{"id":25916,"date":"2024-01-17T08:22:15","date_gmt":"2024-01-17T08:22:15","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=25916"},"modified":"2024-02-02T15:39:32","modified_gmt":"2024-02-02T15:39:32","slug":"don-bosco-y-los-animales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/don-bosco-y-los-animales\/","title":{"rendered":"Don Bosco y los animales"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><em>\u00bfAmaba Don Bosco a los animales? \u00bfEst\u00e1n presentes en su vida? \u00bfY qu\u00e9 relaci\u00f3n ten\u00eda con ellos? Algunas preguntas que se intentan responder.<\/em><\/em><br><br><br><strong>P\u00e1jaros, perros, caballos, etc.<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el establo de la \u00abCasita\u00bb, donde Mam\u00e1 Margarita se hab\u00eda trasladado con sus hijos y su suegra tras la inesperada muerte de su marido Francisco, hab\u00eda una vaquita un <em>ternero<\/em> y un <em>burro<\/em>. En un rinc\u00f3n de la casa, un gallinero.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juan, tan pronto como fue capaz, llevaba a pastar a la vaquita, pero le interesaba con m\u00e1s gusto por los nidos de los <em>p\u00e1jaros<\/em>. \u00c9l mismo lo recuerda en sus \u201cMemorias\u201d: \u00ab<em>Yo era muy h\u00e1bil para atrapar p\u00e1jaros, con trampas, con liga pegajosas, con lazos, y muy diestro en el conocimiento de los nidos<\/em>\u00bb (MO 30).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los diversos incidentes de su \u201coficio\u201d son bien conocidos. Recordamos la vez en que su brazo qued\u00f3 atrapado en la grieta del tronco de un \u00e1rbol, donde hab\u00eda descubierto un nido de herrerillos; o aquella otra vez en que vio c\u00f3mo un cuco mataba a una nidada de ruise\u00f1ores. Otra vez vio a su urraca morir de glotoner\u00eda tras tragarse demasiadas cerezas, con carozo incluido. Un d\u00eda, para alcanzar a una cr\u00eda que se encontraba en un viejo roble, resbal\u00f3 y cay\u00f3 pesadamente al suelo. Y un triste d\u00eda, al volver de la escuela, encontr\u00f3 a su mirlo favorito, criado en una jaula y entrenado para gorjear melod\u00edas, muerto por el gato.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto a las <em>gallinas<\/em>, de aquellos a\u00f1os data el hecho de la misteriosa gallina abandonada bajo la criba de la casa de sus abuelos en Capriglio y liberada por Juan entre risas de alivio. Tambi\u00e9n de aquellos a\u00f1os es el incidente del pavo robado por un p\u00edcaro y devuelto con valent\u00eda y un toque de imprudencia infantil. De los a\u00f1os de Chieri es el truco del pollo en gelatina llevado a la mesa y salido de la olla vivo y graznando.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juan entabl\u00f3 una verdadera amistad con un <em>perro<\/em> de Sussambrino, el sabueso de caza de su hermano Jos\u00e9. Lo adiestr\u00f3 para que mordiera los trozos de pan al vuelo y no se los comiera hasta que se lo ordenaran. Le ense\u00f1\u00f3 a subir y bajar la escalera del granero y a hacer saltos y trucos de circo. El sabueso le segu\u00eda a todas partes y cuando Juan se lo llev\u00f3 de regalo a unos parientes en Moncucco, la pobre bestia, invadida por la nostalgia, volvi\u00f3 sola a casa en busca de su amigo perdido.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como estudiante en Castelnuovo, Juan tambi\u00e9n aprendi\u00f3 a montar a <em>caballo<\/em>. En el verano de 1832, el preboste Don Dassano, que le daba clases en la escuela, le confi\u00f3 el cuidado del establo. Juan ten\u00eda que sacar el caballo a pasear y, una vez fuera del pueblo, saltaba sobre su lomo y lo hac\u00eda galopar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como nuevo sacerdote, invitado a predicar en Lauriano, a unos 30 km de Castelnuovo, parti\u00f3 a caballo. Pero la cabalgata acab\u00f3 mal. En la colina de Berzano, la bestia, asustada por una gran bandada de p\u00e1jaros, se encabrit\u00f3 y el jinete acab\u00f3 en el suelo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco dio luego muchos otros paseos en sus andanzas por el Piamonte y salidas con los muchachos. Baste recordar la triunfal ascensi\u00f3n al Superga en la primavera de 1846 sobre un caballo enjaezado al m\u00e1s alto nivel, enviado especialmente a Sassi por instrucci\u00f3n de Don J. Anselmetti.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mucho menos triunfal fue la traves\u00eda de los Apeninos a lomos de un burro en el viaje a Salicetto Langhe en noviembre de 1857. El camino era estrecho y empinado, y la nieve muy alta. El animal tropezaba y se ca\u00eda a cada paso y Don Bosco se ve\u00eda obligado a desmontar y empujarlo hacia adelante. El descenso fue a\u00fan m\u00e1s aventurado y s\u00f3lo el Se\u00f1or sabe c\u00f3mo pudo llegar al pueblo a tiempo para la sagrada misi\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquel no fue el \u00faltimo viaje de Don Bosco en <em>burro<\/em>. En julio de 1862 recorri\u00f3 de la misma manera seis kil\u00f3metros desde Lanzo a Sant&#8217;Ignazio. Y as\u00ed, probablemente, en otras ocasiones.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero uno de los paseos m\u00e1s gloriosos de Don Bosco fue el que hizo en octubre de 1864 de Gavi a Mornese. Lleg\u00f3 al pueblo a \u00faltima hora de la tarde con el sonido festivo de las campanas. La gente sal\u00eda de sus casas con las l\u00e1mparas encendidas y se arrodillaba a su paso para pedirle la bendici\u00f3n. Era el hosanna del pueblo al santo de la juventud.<br><br><strong>Los animales en los sue\u00f1os de Don Bosco<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si pasamos a considerar los sue\u00f1os de Don Bosco, encontramos una gran variedad de animales dom\u00e9sticos y salvajes, pac\u00edficos y feroces, que representan a los j\u00f3venes y sus virtudes y defectos, al diablo y sus halagos, al mundo y sus pasiones.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el sue\u00f1o del ni\u00f1o de 9 a\u00f1os, cuando los muchachos desaparecieron, se le aparecieron a Juanito multitud de <em>cabritos, perros, gatos, osos y otros animales<\/em>, todos los cuales se transformaron luego en mansos corderos. En el de los 16 a\u00f1os la majestuosa Se\u00f1ora le confi\u00f3 un reba\u00f1o; en el de los 22 volvi\u00f3 a ver a los j\u00f3venes transformados en <em>corderos<\/em>; y finalmente en el de 1844, \u00a1los corderos se transformaron en pastores!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1861 Don Bosco tuvo el sue\u00f1o de un paseo por el Para\u00edso. En aquel viaje los j\u00f3venes que le acompa\u00f1aban se encontraron con lagos que deb\u00edan cruzar. Uno de ellos estaba lleno de <em>bestias feroces<\/em> dispuestas a devorar a quien intentara cruzarlo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La v\u00edspera de la fiesta de la Asunci\u00f3n, en 1862, so\u00f1\u00f3 que estaba en I Becchi con todos sus j\u00f3venes, cuando apareci\u00f3 en el prado una <em>serpiente<\/em> de 7-8 metros de largo, horrorosa. Pero un gu\u00eda le ense\u00f1\u00f3 a atraparla con una cuerda, que m\u00e1s tarde cambi\u00f3 por un rosario.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 6 de enero de 1863 Don Bosco cont\u00f3 a los muchachos el famoso sue\u00f1o del <em>elefante<\/em> que apareci\u00f3 en el patio de Valdocco. Era de un tama\u00f1o inmenso y divert\u00eda amistosamente a los muchachos. Los sigui\u00f3 hasta la iglesia, pero se arrodill\u00f3 en direcci\u00f3n contraria con el hocico vuelto hacia la entrada. Luego sali\u00f3 de nuevo al patio y, de repente, su humor cambi\u00f3 y, con temibles bramidos, se abalanz\u00f3 sobre los j\u00f3venes para despedazarlos. Entonces la estatuilla de Nuestra Se\u00f1ora, que a\u00fan hoy se encuentra bajo el p\u00f3rtico, cobr\u00f3 vida, se agrand\u00f3 y abri\u00f3 su manto para proteger y salvar a los que se refugiaban con ella.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1864 Don Bosco tuvo el sue\u00f1o de los <em>cuervos<\/em> que revoloteaban sobre el patio de Valdocco para picotear a los muchachos. En 1865 fue el turno de una perdiz y una codorniz, s\u00edmbolos de la virtud y el vicio respectivamente. Luego vino el sue\u00f1o de la majestuosa <em>\u00e1guila<\/em> que descend\u00eda para apoderarse de un muchacho del Oratorio; y despu\u00e9s otra vez el del <em>gran gato<\/em> con ojos de fuego.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1867 le pareci\u00f3 ver a Don Bosco entrar en su habitaci\u00f3n un gran <em>sapo<\/em> repugnante, el diablo. En 1872 cont\u00f3 el sue\u00f1o del ruise\u00f1or. En 1876 el de las <em>gallinas<\/em>, el del <em>toro<\/em> furioso, y tambi\u00e9n el del carro tirado por un cerdo y un enorme sapo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1878 vio en sue\u00f1os un <em>gato<\/em> perseguido por dos <em>sabuesos<\/em>. Y as\u00ed sucesivamente.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dejando a los expertos la discusi\u00f3n sobre estos sue\u00f1os, sabemos sin embargo que tuvieron una gran funci\u00f3n pedag\u00f3gica en las casas de Don Bosco y que especialmente en algunos de ellos es dif\u00edcil no ver una especial intervenci\u00f3n de Dios.<br><br><strong>El perro gris<br><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero si queremos llegar al umbral del misterio, debemos recordar al \u201c<em>Gris<\/em>\u201d, ese <em>misterioso perro<\/em> que tantas veces apareci\u00f3 para proteger a Don Bosco en momentos en que su vida corr\u00eda peligro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En sus \u201cMemorias\u201d el mismo Don Bosco escribi\u00f3 sobre \u00e9l: \u00abEl perro gris fue objeto de muchas habladur\u00edas y de diversas suposiciones. No pocos de vosotros lo habr\u00e9is visto e incluso acariciado. Ahora, dejando a un lado las extra\u00f1as historias que se cuentan sobre este perro, vendr\u00e9 a vosotros con lo que es pura verdad\u00bb (MO 251). Y contin\u00faa contando los riesgos que corr\u00eda al regresar a Valdocco a altas horas de la noche en los a\u00f1os cincuenta y c\u00f3mo este gran perro aparec\u00eda a menudo de repente a su lado y le acompa\u00f1aba a casa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuenta, por ejemplo, aquella noche de noviembre de 1854, cuando en la calle que va de la Consolata al Cottolengo (hoy Via Consolata y Via Ariosto, perpendiculares al Corso Regina), not\u00f3 que dos merodeadores le segu\u00edan y ellos saltaron sobre \u00e9l para asfixiarle, cuando apareci\u00f3 el perro, les atac\u00f3 furiosamente y les oblig\u00f3 a emprender una huida precipitada. Como \u00faltimo recurso, cuenta del Gris que se le apareci\u00f3 una noche en la carretera de Morialdo a Moncucco, cuando se dirig\u00eda, solo, a Cascina Moglia para visitar a sus viejos amigos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero sus \u201cMemorias\u201d, escritas en los a\u00f1os 1873-75, no pudieron mencionar lo que realmente parece ser la \u00faltima aparici\u00f3n del Gris, que tuvo lugar la noche del 13 de febrero de 1883. Mientras Don Bosco de Ventimiglia, no habiendo encontrado carruaje, se dirig\u00eda a pie bajo la lluvia torrencial a la nueva casa salesiana de Vallecrosia, justo cuando con su d\u00e9bil vista ya no sab\u00eda d\u00f3nde poner los pies, su viejo amigo, el muy fiel Gris, al que no hab\u00eda visto desde hac\u00eda varios a\u00f1os, sali\u00f3 a su encuentro. El perro se le acerc\u00f3 festivamente y luego, precedi\u00e9ndole, avanz\u00f3 por el barro y la espesa oscuridad para guiarle. Cuando lleg\u00f3 a Vallecrosia, y salud\u00f3 a Don Bosco con la pata, desapareci\u00f3 (MB XVI, 35-36).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco, encontr\u00e1ndose en Marsella almorzando en la casa de los Olive, cont\u00f3 el suceso. La se\u00f1ora le pregunt\u00f3 entonces c\u00f3mo era posible semejante aparici\u00f3n, porque el perro ya deb\u00eda ser demasiado viejo. Y Don Bosco, sonriendo, le respondi\u00f3: \u201c\u00a1<em>Debe haber sido un hijo o un nieto de aqu\u00e9l<\/em>!\u201d (MB XVI, 36-37). Evadi\u00f3 entonces una pregunta embarazosa, pues no pod\u00eda tratarse de un fen\u00f3meno natural, pero no dijo que fuera su imaginaci\u00f3n. Era demasiado sincero para eso.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seg\u00fan los testimonios de Jos\u00e9 Buzzetti, Carlos Tomatis y Jos\u00e9 Brosio, que vivieron con Don Bosco desde los primeros d\u00edas, el Gris se parec\u00eda a un perro de reba\u00f1o o a un sabueso guardi\u00e1n. Nadie, ni siquiera Don Bosco, supo nunca de d\u00f3nde ven\u00eda ni qui\u00e9n era su amo. Carlos Tomatis dijo algo m\u00e1s: \u201cEra un perro con un aspecto verdaderamente formidable y a veces Mam\u00e1 Margarita, al verlo, exclamaba: \u201c\u00a1Oh, qu\u00e9 bestia m\u00e1s fea! Parec\u00eda casi un lobo, con el hocico alargado, las orejas hacia arriba, el pelaje gris, un metro de altura\u201d (MB IV, 712). No en vano inspiraba temor a quienes no lo conoc\u00edan. Sin embargo, Card. Cagliero atestigua: \u201cVi a la querida bestia una tarde de invierno\u201d (MB IV, 716).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1Querida bestia!!! \u00a1para los amigos!&#8230;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una vez, en lugar de acompa\u00f1ar a Don Bosco a casa, le impidi\u00f3 salir. Era tarde y Mam\u00e1 Margarita trat\u00f3 de disuadir a su hijo de salir, pero \u00e9l estaba decidido y pens\u00f3 en hacerse acompa\u00f1ar por algunos muchachos mayores. En la puerta de la casa encontraron al perro tumbado. \u201c\u00a1<em>Oh, el Gris -dijo Don Bosco-, lev\u00e1ntate y ven<\/em>!\u201d. Pero el perro, en vez de obedecer, emiti\u00f3 un aullido de miedo y no se movi\u00f3. Dos veces intent\u00f3 Don Bosco pasar y dos veces el Gris se lo impidi\u00f3. Entonces intervino Mam\u00e1 Margarita: \u00ab<em>Se &#8216;t veule nen scoteme me, scota almeno &#8216;l can, seurt nen!<\/em>\u00bb (Si no quieres hacerme caso, al menos hazle caso al perro, no salgas). Y el perro gan\u00f3. M\u00e1s tarde se supo que unos sicarios esperaban fuera para quitarle la vida (MB IV, 714).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed que el Gris salv\u00f3 varias veces la vida de Don Bosco. Pero nunca aceptaba comida ni ning\u00fan otro tipo de recompensa. Aparec\u00eda de repente y desaparec\u00eda en el aire cuando la misi\u00f3n estaba cumplida.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero entonces, \u00bfqu\u00e9 clase de perro era el Gris? Un d\u00eda de 1872, Don Bosco fue hu\u00e9sped de los Baroni Ricci en su casa de campo de Madonna dell&#8217;Olmo, cerca de Cuneo. La baronesa Azeglia Fassati, esposa del bar\u00f3n Carlos, sac\u00f3 el tema del Gris y Don Bosco dijo: \u201cDejemos en paz al <em>Gris<\/em>, hace tiempo que no lo veo\u201d. Hac\u00eda dos a\u00f1os que hab\u00eda dicho en 1870: <em>\u00ab\u00a1Este perro es verdaderamente algo extraordinario en mi vida! Decir que es un \u00e1ngel, har\u00eda re\u00edr; pero tampoco se puede decir que sea un perro ordinario, porque el otro d\u00eda lo volv\u00ed a ver<\/em>\u00bb (MB X, 386). \u00bfPodr\u00eda haber sido \u00e9sa la ocasi\u00f3n de Moncucco?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero en otra ocasi\u00f3n lleg\u00f3 a decir: \u00ab<em>De vez en cuando me ven\u00eda el pensamiento de buscar el origen de aquel perro&#8230; No s\u00e9 otra cosa que aquel animal fue para m\u00ed una verdadera providencia<\/em>\u00bb (MB IV, 718).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1Como el perro de San Roque! Ciertos fen\u00f3menos escapan a la red de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Para los que creen ninguna explicaci\u00f3n es necesaria; para los que no creen, ninguna explicaci\u00f3n es posible.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfAmaba Don Bosco a los animales? \u00bfEst\u00e1n presentes en su vida? \u00bfY qu\u00e9 relaci\u00f3n ten\u00eda&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":11,"featured_media":25910,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":288,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[1768,2198,1888,1960,1972],"class_list":["post-25916","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-don-bosco","tag-educacion","tag-milagros","tag-salesianos","tag-santos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25916","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/11"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25916"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25916\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/25910"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25916"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25916"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25916"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}