{"id":20024,"date":"2023-12-03T17:15:21","date_gmt":"2023-12-03T17:15:21","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=20024"},"modified":"2024-02-02T15:37:39","modified_gmt":"2024-02-02T15:37:39","slug":"la-cesta-de-la-madre-margarita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/comunicaciones-del-rector-mayor\/la-cesta-de-la-madre-margarita\/","title":{"rendered":"La cesta de la Madre Margarita"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em>Al final de un a\u00f1o, todos llevamos en el alma una cesta de recuerdos. Contiene lo que hemos vivido, un a\u00f1o rico, lleno de recuerdos agradables, pero tambi\u00e9n de acontecimientos inesperados. Un a\u00f1o en el que no han faltado las sorpresas.<\/em><\/em><br><br>Queridos amigos de Don Bosco y de su carisma, al final del a\u00f1o 2023, me ha parecido interesante utilizar el simbolismo de la cesta que Mam\u00e1 Margarita lleva siempre en el brazo. Incluso en el nuevo poster del aguinaldo, su signo distintivo es la cesta que cuelga de su brazo. Todos estamos acostumbrados a verla as\u00ed, Mam\u00e1 Margarita. Sin la cesta, el pa\u00f1uelo en la cabeza y el vestido de campesina pobre, no parecer\u00eda ella misma.<br>La cesta era de mimbre tejido con gran esmero. Llevaba canastillas para sus nietos, fragantes barras de pan reci\u00e9n horneadas y ropa blanca de olor limpio.<br>Pero el 3 de noviembre de 1846, como cuenta Don Bosco en sus Memorias del Oratorio, cuando \u00e9l y su madre bajaron de I Becchi a Tur\u00edn para acoger a los j\u00f3venes abandonados de la ciudad, Mam\u00e1 Margarita lo llen\u00f3 con su ajuar de boda, cuidadosamente doblado y, en el centro, deposit\u00f3 unos ramos de lavanda. En el fondo, bien oculto bajo el forro de tela, escond\u00eda su peque\u00f1o tesoro: un paquetito de terciopelo con dos anillos y un colgante de oro.<br>Con estas pocas posesiones, pudieron satisfacer las primeras necesidades del Oratorio. Mam\u00e1 Margarita ten\u00eda un coraz\u00f3n tan grande como todas las colinas de Asti y el lino empez\u00f3 a desaparecer, convirti\u00e9ndose en camisas y ropa interior para los chicos. Curioso fue el destino del vestido de novia que se convirti\u00f3 en el primer mantel de altar de la capilla Pinardi y luego en una s\u00e1bana para un enfermo de c\u00f3lera.<br>Pero la cesta no estaba vac\u00eda, conten\u00eda el aroma de todas las cosas buenas y bellas de su vida.<br><br><strong>El ba\u00fal de los recuerdos felices<br><\/strong>Al final del a\u00f1o, todos deber\u00edamos tener una cesta como \u00e9sta. Colgada en nuestras mentes y corazones. Una cesta como cofre del tesoro de los recuerdos felices. Deber\u00edamos llenarla con el asombro de la danza de la vida que ha pasado r\u00e1pidamente: las personas que nos han hecho bien, los acontecimientos de gracia, los encuentros que nos han dado aliento y valor, las certezas, las esperanzas y, debajo de todo, el oro precioso de la presencia de Dios.<br>En mi cesta encontr\u00e9 muchas cosas por las que dar gracias al Se\u00f1or de la Vida, nuestro buen Dios y Padre. Y ciertamente, como sucede en la vida de cada persona, tambi\u00e9n en ti que me lees, no todo lo que se vive en un a\u00f1o ha producido alegr\u00eda. Tambi\u00e9n hay penas, penurias, exigencias, p\u00e9rdidas, pero todo esto, vivido en la fe, se ilumina de una manera preciosa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; En mi cesta encuentro tantos esfuerzos, tanto personales como de quienes me ayudan en la animaci\u00f3n y gobierno de la Congregaci\u00f3n, que han servido para dar vida, mucha vida: hemos podido ayudar a tantas personas, a tantos ni\u00f1os y j\u00f3venes en todo el mundo salesiano, animando a mis hermanos y a la familia salesiana a continuar por un camino de fidelidad salesiana. La cesta est\u00e1 llena de tantos donativos de tantas personas en todo el mundo, en las 135 naciones y en las miles de obras de toda la familia salesiana en el mundo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; En mi cesta de este a\u00f1o est\u00e1 la visita de Don Bosco al centro de menores (la antigua Generala que Don Bosco visit\u00f3 con Don Cafasso), y de la que volv\u00ed a casa con el coraz\u00f3n encogido y lleno de pena por estar all\u00ed con aquellos j\u00f3venes (que espero superen pronto esta situaci\u00f3n), pero con la alegr\u00eda de saber que lo conseguir\u00e1n. El saludo del joven que me pregunt\u00f3: \u201c\u00bfCu\u00e1ndo vuelves?\u201d est\u00e1 grabado en mi memoria. Y volver\u00e9 pronto.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; En mi cesta est\u00e1 la alegr\u00eda de tantos viajes realizados durante el a\u00f1o &#8211; esta vez de nuevo a los cinco continentes, ya que estoy de vuelta en Australia. Podr\u00eda escribir p\u00e1ginas sobre todos los viajes. S\u00f3lo mencionar\u00e9 mi visita a Per\u00fa, dos veces en febrero, al altiplano de Huancayo, con su fr\u00edo y sus colinas y el encuentro con m\u00e1s de mil j\u00f3venes, a 2.500 metros de altitud, y el inmenso calor, de la ciudad del calor eterno (como les gusta decir) que es Piura, donde encontr\u00e9 una devoci\u00f3n a Mar\u00eda Auxiliadora que me conmovi\u00f3.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Mi canasta contiene la alegr\u00eda de verme en Viedma &#8211; Argentina cinco meses despu\u00e9s de la canonizaci\u00f3n del coadjutor salesiano San Artemisa Zatti y de desandar los caminos que \u00e9l recorri\u00f3 y vivir donde \u00e9l vivi\u00f3 e hizo realidad la santidad en lo cotidiano.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Y la cesta, en lo m\u00e1s profundo de mi coraz\u00f3n, contiene este a\u00f1o la experiencia m\u00e1s profunda que puede tener un ser humano. La experiencia de perder a la madre, especialmente cuando el padre ya se ha ido al cielo. Realmente sientes que el \u201ccord\u00f3n umbilical\u201d que te sosten\u00eda no s\u00f3lo hasta que te trajeron al mundo, sino durante toda tu vida, se corta definitivamente. Pero yo tambi\u00e9n lo he vivido, con la Gracia del Se\u00f1or, como una p\u00e9rdida, ciertamente, pero llena de sentido, llena de esperanza, y con una inmensa gratitud al Se\u00f1or de la vida por una vida larga y hermosa tanto en el caso de mi padre como en el de mi madre. C\u00f3mo no dar gracias al Se\u00f1or por ello.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Mi cesta de este a\u00f1o contiene la inmensa alegr\u00eda de los preciosos d\u00edas pasados en Lisboa para la Jornada Mundial de la Juventud. M\u00e1s de un mill\u00f3n de j\u00f3venes dieron un precioso testimonio de humanidad y humanismo, de capacidad de vivir en armon\u00eda, amistad y paz a pesar de ser muy diferentes, procedentes de todo el mundo. Qu\u00e9 gran lecci\u00f3n nos dan.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Por \u00faltimo, mi cesta de este a\u00f1o contiene un profundo acto de fe y de obediencia. Sin duda por fe lo ha hecho el Santo Padre al nombrarme Cardenal de la Santa Iglesia Romana. Y ciertamente por fe, y con la certeza de que nuestro Dios acompa\u00f1a la vida de cada uno de nosotros del modo \u00fanico que s\u00f3lo \u00c9l conoce, he aceptado este designio y esta obediencia. Ciertamente con gratitud y con la promesa de fidelidad y lealtad al Vicario de Cristo, como se nos declara al recibir el anillo cardenalicio. S\u00f3lo con fe se puede vivir dignamente algo as\u00ed.<br>Como veis, amigos m\u00edos, mi cesta est\u00e1 llena. Estoy seguro de que lo mismo ocurre en la vida de cada uno de vosotros. Este es el gran don de la vida de Dios.<br>Os deseo que este mes sea bendecido. Y os deseo que, mientras esper\u00e1is la venida de Jesucristo, sig\u00e1is trabajando como Familia Salesiana para que nuestro mundo se purifique de odios y discordias y se llene del esp\u00edritu cristiano, para que todos podamos vivir siempre en paz los unos con los otros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al final de un a\u00f1o, todos llevamos en el alma una cesta de recuerdos. 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