{"id":50133,"date":"2026-03-24T15:13:32","date_gmt":"2026-03-24T15:13:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?page_id=50133"},"modified":"2026-03-26T08:53:15","modified_gmt":"2026-03-26T08:53:15","slug":"las-raices-del-mal-y-los-remedios-de-la-vida-cristiana","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/las-raices-del-mal-y-los-remedios-de-la-vida-cristiana\/","title":{"rendered":"Las ra\u00edces del mal y los remedios de la vida cristiana"},"content":{"rendered":"<p><em><i>En el coraz\u00f3n de todo mal que hiere al mundo no hay solo injusticias externas o fragilidades sociales, sino una ra\u00edz m\u00e1s profunda: el pecado que habita en el coraz\u00f3n del hombre. A partir del G\u00e9nesis, la Escritura nos ayuda a reconocer tres grandes desviaciones interiores \u2014la b\u00fasqueda desordenada del placer, del tener y del poder\u2014 que alejan de Dios y desintegran la relaci\u00f3n con uno mismo, con los dem\u00e1s y con el Creador. Pero el Evangelio no se detiene en el diagn\u00f3stico del mal: en Cristo, vencedor de las tentaciones en el desierto, se abre tambi\u00e9n el camino de la sanaci\u00f3n. El ayuno, la oraci\u00f3n, la limosna, el examen de conciencia y la confesi\u00f3n se convierten as\u00ed en instrumentos concretos de conversi\u00f3n y de renacimiento cristiano.<br \/>\n<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la ra\u00edz de todos los males que afligen al mundo se encuentran los pecados de los hombres. Dios cre\u00f3 el mundo bueno; pero con el pecado de los primeros hombres, el mal entr\u00f3 en la historia humana. El primer pecado \u2014que en su esencia es una desobediencia a Dios\u2014 manifiesta ya una triple deformaci\u00f3n del coraz\u00f3n humano. Esto se puede reconocer meditando la Palabra de Dios, ante todo en el libro del G\u00e9nesis.<\/p>\n<p><em><i>\u00abLa mujer vio que el \u00e1rbol era <strong><b>bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para adquirir sabidur\u00eda<\/b><\/strong>; tom\u00f3 de su fruto y comi\u00f3, y le dio tambi\u00e9n a su marido, que estaba con ella, y \u00e9l tambi\u00e9n comi\u00f3\u00bb.<\/i><\/em> (G\u00e9n 3,6)<\/p>\n<p>En este episodio surgen tres grandes desviaciones interiores, que contin\u00faan arrastrando al hombre lejos de Dios: la b\u00fasqueda desordenada del placer, la b\u00fasqueda desordenada del tener y la b\u00fasqueda desordenada del poder o de la autosuficiencia.<\/p>\n<p>Estas tres ra\u00edces deforman al hombre en profundidad:<br \/>\n&#8211; <strong><b>La concupiscencia de la carne<\/b><\/strong> (el deseo de los bienes corporales) deforma la relaci\u00f3n con el placer y nos hiere ante todo a nosotros mismos;<br \/>\n&#8211; <strong><b>La concupiscencia de los ojos<\/b><\/strong> (la fascinaci\u00f3n por lo que el mundo ofrece) deforma la relaci\u00f3n con los bienes, con la posesi\u00f3n y con lo que atrae y seduce, da\u00f1ando tambi\u00e9n la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s;<br \/>\n&#8211; <strong><b>La soberbia de la vida<\/b><\/strong> (el orgullo, la autosuficiencia) deforma ante todo la relaci\u00f3n con Dios, porque empuja al hombre al rechazo de la dependencia filial del Creador.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura pone de relieve estas ra\u00edces del mal de muchas maneras. Reconocerlas es importante, porque solo conociendo la enfermedad se puede buscar el remedio. Algunos otros pasajes b\u00edblicos ayudan a comprenderlo.<\/p>\n<p><strong><b>1<\/b><\/strong><em><i>. \u00abCuando hayas <strong><b>comido y te hayas saciado<\/b><\/strong>, cuando hayas construido casas hermosas y hayas habitado en ellas, cuando hayas <strong><b>visto multiplicarse tu ganado mayor y menor<\/b><\/strong>, aumentar tu plata y tu oro y abundar todas tus cosas, <strong><b>no se enorgullezca tu coraz\u00f3n<\/b><\/strong> hasta el punto de olvidar al Se\u00f1or, tu Dios, que te sac\u00f3 de la tierra de Egipto, de la condici\u00f3n de servidumbre\u00bb. (Dt 8,12-14)<br \/>\n<\/i><\/em><strong><b>2.<\/b><\/strong> <em><i>\u00abAc\u00e1n respondi\u00f3 a Josu\u00e9: \u00abEs verdad, he pecado contra el Se\u00f1or, Dios de Israel, y he hecho lo que os dir\u00e9: hab\u00eda visto en el bot\u00edn un hermoso manto de Sinar, doscientos siclos de plata y un lingote de oro de cincuenta siclos de peso. Los he <strong><b>deseado<\/b><\/strong> y me los he <strong><b>quedado<\/b><\/strong>, y he aqu\u00ed que est\u00e1n escondidos en la tierra en medio de mi tienda, y la plata est\u00e1 debajo\u00bb\u00bb. (Jos 7,20-21)<\/i><\/em><br \/>\n<strong><b>3.<\/b><\/strong> <em><i>\u00abSe\u00f1or, padre y Dios de mi vida, no me des <strong><b>la arrogancia de los ojos y aleja de m\u00ed todo deseo desmedido. Que la sensualidad y la lujuria<\/b><\/strong> no se apoderen de m\u00ed, no me abandones a deseos vergonzosos\u00bb.<\/i><\/em> (Sir 23,4-6)<\/p>\n<p>4. \u00abPor lo dem\u00e1s, las obras de la carne son bien conocidas: fornicaci\u00f3n, impureza, libertinaje, idolatr\u00eda, hechicer\u00edas, enemistades, discordia, celos, disensiones, divisiones, facciones, envidias, borracheras, org\u00edas y cosas semejantes. Sobre estas cosas os advierto, como ya he dicho: quienes las cometen no heredar\u00e1n el reino de Dios\u00bb. (G\u00e1l 5,19-21)<\/p>\n<p><strong><b>5. <\/b><\/strong><em><i>\u00ab\u00a1No am\u00e9is al mundo, ni las cosas del mundo! Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no est\u00e1 en \u00e9l; porque todo lo que hay en el mundo \u2014 <strong><b>la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida<\/b><\/strong><\/i><\/em> <em><i>\u2014 no viene del Padre, sino que viene del mundo\u00bb.<\/i><\/em> (1 Jn 2,15-16)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>JES\u00daS VENCI\u00d3 DONDE AD\u00c1N HAB\u00cdA CEDIDO<br \/>\n<\/b><\/strong>El pecado de desobediencia de los primeros hombres fue reparado por la obediencia de Jesucristo. \u00c9l quiso afrontar las mismas tentaciones en el desierto tambi\u00e9n para ense\u00f1arnos a vencerlas. Y venci\u00f3, obedeciendo a la Palabra de Dios transmitida por la Escritura, apoy\u00e1ndose en la verdad de Dios, respondiendo al tentador solo con la Palabra de Dios, mostrando que ninguna tentaci\u00f3n puede ser superada sin fe, sin obediencia y sin apoyarse en la verdad de Dios.<\/p>\n<p>Este misterio es tan importante que es narrado por los tres Evangelios sin\u00f3pticos (Mt 4,1-11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-13) y se cumple despu\u00e9s de cuarenta d\u00edas de ayuno solitario en el desierto \u2014un detalle nada despreciable.<\/p>\n<p><strong><b>Contra la concupiscencia de la carne (Mt 4,4)<br \/>\n<\/b><\/strong><em><i>Tentaci\u00f3n: \u00abDi que estas piedras se conviertan en pan\u00bb.<br \/>\nRespuesta de Jes\u00fas: \u00abEst\u00e1 escrito: No solo de pan vivir\u00e1 el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios\u00bb. (Dt 8,3)<br \/>\n<\/i><\/em><br \/>\n<strong><b>Contra la soberbia de la vida (Mt 4,7)<br \/>\n<\/b><\/strong><em><i>Tentaci\u00f3n: \u00abT\u00edrate abajo\u00bb.<br \/>\nRespuesta de Jes\u00fas: \u00abTambi\u00e9n est\u00e1 escrito: No tentar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios\u00bb. (Dt 6,16)<\/i><\/em><\/p>\n<p><strong><b>Contra la concupiscencia de los ojos (Mt 4,10)<br \/>\n<\/b><\/strong><em><i>Tentaci\u00f3n: \u00abTe dar\u00e9 todos los reinos del mundo y su gloria\u00bb.<br \/>\nRespuesta de Jes\u00fas: \u00abEst\u00e1 escrito: Al Se\u00f1or, tu Dios, adorar\u00e1s; a \u00e9l solo dar\u00e1s culto\u00bb. (Dt 6,13)<br \/>\n<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>LOS REMEDIOS INDICADOS POR LA TRADICI\u00d3N CRISTIANA<br \/>\n<\/b><\/strong>Para sanar estas tres ra\u00edces de desorden, la Tradici\u00f3n cristiana siempre ha indicado tres pr\u00e1cticas fundamentales de penitencia: el <strong><b>ayuno<\/b><\/strong> (contra la concupiscencia de la carne), la <strong><b>oraci\u00f3n<\/b><\/strong> (contra la soberbia de la vida) y la <strong><b>limosna<\/b><\/strong> (contra la concupiscencia de los ojos). Lo recuerda tambi\u00e9n el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica:<\/p>\n<p><em><i>\u00abLa penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oraci\u00f3n, la limosna, que expresan la conversi\u00f3n con relaci\u00f3n a s\u00ed mismo, con relaci\u00f3n a Dios y con relaci\u00f3n a los dem\u00e1s\u00bb.<\/i><\/em> (CIC 1434)<\/p>\n<p>Para aquellos que son llamados a una v\u00eda especial de perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, la Tradici\u00f3n de la Iglesia indica tambi\u00e9n los tres consejos evang\u00e9licos, vividos en los votos religiosos, como remedios espec\u00edficos contra estas ra\u00edces del mal:<br \/>\n&#8211; <strong><b>la pobreza<\/b><\/strong>, contra la concupiscencia de los ojos (el deseo de tener);<br \/>\n&#8211; <strong><b>la castidad<\/b><\/strong>, contra la concupiscencia de la carne (el deseo del placer);<br \/>\n&#8211; <strong><b>la obediencia<\/b><\/strong>, contra la soberbia de la vida (el deseo del poder).<\/p>\n<p>En este sentido, la vida religiosa aparece como una imitaci\u00f3n particularmente intensa de Cristo, orientada a la sanaci\u00f3n de la ra\u00edz misma del pecado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>DE LAS TRES CONCUPISCENCIAS A LOS SIETE VICIOS CAPITALES<br \/>\n<\/b><\/strong>De estas tres ra\u00edces surgen los <strong><b>siete vicios capitales<\/b><\/strong>, y de estos siete se desarrollan luego todos los dem\u00e1s des\u00f3rdenes morales. La soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza no son males aut\u00f3nomos y desvinculados: son el fruto de un terreno ya corrompido por las tres concupiscencias originarias, un desarrollo de las tres matrices del desorden interior.<\/p>\n<p><strong><b>1. La concupiscencia de la carne<br \/>\n<\/b><\/strong>La concupiscencia de la carne es el desorden de quien busca el bien sobre todo en el placer sensible, en el goce inmediato y en la satisfacci\u00f3n corporal. De ella derivan en particular:<br \/>\n&#8211; <strong><b>gula<\/b><\/strong>: la b\u00fasqueda desordenada del comer, del beber y de la satisfacci\u00f3n material;<\/p>\n<p>&#8211; <strong><b>lujuria<\/b><\/strong>: la b\u00fasqueda desordenada del placer sexual;<br \/>\n&#8211; <strong><b>pereza<\/b><\/strong>: no simplemente holgazaner\u00eda, sino tristeza o torpeza ante el bien espiritual; a menudo se desarrolla en un alma abrumada por la comodidad, el bienestar y la huida del esfuerzo interior.<\/p>\n<p><strong><b>2. Concupiscencia de los ojos<br \/>\n<\/b><\/strong>La concupiscencia de los ojos no se refiere solo al ver, sino al desear lo que se ve, al dejarse seducir por las cosas, por la posesi\u00f3n y la acumulaci\u00f3n. De ella derivan en particular:<br \/>\n&#8211; <strong><b>avaricia<\/b><\/strong>: el deseo desordenado de poseer, retener, acumular riquezas;<\/p>\n<p>&#8211; <strong><b>envidia<\/b><\/strong>: al menos en parte: el hombre no solo desea lo que ve, sino que sufre por el bien que ve en el otro; la envidia es, en cierto sentido, una concupiscencia de los ojos convertida en comparaci\u00f3n: no solo \u00abquiero lo que veo\u00bb, sino \u00abno soporto el bien que veo en el otro\u00bb.<\/p>\n<p><strong><b>3. Soberbia de la vida<br \/>\n<\/b><\/strong>La soberbia de la vida es la ra\u00edz m\u00e1s profunda: no se refiere ante todo a las cosas, sino al propio yo, que quiere afirmarse contra Dios y contra los dem\u00e1s, bastarse a s\u00ed mismo, sobresalir e imponerse. De ella derivan en particular:<br \/>\n&#8211; <strong><b>soberbia<\/b><\/strong>: la forma expl\u00edcita y directa de la autoexaltaci\u00f3n;<br \/>\n&#8211; <strong><b>ira<\/b><\/strong>: a menudo nace de un yo herido, contradicho, humillado u obstaculizado;<br \/>\n&#8211; <strong><b>envidia<\/b><\/strong>: una vez m\u00e1s, al menos en parte: no solo como deseo de posesi\u00f3n, sino tambi\u00e9n como sufrimiento, porque el bien ajeno humilla al orgulloso.<\/p>\n<p>De estas tres ra\u00edces del mal, la m\u00e1s peligrosa es la soberbia de la vida, porque es un pecado puramente espiritual y, precisamente por eso, es el m\u00e1s dif\u00edcil de reconocer y de sanar. Los Padres de la Iglesia advert\u00edan, en efecto, que incluso muchas buenas obras, si est\u00e1n movidas por la soberbia, pueden conducir a la ruina; mientras que hasta una vida marcada por muchas ca\u00eddas, si va acompa\u00f1ada de sincera humildad y arrepentimiento, puede abrir el camino al Para\u00edso: \u00abUn carro de buenas obras, pero tirado por la soberbia, lleva al infierno, mientras que un carro de pecados, pero guiado por la humildad, llega al Para\u00edso\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>LA NECESIDAD DE CONOCER EL MAL PARA PODER RESISTIRLO<br \/>\n<\/b><\/strong>Conocer los vicios capitales y aprender a identificarlos en nosotros mismos es esencial para el camino espiritual. Solo se puede combatir de verdad aquello que se conoce con claridad. De lo contrario, se corre el riesgo de permanecer en una vaga confusi\u00f3n interior, o de atormentarse con sentimientos de culpa gen\u00e9ricos, sin llegar a reconocer y afrontar los vicios concretos que nos dominan.<\/p>\n<p>Sin embargo, no basta con conocer el mal: tambi\u00e9n es necesario pedir perd\u00f3n a Dios y reparar, en la medida de lo posible, el mal cometido. Para ello es necesaria la confesi\u00f3n sacramental.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, es lo que ocurre tambi\u00e9n en las relaciones humanas: si hemos robado, no basta con decir \u00ablo siento\u00bb, sino que tambi\u00e9n hay que devolver lo robado, hay que reparar; si hemos ofendido a alguien, no basta con reconocer interiormente el propio error, sino que tambi\u00e9n hay que pedir perd\u00f3n y, cuando sea necesario, reparar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>EL EXAMEN DE CONCIENCIA COMO INICIO DE LA CONVERSI\u00d3N<br \/>\n<\/b><\/strong>Uno de los medios m\u00e1s importantes para iniciar seriamente el camino de conversi\u00f3n es el examen de conciencia. Consiste en conocer las formas en que podemos ofender a Dios, al pr\u00f3jimo y a nosotros mismos, y en reconocer con sinceridad aquellas de las que somos realmente culpables.<\/p>\n<p>Con este fin, proponemos a continuaci\u00f3n un breve recordatorio de las disposiciones necesarias para una buena confesi\u00f3n sacramental y algunos esquemas de examen de conciencia desde diferentes perspectivas: seg\u00fan los diez mandamientos, seg\u00fan los vicios capitales, seg\u00fan las virtudes teologales y cardinales, seg\u00fan los deberes hacia Dios, hacia el pr\u00f3jimo y hacia uno mismo, y tambi\u00e9n seg\u00fan otros \u00e1ngulos \u00fatiles.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/quieres-recibir-el-perdon-de-dios\/#incipit-es\" rel=\"noopener\"><strong>Vuelve a la p\u00e1gina principal.<\/strong><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el coraz\u00f3n de todo mal que hiere al mundo no hay solo injusticias externas&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":50124,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"iawp_total_views":22,"footnotes":""},"class_list":["post-50133","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/50133","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=50133"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/50133\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52050,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/50133\/revisions\/52050"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/50124"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=50133"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}