigrante-a-primo-coadiutore-salesiano_3_tn-768x456.jpg 768w, https:\/\/www.donbosco.press\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Giuseppe-Buzzetti-da-immigrante-a-primo-coadiutore-salesiano_3_tn-150x89.jpg 150w, https:\/\/www.donbosco.press\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Giuseppe-Buzzetti-da-immigrante-a-primo-coadiutore-salesiano_3_tn-696x413.jpg 696w, https:\/\/www.donbosco.press\/wp-content\/uploads\/2024\/02\/Giuseppe-Buzzetti-da-immigrante-a-primo-coadiutore-salesiano_3_tn-707x420.jpg 707w\" sizes=\"auto, (max-width: 1010px) 100vw, 1010px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em><em>Toda la familia Buzzetti. En el centro, en segunda fila, Giuseppe (con barba). A su izquierda su hermano Carlo; a la derecha los otros tres hermanos.<\/em><\/em><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carlos y Juan contaron a Don Bosco que hab\u00edan partido en carretas desde Caronno, en grupo con otros aldeanos mayores que conoc\u00edan el largo viaje (unos cien kil\u00f3metros). En parte en el carro, en parte a pie, hab\u00edan caminado llevando un fardo con sus pobres ropas, y hab\u00edan dormido en alguna granja. Ahora llega la estaci\u00f3n muerta para nosotros los alba\u00f1iles -dijo Carlos-; dentro de unos d\u00edas tomaremos el camino de regreso a nuestro pueblo. Volveremos en primavera, y llevaremos con nosotros a nuestro tercer hermano, Jos\u00e9.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esos pocos d\u00edas que quedaban, Don Bosco se hizo amigo de ellos. Carlos y Juan regresaron tres d\u00edas despu\u00e9s, el domingo, a la cabeza de un equipo de primos y paisanos. Don Bosco dijo misa y les dirigi\u00f3 un animado serm\u00f3n. Luego desayunaron juntos, sentados al sol en el peque\u00f1o patio detr\u00e1s de la sacrist\u00eda. Hablaron de las familias lejanas que pronto volver\u00edan a ver, del trabajo, de los primeros ahorros que podr\u00edan llevar a casa. Se llevaban bien con Don Bosco, parec\u00eda como si siempre hubieran sido amigos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la primavera de 1842, los hermanos Buzzetti regresaron a Tur\u00edn desde Caronno, acompa\u00f1ados por su hermano peque\u00f1o, que acababa de cumplir diez a\u00f1os (hab\u00eda nacido el 12 de febrero de 1832). Jos\u00e9 es un ni\u00f1o p\u00e1lido, todo desconcertado. Don Bosco le mira con ternura, le habla como a un amigo. Jos\u00e9 se apega a \u00e9l como un cachorro. Nunca m\u00e1s se separar\u00e1 de \u00e9l. Incluso cuando los hermanos, despu\u00e9s de una nueva temporada de trabajo, regresaban a Caronno, \u00e9l (tambi\u00e9n porque el largo camino le agotaba) se quedaba con \u201csu\u201d Don Bosco. Desde la primavera de 1842 hasta la madrugada del 31 de enero de 1888, cuando Don Bosco muri\u00f3, Jos\u00e9 estar\u00eda siempre a su lado, testigo sereno de toda la historia humana y divina del sacerdote \u201cque lo amaba\u201d. Muchos acontecimientos de la vida de Don Bosco ser\u00edan ya calificados de \u201cleyendas\u201d, en nuestro tiempo desconfiado y desmitificador, si no hubieran sido vistos a trav\u00e9s de los ojos sencillos del alba\u00f1il de Caronno, que siempre estaba all\u00ed, a tiro de piedra de \u201csu\u201d Don Bosco.<br><br><strong>\u201c\u00bfQuieres venir y quedarte conmigo?\u201d<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco va de obra en obra para encontrarse con sus muchachos y comprobar que las condiciones de trabajo que les imponen no sean inhumanas. Contempla con tristeza c\u00f3mo Jos\u00e9 carga ladrillos y piedra caliza de sol a sol. Hay tanta bondad e inteligencia en esos ojos. Dentro de unos a\u00f1os le llamar\u00e1 y le ofrecer\u00e1 compartir su vida. Miguel Rua, el que se convertir\u00e1 en el segundo Don Bosco, es todav\u00eda un ni\u00f1o de cuatro a\u00f1os. Pero el que ser\u00e1 su brazo fuerte, su primer y verdadero \u201ccoadjutor\u201d en la construcci\u00f3n de la Obra Salesiana, ya ha llegado. Se trata de Jos\u00e9 Buzzetti.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Oratorio pasa de la sacrist\u00eda de San Francisco al Ospedaletto della Marchesa Barolo, de un cementerio a un molino, de un cuchitril a un prado. Acaba bajo un toldo en Valdocco. Mientras tanto, Don Bosco dice a sus muchachos que tendr\u00e1n un gran oratorio, talleres y patios, iglesias y escuelas. M\u00e1s de uno dice que Don Bosco se ha vuelto loco. Jos\u00e9 Buzzetti est\u00e1 a su lado. Le escucha, se ilumina con su sonrisa, ni siquiera piensa que Don Bosco pueda estar equivocado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En mayo de 1847 la Providencia y una lluvia interminable traen a Don Bosco el primer ni\u00f1o que necesita ser alojado \u201cd\u00eda y noche\u201d. Ese mismo a\u00f1o llegaron otros seis: hu\u00e9rfanos que se quedaban solos de un d\u00eda para otro, j\u00f3venes inmigrantes en busca de su primer trabajo. Para ellos Don Bosco transform\u00f3 dos habitaciones vecinas en un peque\u00f1o dormitorio, coloc\u00f3 las camas y colg\u00f3 un cartel en la pared que dec\u00eda \u201cDios te ve\u201d. Para gestionar aquella primera comunidad microsc\u00f3pica (alimentada por el huerto y las ollas de Mam\u00e1 Margarita), Don Bosco necesitaba un joven ayudante en el que pudiera confiar con los ojos cerrados, un chico que se quedar\u00eda con \u00e9l para siempre, y que ser\u00eda el primero de aquellos cl\u00e9rigos y sacerdotes que la Virgen le hab\u00eda prometido tantas veces en sue\u00f1os. Ese ni\u00f1o ser\u00eda Jos\u00e9 Buzzetti.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mismo Jos\u00e9 cuenta: \u201cEra un domingo por la tarde, y yo observaba el recreo de mis compa\u00f1eros. Ese d\u00eda hab\u00eda comulgado con mis hermanos, as\u00ed que estaba muy contento. Don Bosco estaba recre\u00e1ndose con nosotros, cont\u00e1ndonos las cosas m\u00e1s queridas del mundo. Mientras tanto llegaba la noche y yo me preparaba para volver a casa. Cuando me acerqu\u00e9 a Don Bosco para despedirme de \u00e9l, me dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Bravo, estoy contento de poder hablar contigo. Dime, \u00bfquieres estar conmigo?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfPara estar contigo? Expl\u00edcame.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Necesito reunir algunos j\u00f3venes que quieran seguirme en la aventura del Oratorio. T\u00fa ser\u00edas uno. Empezar\u00e9 a instruirte. Y, si Dios quiere, podr\u00edas ser sacerdote a su debido tiempo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mir\u00e9 el rostro de Don Bosco y pens\u00e9 que estaba so\u00f1ando. Luego a\u00f1adi\u00f3:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Hablar\u00e9 con tu hermano Carlos, y haremos lo que sea mejor en el Se\u00f1or&#8217;.<br><br>I<strong>nvocador de \u201cmilagros\u201d<\/strong><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carlos estuvo de acuerdo, y Jos\u00e9 vino a vivir con Don Bosco y su mam\u00e1 Margarita. Don Bosco le confi\u00f3 el dinero y las finanzas de la casa, con total confianza. Y en dos a\u00f1os le prepar\u00f3 para vestir el h\u00e1bito negro de los cl\u00e9rigos. Todos le llamaban \u201cel cl\u00e9rigo Buzzetti\u201d. Fue \u00e9l quien, en un agosto asfixiante, apart\u00f3 a Miguel Rua y le hizo una seria reflexi\u00f3n a ese muchacho desganado por el calor para que se comprometiera m\u00e1s en sus estudios.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A\u00f1o tras a\u00f1o, Jos\u00e9 Buzzetti tom\u00f3 de las manos de Don Bosco y desarroll\u00f3 la escuela de canto y la banda de m\u00fasica, los talleres (sobre todo la imprenta de la que se convirti\u00f3 en gerente total), la supervisi\u00f3n de las obras, la administraci\u00f3n de la Obra que se hac\u00eda cada vez m\u00e1s grande, la organizaci\u00f3n de las loter\u00edas que fueron durante a\u00f1os el ox\u00edgeno indispensable para el Oratorio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue el instigador involuntario de dos famosas \u201cmultiplicaciones\u201d de Don Bosco. En el invierno de 1848, durante una fiesta solemne, en el momento de distribuir la Comuni\u00f3n a trescientos muchachos, Don Bosco se dio cuenta de que s\u00f3lo hab\u00eda ocho o nueve hostias en cop\u00f3n. Jos\u00e9, que estaba sirviendo la misa, se hab\u00eda olvidado de preparar otro cop\u00f3n llena de hostias para consagrar. Cuando Don Bosco comenz\u00f3 a distribuir la Eucarist\u00eda, Jos\u00e9 comenz\u00f3 a sudar porque vio (mientras sosten\u00eda el platillo) que las hostias crec\u00edan bajo las manos de Don Bosco, hasta que hubo suficientes para todos. Al a\u00f1o siguiente, el d\u00eda de los difuntos, Don Bosco regres\u00f3 de su visita al cementerio con la multitud de j\u00f3venes hambrientos a los que hab\u00eda prometido casta\u00f1as cocidas. Mam\u00e1 Margarita, a quien Jos\u00e9 hab\u00eda malinterpretado las palabras de Don Bosco, s\u00f3lo hab\u00eda preparado una peque\u00f1a olla con ellas. Jos\u00e9, en el alboroto general, trat\u00f3 de hacer entender a Don Bosco que s\u00f3lo hab\u00eda esa peque\u00f1a cantidad de casta\u00f1as. Pero Don Bosco empez\u00f3 a repartirlas a lo grande, a cucharadas. Incluso aquella vez Jos\u00e9 empez\u00f3 a sudar fr\u00edo, porque la olla no se vaciaba nunca. Al final todos ten\u00edan las manos llenas de casta\u00f1as calientes, y Jos\u00e9 miraba asombrado la \u201colla m\u00e1gica\u201d de la que Don Bosco segu\u00eda pescando alegremente&#8230;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hubo un tiempo en que varias personas quer\u00edan acabar con Don Bosco, y Jos\u00e9 (que se hab\u00eda dejado crecer una impresionante barba roja) se convirti\u00f3 en su guardi\u00e1n y defensor. \u201cLo ve\u00edamos casi con envidia, cuenta Juan Bautista Francesia, salir del Oratorio para ir al encuentro de Don Bosco que ten\u00eda que volver a Valdocco desde Tur\u00edn. Se necesitaba una mano fuerte y un coraz\u00f3n lleno, y Buzzetti era la persona adecuada\u201d Cuando faltaba Jos\u00e9 con su barba roja, aparec\u00eda un misterioso perro de pelo gris, que Mam\u00e1 Margarita, Miguel Rua y Bautista Francesia observaban con respeto y miedo, y al que Jos\u00e9 ten\u00eda que defender de las pedradas de otros chicos asustados&#8230;<br><br><strong>Los d\u00edas de melancol\u00eda<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 25 de noviembre de 1856 muri\u00f3 Mam\u00e1 Margaret. Fue un d\u00eda amargo para Don Bosco y toda su gente. Fue tambi\u00e9n el d\u00eda que marc\u00f3 el final del \u201cOratorio Familiar\u201d que Jos\u00e9 hab\u00eda visto y ayudado a crecer. Los chicos hab\u00edan llegado a ser muchos, y cada mes crec\u00edan en n\u00famero. Ya no bastaba una madre, se necesitaban maestros, profesores, superiores. Poco a poco, Jos\u00e9 cedi\u00f3 la administraci\u00f3n a don Alasonatti, la escuela de canto y la banda a don Cagliero, la imprenta al caballero Oreglia de Santo Stefano. Hac\u00eda tiempo que se hab\u00eda quitado las negras vestiduras clericales, porque demasiadas ocupaciones no le hab\u00edan permitido continuar seriamente sus estudios. Ahora se ve\u00eda ocupado en trabajos cada vez m\u00e1s humildes: asist\u00eda el refectorio, pon\u00eda las mesas, enviaba las Lecturas Cat\u00f3licas, iba a la ciudad a buscar trabajo para los operarios.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un d\u00eda, la melancol\u00eda y el des\u00e1nimo se apoderaron de \u00e9l y decidi\u00f3 abandonar el Oratorio. Habl\u00f3 con sus hermanos (que ocupaban puestos de responsabilidad en el sector de la construcci\u00f3n de Tur\u00edn), encontr\u00f3 trabajo y fue a despedirse de Don Bosco. Con su habitual desparpajo le dijo que ya se estaba convirtiendo en la \u00faltima rueda del carro, que ten\u00eda que obedecer a los que hab\u00eda visto llegar de ni\u00f1os, a los que hab\u00eda ense\u00f1ado a sonarse la nariz. Expres\u00f3 su tristeza por tener que dejar la casa que hab\u00eda ayudado a construir desde los tiempos del peque\u00f1o techo. Para Don Bosco fue un golpe tremendo. Pero no se alegr\u00f3. No dijo: \u201c\u00a1Pobre de m\u00ed! Me dejas en un buen l\u00edo\u201d. En cambio, pens\u00f3 en \u00e9l, su amigo m\u00e1s querido, con quien hab\u00eda compartido tantas horas felices y dolorosas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c\u00bfHas encontrado ya un sitio? \u00bfTe pagar\u00e1n bien? Necesitar\u00e1s dinero para los primeros d\u00edas\u201d. Hizo referencia a los cajones de su escritorio: \u201cConoces estos cajones mejor que yo. Toma lo que necesites, y si no es suficiente, dime lo que necesitas y te lo conseguir\u00e9. No quiero que t\u00fa, Jos\u00e9, tengas que sufrir ninguna privaci\u00f3n por m\u00ed\u201d. Luego le mir\u00f3 con ese amor que s\u00f3lo \u00e9l ten\u00eda por sus hijos: \u201cSiempre nos hemos querido. Y espero que nunca me olvides\u201d. Entonces Jos\u00e9 rompi\u00f3 a llorar. Llor\u00f3 largo rato y dijo: \u201cNo quiero dejar Don Bosco. Me quedar\u00e9 aqu\u00ed para siempre\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando Don Bosco, en diciembre de 1887, tuvo que rendirse a la enfermedad de su \u00faltima enfermedad, Jos\u00e9 Buzzetti fue a ponerse al lado de su cama. Ten\u00eda ahora 55 a\u00f1os. Su fabulosa barba roja se hab\u00eda vuelto toda blanca. Don Bosco ya casi no pod\u00eda hablar, pero a\u00fan intentaba bromear haci\u00e9ndole el saludo militar. Cuando consigui\u00f3 murmurar algunas palabras le dijo: \u201c\u00a1Oh, mi querido! Siempre ser\u00e1s mi querido\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 30 de enero fue el \u00faltimo d\u00eda de la vida de Don Bosco. Hacia la una de la tarde Jos\u00e9 y el P. Viglietti estaban junto a su cama. Don Bosco abri\u00f3 mucho los ojos, intent\u00f3 sonre\u00edr. Luego levant\u00f3 la mano izquierda y les salud\u00f3. Buzzetti rompi\u00f3 a llorar. Por la noche, hacia el amanecer, Don Bosco muri\u00f3.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora que su gran amigo se hab\u00eda ido con Dios, Buzzetti sent\u00eda su vida vac\u00eda. Parec\u00eda cansado. \u201cMir\u00e1bamos a Jos\u00e9\u201d, recuerda el P. Francesia, \u201ctan encari\u00f1ado con Don Bosco, como una de esas cosas preciosas que nos recuerdan tantas y tantas memorias\u201d. Pasaba gran parte del d\u00eda en la iglesia, junto al sagrario, delante del cuadro de Mar\u00eda Auxiliadora.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le hac\u00edan dulces violencias para que fuera a la casa salesiana de Lanzo, a respirar un aire mejor. \u201cVoy all\u00ed de buena gana\u201d, dijo al final, \u201cporque all\u00ed fue tambi\u00e9n Don Bosco, y porque all\u00ed muri\u00f3 el querido P. Alasonatti. Andar\u00e9 all\u00ed, y luego ir\u00e9 a ver de nuevo a Don Bosco\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muri\u00f3 apretando el rosario entre sus manos. Ten\u00eda 59 a\u00f1os. Era el 13 de julio de 1891.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fue uno de los muchos j\u00f3venes inmigrantes del Tur\u00edn del siglo XIX. 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