{"id":19960,"date":"2023-11-24T09:18:37","date_gmt":"2023-11-24T09:18:37","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=19960"},"modified":"2024-02-02T15:37:28","modified_gmt":"2024-02-02T15:37:28","slug":"don-bosco-y-su-madre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/don-bosco-y-su-madre\/","title":{"rendered":"Don Bosco y su madre"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1965 se conmemor\u00f3 el 150 aniversario del nacimiento de Don Bosco. Entre las conferencias para la ocasi\u00f3n hubo una pronunciada por Mons. Giuseppe Angrisani, entonces Obispo de Casale, y Presidente Nacional de los Exalumnos Sacerdotes. El orador en su discurso, refiri\u00e9ndose a Mam\u00e1 Margarita, dijo de Don Bosco: \u201c<em>Afortunadamente para \u00e9l esa madre estuvo a su lado durante muchos a\u00f1os, y pienso y creo no equivocarme al decir que el \u00e1guila de los Becchi no habr\u00eda volado hasta los confines de la tierra si la golondrina de la Serra di Capriglio no hubiera venido a anidar bajo la viga de la humild\u00edsima casa de la familia Bosco<\/em>\u201d (<em>BS, sept. 1966, p. 10<\/em>).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La del ilustre orador era una imagen muy po\u00e9tica que, sin embargo, expresaba una realidad. No en vano, 30 a\u00f1os antes, G. Joergensen, sin querer profanar la Sagrada Escritura, se permiti\u00f3 comenzar su Don Bosco publicado por la SEI con las palabras: \u201c<em>En el principio estaba la madre<\/em>\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La influencia materna en las actitudes religiosas del ni\u00f1o y en la religiosidad del adulto es reconocida por los expertos en psicolog\u00eda religiosa y es, en nuestro caso, m\u00e1s que evidente: San Juan Bosco, que siempre tuvo la mayor veneraci\u00f3n por su madre, copi\u00f3 de ella un profundo sentido religioso de la vida. \u201cDios dominaba la mente de Don Bosco como un sol meridiano\u201d (Pietro Stella).<br><br><strong>Dios en la cima de sus pensamientos<\/strong><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es un hecho f\u00e1cil de documentar: Don Bosco siempre tuvo a Dios en la cima de todos sus pensamientos. Hombre de acci\u00f3n, fue ante todo un hombre de oraci\u00f3n. \u00c9l mismo recuerda que fue su madre quien le ense\u00f1\u00f3 a rezar, es decir, a conversar con Dios:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; <em>Me hac\u00eda arrodillarme con mis hermanos por la ma\u00f1ana y por la noche, y todos juntos rez\u00e1bamos nuestras oraciones<\/em> (<em>MO 21-22<\/em>).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando Juan tuvo que abandonar el techo materno e ir a trabajar como pe\u00f3n a la granja de Moglia, la oraci\u00f3n era ya su alimento y consuelo habituales. En aquella casa de Moncucco \u201clos deberes de buen cristiano se cumpl\u00edan con la regularidad de inveterados h\u00e1bitos dom\u00e9sticos, siempre tenaces en las familias campesinas, muy tenaces en aquellos d\u00edas de sana vida campestre\u201d (E. Ceria). Pero Juan ya hac\u00eda algo m\u00e1s: rezaba de rodillas, rezaba a menudo, rezaba largamente. Incluso fuera de casa, mientras llevaba las vacas a pastar, se deten\u00eda de vez en cuando a rezar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su mam\u00e1 tambi\u00e9n le hab\u00eda inculcado en su coraz\u00f3n una tierna devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen. Cuando entr\u00f3 en el seminario, ella le dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; <em>Cuando viniste al mundo, te consagr\u00e9 a la Sant\u00edsima Virgen; cuando comenzaste tus estudios, te recomend\u00e9 la devoci\u00f3n a esta nuestra Madre; y si llegas a ser sacerdote, recomienda y propaga siempre la devoci\u00f3n a Mar\u00eda<\/em> (<em>MO, 89<\/em>).<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mam\u00e1 Margarita, despu\u00e9s de haber educado a su hijo Juan en la casita de los Becchi, despu\u00e9s de haberle seguido maternalmente y de haberle animado en su duro camino vocacional, vivi\u00f3 diez a\u00f1os m\u00e1s a su lado, cubriendo una delicad\u00edsima funci\u00f3n materna en la educaci\u00f3n de aquellos j\u00f3venes que hab\u00eda reunido, con un estilo que pervive en tantos aspectos de la praxis educativa de Don Bosco: conciencia de la presencia de Dios, laboriosidad que es sentido de la dignidad humana y cristiana, valent\u00eda que inspira obras, raz\u00f3n que es di\u00e1logo y aceptaci\u00f3n del otro, amor exigente pero reconfortante.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda alguna, por tanto, la madre desempe\u00f1\u00f3 un papel singular en la educaci\u00f3n y el apostolado temprano de su hijo, influyendo profundamente en el esp\u00edritu y el estilo de su obra futura.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco, hecho sacerdote y dedicado a la juventud, dio a su obra el nombre de Oratorio. No en vano el centro propulsor de todas las obras de Don Bosco se llamaba Oratorio. El t\u00edtulo indica la actividad dominante, la finalidad principal de una empresa. Y Don Bosco, como \u00e9l mismo confes\u00f3, dio el nombre de Oratorio a su \u201ccasa\u201d para indicar claramente que la oraci\u00f3n era el \u00fanico poder con el que contaba.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No dispon\u00eda de ning\u00fan otro poder para animar sus oratorios, poner en marcha el hospicio, resolver el problema del pan cotidiano, sentar las bases de su Congregaci\u00f3n. Muchos, lo sabemos, llegaron a dudar de su cordura.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que los grandes no entend\u00edan, lo entend\u00edan en cambio los peque\u00f1os, es decir, los j\u00f3venes que, despu\u00e9s de conocerle, ya no pod\u00edan separarse de \u00e9l. Ve\u00edan en \u00e9l la imagen viva del Se\u00f1or. Siempre tranquilo y sereno, todo a su disposici\u00f3n, ferviente en la oraci\u00f3n, gracioso en el hablar, paternal en guiarles hacia el bien, manteniendo siempre viva en todos la esperanza de la salvaci\u00f3n. Si alguien, afirmaba un testigo, le hubiera preguntado a bocajarro: Don Bosco, \u00bfad\u00f3nde va? \u00e9l habr\u00eda respondido: \u00a1Vamos al Para\u00edso!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este sentido religioso de la vida, que impregnaba todas las obras y escritos de Don Bosco, era una herencia evidente de su madre. La santidad de Don Bosco proced\u00eda de la fuente divina de la Gracia y ten\u00eda como modelo a Cristo, maestro de toda perfecci\u00f3n, pero estaba enraizada en un valor espiritual materno, la sabidur\u00eda cristiana. El \u00e1rbol bueno produce frutos buenos.<br><br><strong>Ella se lo hab\u00eda ense\u00f1ado<\/strong><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La madre de Don Bosco, Margarita Occhiena, desde noviembre de 1846, cuando a los 58 a\u00f1os de edad, hab\u00eda dejado su casita de los Becchi, compart\u00eda con su hijo en Valdocco una vida de privaciones y sacrificios gastada por los chicos de la periferia de Tur\u00edn. Hab\u00edan pasado cuatro a\u00f1os y ahora sent\u00eda que sus fuerzas menguaban. Un gran cansancio hab\u00eda penetrado en sus huesos, una fuerte nostalgia en su coraz\u00f3n. Entr\u00f3 en la habitaci\u00f3n de Don Bosco y le dijo: \u201c<em>Esc\u00fachame, Juan, ya no es posible seguir as\u00ed. Cada d\u00eda los chicos me hacen una. Ahora tiran mi ropa limpia tendida al sol en el suelo, ahora pisotean mis verduras en el huerto. Me rompen la ropa de tal manera que no hay forma de remendarla. Pierden calcetines y camisas. Se llevan las herramientas de la casa para sus diversiones y me hacen dar vueltas todo el d\u00eda para encontrarlas. Yo, en medio de esta confusi\u00f3n, pierdo la cabeza, \u00a1Ya ves! Casi, casi, me vuelvo a los Becchi<\/em>\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco mir\u00f3 fijamente el rostro de su madre, sin hablar. Luego se\u00f1al\u00f3 el Crucifijo que colgaba de la pared. Mam\u00e1 Margarita comprendi\u00f3. Sus ojos se llenaron de l\u00e1grimas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; <em>Tienes raz\u00f3n, tienes raz\u00f3n, exclam\u00f3<\/em>; y volvi\u00f3 a sus quehaceres, durante otros seis a\u00f1os, hasta su muerte (G.B. LEMOYNE, Mam\u00e1 Margarita, Tur\u00edn, SEI, 1956, p. 155-156).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mam\u00e1 Margarita alimentaba una profunda devoci\u00f3n a la Pasi\u00f3n de Cristo, a esa Cruz que daba sentido, fuerza y esperanza a todas sus cruces. As\u00ed se lo hab\u00eda ense\u00f1ado a su hijo. Le bastaba una mirada al Crucifijo. Para ella, la vida era una misi\u00f3n que cumplir, el tiempo un don de Dios, el trabajo una contribuci\u00f3n humana al plan del Creador, la historia humana algo sagrado porque Dios, nuestro Se\u00f1or, Padre y Salvador, est\u00e1 en el centro, principio y fin del mundo y del hombre.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella hab\u00eda ense\u00f1ado todo esto a su hijo con la palabra y el ejemplo. Madre e hijo: una fe y una esperanza puestas s\u00f3lo en Dios, y una ardiente caridad que ardi\u00f3 en su coraz\u00f3n hasta la muerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1965 se conmemor\u00f3 el 150 aniversario del nacimiento de Don Bosco. 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