{"id":26238,"date":"2024-01-29T19:29:17","date_gmt":"2024-01-29T19:29:17","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=26238"},"modified":"2024-01-29T19:38:52","modified_gmt":"2024-01-29T19:38:52","slug":"el-sueno-de-nueve-anos-de-don-bosco-nucleos-teologico-espirituales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/el-sueno-de-nueve-anos-de-don-bosco-nucleos-teologico-espirituales\/","title":{"rendered":"El sue\u00f1o de nueve a\u00f1os de Don Bosco. N\u00facleos teol\u00f3gico &#8211; espirituales"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un comentario sobre los temas teol\u00f3gico-espirituales presentes en el sue\u00f1o de los nueve a\u00f1os podr\u00eda tener desarrollos tan amplios como para incluir un tratamiento completo de la \u201csalesianidad\u201d. Le\u00eddo, por tanto, a partir de su historia de efectos, el sue\u00f1o abre innumerables pistas para profundizar en los rasgos pedag\u00f3gicos y apost\u00f3licos que caracterizaron la vida de San Juan Bosco y la experiencia carism\u00e1tica que de \u00e9l parti\u00f3. Hemos elegido centrarnos en cinco pistas de reflexi\u00f3n espiritual que se refieren respectivamente a (1) la misi\u00f3n oratoriana, (2) la llamada a lo imposible, (3) el misterio del Nombre, (4) la mediaci\u00f3n materna y, por \u00faltimo, (5) la fuerza de la mansedumbre.<br><\/em><\/em><br><br><strong>1. La misi\u00f3n oratoriana<br><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El sue\u00f1o de los nueve a\u00f1os est\u00e1 lleno de chicos. Est\u00e1n presentes desde la primera escena hasta la \u00faltima y son los beneficiarios de todo lo que sucede. Su presencia se caracteriza por la alegr\u00eda y el juego, propios de su edad, pero tambi\u00e9n por el desorden y el comportamiento negativo. As\u00ed pues, los ni\u00f1os no son en el sue\u00f1o de los nueve a\u00f1os la imagen rom\u00e1ntica de una edad encantada, intocada por los males del mundo, ni corresponden al mito posmoderno de la condici\u00f3n de la juventud como estaci\u00f3n de acci\u00f3n espont\u00e1nea y perenne disposici\u00f3n al cambio, que debe preservarse en una adolescencia eterna. Los chicos del sue\u00f1o son extraordinariamente \u201creales\u201d, tanto cuando aparecen con su fisonom\u00eda como cuando se les representa simb\u00f3licamente en forma de animales. Juegan y discuten, se divierten riendo y se arruinan diciendo palabrotas, igual que en la realidad. No parecen ni inocentes, como los imagina una pedagog\u00eda de la espontaneidad, ni capaces de ense\u00f1arse a s\u00ed mismos, como los conceb\u00eda Rousseau. Desde el momento en que aparecen, en un \u201cpatio muy espacioso\u201d, que presagia los grandes patios de los futuros oratorios salesianos, <em>invocan la presencia y la acci\u00f3n de alguien<\/em>. El gesto impulsivo del so\u00f1ador, sin embargo, no es la intervenci\u00f3n adecuada; es necesaria la presencia de un Otro.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entrelazada con la visi\u00f3n de los ni\u00f1os est\u00e1 la aparici\u00f3n de la figura de Cristo, como ahora podemos llamarle abiertamente. Aquel que dijo en el Evangelio: \u201cDejad que los ni\u00f1os vengan a m\u00ed\u201d (<em>Mc <\/em>10,14), viene a indicar al so\u00f1ador la actitud con la que los ni\u00f1os deben ser abordados y acompa\u00f1ados. Aparece majestuoso, viril, fuerte, con rasgos que resaltan claramente su car\u00e1cter divino y trascendente; su forma de actuar est\u00e1 marcada por la confianza y el poder y manifiesta un pleno se\u00f1or\u00edo sobre las cosas que suceden. El venerable, sin embargo, no infunde miedo, sino que trae la paz donde antes hab\u00eda confusi\u00f3n y conmoci\u00f3n; manifiesta una comprensi\u00f3n ben\u00e9vola hacia Juan y le dirige por el camino de la mansedumbre y la caridad.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La <em>reciprocidad <\/em>entre estas figuras -los muchachos por un lado y el Se\u00f1or (al que m\u00e1s tarde se unir\u00e1 la Madre) por otro- define los contornos del sue\u00f1o. Las emociones que Juan siente en la experiencia on\u00edrica, las preguntas que formula, la tarea que se le pide que realice, el futuro que se abre ante \u00e9l est\u00e1n totalmente ligados a la dial\u00e9ctica entre estos dos polos. Quiz\u00e1s el mensaje m\u00e1s importante que le transmite el sue\u00f1o, el que probablemente comprendi\u00f3 primero porque se qued\u00f3 grabado en su imaginaci\u00f3n, incluso antes de entenderlo de forma reflexiva, es que esas figuras se refieren la una a la otra y que <em>ya no podr\u00e1 disociarlas durante el resto de su vida<\/em>. El encuentro entre la vulnerabilidad de los j\u00f3venes y el poder del Se\u00f1or, entre su necesidad de salvaci\u00f3n y su oferta de gracia, entre su deseo de alegr\u00eda y su don de vida debe convertirse ahora en el centro de sus pensamientos, en el espacio de su identidad. Toda la partitura de su vida se escribir\u00e1 en la tonalidad que le da este tema generador: modularlo en todo su potencial arm\u00f3nico ser\u00e1 su misi\u00f3n, en la que deber\u00e1 verter todos sus dones de naturaleza y de gracia.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El dinamismo de la vida de Juan aparece as\u00ed en la visi\u00f3n on\u00edrica como un movimiento continuo, una especie de ir y venir espiritual, entre los muchachos y el Se\u00f1or. Del grupo de ni\u00f1os en cuyo seno se lanz\u00f3 impetuosamente, Juan debe dejarse atraer por el Se\u00f1or que le llama por su nombre, para luego apartarse de Aquel que le env\u00eda e ir a guiar a sus compa\u00f1eros de un modo muy diferente. Aunque en sue\u00f1os reciba golpes tan fuertes de los chicos que a\u00fan sienta su dolor al despertar, y oiga palabras del venerable que le dejen sin palabras, su ir y venir no es un traj\u00edn inconcluso, sino un camino que le transforma gradualmente y aporta a los j\u00f3venes una energ\u00eda de vida y amor.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Que todo esto tenga lugar en un <em>patio es <\/em>muy significativo y tiene un claro valor prol\u00e9ptico, ya que de la misi\u00f3n de Don Bosco el patio oratorio se convertir\u00e1 en el lugar privilegiado y el s\u00edmbolo ejemplar. Toda la escena se desarrolla en este entorno, a la vez vasto (patio muy espacioso) y familiar (cerca de casa). El hecho de que la visi\u00f3n vocacional no tenga como tel\u00f3n de fondo un lugar sagrado o un espacio celestial, sino el entorno en el que viven y juegan los muchachos, indica claramente que <em>la iniciativa divina asume su mundo como lugar de encuentro<\/em>. La misi\u00f3n confiada a Juan, aunque est\u00e1 claramente dirigida en un sentido catequ\u00e9tico y religioso (\u201cinstruirles sobre la fealdad del pecado y la preciosidad de la virtud\u201d), tiene como <em>habitat <\/em>el universo de la educaci\u00f3n. La asociaci\u00f3n de la figura cristol\u00f3gica con el espacio del patio y la din\u00e1mica del juego, que un ni\u00f1o de nueve a\u00f1os ciertamente no puede haber \u201cconstruido\u201d, constituye una transgresi\u00f3n de la imaginer\u00eda religiosa m\u00e1s habitual, cuya fuerza inspiradora es igual a su profundidad de misterio. De hecho, sintetiza en s\u00ed misma toda la din\u00e1mica del misterio de la encarnaci\u00f3n, por el que el Hijo toma nuestra forma para ofrecernos la suya, y pone de relieve c\u00f3mo no hay nada humano que deba sacrificarse para dejar sitio a Dios.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El patio habla por tanto de la <em>cercan\u00eda de la gracia divina al \u201csentir\u201d de los muchachos<\/em>: para acogerla no hay que abandonar la propia edad, descuidar sus necesidades, forzar sus ritmos. Cuando Don Bosco, ya adulto, escrib\u00eda en <em>El joven provisto <\/em>que uno de los trucos del diablo es hacer creer a los j\u00f3venes que la santidad es incompatible con su deseo de estar alegres y con la exuberante frescura de su vitalidad, no hac\u00eda sino devolver en forma madura la lecci\u00f3n intuida en su sue\u00f1o y que luego se convirti\u00f3 en un elemento central de su magisterio espiritual. Al mismo tiempo, el patio habla de la necesidad de <em>entender la educaci\u00f3n desde su n\u00facleo m\u00e1s profundo<\/em>, que concierne a la actitud del coraz\u00f3n hacia Dios. All\u00ed, ense\u00f1a el sue\u00f1o, no s\u00f3lo est\u00e1 el espacio de una apertura original a la gracia, sino tambi\u00e9n el abismo de la resistencia, en el que acechan la fealdad del mal y la violencia del pecado. Por eso el horizonte educativo del sue\u00f1o es francamente religioso, y no s\u00f3lo filantr\u00f3pico, y pone en escena el simbolismo de la conversi\u00f3n, y no s\u00f3lo el del autodesarrollo.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el patio del sue\u00f1o, lleno de chicos y habitado por el Se\u00f1or, se revela as\u00ed a Juan lo que ser\u00e1 la futura din\u00e1mica pedag\u00f3gica y espiritual de los patios oratorianos. De ella quisi\u00e9ramos destacar a\u00fan dos rasgos, claramente evocados en las acciones llevadas a cabo en el sue\u00f1o primero por los ni\u00f1os y luego por los mansos corderos. El primer rasgo se encuentra en el hecho de que los ni\u00f1os \u201cdejando de re\u00f1ir, de gritar y de blasfemar, se reunieron todos en torno al que hablaba\u201d. Este tema de la \u201c<em>reuni\u00f3n<\/em>\u201d<em> <\/em>es una de las matrices teol\u00f3gicas y pedag\u00f3gicas m\u00e1s importantes de la visi\u00f3n educativa de Don Bosco. En una famosa p\u00e1gina escrita en 1854, la <em>Introducci\u00f3n <\/em>al <em>Plan de Reglamento del Oratorio masculino San Francisco de Sales de Tur\u00edn, en la regi\u00f3n de Valdocco<\/em>, presenta la naturaleza eclesial y el sentido teol\u00f3gico de la instituci\u00f3n oratoriana citando las palabras del evangelista Juan: \u201c<em>Ut filios Dei, qui erant dispersi, congregaret in unum<\/em>\u201d (para congregar a los hijos de Dios que estaban dispersos) (Jn<em> <\/em>11,52). La actividad del Oratorio se sit\u00faa as\u00ed bajo el signo de la reuni\u00f3n escatol\u00f3gica de los hijos de Dios que constituy\u00f3 el centro de la misi\u00f3n del Hijo de Dios:<br><em>Las palabras del santo Evangelio que nos dan a conocer que el divino Salvador vino del cielo a la tierra para reunir a todos los hijos de Dios, dispersos en las diversas partes de la tierra, me parece que se aplican literalmente a la juventud de nuestros d\u00edas.<br><\/em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La juventud, \u201cesta porci\u00f3n delicad\u00edsima y precios\u00edsima de la sociedad humana\u201d, se encuentra a menudo dispersa y rezagada a causa del desinter\u00e9s educativo de los padres o de la influencia de los malos compa\u00f1eros. Lo primero que hay que hacer para procurar la educaci\u00f3n de estos j\u00f3venes es precisamente \u201creunirlos, poder hablar con ellos, formarlos moralmente\u201d. En estas palabras de la <em>Introducci\u00f3n <\/em>al <em>Plan del Reglamento, <\/em>el eco del sue\u00f1o, madurado en la conciencia del educador ya adulto, est\u00e1 clara y reconociblemente presente. El oratorio se presenta all\u00ed como una alegre \u201creuni\u00f3n\u201d de j\u00f3venes en torno a la \u00fanica fuerza tranquilizadora capaz de salvarlos y transformarlos, la del Se\u00f1or: \u201cEstos oratorios son ciertas reuniones en las que se mantiene a la juventud en agradable y honesto recreo, despu\u00e9s de haber asistido a las sagradas funciones de la iglesia\u201d. Desde la infancia, de hecho, Don Bosco comprendi\u00f3 que \u201c\u00e9sta era la misi\u00f3n del hijo de Dios; esto es lo \u00fanico que puede hacer su santa religi\u00f3n\u201d.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El segundo elemento que se convertir\u00e1 en un rasgo identificativo de la espiritualidad oratoriana es el que en el sue\u00f1o se revela a trav\u00e9s de la imagen de los corderos corriendo \u201cpara hacer fiesta a aquel hombre y a aquella se\u00f1ora\u201d. La <em>pedagog\u00eda de la fiesta <\/em>ser\u00e1 una dimensi\u00f3n fundamental del sistema preventivo de Don Bosco, que ver\u00e1 en las numerosas fiestas religiosas del a\u00f1o la oportunidad de ofrecer a los muchachos la posibilidad de respirar profundamente la alegr\u00eda de la fe. Don Bosco sabr\u00e1 implicar con entusiasmo a la comunidad juvenil del Oratorio en la preparaci\u00f3n de eventos, obras de teatro, recepciones que proporcionen una distracci\u00f3n de la monoton\u00eda del deber cotidiano, para potenciar los talentos de los muchachos para la m\u00fasica, la interpretaci\u00f3n, la gimnasia, para orientar su imaginaci\u00f3n en la direcci\u00f3n de una creatividad positiva. Si se tiene en cuenta que la educaci\u00f3n propuesta en los c\u00edrculos religiosos del siglo XIX sol\u00eda tener un tenor m\u00e1s bien austero, que parec\u00eda presentar el ideal pedag\u00f3gico a alcanzar como el de la compostura devota, la sana alegr\u00eda festiva del oratorio destaca como expresi\u00f3n de un humanismo abierto a captar las necesidades psicol\u00f3gicas del muchacho y capaz de complacer su protagonismo. La alegr\u00eda festiva que sigue a la metamorfosis de los animales del sue\u00f1o es, por tanto, a lo que debe aspirar la pedagog\u00eda salesiana.<br><br><strong>2. La llamada a lo imposible<br><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mientras que para los muchachos el sue\u00f1o termina en celebraci\u00f3n, para Juan acaba en consternaci\u00f3n e incluso en l\u00e1grimas. Es un desenlace que no puede sino sorprender. Es habitual pensar, de hecho, con cierta simplificaci\u00f3n, que las visitas de Dios son exclusivamente portadoras de alegr\u00eda y consuelo. Resulta parad\u00f3jico, por tanto, que para un ap\u00f3stol de la alegr\u00eda, para aquel que como seminarista fundar\u00e1 la \u201csociedad de la alegr\u00eda\u201d y que como sacerdote ense\u00f1ar\u00e1 a sus muchachos que la santidad consiste en \u201cestar muy alegres\u201d, la escena vocacional termine con llanto.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esto puede indicar sin duda que la alegr\u00eda de la que se habla no es puro ocio y simple despreocupaci\u00f3n, sino una resonancia interior a la belleza de la gracia. Como tal, s\u00f3lo puede alcanzarse a trav\u00e9s de exigentes batallas espirituales, cuyo precio Don Bosco deber\u00e1 pagar en gran parte en beneficio de sus muchachos. Revivir\u00e1 as\u00ed sobre s\u00ed mismo ese intercambio de papeles que hunde sus ra\u00edces en el misterio pascual de Jes\u00fas y que se prolonga en la condici\u00f3n de los ap\u00f3stoles: \u201cnosotros necios por Cristo, vosotros sabios en Cristo, nosotros d\u00e9biles, vosotros fuertes; vosotros honrados, nosotros despreciados\u201d (<em>1Cor <\/em>4,10), pero igualmente \u201ccolaboradores en vuestra alegr\u00eda\u201d (2Cor 1,24).<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sin embargo, la agitaci\u00f3n con la que se cierra el sue\u00f1o recuerda sobre todo el v\u00e9rtigo que sienten los grandes personajes b\u00edblicos ante la vocaci\u00f3n divina que se manifiesta en sus vidas, orient\u00e1ndola en una direcci\u00f3n totalmente imprevisible y desconcertante. El Evangelio de Lucas afirma que incluso Mar\u00eda, ante las palabras del \u00e1ngel, sinti\u00f3 una profunda agitaci\u00f3n interior (\u201cal o\u00edr estas palabras se turb\u00f3 en gran manera\u201d Lc<em> <\/em>1,29). Isa\u00edas se hab\u00eda sentido perdido ante la manifestaci\u00f3n de la santidad de Dios en el templo (Is<em> <\/em>6), Am\u00f3s hab\u00eda comparado con el rugido de un le\u00f3n (Am<em> <\/em>3,8) el poder de la Palabra divina por la que hab\u00eda sido arrebatado, mientras que Pablo experimentar\u00eda en el camino de Damasco la conmoci\u00f3n existencial que supone el encuentro con el Resucitado. Aunque son testigos de la fascinaci\u00f3n de un encuentro con Dios que seduce para siempre, en el momento de la llamada, los hombres b\u00edblicos parecen m\u00e1s vacilar temerosos ante algo que les supera que lanzarse de cabeza a la aventura de la misi\u00f3n.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La turbaci\u00f3n que Juan experimenta en el sue\u00f1o parece una experiencia similar. Proviene del car\u00e1cter parad\u00f3jico de la misi\u00f3n que se le asigna, que no duda en calificar de \u201cimposible\u201d (\u201c\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa para ordenarme lo que es imposible?\u201d). El adjetivo puede parecer \u201cexagerado\u201d, como lo son a veces las reacciones de los ni\u00f1os, sobre todo cuando expresan un sentimiento de incapacidad ante una tarea dif\u00edcil. Pero este elemento de psicolog\u00eda infantil no parece suficiente para iluminar el contenido del di\u00e1logo on\u00edrico y la profundidad de la experiencia espiritual que comunica. Tanto m\u00e1s cuanto que Juan tiene una verdadera cualidad de <em>l\u00edder <\/em>y una excelente memoria, lo que le permitir\u00e1 en los meses siguientes al sue\u00f1o empezar inmediatamente a hacer un poco de oratorio, entreteniendo a sus amigos con juegos de acr\u00f3bata y repiti\u00e9ndoles \u00edntegramente el serm\u00f3n del p\u00e1rroco. Por eso, en las palabras con las que declara sin rodeos que es \u201cincapaz de hablar de religi\u00f3n\u201d a sus compa\u00f1eros, es bueno o\u00edr el eco lejano de la objeci\u00f3n de Jerem\u00edas a la vocaci\u00f3n divina: \u201cNo s\u00e9 hablar, porque soy joven\u201d (Jer<em> <\/em>1,6).<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No es en el plano de las aptitudes naturales donde se juega aqu\u00ed la exigencia de lo imposible, sino en el plano de lo que puede incluirse en el horizonte de lo real, de lo que puede esperarse a partir de la propia imagen del mundo, de lo que entra dentro de los l\u00edmites de la experiencia. <em>M\u00e1s all\u00e1 de esta frontera, se <\/em>abre <em>la regi\u00f3n de lo imposible, <\/em>que es, sin embargo, b\u00edblicamente, <em>el espacio de la acci\u00f3n de Dios<\/em>. Es \u201cimposible\u201d que Abraham tenga un hijo de una mujer est\u00e9ril y anciana como Sara; \u201cimposible\u201d que la Virgen conciba y d\u00e9 al mundo al Hijo de Dios hecho hombre; \u201cimposible\u201d les parece a los disc\u00edpulos la salvaci\u00f3n, si es m\u00e1s f\u00e1cil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos. Sin embargo, se oye a Abraham responder: \u201c\u00bfHay algo imposible para el Se\u00f1or?\u201d (Gn<em> <\/em>18,14); el \u00e1ngel le dice a Mar\u00eda que \u201cnada es imposible para Dios\u201d (Lc<em> <\/em>1,37); y Jes\u00fas responde a los disc\u00edpulos incr\u00e9dulos que \u201clo que es imposible para los hombres es posible para Dios\u201d (Lc<em> <\/em>18,27).<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sin embargo, el lugar supremo en el que se plantea la cuesti\u00f3n teol\u00f3gica de lo imposible es el momento decisivo de la historia de la salvaci\u00f3n, es decir, el drama pascual, en el que la frontera de lo imposible a superar es el propio abismo tenebroso del mal y de la muerte. Es en este <em>espacio generado por la resurrecci\u00f3n donde lo <\/em>imposible se hace realidad efectiva, es en \u00e9l donde el venerable hombre del sue\u00f1o, resplandeciente de luz pascual, pide a Juan que haga posible lo imposible. Y lo hace con una f\u00f3rmula sorprendente: \u201cPuesto que tales cosas te parecen imposibles, debes hacerlas posibles mediante la obediencia\u201d. Suenan como las palabras con las que los padres instan a los hijos, cuando se muestran reacios, a hacer algo de lo que no se sienten capaces o no les apetece.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cObedece y ver\u00e1s que lo consigues\u201d, dicen entonces mam\u00e1 o pap\u00e1: se respeta perfectamente la psicolog\u00eda del mundo infantil. Pero son tambi\u00e9n, y mucho m\u00e1s, las palabras con las que el Hijo revela <em>el secreto de lo imposible, un secreto que est\u00e1 todo oculto en su obediencia<\/em>. El hombre venerable que ordena una cosa imposible sabe por su experiencia humana que la imposibilidad es el lugar donde el Padre trabaja con su Esp\u00edritu, con la condici\u00f3n que le abra la puerta con su obediencia.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Juan, por supuesto, permanece turbado y asombrado, pero \u00e9sta es la actitud que experimenta el hombre ante lo imposible pascual, ante el milagro de los milagros, del que todo otro acontecimiento salv\u00edfico es signo. Por tanto, no es sorprendente que en el sue\u00f1o, la dial\u00e9ctica de lo posible-imposible se entrelace con la otra dial\u00e9ctica, la de la claridad y la oscuridad. Caracteriza en primer lugar a la propia imagen del Se\u00f1or, cuyo rostro es tan luminoso que Juan no puede mirarlo. En ese rostro brilla, de hecho, una luz divina que parad\u00f3jicamente produce oscuridad. Luego est\u00e1n las palabras del hombre y la mujer, que, aunque explican claramente lo que Juan debe hacer, sin embargo, le dejan confuso y asustado. Por \u00faltimo, hay una ilustraci\u00f3n simb\u00f3lica, a trav\u00e9s de la metamorfosis de los animales, que sin embargo conduce a una incomprensi\u00f3n a\u00fan mayor. Juan s\u00f3lo puede pedir m\u00e1s aclaraciones: \u201cLe rogu\u00e9 que hablara para poder entender, pues no sab\u00eda lo que quer\u00eda decir\u201d, pero la respuesta que obtiene de la mujer de aspecto majestuoso aplaza a\u00fan m\u00e1s el momento de la comprensi\u00f3n: \u201cA su debido tiempo lo entender\u00e1s todo\u201d.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esto significa sin duda que s\u00f3lo mediante la ejecuci\u00f3n de lo que ya es aprehensible del sue\u00f1o, es decir, mediante la obediencia posible, se abrir\u00e1 m\u00e1s ampliamente el espacio para aclarar su mensaje. No consiste, en efecto, simplemente en una idea a explicar, sino en una palabra performativa, una locuci\u00f3n eficaz, que precisamente al realizar su poder operativo manifiesta su significado m\u00e1s profundo.<br><br><strong>3. El misterio del Nombre<br><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Llegados a este punto de reflexi\u00f3n, estamos en mejores condiciones de interpretar otro elemento importante de la experiencia on\u00edrica. Se trata del hecho de que en el centro de la doble tensi\u00f3n entre lo posible y lo imposible y entre lo conocido y lo desconocido, y tambi\u00e9n, materialmente, en el centro de la narraci\u00f3n del sue\u00f1o, se encuentra el tema del Nombre misterioso del hombre venerable. El denso di\u00e1logo de la secci\u00f3n III est\u00e1, de hecho, entretejido de preguntas que reiteran el mismo tema: \u201c\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa que me ordenas lo que es imposible?\u201d; \u201c\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa que hablas de esta manera?\u201d; y finalmente: \u201cMi madre me dice que no me relacione con los que no conozco, sin su permiso; dime, pues, tu nombre\u201d. El venerable le dice a Juan que pregunte a su madre por el nombre, pero en realidad \u00e9sta no se lo dir\u00e1. Permanece envuelto en el misterio hasta el final.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya hemos mencionado, en la parte dedicada a reconstruir el trasfondo b\u00edblico del sue\u00f1o, que el tema del Nombre est\u00e1 estrechamente relacionado con el episodio de la vocaci\u00f3n de Mois\u00e9s ante la zarza ardiente (Ex<em> <\/em>3). Esta p\u00e1gina constituye uno de los textos centrales de la revelaci\u00f3n del Antiguo Testamento y sienta las bases de todo el pensamiento religioso de Israel. Andr\u00e9 LaCoque ha propuesto llamarla la \u201crevelaci\u00f3n de las revelaciones\u201d, porque constituye el principio de unidad de la estructura narrativa y prescriptiva que califica el relato del \u00c9xodo, la c\u00e9lula-madre de toda la Escritura.<a id=\"_ednref1\" href=\"#_edn1\"><sup>[i]<\/sup><\/a> Es importante observar c\u00f3mo el texto b\u00edblico articula en estrecha unidad la condici\u00f3n de esclavitud del pueblo en Egipto, la vocaci\u00f3n de Mois\u00e9s y la revelaci\u00f3n teof\u00e1nica. La revelaci\u00f3n del Nombre de Dios a Mois\u00e9s no se produce como la transmisi\u00f3n de una informaci\u00f3n que hay que conocer o de un dato que hay que adquirir, sino como la manifestaci\u00f3n de una presencia personal, que pretende suscitar una relaci\u00f3n estable y generar un proceso de liberaci\u00f3n. En este sentido, <em>la revelaci\u00f3n del Nombre divino se orienta en la direcci\u00f3n de la alianza y la misi\u00f3n<\/em>. \u201cEl Nombre es a la vez teof\u00e1nico y performativo, ya que quienes lo reciben no son simplemente introducidos en el secreto divino, sino que son los destinatarios de un acto de salvaci\u00f3n\u201d.<a id=\"_ednref2\" href=\"#_edn2\"><sup>[ii]<\/sup><\/a><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El Nombre, en efecto, a diferencia del concepto, no designa simplemente una esencia que hay que pensar, sino una alteridad a la que hay que referirse, una presencia que hay que invocar, un sujeto que se propone como verdadero interlocutor de la existencia. Al tiempo que implica la proclamaci\u00f3n de una riqueza ontol\u00f3gica incomparable, la del Ser mismo, que nunca podr\u00e1 definirse adecuadamente, el hecho de que Dios se revele como un \u201cyo\u201d indica que s\u00f3lo a trav\u00e9s de una relaci\u00f3n personal con \u00c9l ser\u00e1 posible acceder a su identidad, al Misterio del Ser que \u00c9l es. La revelaci\u00f3n del Nombre personal es, pues, un acto de habla que interpela al receptor, pidi\u00e9ndole que se sit\u00fae en relaci\u00f3n con el hablante. S\u00f3lo as\u00ed es posible captar su significado. Tal revelaci\u00f3n, adem\u00e1s, se erige expl\u00edcitamente en fundamento de la misi\u00f3n liberadora que Mois\u00e9s debe cumplir: \u201cYo-soy me ha enviado a vosotros\u201d (Ex<em> <\/em>3,14). Al presentarse como un Dios personal, y no como un Dios ligado a un territorio, y como el Dios de la promesa, y no puramente como el Se\u00f1or de la repetici\u00f3n inmutable, Yahv\u00e9 podr\u00e1 sostener el camino del pueblo, su camino hacia la libertad. Tiene, pues, un Nombre que se da a conocer en la medida en que suscita pactos y mueve la historia.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cDime tu nombre\u201d: esta pregunta de Juan no puede responderse simplemente con una f\u00f3rmula, un nombre entendido como una etiqueta externa de la persona. Para conocer el Nombre de Aquel que habla en el sue\u00f1o, no basta con recibir una informaci\u00f3n, sino que es necesario posicionarse ante su acto de habla. Es decir, es necesario entrar en esa relaci\u00f3n de intimidad y entrega, que los Evangelios describen como un \u201cpermanecer\u201d con \u00c9l. Por eso, cuando los primeros disc\u00edpulos interrogan a Jes\u00fas sobre su identidad \u2013 \u201cMaestro, \u00bfd\u00f3nde vives? o, literalmente, \u201c\u00bfd\u00f3nde te quedas?\u201d &#8211; \u00e9l responde: \u201cVenid y lo ver\u00e9is\u201d (Jn<em> <\/em>1:38s.). S\u00f3lo \u201chabitando\u201d con \u00e9l, permaneciend en su misterio, entrando en su relaci\u00f3n con el Padre, se puede saber verdaderamente Qui\u00e9n es.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El hecho de que el personaje del sue\u00f1o no responda a Juan con un apelativo, como har\u00edamos nosotros presentando lo que est\u00e1 escrito en nuestro carn\u00e9 de identidad, indica que su Nombre no puede conocerse como una designaci\u00f3n puramente externa, sino que s\u00f3lo muestra su verdad cuando sella una experiencia de alianza y misi\u00f3n. Juan, por tanto, conocer\u00e1 ese mismo Nombre atravesando la dial\u00e9ctica de lo posible y lo imposible, de la claridad y la oscuridad; lo conocer\u00e1 llevando a cabo la misi\u00f3n oratoriana que se le ha encomendado. Lo conocer\u00e1, por tanto, llev\u00e1ndolo dentro de s\u00ed, gracias a una historia vivida como una historia habitada por \u00c9l. Un d\u00eda Cagliero dar\u00e1 testimonio de Don Bosco que su modo de amar era \u201ctierno, grande, fuerte, pero todo espiritual, puro, verdaderamente casto\u201d, tanto que \u201cdaba una idea perfecta del amor que el Salvador ten\u00eda a los chicos\u00bb (Cagliero 1146r). Esto indica que el Nombre del venerable, cuyo rostro era tan brillante como para cegar la visi\u00f3n del so\u00f1ador, entr\u00f3 realmente en la vida de Don Bosco como un <em>sello. <\/em>Tuvo la <em>experientia cordis <\/em>a trav\u00e9s del camino de la fe y del seguimiento. Esta es la \u00fanica forma en la que pod\u00eda responderse a la pregunta del sue\u00f1o.<br><br><strong>4. Mediaci\u00f3n materna<br><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En la incertidumbre sobre Aquel que le env\u00eda, el \u00fanico punto firme al que Juan puede aferrarse en el sue\u00f1o es la referencia a una madre, en realidad a dos: la del hombre venerable y la suya propia. Las respuestas a sus preguntas, de hecho, suenan as\u00ed: \u201cSoy el hijo de aquella a la que tu madre te ense\u00f1\u00f3 a saludar tres veces al d\u00eda\u201d y luego \u201cpor mi nombre pregunta a Mi Madre\u201d.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Que el espacio <em>de la iluminaci\u00f3n posible sea mariano y maternal es <\/em>sin duda algo sobre lo que merece la pena reflexionar. Mar\u00eda es el lugar en el que la humanidad realiza la m\u00e1xima correspondencia con la luz que procede de Dios y el espacio creatural en el que Dios entreg\u00f3 al mundo su Verbo hecho carne. Tambi\u00e9n es indicativo que, al despertar del sue\u00f1o, quien mejor comprende su significado y alcance sea la madre de Juan, Margarita. En niveles diferentes, pero seg\u00fan una analog\u00eda real, la Madre del Se\u00f1or y la madre de Juan representan el rostro femenino de la Iglesia, que se muestra capaz de intuici\u00f3n espiritual y constituye el seno en el que se gestan y dan a luz las grandes misiones. Por eso no es de extra\u00f1ar que las dos madres se yuxtapongan entre s\u00ed y precisamente en el punto en que se trata de llegar al fondo de la cuesti\u00f3n que presenta el sue\u00f1o, a saber, el conocimiento de Aquel que conf\u00eda a Juan la misi\u00f3n de toda una vida. Como en el caso del patio cercano a la casa, tambi\u00e9n en el de la madre, en la intuici\u00f3n on\u00edrica los espacios de la experiencia m\u00e1s familiar y cotidiana se abren y muestran en sus pliegues una profundidad insondable. Los gestos comunes de la oraci\u00f3n, el saludo ang\u00e9lico que era habitual tres veces al d\u00eda en cada familia, aparecen de pronto como lo que son: el di\u00e1logo con el Misterio. Juan descubre as\u00ed que en la escuela de su madre ya ha establecido un v\u00ednculo con la Mujer majestuosa, que puede explic\u00e1rselo todo. Por tanto, ya existe una especie de canal femenino que permite superar la distancia aparente entre \u201cun ni\u00f1o pobre e ignorante\u201d y el hombre \u201cnoblemente vestido\u201d. Esta mediaci\u00f3n femenina, mariana y maternal acompa\u00f1ar\u00e1 a Juan a lo largo de su vida y desarrollar\u00e1 en \u00e9l una particular disposici\u00f3n a venerar a la Virgen con el t\u00edtulo de Auxilio de los Cristianos, convirti\u00e9ndose en su ap\u00f3stol para sus muchachos y para toda la Iglesia.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La primera ayuda que la Virgen le ofrece es la que un ni\u00f1o necesita de forma natural: la de una maestra. Lo que ella tiene que ense\u00f1arle es una disciplina que hace a uno verdaderamente sabio, sin la cual \u201ctoda sabidur\u00eda se convierte en necedad\u201d. Es la disciplina de la fe, que consiste en dar cr\u00e9dito a Dios y obedecer incluso ante lo imposible y lo oscuro. Mar\u00eda la transmite como la expresi\u00f3n m\u00e1s elevada de la libertad y como la fuente m\u00e1s rica de fecundidad espiritual y educativa. Llevar dentro de s\u00ed lo imposible de Dios y caminar en la oscuridad de la fe es, de hecho, el arte en el que la Virgen sobresale por encima de toda criatura.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hizo de ella un arduo aprendizaje en su <em>peregrinatio fidei, <\/em>marcado no pocas veces por la oscuridad y la incomprensi\u00f3n. Basta pensar en el episodio del hallazgo de Jes\u00fas, de doce a\u00f1os, en el Templo (Lc<em> <\/em>2,41-50). A la pregunta de su madre: \u201cHijo, \u00bfpor qu\u00e9 nos has hecho esto? He aqu\u00ed que tu padre y yo, angustiados, te busc\u00e1bamos\u201d, Jes\u00fas responde de forma sorprendente: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 me buscabais? \u00bfNo sab\u00edais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?\u201d. Y el evangelista anota: \u201cPero ellos no comprendieron lo que les hab\u00eda dicho\u201d. A\u00fan menos probablemente comprendi\u00f3 Mar\u00eda cuando su maternidad, solemnemente anunciada desde lo alto, le fue, por as\u00ed decirlo, expropiada para que se convirtiera en la herencia com\u00fan de la comunidad de los disc\u00edpulos: \u201cEl que hace la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en los cielos, \u00e9se es para m\u00ed hermano, hermana y madre\u201d (Mt<em> <\/em>12,50). Luego, al pie de la cruz, cuando se hizo la oscuridad sobre toda la tierra, el \u201cHeme aqu\u00ed\u201d pronunciado en el momento de la llamada adquiri\u00f3 los contornos de la renuncia extrema, de la separaci\u00f3n del Hijo en cuyo lugar iba a recibir a los hijos pecadores por los que iba a dejar que su coraz\u00f3n fuera atravesado por la espada.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por eso, cuando la majestuosa mujer del sue\u00f1o comienza su tarea de maestra y, poniendo la mano sobre la cabeza de Juan, le dice \u201cA su debido tiempo lo comprender\u00e1s todo\u201d, <em>extrae estas palabras de las entra\u00f1as espirituales de la fe que, al pie de la cruz, la convirti\u00f3 en la madre de todo disc\u00edpulo<\/em>. Bajo su disciplina Juan tendr\u00e1 que permanecer toda su vida: como joven, como seminarista, como sacerdote. De manera particular, tendr\u00e1 que permanecer all\u00ed cuando su misi\u00f3n tome contornos que no pod\u00eda imaginar en el momento de su sue\u00f1o; cuando, es decir, tenga que convertirse en el coraz\u00f3n de la Iglesia en el fundador de familias religiosas destinadas a la juventud de todos los continentes. Entonces Juan, que ahora se ha convertido en Don Bosco, comprender\u00e1 tambi\u00e9n el significado m\u00e1s profundo del gesto con el que el venerable le entreg\u00f3 a su madre como \u201cmaestra\u201d.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando un joven ingresa en una familia religiosa, encuentra para acogerlo un maestro de novicio, a quien se le conf\u00eda la misi\u00f3n de introducirlo en el esp\u00edritu de la Orden y ayudarle a asimilarlo. Cuando se trata <em>de un Fundador<\/em>, que debe recibir del Esp\u00edritu Santo la luz original del carisma, <em>el Se\u00f1or dispone que sea su propia madre, Virgen de Pentecost\u00e9s y modelo inmaculado de la Iglesia, quien sea su maestra<\/em>. En efecto, s\u00f3lo ella, la \u201cllena de gracia\u201d, comprende todos los carismas desde dentro, como una persona que conoce todas las lenguas y las habla como propias.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En efecto, la mujer del sue\u00f1o sabe se\u00f1alarle de forma precisa y adecuada las riquezas del carisma oratoriano. Ella no a\u00f1ade nada a las palabras del Hijo, sino que las ilustra con la escena de los animales salvajes que se han convertido en corderos mansos y con la indicaci\u00f3n de las cualidades que Juan deber\u00e1 madurar para llevar a cabo su misi\u00f3n: \u201chumilde, fuerte, robusto\u201d. En estos tres adjetivos, que designan el vigor del esp\u00edritu (humildad), el car\u00e1cter (fortaleza) y el cuerpo (robustez), hay una gran concreci\u00f3n. Es el consejo que se dar\u00eda a un joven novicio que tiene una larga experiencia en el oratorio y sabe lo que exige el \u201ccampo\u201d en el que hay que \u201ctrabajar\u201d. La tradici\u00f3n espiritual salesiana ha guardado cuidadosamente las palabras de este sue\u00f1o que se refieren a Mar\u00eda. Las Constituciones Salesianas aluden claramente a ello cuando afirman: \u201cLa Virgen Mar\u00eda mostr\u00f3 a Don Bosco su campo de acci\u00f3n entre los j\u00f3venes\u201d,<a id=\"_ednref3\" href=\"#_edn3\"><sup>[iii]<\/sup><\/a> o recuerdan que \u201cguiado por Mar\u00eda que era su Maestra, Don Bosco vivi\u00f3 una experiencia espiritual y educativa en su encuentro con los j\u00f3venes del primer oratorio al que llam\u00f3 Sistema Preventivo\u201d.<a id=\"_ednref4\" href=\"#_edn4\"><sup>[iv]<\/sup><\/a><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Don Bosco reconoci\u00f3 en Mar\u00eda un papel decisivo en su sistema educativo, viendo en su maternidad la m\u00e1s alta inspiraci\u00f3n de lo que significa \u201cprevenir\u201d. El hecho de que Mar\u00eda interviniera desde el primer momento de su vocaci\u00f3n carism\u00e1tica, de que jugar\u00e1 un papel tan central en este sue\u00f1o, har\u00e1 comprender para siempre a Don Bosco que ella <em>pertenece a las ra\u00edces del carisma y que all\u00ed donde no se reconoce este papel inspirador, el carisma no se comprende en su genuinidad. <\/em>Dada como Maestra a Juan en este sue\u00f1o, debe serlo tambi\u00e9n para todos aquellos que comparten su vocaci\u00f3n y su misi\u00f3n. Como no se cansaron de afirmar los sucesores de Don Bosco, la \u201cvocaci\u00f3n salesiana es inexplicable, tanto en su nacimiento como en su desarrollo y siempre, sin la aportaci\u00f3n maternal e ininterrumpida de Mar\u00eda\u201d.<a id=\"_ednref5\" href=\"#_edn5\"><sup>[v]<\/sup><\/a><br><br><strong>5. El poder de la mansedumbre<br><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cEstas palabras son sin duda la expresi\u00f3n m\u00e1s conocida del sue\u00f1o de los nueve a\u00f1os, la que de alguna manera resume su mensaje y transmite su inspiraci\u00f3n. Son tambi\u00e9n las primeras palabras que el venerable le dice a Juan, interrumpiendo sus violentos esfuerzos por acabar con el desorden y la blasfemia de sus compa\u00f1eros. No se trata s\u00f3lo de una f\u00f3rmula que transmite una sentencia sapiencial siempre v\u00e1lida, sino de una expresi\u00f3n que especifica el modo de ejecuci\u00f3n de una orden (\u201cme orden\u00f3 ponerme a la cabeza de aquellos ni\u00f1os a\u00f1adiendo estas palabras\u201d) con la que, como hemos dicho, se reorienta el movimiento intencional de la conciencia del so\u00f1ador. El af\u00e1n de los golpes debe convertirse en el \u00edmpetu de la caridad, la energ\u00eda descompuesta de una intervenci\u00f3n represiva debe dar paso a la mansedumbre.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El t\u00e9rmino \u201cmansedumbre\u201d adquiere aqu\u00ed un peso considerable, lo que resulta a\u00fan m\u00e1s sorprendente si se tiene en cuenta que el adjetivo correspondiente se utilizar\u00e1 al final del sue\u00f1o para describir a los corderos que festejan en torno al Se\u00f1or y a Mar\u00eda. La yuxtaposici\u00f3n sugiere una observaci\u00f3n que no parece carecer de relevancia: <em>para que los que eran animales feroces se conviertan en corderos \u201cmansos\u201d, su educador debe ante todo volverse manso. <\/em>Ambos, aunque desde puntos de partida diferentes, deben sufrir una <em>metamorfosis <\/em>para entrar en la \u00f3rbita cristol\u00f3gica de la mansedumbre y la caridad. Para un grupo de muchachos revoltosos y pendencieros, es f\u00e1cil comprender lo que exige este cambio. Para un educador es quiz\u00e1 menos evidente. \u00c9l, de hecho, ya se sit\u00faa del lado de la bondad, los valores positivos, el orden y la disciplina: \u00bfqu\u00e9 cambio se le puede exigir?<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Surge aqu\u00ed un tema que tendr\u00e1 un desarrollo decisivo en la vida de Don Bosco, en primer lugar, en el plano del estilo de acci\u00f3n y, en cierta medida, tambi\u00e9n en el de la reflexi\u00f3n te\u00f3rica. Se trata de la orientaci\u00f3n que lleva a Don Bosco a <em>excluir categ\u00f3ricamente un sistema educativo basado en la represi\u00f3n y el castigo<\/em>, para elegir con convicci\u00f3n un m\u00e9todo basado en la caridad y que Don Bosco llamar\u00e1 el \u201csistema preventivo\u201d. M\u00e1s all\u00e1 de las diferentes implicaciones pedag\u00f3gicas que se derivan de esta elecci\u00f3n, para las que nos remitimos a la rica bibliograf\u00eda espec\u00edfica, interesa destacar aqu\u00ed la dimensi\u00f3n teol\u00f3gico-espiritual que subyace a esta orientaci\u00f3n, de la que las palabras del sue\u00f1o constituyen en cierto modo la intuici\u00f3n y el desencadenante.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al situarse del lado del bien y de la \u201cley\u201d, el educador puede tener la tentaci\u00f3n de situar su acci\u00f3n con los muchachos seg\u00fan una l\u00f3gica que pretende reinar el orden y la disciplina esencialmente a trav\u00e9s de reglas y normas. Sin embargo, incluso la ley lleva en s\u00ed misma una ambig\u00fcedad que la hace insuficiente para guiar la libertad, no s\u00f3lo por los l\u00edmites que toda norma humana lleva en s\u00ed misma, sino por un l\u00edmite que es, en \u00faltima instancia, de orden teol\u00f3gico. Toda la reflexi\u00f3n paulina es una gran meditaci\u00f3n sobre este tema, ya que Pablo hab\u00eda percibido en su experiencia personal que la ley no le hab\u00eda impedido ser \u201cun blasfemo, un perseguidor y un violento\u201d (1<em> <\/em>Tim<em> <\/em>1:13). La propia Ley dada por Dios, ense\u00f1a la Escritura, no basta para salvar al hombre a menos que exista otro Principio personal que la integre e interiorice en el coraz\u00f3n humano. Paul Beauchamp resume felizmente esta din\u00e1mica cuando afirma: \u201cLa Ley va precedida de un Eres <em>amado <\/em>y seguida de un <em>Amar\u00e1s<\/em>. Eres <em>amado: el fundamento <\/em>de la Ley, y <em>Amar\u00e1s<\/em>: su superaci\u00f3n\u201d.<a id=\"_ednref6\" href=\"#_edn6\"><sup>[vi]<\/sup><\/a> Sin este fundamento y esta superaci\u00f3n, la ley lleva en s\u00ed misma los signos de una violencia que revela su insuficiencia para generar ese bien que, sin embargo, ordena realizar. Para volver a la escena del sue\u00f1o, los pu\u00f1etazos y los golpes que Juan da en nombre del sacrosanto mandamiento de Dios, que proh\u00edbe la blasfemia, revelan <em>la insuficiencia y la ambig\u00fcedad de cualquier impulso moralizador que no se reforme interiormente desde arriba<\/em>.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por lo tanto, tambi\u00e9n es necesario que Juan, y aquellos que aprender\u00e1n de \u00e9l la espiritualidad preventiva, se conviertan a una l\u00f3gica <em>educativa sin precedentes que vaya m\u00e1s all\u00e1 del estado de derecho<\/em>. Tal l\u00f3gica s\u00f3lo es posible gracias al Esp\u00edritu del Resucitado, derramado en nuestros corazones. S\u00f3lo el Esp\u00edritu, en efecto, permite pasar de una justicia formal y exterior (ya sea la cl\u00e1sica de la \u201cdisciplina\u201d y la \u201cbuena conducta\u201d o la moderna de los \u201cprocedimientos\u201d y los \u201cobjetivos alcanzados\u201d) a una verdadera santidad interior, que realiza el bien porque se atrae y se gana interiormente. Don Bosco demostr\u00f3 que ten\u00eda esta conciencia cuando en su escrito sobre el <em>Sistema Preventivo <\/em>declar\u00f3 francamente que todo se basaba en las palabras de San Pablo: \u201c<em>Charitas benigna est, patiens est; omnia suffert, omnia sperat, omnia sustinet<\/em>\u201d (La caridad es benigna, es paciente todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Cfr. 1Co 13, 4.7)<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por supuesto, \u201cganarse\u201d a los j\u00f3venes de esta manera es una tarea muy exigente. Implica no ceder a la frialdad de una educaci\u00f3n basada \u00fanicamente en normas, ni al buenismo de una propuesta que renuncia a denunciar la \u201cfealdad del pecado\u201d y a presentar la \u201cpreciosidad de la virtud\u201d. Conquistar el bien mostrando simplemente el poder de la verdad y del amor, testimoniado a trav\u00e9s de la entrega \u201chasta el \u00faltimo aliento\u201d, es la figura de un m\u00e9todo educativo que es al mismo tiempo una verdadera espiritualidad.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No es de extra\u00f1ar que Juan en el sue\u00f1o se resista a entrar en ese movimiento y pida entender bien qui\u00e9n es el que lo imparte. Cuando lo haya comprendido, sin embargo, haciendo de ese mensaje primero una instituci\u00f3n oratoria y luego tambi\u00e9n una familia religiosa, pensar\u00e1 que relatar el sue\u00f1o en el que aprendi\u00f3 esa lecci\u00f3n ser\u00e1 la forma m\u00e1s hermosa de compartir con sus hijos el sentido m\u00e1s aut\u00e9ntico de su experiencia. Es Dios quien lo ha guiado en todo, es \u00c9l mismo quien ha impreso el movimiento inicial de lo que se convertir\u00eda en el carisma salesiano.<br><br><br><em>P. Andrea Bozzolo, sdb, Rector de la Universidad Pontificia Salesiana<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref1\" id=\"_edn1\"><sup>[i]<\/sup><\/a> A. LACOCQUE, La r\u00e9v\u00e9lation des r\u00e9v\u00e9lations: Exode 3,14, en P. RICOEUR &#8211; A. LACOCQUE, Penser la Bible, Seuil, Par\u00eds 1998, 305.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref2\" id=\"_edn2\"><sup>[ii]<\/sup><\/a> A. BERTULETTI, <em>Dios, el misterio de lo Uno<\/em>, Queriniana, Brescia 2014, 354.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref3\" id=\"_edn3\"><sup>[iii]<\/sup><\/a><em> Const <\/em>Art. 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref4\" id=\"_edn4\"><sup>[iv]<\/sup><\/a><em> Const <\/em>Art. 20.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref5\" id=\"_edn5\"><sup>[v]<\/sup><\/a> E. VIGAN\u00d2, <em>Mar\u00eda renueva la Familia Salesiana de Don Bosco<\/em>, ACG 289 (1978) 1-35, 28.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref6\" id=\"_edn6\"><sup>[vi]<\/sup><\/a> P. BEAUCHAMP, <em>La ley de Dios, <\/em>Piemme, Casale Monferrato 2000, 116.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un comentario sobre los temas teol\u00f3gico-espirituales presentes en el sue\u00f1o de los nueve a\u00f1os&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":26232,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":285,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[1720,2558,1768,1828,1888,1702,1972,1984],"class_list":["post-26238","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-dios","tag-don-bosco","tag-gracias-recibidas","tag-milagros","tag-providencia","tag-santos","tag-suenos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26238","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26238"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26238\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/26232"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26238"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26238"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26238"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}