27 Feb 2026, Vie

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El Rosario representa el corazón espiritual de las apariciones de Lourdes. Entre febrero y julio de 1858, la Virgen se apareció dieciocho veces a la joven Bernadette Soubirous, sosteniendo siempre entre sus manos la corona del Rosario. Estos encuentros celestiales no fueron casuales en su número y en su sucesión: las apariciones parecen seguir una estructura profundamente ligada a los misterios del Rosario. Tras tres apariciones introductorias que evocan a la Santísima Trinidad, siguen quince apariciones que se corresponden con los cinco misterios gozosos, los cinco dolorosos y los cinco gloriosos. A través de esta extraordinaria correspondencia, la Virgen María habría querido enseñar a Bernadette —y a todos nosotros— el modo auténtico de rezar el Rosario, meditando los misterios de la salvación.

      La Bienaventurada Virgen María, la «Inmaculada Concepción», se apareció 18 veces a Bernadette de Lourdes, desde el 11 de febrero hasta el 16 de julio de 1858. Entre los dedos o colgando de su brazo tenía siempre la corona del Rosario.
      Nacida en 1844, Bernadette tenía 14 años en el momento de las apariciones, pero aparentaba tener solo 11 o 12. Antes del 11 de febrero, Bernadette ya rezaba el Rosario, pero no conocía los 15 misterios. Además, ignoraba el misterio de la Santísima Trinidad.
      Cuando la Virgen se le apareció por primera vez el 11 de febrero de 1858, Bernadette, llena de asombro y de temor, sacó su Rosario para comenzar el rezo con la señal de la cruz. ¡Imposible! Solo lo consiguió cuando la Aparición hizo la señal de la cruz con su Rosario. Con este hecho sorprendente, parece que la Virgen quiso enseñar a Bernadette el modo de rezar el Rosario.
      Las 18 apariciones tuvieron lugar en Cuaresma, tiempo de conversión, excepto las dos primeras y las dos últimas, y se pueden dividir así: 3 más 15. Las 3 primeras parecen evocar el misterio de la Santísima Trinidad (con las 3 virtudes teologales). Al final de la tercera aparición, la Virgen preguntó a la joven: «¿Queréis hacerme la gracia de venir aquí durante quince días?». Ahora bien, este número 15 referido a las apariciones parece que es posible relacionarlo con los 15 misterios del Rosario: 5 gozosos, 5 dolorosos y 5 gloriosos. He aquí la serie de las apariciones con las posibles correspondencias entre los misterios del Rosario y los acontecimientos en la gruta:

Introducción trinitaria
1ª — 11 de febrero: el Padre (fe) – señal de la cruz
2ª — 14 de febrero: el Hijo (esperanza) – agua bendita
3ª — 18 de febrero: el Espíritu (caridad) – Os prometo
Misterios gozosos
4ª — 19 de febrero: Anunciación – saludos y sonrisas
5ª — 20 de febrero: Visitación – saludos y sonrisas
6ª — 21 de febrero: Natividad – éxtasis silencioso
7ª — 23 de febrero: Presentación – alegría y tristeza
8ª — 24 de febrero: Jesús perdido – ¡Penitencia! ¡Rezad!

Misterios dolorosos
9ª — 25 de febrero: Agonía – ¡Beber agua sucia! ¡Comer hierba!
10ª — 27 de febrero: Flagelación – gestos penitenciales
11ª — 28 de febrero: Coronación de espinas – gestos penitenciales
12ª — 1 de marzo: Vía Crucis – subida de rodillas
13ª — 2 de marzo: Muerte de Jesús – ¡Procesión y capilla!

Misterios gloriosos
14ª — 3 de marzo: Resurrección – encuentra a la Señora que ya la espera
15ª — 4 de marzo: Ascensión – rostro transfigurado
16ª — 25 de marzo: Pentecostés – ¡Yo soy la Inmaculada Concepción!
17ª — 7 de abril: Asunción de María – ¡la capilla!
18ª — 16 de julio: Coronación de María – ¡nunca tan bella!

      En esta propuesta seguimos el estudio del especialista P. René Laurentin (Les apparitions de Lourdes. Récit authentique, 1979). El autor no creyó oportuno retomar algunos intentos anteriores sobre las correspondencias entre las apariciones y los 15 misterios. A nosotros, en cambio, nos ha parecido posible descubrir algunas de estas correspondencias. La Virgen habrá querido enseñar a Bernadette a rezar el Rosario meditando el misterio de la Santísima Trinidad y los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. ¡Feliz rezo del Rosario con Bernadette de Lourdes!

INTRODUCCIÓN TRINITARIA

Se comienza el rezo del Rosario con la señal de la cruz diciendo: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Sigue el Credo, un Padrenuestro, 3 Avemarías en honor de la Santísima Trinidad y el Gloria.

1ª aparición: 11 de febrero, jueves antes de Ceniza – MARÍA HIJA DEL PADRE

      Bernadette oye un susurro como un soplo de viento. Pero nada se mueve. Otro susurro idéntico: un rosal silvestre (también llamado rosa canina o «rosaleda») se agita en una especie de nicho en la parte superior derecha de la gruta de Massabielle. Una luz ilumina este oscuro nicho y en ese halo luminoso aparece una señora maravillosa, o más bien una señorita, tan joven parecía, que sonríe, abre los brazos inclinándose con un gesto de acogida que parece decir: «Acercaos».
      Bernadette coge su Rosario y levanta el brazo para hacer la señal de la cruz con el crucifijo. ¡Imposible! La aparición también tiene en la mano un Rosario blanco con un gran crucifijo luminoso que eleva hasta la frente. Imitando tal gesto, el brazo de Bernadette se levanta y hace a su vez una gran señal de la cruz. Luego se pone de rodillas. Desgranando el Rosario, mira todo lo que puede. La aparición desliza las cuentas entre los dedos, pero no mueve los labios. Terminada la oración, desaparece de golpe en una estela luminosa.

2ª aparición: 14 de febrero, domingo antes de Ceniza – MARÍA MADRE DEL HIJO
      Después de la misa solemne, Bernadette obtiene permiso para volver a la gruta con unas compañeras, tras haberse provisto de agua bendita. Bernadette corre delante. Sus compañeras la encuentran arrodillada, totalmente recogida con el Rosario en la mano. Al final de la segunda decena tiene un sobresalto. ¡Ahí está la luz! ¡Ahí está! Con el Rosario desplazado sobre el brazo derecho, la Señora mira al pequeño grupo de compañeras haciendo gestos de saludo y sonrisas.
      Bernadette le arroja agua bendita para saber si la Señora viene de parte de Dios o no. Cuanto más la rocía, más sonríe la Señora, inclinando la cabeza.
      De repente, una gran piedra lanzada por una compañera enfadada cae desde la montaña y se hace añicos a su lado, sembrando el pánico entre quienes la acompañaban. Mientras Bernadette permanece absorta en su visión, intentan alejarla a la fuerza de la gruta. Tiene el rostro bañado en lágrimas, pero sigue sonriendo. El éxtasis solo cesa cuando la hacen entrar en la casa más cercana.

3ª aparición: 18 de febrero, jueves después de Ceniza – MARÍA ESPOSA DEL ESPÍRITU
      De madrugada, después de la primera misa, acompañada por dos señoras, Bernadette vuelve a la gruta y se arrodilla ante el nicho. Apenas ha comenzado el rezo del Rosario, ¡la Señora envuelta en luz está allí! Bernadette desgrana su Rosario junto con la Señora. Luego, a instancias de sus acompañantes, Bernadette se levanta y se acerca a la Señora para preguntarle qué quiere y que lo ponga por escrito.
      De repente se detiene, perpleja, luego gira a la izquierda y trepa por la ladera bajo la cavidad interna de la roca. Es allí donde vuelve a ver a la Señora, tan cerca que podría tocarla. Se yergue y, extendiendo los brazos, le ofrece a la Señora pluma y papel diciéndole: «¿Tendría la bondad de poner por escrito su nombre?». La Señora sonríe dulcemente y, sonriendo, le dice: «No es necesario».
      Y añade, esta vez muy seria: «¿Queréis hacerme la gracia de venir aquí durante quince días?». En respuesta, Bernadette lo promete de todo corazón. A esta promesa responde otra promesa: «Os prometo haceros feliz, no en este mundo, sino en el otro».

MISTERIOS GOZOSOS

La nota dominante de los 5 misterios gozosos y de las correspondientes apariciones es la alegría. Las apariciones están salpicadas de sonrisas y saludos. Después de la 6ª aparición, sufre la primera gran prueba: el comisario de policía la amenaza (se puede pensar en las amenazas de Herodes). Durante la 8ª aparición (Jesús perdido y buscado tres días con angustia) Bernadette corre del nicho a la gruta y de la gruta al nicho como si buscara algo o a alguien; es invitada a realizar los primeros gestos penitenciales que caracterizarán los 5 misterios siguientes. Estas 5 apariciones tienen lugar desde el viernes después de Ceniza hasta el miércoles de la 1ª semana de Cuaresma. El lunes 22 de febrero es un día sin aparición.

4ª aparición: 19 de febrero, viernes después de Ceniza – LA ANUNCIACIÓN
      Hacia las 6 de la mañana, Bernadette baja a la gruta. Se pone de rodillas y comienza a rezar el Rosario. La tía Bernarde, su madrina, enciende una vela bendecida y se la pone en la mano derecha.
      Apenas ha pronunciado tres Avemarías y su rostro cambia. Sonríe y saluda con las manos y la cabeza. Es un placer verla saludar, como si durante toda su vida no hubiera hecho otra cosa que aprender a saludar. La visión sonríe en silencio.
      El rostro pálido de Bernadette y la fijeza de su mirada nunca infunden miedo. Su madrina, muy emotiva, temiendo perder a su ahijada, derrama amargas lágrimas. La estrecha contra su cuerpo, emitiendo un grito.
      El encanto se rompe. El rostro de Bernadette recupera su color. Despierta muy tranquila de este mundo desconocido. El regreso a casa es sereno y recogido.

5ª aparición: 20 de febrero, sábado después de Ceniza – LA VISITACIÓN
      Bernadette parte en dirección a la gruta pasadas las 6 de la mañana. Cuando llega, se pone de rodillas con su Rosario, mirando de vez en cuando al nicho.
      Después de un cuarto de hora, vuelve a dirigir la mirada hacia el nicho. Ahora la ve. La Señora sonríe y la saluda. Bernadette también sonríe, saluda y sus párpados no se cierran, ni siquiera cuando inclina la cabeza para saludar.
      Un cuarto de hora más tarde, un último saludo, con un velo de tristeza en el rostro mientras los párpados se mueven de nuevo. Bernadette se levanta. La visión ha terminado.

6ª aparición: 21 de febrero, 1er domingo de Cuaresma – LA NATIVIDAD
      Bernadette se encamina hacia la gruta antes de las 6 de la mañana. Como cada vez, se arrodilla, enciende una vela, coge su Rosario, hace la señal de la cruz y comienza a rezarlo inclinándose en señal de saludo.
      Aquella mañana, un centenar de personas contempla el éxtasis silencioso de Bernadette. Y regresan a casa contentas.
      Por la noche, es interrogada por primera vez por el comisario de policía, que la amenaza con meterla en la cárcel y le prohíbe ir a la gruta.

7ª aparición: 23 de febrero, martes de la 1ª semana de Cuaresma – LA PRESENTACIÓN
      Poco después de las 6 de la mañana, Bernadette llega a la gruta. Se arrodilla y comienza a rezar el Rosario. Al llegar al final de la primera decena del Rosario, se produce un cambio. El movimiento de los dedos de la mano se interrumpe. Luego se reanuda, pero de manera menos regular. La alegría parece contenerle la respiración y bloquear su forma de rezar. Sonrisas, saludos, grandes señales de la cruz interrumpen el rezo del Rosario.
      En un momento dado, parece que comienza una especie de coloquio. Bernadette escucha, se maravilla, asiente con la cabeza y luego niega. A veces se pone triste, luego ríe de manera franca y alegre.
      ¿Le ha confiado la Señora un primer secreto? Es más probable que se trate de una oración secreta, «solo para ella», que más tarde Bernadette rezará cada día de su vida.
      El recaudador de impuestos, al principio escéptico, es conquistado al instante. Otros testigos, en cambio, quieren verificar los hechos. Una compañera de Bernadette la pellizca, luego le clava un alfiler en el hombro: ¡ninguna reacción! La vela se le escapa de la mano a la vidente y le quema los dedos: ¡ningún daño!
      Últimas reverencias y últimas sonrisas: son casi las 7 cuando Bernadette regresa a Lourdes. En la ciudad, están los entusiastas, los fervientes, los que esperan antes de pronunciarse, y los librepensadores que solo ven en ello motivo de burla y escarnio.

8ª aparición: 24 de febrero, miércoles de la 1ª semana de Cuaresma – EL HALLAZGO DE JESÚS
      De madrugada, Bernadette llega a la gruta, se arrodilla, enciende su vela y hace la señal de la cruz. Las cuentas del Rosario se deslizan suavemente entre sus dedos entrelazados. Hacia el final de la primera decena, se adentra sonriente en otro mundo.

      Al cabo de cinco o seis minutos, Bernadette ya no sonríe. Se levanta, parece triste, inquieta, incluso descontenta. Tiene los ojos llenos de lágrimas y parece buscar a alguien. Se dirige hacia la gruta, mira a la derecha y recupera su sonrisa. Sus labios se mueven. Pero la conversación parece velarse de tristeza. Vuelve al lugar donde estaba antes con los ojos llenos de lágrimas.
      Al llegar frente al nicho exterior, la tristeza desaparece de su rostro, que «se ilumina con suaves sonrisas».
      Bernadette va y viene del nicho exterior a la cavidad interior; en su rostro se alternan la alegría y la tristeza. Oye a la Señora pronunciar una nueva palabra: «Penitencia». Y añadir: «Rezad a Dios por la conversión de los pecadores».
      Luego le pide que suba de rodillas y que bese la tierra en señal de penitencia por los pecadores. El rostro de la Señora estaba triste. Bernadette responde que sí. La aparición le pregunta «si eso le resultaría molesto». «¡Oh, no!», responde Bernadette con todo el corazón.
      Inmediatamente avanza de rodillas, luego inclina el rostro hacia adelante. Quiere volver a empezar, pero interrumpida por el grito de su tía, regresa a este mundo. La aparición ha desaparecido.
      Bernadette se siente dispuesta a todo para complacer a esta amiga celestial, tan triste mientras le habla de los pecadores, pero que le ha confiado un nuevo secreto o una oración secreta. En la ciudad, mientras los charlatanes critican, otros se toman en serio el consejo de la Señora o profundizan su fervor.

MISTERIOS DOLOROSOS

La dimensión penitencial caracteriza los 5 misterios dolorosos y las apariciones correspondientes. Bernadette se somete a algunas penitencias: caminar de rodillas, besar la tierra, beber agua fangosa y comer hierba silvestre. Los éxtasis casi han desaparecido; rara vez revela una gran alegría y ríe. Durante la 9ª aparición (correspondiente a la agonía de Jesús) intenta tres veces beber el agua fangosa sin conseguirlo. A Bernadette la consideran loca. Sufre durísimos interrogatorios. Estas 5 apariciones se desarrollan desde el jueves de la 1ª semana hasta el martes de la 2ª semana de Cuaresma. El viernes 26 de febrero es un día sin aparición. La 13ª aparición anuncia los misterios gloriosos con las dos peticiones de la Aparición: venir en procesión a la gruta y construir una capilla.

9ª aparición: 25 de febrero, jueves de la 1ª semana de Cuaresma – LA AGONÍA

      Al llegar a la gruta hacia las cinco y media de la mañana, Bernadette se arrodilla y toma su rosario. Levanta los ojos hacia el nicho, luego los baja y, con la cruz del rosario entre los dedos, los vuelve a alzar hacia la roca. Reza su rosario en voz baja. Nada extraordinario.
      Pero de pronto, se quita su velo blanco, le entrega su vela a su tía y se dirige de rodillas por la pendiente que sube hacia el fondo de la gruta. De vez en cuando besa la tierra. Se la oye murmurar tres veces una palabra: «¡Penitencia, penitencia, penitencia!». Al llegar a la abertura de la gruta se detiene, se levanta y mira a su alrededor. La Señora le dice: «Id a beber a la fuente y a lavaros». Y añade: «Comeréis también de la hierba que hay allí». Todo esto es «por los pecadores», le explica la Señora con aire triste.
      Bernadette vuelve de rodillas a donde estaba antes, luego se dirige hacia el río Gave, pero algo la detiene. Retrocede, mira el nicho, se levanta, vuelve a situarse bajo la bóveda buscando algo que no ve. Baja de nuevo hacia el Gave, pero otra vez algo la detiene. Regresa bajo la bóveda observando con repugnancia el suelo fangoso. Luego, de repente, se inclina sobre el suelo, escarba la tierra, coge esa mezcla pastosa, se la lleva al rostro y la tira asqueada.
      Vuelve a escarbar una segunda vez y de nuevo tira con repugnancia aquel fango.
      Repite una tercera vez los mismos gestos.
      Finalmente, se atreve una cuarta vez, escarba, un poco de agua le sube al hueco de la mano y la bebe con dificultad. La coge de nuevo y esta vez se embadurna la cara con ella.
      Alrededor del agujero que ha cavado hay una pendiente cubierta de hierba silvestre. Come un poco y vuelve a donde estaba antes, y reanuda la oración. No pudo hacer la última señal de la cruz antes de que la hiciera la Señora. Después de dos o tres minutos se levanta y regresa a la ciudad.
      Por la tarde, Bernadette es convocada por el fiscal imperial, que la interroga amenazándola con meterla en la cárcel. Relata los hechos tal como ocurrieron, pero el fiscal los deforma intencionadamente. Manda llamar al comisario de policía, pero este no llega. El asunto se aplaza «para el día siguiente».

10ª aparición: 27 de febrero, sábado de la 1ª semana de Cuaresma – LA FLAGELACIÓN
      A las 7 de la mañana, Bernadette llega a la gruta y se arrodilla. Tras los saludos y sonrisas iniciales, se pone triste hasta el punto de quedar irreconocible.
      Se levanta, luego se arrodilla de nuevo, avanza de rodillas besando la tierra, sube la pendiente bajo la cavidad, baja y vuelve a subir. Esta vez se inclina en medio de un matojo de hierba y se lleva a los labios agua fangosa.
      Se embadurna la cara de tal modo que queda desfigurada y repugnante.
      El director de la escuela superior de Lourdes aparta la mirada estremecido. Todo esto no tiene sentido —piensa—, es un caso clínico.

11ª aparición: 28 de febrero, 2º domingo de Cuaresma – LA CORONACIÓN DE ESPINAS
      Por la mañana, la multitud encuentra a Bernadette en la gruta, arrodillada con su vela.
      Realiza gestos penitenciales similares a los de los días anteriores. La aparición dura bastante tiempo.
      La multitud también ha adoptado la costumbre de besar la tierra tanto durante como después de la aparición. Un poco más numerosa que ayer, la gente acude a la fuente, cuyo caudal aumenta.
      Al salir de la misa solemne, Bernadette es llevada de nuevo ante el juez de instrucción, que amenaza con encarcelarla.
      El director de la escuela superior de Lourdes la interroga sobre los extraños ejercicios realizados ayer. Bernadette responde: «La Visión me lo ordenó como penitencia, primero para mí y luego para los demás».

12ª aparición: 1 de marzo, lunes de la 2ª semana de Cuaresma – EL CAMINO DE LA CRUZ
      Al llegar a la gruta, Bernadette empieza a rezar el rosario. Pero he aquí que su alma es arrebatada. Alegría y tristeza se suceden en su rostro.
      Luego reanuda su marcha de rodillas y renueva los ejercicios penitenciales. Durante la subida de rodillas se detiene, se lleva las manos a la cabeza con un gesto de indignada tristeza. ¿Era porque la gente había arrancado ramas del rosal, o simplemente porque el gentío le impedía avanzar?
      Al llegar a la fuente, bebe agua fangosa sin cogerla con la mano. Se embadurna la cara con ella, se da la vuelta y dirige la mirada hacia el nicho interior.
      Después de esto, al tomar de nuevo un rosario, se entristece, lo guarda en el bolsillo y saca otro. En efecto, la Señora le había aparecido contrariada y se lo había indicado. Vuelve a rezar, esta vez usando el rosario que era suyo.
      Bernadette no encuentra paz con la gente, que la persigue. La multitud oscila entre el rechazo y la adoración.

13ª aparición: 2 de marzo, martes de la 2ª semana de Cuaresma – LA MUERTE DE JESÚS
      Bernadette llega a la gruta a las 7 de la mañana. Allí realiza los ejercicios habituales: camina de rodillas, besa la tierra, bebe de la fuente.
      Un diálogo tiene lugar bajo la cavidad interior. Bernadette ríe, luego se pone seria. Esta vez, la Señora le encarga una misión muy precisa: «Diréis a los sacerdotes que vengan aquí en procesión y que construyan una capilla». Se supone también que recibió un secreto.
      Acompañada por sus tías, va a ver al señor párroco para pedirle que haga la procesión. «No puedo hacer una procesión para una Señora sin nombre», es la respuesta del párroco, que, enfadado, la manda a casa acusándola de contar mentiras. Con el revuelo, se ha olvidado de hablar de la capilla.
      Por la tarde, vuelve a casa del párroco con una amiga para pedirle la capilla. Pero este le reprocha: «¡Sigues sin saber cómo se llama esa Señora!».

MISTERIOS GLORIOSOS

Las últimas apariciones están todas orientadas a la construcción del futuro santuario, la «capilla» solicitada por la Señora. Tres apariciones tienen lugar todavía en Cuaresma. La 15ª, que corresponde al misterio de la Ascensión, ocurre un jueves. La Señora revela su identidad en la 16ª aparición, el 25 de marzo, fiesta de la Anunciación (misterio de Pentecostés). La 17ª aparición tiene lugar el miércoles después de Pascua. La 18ª y última aparición se produce en julio, con motivo de la fiesta de la Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo.

14ª aparición: 3 de marzo, miércoles de la 2ª semana de Cuaresma – LA RESURRECCIÓN
      Bernadette llega a la gruta a las 7 de la mañana con su madre y su tía. Hay tal gentío que su vela se rompe. Se ve obligada a permanecer de pie por falta de espacio. Se reza el rosario a la espera de la sonrisa que anuncia el éxtasis. Nada… Nada más que una creciente tristeza a medida que avanza el rezo del rosario. Bernadette se seca los ojos llenos de lágrimas, junto a su madre, que también llora. Aquella mañana, Bernadette no vio nada.
      Después de la escuela, se siente interiormente atraída hacia la gruta. Vuelve allí con su tía, que ha conseguido una vela. Al llegar, encuentra a la Señora allí, sonriente, esperándola. Bernadette le pregunta cuál es su nombre, pero la Señora no hace más que sonreír. Quiere la capilla.
      Bernadette se presenta de nuevo ante el párroco de Lourdes para pedirle la capilla. «Si quiere la capilla —le responde el párroco—, ¡que la Señora diga su nombre y haga florecer el rosal de la gruta!».

15ª aparición: 4 de marzo, jueves de la 2ª semana de Cuaresma – LA ASCENSIÓN
      Hacia las 7 de la mañana, Bernadette se arrodilla en su lugar habitual. Enciende la vela. Hace la señal de la cruz y empieza a rezar el rosario, haciendo un gesto a la gente para que rece con ella. En la tercera Avemaría de la segunda decena, una sonrisa aparece en su rostro. El mundo exterior, para Bernadette, ha desaparecido.
      El tiempo transcurre suavemente, en una continua repetición de alegría y júbilo. Bernadette sigue rezando lentamente el rosario, interrumpido por sonrisas y saludos. Al final, levanta hacia la frente los tres dedos con los que sujeta la cruz, pero solo al tercer intento consigue hacer la señal de la cruz.
      Al cabo de media hora, se levanta y entra en la gruta. Con el rostro iluminado de alegría, saluda y en el lapso de dos minutos esboza hasta 18 sonrisas. El rostro se vuelve entonces serio y triste durante tres minutos, luego se ilumina de nuevo. Saluda dos o tres veces y regresa a su lugar habitual. Se arrodilla y reanuda el rezo del rosario.
      Vuelve a subir bajo la cavidad interior, pero esta vez se queda decepcionada. Parece que está esperando durante, como mucho, dos minutos, parece contrariada, baja de nuevo, mira en dirección al nicho, hace una señal de la cruz, se recoge un instante, se levanta. Terminada la oración del rosario, la visión ha desaparecido. Apaga su vela y, sin decir palabra, emprende el camino de vuelta a Lourdes.
      Después de comer, vuelve a ver al párroco y le dice: «Le he preguntado a la Señora su nombre y ella ha sonreído. Le he pedido que haga florecer el rosal y ha sonreído de nuevo. Pero sigue queriendo la capilla».

16ª aparición: 25 de marzo, jueves de la 6ª semana de Cuaresma – PENTECOSTÉS
      Hacia las 5 de la mañana, Bernadette llega a la gruta; la Señora ya está allí esperándola. Empieza a rezar el rosario. El rostro de la vidente se ilumina con una sonrisa. Pero al terminar el rezo del rosario, parece decepcionada, vacilante. Su rostro parece tenso. Finalmente, avanza hacia el interior de la gruta. La Señora le hace una seña y Bernadette se acerca. Esta vez se atreve a preguntarle: «Señorita, ¿tendría la bondad de decirme quién es, por favor?». La radiante Señorita sonríe… Bernadette repite la pregunta: la Señorita esboza una sonrisa aún más hermosa, sonríe. Bernadette le suplica una tercera vez: sigue el silencio. Al cuarto intento, la Señorita ya no ríe. Pasa su rosario al brazo derecho. Baja sus manos separadas hacia el suelo. Luego levanta los ojos al cielo y dice: «Yo soy la Inmaculada Concepción».
      Hace casi una hora que ha comenzado la aparición. El rostro de Bernadette recupera su color habitual. Se levanta, rebosante de alegría y gratitud.
      Bernadette echa a correr para encontrar al párroco, repitiendo en voz baja las palabras que ha oído, temiendo olvidarlas. Llama a la puerta y, casi cara a cara, le espeta a su reverendo párroco el encargo recibido: «Que soy era Immaculada Councepciou».
      El párroco intenta guardar las apariencias, pero en su interior está conmocionado. «Sigue queriendo la capilla», murmura Bernadette durante un momento de silencio. Luego el párroco la manda a casa.

17ª aparición: 7 de abril, miércoles después de Pascua – LA ASUNCIÓN
      Bernadette llega a la gruta a las 5 de la mañana y se sitúa a unos diez pasos delante del nicho exterior. Se arrodilla y enciende la vela. Empieza a rezar con calma y fervor su rosario, mirando hacia adelante con los ojos fijos.
      Al llegar a la segunda decena, saluda, sonríe. Su rostro está transfigurado. Sigue rezando el rosario, pero de manera irregular. En ciertos momentos, el arrebato la paraliza y no hace más que reír de alegría y seguir saludando. De vez en cuando, una lágrima brilla antes de secarse en sus mejillas. El rosario ha terminado, pero ella permanece allí, extasiada.
      Tras guardar el rosario en el bolsillo, Bernadette junta las manos verticalmente a lo largo de la vela plantada en el suelo. La llama, agitada por una ráfaga de viento que amenaza con apagarla, se desliza entre los dedos de su mano sin provocarle ninguna quemadura. A su lado, un médico, testigo de este hecho inexplicable, se convierte en creyente.
      Luego, Bernadette vuelve a tomar la vela como de costumbre. Se levanta, saluda cortésmente hacia el nicho, avanza bajo la bóveda, donde la visión se reanuda. Comienza un coloquio, Bernadette está ahora triste, ahora sonríe. La Inmaculada Concepción sigue queriendo una capilla. ¿Le pide Bernadette un milagro para convencer a los que no quieren creer? ¿Quizás hacer florecer el rosal para el señor Párroco? ¿Ha recibido un secreto, una confidencia? No se sabe.
      Unos minutos después, una especie de velo desciende sobre su pálido rostro. Saluda por última vez y se levanta. El éxtasis ha durado aproximadamente una hora.

18ª aparición: 16 de julio, Virgen del Monte Carmelo – CORONACIÓN DE MARÍA
      A las ocho de la tarde, Bernadette, sabiendo que el acceso a la gruta es imposible por una empalizada, se dirige a la orilla derecha del río Gave. Se arrodilla en el prado. Mira más allá del Gave, hacia la oscura masa de la gruta. Apenas comenzado el rezo del rosario, sus manos se han separado y bajado en un saludo de gozosa sorpresa. Sonríe.
      «No veía ni la empalizada ni el Gave —dirá más tarde—. Me parecía estar en la gruta y a la misma distancia que las otras veces. Solo veía a la Santísima Virgen». Añadirá que nunca la había visto tan hermosa.
      ¿Cuánto duró todo aquello? En aquella cálida noche, el paso del tiempo es imponderable. Las cuentas que se deslizan entre sus dedos renuevan con alegría el impulso de las Avemarías.
      Se levanta. ¡Fin! Es la última vez, en esta tierra, que Bernadette vio a la Santísima Virgen. Ella retoma con valentía su vida ordinaria, su camino de fe, sin otro compromiso que el de la fidelidad en lo cotidiano.

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P. Wirth MORAND

Salesiano de Don Bosco, profesor universitario, biblista e historiador salesiano, miembro emérito del Centro de Estudios Don Bosco, autor de varios libros.