{"id":19672,"date":"2023-11-02T08:35:49","date_gmt":"2023-11-02T08:35:49","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=19672"},"modified":"2024-05-02T12:39:59","modified_gmt":"2024-05-02T12:39:59","slug":"el-ejercicio-de-la-buena-muerte-en-la-experiencia-educativa-de-don-bosco-1-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/el-ejercicio-de-la-buena-muerte-en-la-experiencia-educativa-de-don-bosco-1-5\/","title":{"rendered":"El ejercicio de la \u00abbuena muerte\u00bb en la experiencia educativa de Don Bosco (1\/5)"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em>La celebraci\u00f3n anual de la memoria de todos los difuntos pone ante nuestros ojos una realidad que nadie puede negar: el final de nuestra vida terrenal. Para muchos, hablar de la muerte parece algo macabro, que hay que evitar a toda costa. Pero no fue as\u00ed para San Juan Bosco; durante toda su vida cultiv\u00f3 el Ejercicio de la Buena Muerte, fijando para ello el \u00faltimo d\u00eda del mes. Qui\u00e9n sabe si no fue \u00e9sta la raz\u00f3n por la que el Se\u00f1or se lo llev\u00f3 el \u00faltimo d\u00eda de enero de 1888, encontr\u00e1ndolo preparado&#8230;<br><\/em><\/em><br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Jean Delumeau, en la introducci\u00f3n a su obra sobre <em>El miedo en Occidente<\/em>, relata la angustia que sinti\u00f3 a los doce a\u00f1os cuando, como nuevo alumno de un internado salesiano, escuch\u00f3 por primera vez las \u201cinquietantes secuencias\u201d de la letan\u00eda de la buena muerte, seguidas de un <em>Padrenuestro <\/em>y un <em>Avemar\u00eda <\/em>\u201cpor aquel de entre nosotros que ser\u00e1 el primero en morir\u201d. A partir de esa experiencia, de sus antiguos temores, de sus dif\u00edciles esfuerzos por acostumbrarse al miedo, de sus meditaciones adolescentes sobre los fines \u00faltimos, de su paciente b\u00fasqueda personal de la serenidad y la alegr\u00eda en la aceptaci\u00f3n, el historiador franc\u00e9s ha elaborado un proyecto de investigaci\u00f3n historiogr\u00e1fica centrado en el papel de la \u201cculpabilizaci\u00f3n\u201d y la \u201cpastoral del miedo\u201d en la historia de Occidente y ha trazado la clave interpretativa \u201cde un panorama hist\u00f3rico muy amplio: para la Iglesia\u201d, escribe, \u201cel sufrimiento y la aniquilaci\u00f3n (temporal) del cuerpo son menos temibles que el pecado y el infierno. El hombre no puede hacer nada contra la muerte, pero -con la ayuda de Dios- le es posible evitar el castigo eterno. A partir de ese momento, un nuevo tipo de miedo -teol\u00f3gico- sustituy\u00f3 a otro anterior, visceral y espont\u00e1neo: era un aderezo heroico, pero a\u00fan as\u00ed un aderezo, ya que introduc\u00eda una salida donde no hab\u00eda m\u00e1s que vac\u00edo; de este tipo fue la lecci\u00f3n que los religiosos encargados de mi educaci\u00f3n intentaron ense\u00f1arme\u201d<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Incluso Umberto Eco recordaba con ir\u00f3nica simpat\u00eda el ejercicio de la buena muerte que le propusieron en el Oratorio de Nizza Monferrato:<br><br>\u201cLas religiones antiguas, los mitos, los rituales hicieron que la muerte, aunque siempre temible, nos resultara familiar. Est\u00e1bamos acostumbrados a aceptarla por las grandes celebraciones f\u00fanebres, los gritos de las preces, las grandes misas <em>de R\u00e9quiem<\/em>. Nos preparaban para la muerte con sermones sobre el infierno, e incluso durante mi infancia me invitaban a leer las p\u00e1ginas sobre la muerte del <em>Joven Instruido <\/em>de Don Bosco, que no era s\u00f3lo el cura alegre que hac\u00eda jugar a los ni\u00f1os, sino que ten\u00eda una imaginaci\u00f3n visionaria y extravagante. Nos record\u00f3 que no sabemos d\u00f3nde nos sorprender\u00e1 la muerte, si en nuestra cama, en el trabajo o en la calle, por la rotura de una vena, un catarro, un torrente de sangre, una fiebre, una llaga, un terremoto, la ca\u00edda de un rayo, \u201cquiz\u00e1 tan pronto como hayamos terminado de leer esta consideraci\u00f3n. En ese momento sentiremos la cabeza oscurecida, los ojos doloridos, la lengua reseca, las mand\u00edbulas cerradas, el pecho oprimido, la sangre helada, la carne consumida, el coraz\u00f3n traspasado. De ah\u00ed la necesidad de practicar el Ejercicio de la Buena Muerte [&#8230;]. Puro sadismo, podr\u00eda decirse. Pero, \u00bfqu\u00e9 ense\u00f1amos hoy a nuestros contempor\u00e1neos? Que la muerte se consume lejos de nosotros en el hospital, que ya no solemos seguir el ata\u00fad hasta el cementerio, que ya no vemos a los muertos. [&#8230;] As\u00ed, la desaparici\u00f3n de la muerte de nuestro horizonte inmediato de experiencia nos aterrorizar\u00e1 mucho m\u00e1s, cuando se acerque el momento, al enfrentarnos a este acontecimiento que tambi\u00e9n nos pertenece desde el nacimiento &#8211; y con el que el sabio se reconcilia a lo largo de la vida\u201d<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>.<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En las casas salesianas la pr\u00e1ctica mensual de la buena muerte, con la recitaci\u00f3n de las letan\u00edas incluidas por Don Bosco en el <em>Joven Instruido<\/em>, se mantuvo en uso desde 1847 hasta el umbral del Concilio<a href=\"#_ftn3\" id=\"_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>. Delumeau cuenta que cada vez que le\u00eda esas letan\u00edas a sus alumnos del Coll\u00e8ge de France se daba cuenta de lo asombrados que estaban: \u201cEs la prueba -escribe- de un cambio r\u00e1pido y profundo de mentalidad de una generaci\u00f3n a la siguiente\u201d. Habiendo envejecido r\u00e1pidamente despu\u00e9s de haber estado de actualidad durante tanto tiempo, esta oraci\u00f3n por una buena muerte se ha convertido en un documento de la historia en la medida en que refleja una larga tradici\u00f3n de pedagog\u00eda religiosa\u201d<a href=\"#_ftn4\" id=\"_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>. El estudioso de las mentalidades, en efecto, nos ense\u00f1a c\u00f3mo los fen\u00f3menos hist\u00f3ricos, para evitar anacronismos equ\u00edvocos, deben abordarse siempre en relaci\u00f3n con su coherencia interna y con respeto a la alteridad cultural, a la que debe remontarse toda representaci\u00f3n mental colectiva, toda creencia y pr\u00e1ctica cultural o cultual de las sociedades antiguas. Fuera de esos marcos antropol\u00f3gicos, de ese conjunto de conocimientos y valores, formas de pensar y sentir, h\u00e1bitos y modelos de comportamiento predominantes en un contexto cultural determinado, que conforman la mentalidad colectiva, es imposible aplicar un enfoque cr\u00edtico correcto.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por lo que a nosotros respecta, el relato de Delumeau es un documento de c\u00f3mo el anacronismo no s\u00f3lo debilita al historiador. Incluso el pastor y el educador corren el riesgo de perpetuar pr\u00e1cticas y f\u00f3rmulas ajenas a los universos culturales y espirituales que las generaron: as\u00ed, adem\u00e1s de parecer cuando menos extra\u00f1as a las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes, pueden incluso resultar contraproducentes, al haber perdido el horizonte global de sentido y el \u201cequipamiento mental y espiritual\u201d que les daba sentido. Este fue el destino de la oraci\u00f3n de la buena muerte repropuesta, durante m\u00e1s de un siglo, a los alumnos de las obras salesianas de todo el mundo, y luego -hacia 1965- completamente abandonada, sin ninguna forma de sustituci\u00f3n que salvaguardara sus aspectos positivos. El abandono no se debi\u00f3 \u00fanicamente a su obsolescencia. Era tambi\u00e9n un s\u00edntoma de ese proceso en curso de eclipse de la muerte en la cultura occidental, una especie de \u201centredicho\u201d y de \u201cprohibici\u00f3n\u201d denunciado ahora con firmeza por estudiosos y pastores.<a href=\"#_ftn5\" id=\"_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nuestra contribuci\u00f3n pretende investigar el significado y el valor educativo del ejercicio de la buena muerte en la pr\u00e1ctica de Don Bosco y de las primeras generaciones salesianas, relacion\u00e1ndolo con una fecunda tradici\u00f3n secular, e identificando despu\u00e9s su peculiaridad espiritual a trav\u00e9s de los testimonios narrativos dejados por el Santo.<br><br><em><a href=\"..\/es\/don-bosco\/el-ejercicio-de-la-buena-muerte-en-la-experiencia-educativa-de-don-bosco-2-5\">(continuaci\u00f3n)<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Jean Delumeau, <em>El miedo en Occidente <\/em>(siglos XIV-XVIII). <em>La ciudad sitiada, <\/em>Tur\u00edn, SEI, 1979, 42-44.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> Umberto Eco, \u00abLa bustina di Minerva: Dov&#8217;\u00e8 andata la morte?\u00bb, en <em>L&#8217;Espresso<\/em>, 29 de noviembre de 2012.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\" id=\"_ftn3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> Las \u00abOraciones por una buena muerte\u00bb se encuentran todav\u00eda, con algunas variaciones sustanciales, en el Manual de oraci\u00f3n revisado para las instituciones educativas salesianas de Italia, que sustituy\u00f3 definitivamente al <em>Giovane Provveduto<\/em>, utilizado hasta entonces: Centro Compagnie Giovent\u00f9 Salesiana, <em>In preghiera. Manuale di piet\u00e0 ispirato al Giovane Provveduto di san Giovanni Bosco<\/em>, Torino, Opere Don Bosco, 1959, 360-362.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\" id=\"_ftn4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> Delumeau, <em>El miedo en Occidente<\/em>, 43.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\" id=\"_ftn5\"><sup>[5]<\/sup><\/a> Cf. Philippe Ari\u00e9s, <em>Historia de la muerte en Occidente<\/em>, Mil\u00e1n, BUR, 2009; Jean-Marie R. Tillard, <em>La muerte: \u00bfenigma o misterio?<\/em> Magnano (BI), Edizioni Qiqajon, 1998.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La celebraci\u00f3n anual de la memoria de todos los difuntos pone ante nuestros ojos una&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":19665,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":82,"footnotes":""},"categories":[187,468],"tags":[1720,1738,2636,1768,2233,2225,1960,1966,2026],"class_list":["post-19672","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","category-reflexiones","tag-carisma-salesiano","tag-catequesis","tag-consejos","tag-don-bosco","tag-esperanza","tag-formacion","tag-salesianos","tag-salvacion","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19672","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19672"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19672\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19665"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19672"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19672"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19672"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}