25 Mar 2026, Mié

Examen de conciencia según los 10 mandamientos

Es en la práctica un examen sobre el amor: los tres primeros mandamientos se refieren al amor a Dios, y los siete siguientes, al amor a los demás y a nosotros mismos.

Nota importante para el examen de conciencia
Este examen es una herramienta de ayuda, no una lista exhaustiva. Léelo despacio, en oración, delante de Dios. Deja que el Espíritu Santo ilumine tu conciencia. Recuerda: el objetivo no es la ansiedad, sino el encuentro con la misericordia de Dios en el sacramento de la Confesión. No se trata de atormentar el alma, aunque haya errado, sino de liberarla.

 

Mandamiento 1. “No tendrás otros dioses fuera de mí”
“Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la condición de esclavo: No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolo ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos ni les darás culto.” (Ex 20,2-5; Dt 5, 6-9)
“Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.” (Dt 6,4-5)
“Porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.” (Mt 4, 10)
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento.” (Mt 22, 38-39
)

En resumen, el primer mandamiento exige reconocer a Dios como el único Señor y adorarlo solo a él, rechazando toda forma de idolatría, superstición y ateísmo práctico. Requiere poner a Dios en el primer lugar en la propia vida, cultivando la fe, la esperanza y la caridad hacia él, y evitar cualquier práctica, criatura, valor o ideología que sustituya o menoscabe el culto debido al único Dios verdadero.

1.1. Fe y amor hacia Dios
El corazón de la vida cristiana es la relación personal con Dios. Estas preguntas me ayudan a verificar si Dios está realmente en el primer lugar de mi vida.
1. ¿Reconozco de verdad a Dios como mi Señor y Padre? ¿Lo amo con todo el corazón, el alma, la mente y las fuerzas?
2. ¿He descuidado conocer mejor mi fe, el Catecismo, el Credo de los Apóstoles, los Diez Mandamientos, los Sacramentos, el Padrenuestro?
3. ¿He dudado deliberadamente o negado alguna de las enseñanzas de la Iglesia católica?
4. ¿He sido indiferente a mi fe, pensando que todas las religiones son iguales o que uno puede salvarse en cualquier religión?
5. ¿He odiado a Dios, o me he opuesto a Él de alguna manera?
6. ¿He tentado a Dios, diciéndole por ejemplo: «Si me ayudas, creeré en ti»?
7. ¿He presumido que Dios me salvará de todos modos, incluso sin conversión y sin cambiar de vida?
8. ¿He desesperado de la misericordia de Dios, pensando que soy demasiado pecador para ser perdonado?
9. ¿He abusado de la misericordia de Dios, continuando a pecar contando con su perdón?

1.2. Culto, oración y práctica religiosa
La fe sin obras está muerta. La relación con Dios se expresa concretamente en la oración, los sacramentos y la participación en la vida de la Iglesia.
10. ¿He rezado con regularidad? ¿He cultivado la relación con Dios a través de la oración personal, la adoración y el sacrificio?
11. ¿He omitido mis deberes y prácticas religiosas por miedo al juicio de los demás o por respeto humano?
12. ¿He participado con respeto en las ceremonias de la Iglesia en el culto a Dios?
13. ¿He honrado a los santos y en particular a la Virgen María?
14. ¿He recibido los sacramentos de manera irreverente o indigna? (por ejemplo, la Comunión en estado de pecado grave, o la Confesión mal hecha)
15. ¿He cometido sacrilegios, es decir, he deshonrado a personas o cosas consagradas a Dios? (los Sacramentos, las iglesias, las cruces, los cementerios, las personas consagradas)
16. ¿He profanado objetos religiosos o sagrados?
17. ¿He comprado o vendido objetos religiosos bendecidos?
18. ¿He leído conscientemente literatura herética, blasfema o anticatólica?
19. ¿He participado en cultos o ceremonias anticatólicas?

1.3. Falsos ídolos y apegos desordenados
No solo las estatuas son ídolos. Todo lo que pongo en el lugar de Dios —dinero, éxito, placer, el cuerpo— se convierte en un ídolo.
20. ¿He dado demasiada importancia al dinero, al poder, a la gloria, a los placeres o a las cosas materiales, poniéndolos en el lugar de Dios?
21. ¿He dado demasiada importancia a alguna persona, actividad, objeto u opinión, hasta hacerla más importante que Dios?
22. ¿He idolatrado mi cuerpo, la perfección física o el éxito deportivo, sacrificándolo todo a ellos como si fueran un valor absoluto?

1.4. Superstición, magia y prácticas ocultas
La fe cristiana excluye cualquier recurso a poderes que no provienen de Dios. Las prácticas enumeradas a continuación son incompatibles con la vida cristiana (cf. Dt 18,10-12; Jer 29,8).
23. ¿He creído, consultado o usado prácticas supersticiosas o mágicas, como: cartomancia, horóscopos, zodiaco, tarot, quiromantes, adivinos, brujos, magos, médiums, espiritismo, nigromancia, vudú, santería, cábala, numerología, chamanismo, alquimia, tabla Ouija, amuletos, talismanes, encantamientos, maleficios, hechizos, sortilegios, conjuros, «objetos con poderes», cristales o piedras con propiedades mágicas, satanismo?
24. ¿Me he adherido a grupos, técnicas o movimientos que mezclan la fe cristiana con ideologías o prácticas esotéricas, como: New Age, reencarnación, método Silva, meditación trascendental, ocultismo, astrología, viajes astrales, gnosticismo, dianética, sofrología, radiestesia, teosofía, Hare Krishna, yoga con finalidades espirituales no cristianas, channeling (canalización de espíritus), I Ching, Tao, Feng Shui?
25. ¿Pertenezco a sociedades secretas incompatibles con la fe católica, como la Masonería, los Illuminati, el Rosacrucismo o similares?

 

Mandamiento 2. “No tomarás el nombre de Dios en vano”
“No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque el Señor no dejará sin castigo a quien pronuncie su nombre en vano” (Ex 20, 7; Dt 5, 11).
“No juraréis en falso por mi nombre, profanando así el nombre de vuestro Dios.” (Lv 19, 12).
“No profanaréis mi santo nombre, para que yo sea santificado en medio de los israelitas.” (Lv 22,32)
“El que blasfeme el nombre del Señor será condenado a muerte.” (Lv 24,16)
“También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso, sino que cumplirás al Señor tus juramentos”. Pero yo os digo: no juréis en modo alguno, ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies, ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.” (Mt 5,33-36)
“…Santificado sea tu nombre…” (Mt 6,9 – Padrenuestro)

En resumen, el segundo mandamiento exige tratar el nombre de Dios con profundo respeto y veneración, rechazando la blasfemia y todo lenguaje irreverente. Requiere evitar juramentos falsos o inútiles, pronunciar el nombre de Dios solo con verdad y devoción, y santificarlo tanto en la oración como en la vida cotidiana.

2.1. Blasfemia e irreverencia hacia Dios y las cosas santas
La blasfemia es el pecado más directo contra este mandamiento: ofende a Dios en su nombre, en sus atributos, en sus obras o en las personas a Él consagradas.
1. ¿He blasfemado, es decir, he pronunciado palabras de odio, insulto o burla contra Dios, Jesucristo, la Virgen María o los Santos? ¿Lo he hecho en público, delante de otros?
2. ¿He proferido, interiormente o en voz alta, palabras de odio, de reproche o de desafío contra Dios?
3. ¿He hecho afirmaciones falsas y ofensivas sobre Dios, como: «Dios no es justo», «Dios es cruel», «Dios se divierte con los sufrimientos de los hombres», «Dios se olvida de los buenos»?
4. ¿He murmurado o me he quejado contra Dios, acusándolo de mis problemas o de mis sufrimientos?
5. ¿He pronunciado el nombre de Dios, de Jesús, de la Virgen o de los Santos sin respeto, con rabia, burla o de manera irreverente?
6. ¿He usado el nombre de Dios para fines distintos de alabarlo, bendecirlo y glorificarlo?
7. ¿Tengo la costumbre de decir expresiones como «¡oh, Dios!», «¡Dios mío!» y similares, sin pensar en lo que digo?
8. Cuando he oído a alguien blasfemar u ofender a Dios, ¿he hecho al menos interiormente un acto de reparación?

2.2. Irreverencia hacia la Iglesia, los sacramentos y las personas consagradas
El respeto debido a Dios se extiende a todo lo que está consagrado a Él: los sacramentos, la Iglesia, sus ministros y sus ceremonias.
9. ¿He tratado con irreverencia, con palabras o con acciones, las cosas sagradas: las imágenes, la Hostia consagrada, los sacramentos, las ceremonias de la Iglesia?
10. ¿He dicho palabras irreverentes o chistes sobre Dios, sobre la Eucaristía, sobre la Virgen o los Santos?
11. ¿He hecho chistes o he ridiculizado a personas buenas precisamente porque son buenas y practicantes?
12. ¿He hablado mal de la Iglesia, de los sacerdotes o de cosas santas, sin fundamento y sin justa razón?
13. ¿He propagado ideas o discursos contrarios a la religión?
14. ¿He tenido respeto humano al mostrar mi fe, ocultándola o avergonzándome de ella ante los demás?

2.3. Imprecaciones, maldiciones y palabras obscenas
Incluso sin nombrar a Dios directamente, ciertas palabras hieren la dignidad de la persona y son contrarias al respeto que debemos a Dios y al prójimo.
15. ¿He usado imprecaciones o maldiciones hacia personas, animales o cosas?
16. ¿He usado palabras obscenas o vulgares en el lenguaje cotidiano?
17. ¿He hecho enfadar a alguien hasta el punto de hacerle blasfemar o maldecir a Dios?

2.4. Juramentos ilícitos o falsos
Jurar significa invocar a Dios como testigo de la verdad de lo que se dice. Usar el juramento a la ligera, en falso o para cosas malas es un grave abuso del nombre de Dios.
18. ¿He hecho juramentos falsos, es decir, he jurado sobre algo que sabía que era falso o de lo que dudaba?
19. ¿He perjurado, es decir, he hecho una promesa con juramento sin tener intención de cumplirla?
20. ¿He jurado hacer algo malo, como vengarme o hacer daño a alguien? (Nota: estos juramentos no obligan y no deben cumplirse.)
21. ¿Tengo la costumbre de jurar sin reflexionar sobre lo que juro, o por cosas de poca importancia?
22. ¿He dicho execraciones como: «Que Dios no me salve si no es verdad», «Si no lo hago, que me parta un rayo», y similares?

2.5. Promesas y votos hechos a Dios
Las promesas hechas a Dios o en nombre de Dios son un compromiso serio que involucra el honor divino. Su violación es un pecado contra este mandamiento.
23. ¿He hecho promesas a Dios (votos) y luego no las he cumplido, en todo o en parte? (Si tengo algo de esto pendiente, se lo digo al confesor para evaluar si es oportuno modificar la obligación.)
24. ¿He hecho promesas a otras personas en nombre de Dios y luego he sido infiel a esas promesas, comprometiendo el honor y la fidelidad que se deben a Dios?
25. ¿He intentado reparar los daños que puedan haber derivado de mis juramentos incumplidos o falsos?

 

Mandamiento 3. “Acuérdate de santificar las fiestas”
“Y el séptimo día concluyó Dios la obra que había hecho, y cesó el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él había cesado de toda la obra que Él había hecho en la creación.” (Gn 2,2-3)
“Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; pero el séptimo día es sábado en honor del Señor, tu Dios: no harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tus ciudades.” (Ex 20, 8-10; Dt 5, 12-15).

En resumen, el tercer mandamiento exige santificar el día del Señor, un tiempo especial dedicado solo a Dios, participando en la Eucaristía dominical y absteniéndose de los trabajos serviles que impiden el descanso, la oración y la vida familiar. Requiere reconocer en el día del Señor el signo de la alianza entre Dios y su pueblo, dedicándolo al culto, al descanso y a las obras de misericordia.

3.1. La Santa Misa dominical y festiva
El corazón del Tercer Mandamiento es la participación en la Santa Misa el domingo y los días de precepto. Faltar sin una causa justa es pecado grave.
1. ¿He participado en la Santa Misa todos los domingos y días festivos de precepto? Si he faltado, ¿fue por una causa verdaderamente seria y justificada?
2. ¿He sido causa de que otros no fueran a Misa o trabajaran sin necesidad en día festivo?
3. ¿He llegado tarde a Misa por mi culpa? (Quien llega antes del Evangelio cumple el precepto, pero el retraso voluntario ya es una falta.)
4. ¿He participado en la Misa con atención y devoción, o he asistido con indiferencia, con el corazón y la mente en otro lugar?
5. ¿He hablado o distraído a otros durante la función religiosa?
6. ¿He guardado el ayuno de al menos una hora antes de recibir la Comunión?
7. ¿Me he comportado de manera irreverente en la iglesia: conversando, vistiéndome de manera inmodesta o manteniendo un comportamiento incorrecto?

3.2. El descanso y la santificación del día festivo
El domingo no es solo un día libre: es el Día del Señor. Debe santificarse evitando los trabajos innecesarios y dedicando tiempo a Dios, a la familia y a las obras de caridad.
8. ¿He transformado el domingo en un simple día de ocio —deporte, turismo, compras, diversión— olvidando que es el Día del Señor?
9. ¿He trabajado sin necesidad urgente en día festivo durante un tiempo considerable (más de dos horas aproximadamente)? ¿He obtenido una ganancia material o he hecho cosas que podrían haberse hecho otro día?
10. ¿He hecho trabajar a otros sin necesidad en día festivo, ordenándolo, aconsejándolo o no impidiéndolo pudiendo hacerlo?
11. ¿He comprado o vendido cosas no necesarias en día festivo, sin una causa justa?
12. ¿He santificado el domingo dedicando tiempo a la oración, a la lectura de las Sagradas Escrituras, a la meditación, a las obras de caridad o al apostolado?

3.3. La oración personal diaria
Además de la Misa festiva, el cristiano está llamado a nutrir cada día la relación con Dios a través de la oración. La oración apresurada o por pura costumbre es una forma de tibieza espiritual.
13. ¿He rezado con regularidad cada día, al menos por la mañana y por la noche, o he descuidado por completo la oración diaria?
14. ¿He rezado deprisa, distraídamente y por pura rutina, sin recogimiento ni atención?
15. ¿Me encomiendo diariamente a Dios, poniendo mi jornada en sus manos, o vivo como si Dios no existiera?

 

Mandamiento 4. “Honrarás a tu padre y a tu madre”
“Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.” (Ex 20,12)
“Respetad cada uno a su madre y a su padre.” (Lv 19,3)
“Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor, tu Dios, te ha mandado, para que se prolonguen tus días y seas feliz en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.” (Dt 5,16)
“Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no desprecies la enseñanza de tu madre.” (Pr 1,8)
“Escucha a tu padre, que te engendró, no desprecies a tu madre cuando sea vieja.” (Pr 23,22)
“Quien honra a su padre expía sus pecados, quien honra a su madre es como quien acumula tesoros.” (Si 3,3-4)
“Hijo, socorre a tu padre en la vejez, no le entristezcas durante su vida. Sé indulgente aunque pierda la razón, y no le desprecies mientras tú estás en pleno vigor.” (Si 3,12-13)
“Dios ha dicho: Honra a tu padre y a tu madre, y además: Quien maldiga a su padre o a su madre sea condenado a muerte.” (Mt 15,4)
“[Jesús] … les estaba sujeto.” (Lc 2,51)
“Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo. ¡Honra a tu padre y a tu madre! Este es el primer mandamiento que va acompañado de una promesa: para que seas feliz y goces de una larga vida sobre la tierra. (Ef 6,1-3)
“Vosotros, hijos, obedeced a vuestros padres en todo; esto agrada al Señor.” (Col 3,20)

En resumen, el cuarto mandamiento exige honrar a los padres con respeto, gratitud y obediencia, cuidando de ellos en la vejez y en la necesidad. Requiere valorar la familia como primera y fundamental comunidad educativa, y extiende el respeto debido a los padres también a las autoridades legítimas y a la comunidad civil y social.

PARTE A: Examen como HIJOS hacia los padres
4.A1. Ofensas graves hacia los padres

Las faltas más serias son las que atentan directamente contra la dignidad y la integridad de los padres.
1. ¿He levantado la mano a mis padres, o los he amenazado o maltratado de palabra o de obra?
2. ¿Les he deseado la muerte o algún mal grave, quizá para obtener libertad, la herencia o para poder casarme?
3. ¿Los he insultado, ofendido o tratado con palabras irrespetuosas que les hacen sufrir?
4. ¿Les he desobedecido en cosas importantes?

4.A2. Respeto y relación cotidiana
Incluso sin llegar a las ofensas graves, hay actitudes cotidianas que delatan falta de respeto y amor hacia los padres.
5. ¿He contestado mal a mis padres o los he tratado con suficiencia y desprecio?
6. ¿He murmurado de ellos en su ausencia o he hablado mal de ellos con otros?
7. ¿Me he avergonzado de ellos o los he reprendido públicamente?
8. ¿He sentido aversión u hostilidad hacia ellos?
9. ¿He tenido un deseo excesivo de independencia, tomándome a mal cualquier indicación o corrección que viniera de ellos solo porque venía de ellos? ¿Me doy cuenta de que esta reacción a menudo nace de la soberbia?
10. ¿Me dejo llevar por el mal humor y me enfado con ellos sin un motivo válido?

4.A3. Cuidado concreto y afecto
Honrar a los padres no es solo no ofenderlos: significa también amarlos concretamente, especialmente cuando son ancianos, están enfermos o necesitados.
11. ¿Me he ocupado de las necesidades materiales y espirituales de mis padres, sobre todo si son ancianos, están enfermos o en dificultades? ¿O los he abandonado a su suerte?
12. ¿He mostrado sincera gratitud por todo lo que han hecho por mí —darme la vida, criarme, educarme— aunque no todo haya sido perfecto?
13. ¿Los he amado de verdad, ayudándolos, rezando por ellos y soportando sus limitaciones y errores con paciencia?
14. En su muerte y en sus exequias, ¿he cumplido los deberes filiales, incluido el respeto a sus últimas voluntades y a su testamento?

4.A4. Vida familiar y convivencia
El cuarto mandamiento también se refiere al ambiente que se crea en casa: la paz, la colaboración y la comunión familiar son responsabilidad de todos.
15. ¿Colaboro en las tareas de casa y comparto la vida con mis familiares, o me limito a convivir bajo el mismo techo sin una verdadera participación?
16. ¿Contribuyo a la serenidad y a la alegría de mi familia con paciencia y amor, o creo tensiones y conflictos?
17. ¿Respeto a las figuras de autoridad a las que estoy sometido —superiores, jefes, instituciones— reconociendo en ellas una forma de autoridad que viene de Dios (cf. Rm 13,1-2)?

PARTE B: Examen como PADRES hacia los hijos
4.B1. Ofensas y maltratos hacia los hijos

También hacia los propios hijos se pueden cometer graves injusticias. La autoridad paterna no autoriza los malos tratos.
18. ¿He amenazado o maltratado a mis hijos de palabra o de obra, o les he deseado algún mal?
19. ¿He abandonado parcial o totalmente mis responsabilidades hacia mis hijos —o hacia mi cónyuge— dejándolos sin cuidado y apoyo?
20. ¿He discutido con mi cónyuge de forma violenta o irrespetuosa delante de los hijos, escandalizándolos?

4.B2. Educación religiosa y moral
El primer deber de los padres es transmitir la fe. Descuidar esto es una de las faltas más graves contra este mandamiento.
21. ¿He descuidado bautizar a mis hijos en un tiempo razonable después del nacimiento (en un plazo de 1-2 meses)?
22. ¿He cumplido mi responsabilidad de educar a los hijos en la fe desde la primera edad, enseñándoles las verdades cristianas y testimoniando el Evangelio con mi vida?
23. ¿He permitido que mis hijos descuiden sus obligaciones religiosas, como la Misa, los sacramentos, la oración?
24. ¿He dado a mis hijos un mal ejemplo, al no cumplir yo mismo con los deberes religiosos, familiares o profesionales?
25. ¿Me preocupo constantemente de su formación espiritual y religiosa, o la delego completamente en otros?
26. ¿Rezo junto a mi familia?
27. ¿He elegido para mis hijos un colegio que ayude de verdad a educarlos de modo cristiano, o soy indiferente a esto?

4.B3. Corrección, autoridad y guía
Corregir a los hijos es un acto de amor. Hacerlo por motivos egoístas —o no hacerlo por comodidad— es una falta al propio deber.
28. ¿He corregido a mis hijos con firmeza, justicia y amor por su bien, o los he dejado hacer por comodidad?
29. Cuando los corrijo, ¿lo hago de verdad por su bien, o me dejo guiar por el egoísmo, la vanidad o la molestia personal?
30. ¿He abusado de mi autoridad, forzándolos a recibir los sacramentos sin las debidas disposiciones interiores, por razones de apariencia?
31. ¿He reforzado la autoridad de mi cónyuge ante los hijos, evitando reprenderlo, contradecirlo o menospreciarlo en su presencia?
32. ¿He impedido a mis hijos seguir la profesión o la vocación a la que Dios los llama, obstaculizándolos o aconsejándolos mal por razones egoístas o de vanidad?

4.B4. Vigilancia y protección
Los padres tienen el deber de proteger a sus hijos de los peligros morales y físicos, con prudencia y sin excesos.
33. ¿He advertido e instruido a mis hijos sobre las malas compañías y los peligros morales que pueden encontrar?
34. ¿He tolerado en casa escándalos, peligros morales o situaciones de riesgo para mis hijos?
35. ¿He permitido a mis hijos frecuentar lugares, ambientes o situaciones en los que su alma o su cuerpo corrían peligro?
36. ¿He vigilado con prudencia las compañías entre chicos y chicas en mi casa, sin por ello sofocar su legítima libertad?
37. ¿He permitido a mis hijos vestir ropa impúdica o provocadora, sin intervenir?

38. ¿Me preocupo de las amistades, los juegos, las diversiones y las lecturas de mis hijos?
39. ¿He permitido un noviazgo sin perspectivas de matrimonio en un tiempo razonable, dejando que se prolongara indefinidamente?

4.B5. Ambiente familiar y relación con los hijos
Ser padres no es solo corregir y proteger: es también crear un clima de confianza, afecto y familiaridad en el que los hijos puedan crecer serenamente.
40. ¿Intento ser amigo de mis hijos, creando un clima de confianza y familiaridad, o mantengo una actitud que bloquea todo diálogo?
41. ¿Evito crear conflictos por cuestiones de poca importancia, afrontándolas con perspectiva y un poco de humor?
42. ¿Me enfado fácilmente en familia, usando tonos que nunca usaría con extraños?
43. ¿Me quejo ante la familia del peso de las responsabilidades domésticas, en lugar de vivirlo con espíritu de servicio?
44. ¿Sacrifico mis gustos personales y mis diversiones cuando es necesario para cumplir mis deberes hacia la familia?
45. ¿He explicado a mis hijos el origen de la vida de forma gradual, adaptada a su edad y a su capacidad de comprensión, anticipándome con delicadeza a su natural curiosidad?

4.B6. Necesidades materiales y sustento de la familia
Proveer a las necesidades materiales de la familia es un deber preciso, que requiere sentido de la responsabilidad y espíritu de sacrificio.
46. ¿He intentado ganar lo suficiente para mantener dignamente a mi familia, sin gastos inútiles?
47. ¿He descuidado las necesidades materiales de mis hijos o de mis familiares que dependen de mí?
48. ¿He dejado de ayudar en las necesidades espirituales o materiales a mis seres queridos, aun pudiendo hacerlo incluso con algún sacrificio?

 

Mandamiento 5. “No matarás”
“¡La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra!” (Gn 4,10)
“No matarás” (Ex 20, 13; Dt 5,17).
“Seis cosas odia el Señor, y siete abomina su alma: … las manos que derraman sangre inocente.” (Pr 6,17)
“Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás; y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se encolerice con su hermano será reo de juicio. Y el que llame a su hermano: “Estúpido”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame: “Necio”, será reo del fuego de la Gehenna.” (Mt 5,21-22)
“Todo el que odia a su hermano es un homicida” (1Jn 3,15)

En resumen, el quinto mandamiento exige respetar y proteger la vida humana en todas sus formas y en cada una de sus fases, desde la concepción hasta la muerte natural, rechazando el homicidio, la violencia y toda forma de odio. Requiere promover activamente la paz y la reconciliación, y defender en toda circunstancia la dignidad inviolable de la persona. Se refiere no solo a las acciones, sino también a los pensamientos, los deseos, las palabras y las omisiones. Solo Dios da la vida y solo Él puede quitarla: quitar una vida humana usurpa un derecho que pertenece solo a Dios, y es un pecado que clama venganza ante su presencia. Somos administradores, no propietarios, de la vida que Dios nos ha confiado.

5.1. Aborto, eutanasia y homicidio
Son los pecados más graves contra este mandamiento. Quien procura un aborto incurre en excomunión automática (ipso facto). La eutanasia, aunque se presente como un acto de piedad, es siempre un homicidio.
1. ¿He matado a un hijo provocando un aborto, o he ayudado, aconsejado, financiado o animado a alguien a hacerlo? (¡se incurre en excomunión ipso facto!)
2. ¿He practicado la eutanasia —es decir, he puesto fin a la vida de una persona enferma, discapacitada o moribunda— o he ayudado, consentido o deseado que se hiciera, por acción o por omisión?
3. ¿He contribuido a anticipar la muerte de un enfermo con el pretexto de ahorrarle sufrimientos, sabiendo que se trataba de un homicidio?
4. ¿He cometido, ayudado, consentido o deseado un homicidio, voluntario o involuntario? ¿He causado la muerte de alguien haciendo —u omitiendo— algo que debería haber hecho o evitado?
5. ¿He participado directa o indirectamente en algo en lo que se ha matado a una persona, sin hacer todo lo posible por impedirlo?
6. ¿He participado en secuestros de personas, actos de terrorismo o torturas?
7. ¿He participado en amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones forzadas de personas inocentes?
8. ¿He hecho algo deliberado a alguien con la intención de provocar indirectamente su muerte?

5.2. Suicidio y autolesiones
También la propia vida nos la ha confiado Dios y no nos pertenece. Atentar contra ella es un grave desorden moral.
9. ¿He pensado, deseado o intentado quitarme la vida? ¿He colaborado voluntariamente en el suicidio de alguien?
10. ¿Me he hecho daño físicamente, o me he maldecido?
11. ¿Me he sometido a mutilaciones voluntarias como método de esterilización (ligadura de trompas, vasectomía, etc.)?

5.3. Violencia física y lesiones
Toda forma de violencia física contra el prójimo viola su dignidad y la integridad del cuerpo, que pertenece a Dios.
12. ¿He pegado, herido o causado lesiones físicas a alguien?
13. ¿He oprimido, maltratado o usado la violencia contra alguien, especialmente contra los más débiles?
14. ¿Me he aprovechado de la debilidad de otros para pegar o humillar a alguien físicamente?
15. ¿He participado, animado o fomentado peleas o riñas?
16. ¿He puesto en peligro mi vida o la de los demás: conduciendo de forma imprudente, practicando deportes extremos sin necesidad, o de cualquier otra forma evitable?

5.4. Odio, rencor y deseo de venganza
El homicidio nace a menudo del corazón. Jesús advierte que incluso el odio hacia el hermano es ya una forma de homicidio interior.
17. ¿He cultivado en el corazón sentimientos de odio, rencor, resentimiento o enemistad hacia alguien?
18. ¿Le he deseado a alguien la muerte, la enfermedad o algún mal grave?
19. ¿Me he vengado o he albergado deseos de venganza?
20. ¿He dejado de hablar a alguien, negándome a reconciliarme o a hacer lo posible por ello?
21. ¿Me he entristecido por la prosperidad de otros, o me he alegrado de su desgracia?

5.5. Ofensas, insultos y maltratos verbales
Las palabras pueden matar la dignidad de una persona. Esta lista va de lo más grave a lo menos grave.
22. ¿He maldecido a alguien, deseándole explícitamente un mal?
23. ¿He insultado o injuriado a alguien, usando palabras ofensivas y humillantes?
24. ¿He usado palabras duras, crueles o violentas al tratar a los demás?
25. ¿He oprimido a alguien con actitudes de prepotencia, intimidación o avasallamiento?
26. ¿He despreciado a alguien, sobre todo a los pobres, los débiles, los ancianos, los extranjeros o las personas de otras razas?
27. ¿Me he burlado o he ridiculizado a alguien, hiriéndolo en su dignidad?
28. ¿He criticado, molestado o me he burlado de los demás?
29. ¿He puesto motes ofensivos a alguien?
30. ¿Me he negado a dirigir la palabra a alguien por rencor o como castigo?
31. ¿He discutido frecuentemente o sin motivo válido? ¿He alimentado conflictos, riñas o enemistades entre otros?

5.6. Murmuraciones, cotilleos y escándalo
El escándalo es la actitud o el comportamiento que lleva a otro a hacer el mal. Quien escandaliza se convierte en tentador del prójimo y puede causar su muerte espiritual.
32. ¿He hablado mal de alguien, contando sus defectos o sus errores a quien no tenía necesidad de saberlo (murmuración)?
33. ¿He difundido cotilleos o noticias negativas sobre los demás, sembrando discordia?
34. ¿He causado enemistad o división entre personas?
35. ¿He escandalizado a alguien con mis palabras, mis acciones, mi forma de vestir o mi estilo de vida, induciéndolo a pecar gravemente?
36. ¿He enseñado a alguien a pecar, o lo he animado, ayudado o aconsejado a hacerlo?
37. ¿He alabado el pecado de alguien, en lugar de corregirlo caritativamente?
38. ¿Me he burlado de personas virtuosas, o he sido causa de que alguien abandonara una vida ordenada y devota?
39. ¿He causado daño a mi alma exponiéndome voluntariamente y sin necesidad a las tentaciones: malas lecturas, imágenes, vídeos, música con mensajes violentos o contrarios a los valores cristianos?
40. ¿He causado daño espiritual a otros, especialmente a niños, con mi mal ejemplo?

5.7. Omisiones: falta de auxilio y abandono
El mandamiento prohíbe no solo hacer el mal, sino también omitir el bien que se debía hacer. No socorrer a quien está en peligro es ya una culpa.
41. ¿Me he negado a socorrer a alguien que se encontraba en peligro de muerte o en grave necesidad?
42. ¿He descuidado ayudar al prójimo cuando la caridad me lo exigía: en la limosna, en la enfermedad, en el trabajo o en cualquier otra necesidad?
43. ¿He avisado a quien correspondía (un padre, un superior, un juez) cuando tenía conocimiento de un escándalo o de un peligro que podía ser remediado?
44. ¿Me esfuerzo de verdad por amar a los demás como a mí mismo, reconociendo en cada persona a alguien a quien Dios ama?

5.8. Cuidado de la propia salud
El cuerpo es un don de Dios. Descuidarlo o estropearlo deliberadamente es una falta contra este mandamiento.
45. ¿He usado drogas, o las he producido, vendido o procurado a otros?
46. ¿Me he emborrachado hasta perder la razón o el control de mí mismo?
47. ¿He abusado de la comida o el alcohol, arruinando mi salud?
48. ¿He descuidado mi salud física, no procurándome la comida, la ropa o los cuidados necesarios?
49. ¿He puesto en peligro mi salud mental y espiritual, exponiéndome voluntariamente a música, imágenes o contenidos que contienen mensajes de violencia, rebelión o que incitan al mal?

 

Mandamiento 6. “No cometerás actos impuros”
“Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne” (Gn 2,24)
“Dijo entonces el Señor: «El clamor de Sodoma y Gomorra es grande; su pecado es gravísimo».” (Gén 18,20)
“… el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte del Señor, desde el cielo. Y arrasó aquellas ciudades, y toda la redonda, con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo.” (Gn 19,24)
“Pero Onán, que sabía que aquella prole no sería suya, cada vez que se unía a la mujer de su hermano, derramaba en tierra, para no dar descendencia a su hermano. Su modo de actuar desagradó al Señor, que le hizo morir también a él.” (Gén 38,9-10)
“No cometerás adulterio” (Éx 20,14; Dt 5,18).
“Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.” (Gén 2,24)
“Quien comete adulterio es un insensato, quien así actúa se destruye a sí mismo.” (Pr 6,32)
“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.” (Mt 5,8)
“Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.”. (Mt 5, 27-28).
“Pero yo os digo: quien repudia a su mujer —excepto en caso de unión ilegítima— y se casa con otra, comete adulterio” (Mt 19,9)
“¡Huid de la fornicación! Cualquier otro pecado que el hombre cometa, queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no os pertenecéis a vosotros mismos? Porque habéis sido comprados a un precio muy alto. ¡Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo!” (1Cor 6,18-20)
“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os abstengáis de la impureza, que cada uno de vosotros sepa tratar su propio cuerpo con santidad y respeto, sin dejarse dominar por la pasión, como los paganos que no conocen a Dios; que nadie en este campo ofenda o engañe a su propio hermano, porque el Señor castiga todas estas cosas, como ya os hemos dicho y advertido. Dios no nos ha llamado a la impureza, sino a la santificación.” (1Tes 4,3-7)
“Que el matrimonio sea respetado por todos y el lecho nupcial sea sin mancha. A los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios.” (Heb 13,4)

En resumen, el sexto mandamiento exige vivir la fidelidad conyugal y la pureza de corazón y de cuerpo, respetando la dignidad humana como don de Dios. Requiere valorar el matrimonio como alianza estable e indisoluble entre hombre y mujer, ordenada al amor recíproco y a la transmisión de la vida.
Este mandamiento se refiere a los pecados de pensamiento, palabra y obra. La tentación no es pecado, pero consentirla voluntariamente sí lo es. Con «impuro» la moral no solo se refiere al acto sexual, sino a todo lo que provoca un placer ilícito. Algunos pecados en esta materia subsisten incluso sin una intención explícita.

Los distintos tipos de pecados que ofenden este mandamiento deben mencionarse en la confesión. No todos tienen la misma gravedad. He aquí algunas definiciones para aclararlos.

Fornicación – relación sexual entre personas no casadas o viudas. (CIC 2353: «La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer libres, fuera del matrimonio».)
Concubinato, unión ilegítima, unión libre, es decir, convivencia sin matrimonio, more uxorio – convivencias o relaciones sexuales sin vínculo matrimonial sacramental. Es fornicación.
Adulterio – relación sexual de una persona casada con alguien que no es su cónyuge. Implica también el pecado de infidelidad conyugal. Si ambos están casados, es más grave. Si la relación sexual tiene lugar en los llamados «intercambios de pareja» u orgías (relaciones sexuales en grupo), el pecado es aún más grave. (CIC 2380-2381: Explícitamente prohibido por el mandamiento.)
Divorcio, seguido de “nuevas nupcias” – aunque el divorcio civil no es en sí mismo un pecado (a veces es necesario para proteger derechos legales o la seguridad), contraer una nueva unión mientras el cónyuge anterior sigue vivo es adulterio, porque el vínculo sacramental es indisoluble.
Poligamia – tener más de un cónyuge al mismo tiempo.
Incesto – relación sexual entre parientes en línea recta (padres-hijos) o entre hermanos/hermanas, o consanguíneos hasta el cuarto grado, para los cuales el matrimonio está prohibido. (CIC 2388: «Deforma la estructura familiar».)
Sacrilegio – relaciones sexuales en lugares sagrados o por razón de la persona, si ha hecho voto de castidad.
Anticoncepción artificial – uso de métodos artificiales para impedir la procreación en el acto conyugal, como el coito interrumpido (ver Gn 38,9-10), preservativos, fármacos, esterilización temporal, esterilización definitiva (ligadura de trompas, vasectomía), métodos anticonceptivos microabortivos que obligan al embrión ya fecundado a salir del útero. (CIC 2370: «Intrínsecamente mala» – pecado contra el sexto mandamiento si separa el aspecto unitivo del procreativo.)
Fecundación artificial heteróloga – Inseminación con gametos de terceros. (CIC 2377: «Contraria a la unidad del matrimonio».)
Tocamientos impuros – consigo mismo o con otros, aunque no sean lascivos, especialmente en los órganos genitales, con el fin de provocar placer o inducir al acto sexual.
Masturbación – excitación voluntaria de los órganos genitales para obtener placer venéreo con o sin efusión de fluidos. (CIC 2352: «Grave desorden».)
Violación o violencia carnal – penetración sexual obtenida con engaño, amenaza o violencia. Es un pecado gravísimo. Es contra la justicia y la caridad, además de contra la castidad. (CIC 2356: «Intrínsecamente malo».)
Bestialidad – relación sexual con un animal.
Acto homosexual – relación sexual perversa con un individuo del mismo sexo. (CIC 2357: «Intrínsecamente desordenados».)
Perversidad – otros actos contra natura entre individuos del mismo o diferente sexo, incluso entre cónyuges por vas indebitum, como la sodomía y el sexo oral.
Pedofilia – actos sexuales con niños o adolescentes independientemente de su sexo. Es una de las formas más graves de violencia sexual, porque se comete sobre personas vulnerables, abusando de un poder y de una confianza. (CIC 2389: Asociado a incesto o violencia.)
Pornografía – pecado contra el pudor. Producción, difusión o consumo de material que representa actos sexuales de manera que exciten. (CIC 2354: «Ofende a la castidad».)
Exhibicionismo – pecado contra el pudor. Exposición de los genitales en lugares públicos, desnudez intencionada ante extraños, actos sexuales realizados donde puedan ser vistos por otros, envío no solicitado de imágenes íntimas tipo “sexting” no consentido.
Voyeurismo – pecado contra el pudor. Acto de observar secretamente a personas desnudas, que se desvisten o que realizan actos sexuales, sin su consentimiento, con el fin de obtener gratificación sexual.
Vestimenta impúdica intencionada, provocativa – pecado contra el pudor. Uso de la ropa interior con el fin de la propia excitación, o uso de la ropa visible con el fin de la excitación personal y ajena. Aunque la vestimenta impúdica no sea intencionada (como la ropa muy corta que se usa en verano), puede producir un efecto en los demás (deseos, turbaciones, excitaciones malas), por lo que sigue siendo un pecado.
Prostitución – práctica de relaciones sexuales a cambio de dinero; compraventa de actos sexuales. (CIC 2355: «Gravemente contraria a la dignidad de la persona».)
Trata sexual – una forma de trata de seres humanos en la que una persona es reclutada, transportada, trasladada, alojada o acogida mediante coacción, engaño, abuso de vulnerabilidad o violencia, con el objetivo de explotarla sexualmente.
Explotación sexual – cualquier forma de utilización del cuerpo de una persona para obtener una ventaja de naturaleza sexual, económica o de otro tipo, sin su pleno y libre consentimiento, o aprovechándose de su vulnerabilidad.
Abuso sexual – cualquier acto o comportamiento de carácter sexual impuesto a una persona sin su consentimiento libre e informado, o cuando la persona no está en condiciones de dar un consentimiento válido (como en el caso de menores, personas con discapacidad cognitiva, estado de inconsciencia, coacción o fuerte presión psicológica).
Acoso sexual – insinuaciones o peticiones sexuales no deseadas, frecuentes en un contexto laboral o de dependencia.

6.1. Pensamientos, deseos y fantasía
Hay diferencia entre recibir un mal pensamiento (no es pecado) y complacerse voluntariamente en él cultivándolo (es pecado). Esta distinción es fundamental.
1. Cuando me ha venido un pensamiento, un recuerdo, una imagen o una fantasía impura, ¿me he complacido voluntariamente en ello, continuado a guardarlo y cultivarlo? ¿O lo he rechazado desde el principio?
2. ¿He traído intencionadamente a la memoria recuerdos o pensamientos impuros?
3. ¿He consentido miradas o deseos impuros hacia otra persona, o he deseado conscientemente ver o hacer algo impuro?
4. ¿He descuidado el control de mi imaginación, dejándola vagar libremente hacia cosas impuras?
5. ¿Me he jactado de mis pecados en esta materia, o me he deleitado en el recuerdo complaciente de pecados pasados?

6.2. Miradas, palabras y gestos
Los sentidos son las puertas de la conciencia. Lo que los ojos buscan, lo que la boca dice y los gestos del cuerpo revelan y alimentan el estado interior.
6. ¿He mirado a personas con deseo sexual ilícito (concupiscencia)?
7. ¿He usado palabras vulgares, obscenas o sexualmente explícitas? ¿He contado o escuchado chistes de contenido sexual? ¿He cantado canciones deshonestas?
8. ¿He hecho gestos obscenos o indecentes?
9. Con mi forma de mirar, hablar, gesticular o caminar, ¿he intentado provocar o excitar a los demás, en lugar de comportarme con pudor y modestia?
10. ¿Me doy cuenta de que seducir a los demás con mi aspecto es una invitación a que me idolatren, y no un acto de amor hacia ellos?

6.3. Vestimenta y modestia
La modestia en el vestir no es una cuestión de moda, sino un acto de respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
11. ¿He llevado ropa ajustada, transparente o indecente, convirtiéndome así en ocasión de pecado para los demás?
12. ¿He sido modesto al vestirme y desvestirme?
13. ¿He seducido o deshonrado a alguna persona inocente?
14. ¿Comprendo que el cuidado de los detalles de la modestia es una salvaguarda importante para la pureza, o los considero tonterías sin importancia?

6.4. Lecturas, espectáculos y contenidos multimedia
Lo que introducimos en la mente a través de los ojos y los oídos forma nuestra fantasía y nuestros deseos.
15. ¿Leo o veo material impuro: revistas, libros, imágenes, vídeos, películas pornográficas u obscenas?
16. ¿Tengo en casa pósteres, imágenes o estatuas de carácter inmoral u obsceno?
17. Antes de ver un espectáculo o leer un libro, ¿me informo sobre su calidad moral para evitar ponerme en peligro de pecado y deformar mi conciencia?
18. ¿Me pongo voluntariamente en situaciones de riesgo —ciertos lugares, espectáculos, sitios de internet, programas de televisión— que sé que son ocasiones de pecado?

6.5. Contacto, intimidad y comportamientos físicos
El cuerpo es templo del Espíritu Santo. La forma en que lo tratamos y lo usamos tiene un peso moral preciso.
19. ¿He tocado, acariciado, abrazado o besado a otra persona de manera impura?
20. ¿Me he complacido en la sensualidad, en el autoerotismo o en el goce del placer sexual fuera del matrimonio?
21. ¿He cometido actos deshonestos, obscenos o inmorales con otra persona?
22. ¿Me he hecho tatuajes o grabados de carácter inmoral?

6.6. Compañías, amistades y frecuentaciones
Las personas que frecuentamos y los lugares que visitamos influyen profundamente en nuestra vida moral.
23. ¿He entablado amistad con personas de vida disoluta o he frecuentado lugares de dudosa moralidad?
24. ¿He sido demasiado íntimo, física o emocionalmente, con personas del sexo opuesto fuera del matrimonio?
25. ¿He eliminado las ocasiones que me conducen al pecado en esta materia: el abuso de alcohol o comida, el uso de drogas, la pereza, el ocio, las malas amistades?
26. ¿He frenado mis pasiones, o me dejo dominar por ellas sin luchar?

6.7. Noviazgo y relaciones afectivas
El noviazgo es un tiempo para profundizar el afecto y el conocimiento mutuo, no para satisfacer el deseo de posesión o placer.
27. En el noviazgo, ¿vivo el afecto de manera casta, o soy causa de pecado para la otra persona?
28. ¿Mis relaciones afectivas se inspiran en el espíritu de donación, respeto y delicadeza, o en el deseo de posesión y placer egoísta?
29. ¿Comprendo que cualquier placer carnal plenamente sentido y libremente consentido fuera del matrimonio es pecado grave?

6.8. Remedios y medios para vivir la pureza
La pureza no se reduce a evitar el pecado: es un estilo de vida que se construye activamente con medios concretos, naturales y sobrenaturales.
30. ¿He usado medios naturales para guardar la pureza: la disciplina de los ojos y de la imaginación, el control de los afectos, evitar las situaciones excitantes?
31. ¿He rezado inmediatamente para ahuyentar los malos pensamientos y las tentaciones, en lugar de recrearme en ellos?
32. ¿He usado los medios sobrenaturales: la frecuencia de los sacramentos de la Confesión y de la Comunión, la devoción a la Virgen María, la meditación sobre la Pasión de Cristo, la conciencia de que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo?
33. Si tengo tendencias homosexuales, ¿he intentado vivir la castidad con la ayuda de la oración, los sacramentos y el dominio de mí mismo, uniendo mis dificultades al sacrificio de la Cruz?
34. ¿Me doy cuenta de que la impureza vivida sin freno tiene consecuencias graves: debilita la inteligencia, arruina el cuerpo, hace perder la gracia santificante y puede alejar de la fe?

 

Mandamiento 7. “No robarás”
“No robarás” (Ex 20,15; Dt 5,19).
“No robaréis, no mentiréis ni os defraudaréis unos a otros.” (Lv 19,11)
“No oprimirás a tu prójimo ni le despojarás.” (Lv 19,13)
“Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y extermináis a los humildes del país, diciendo: «¿Cuándo pasará el novilunio para vender el grano, y el sábado para dar salida al trigo, para achicar la medida, aumentar el precio, falsear las balanzas, para comprar por dinero a los débiles y al pobre por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del grano?»“. (Am 8,4-6)
“¿Hay todavía en casa del impío tesoros de impiedad y una medida execrable, disminuida? ¿Puedo justificar balanzas falsas y una bolsa de pesas fraudulentas?” (Mi 6,10-11)
“No robarás” (Mt 19,18).
“El que robaba, que no robe más, sino que trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda compartir con quien tiene necesidad.” (Ef 4,28)
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los depravados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los rapaces heredarán el reino de Dios.” (1Cor 6,9-10)

En resumen, el séptimo mandamiento exige respetar los bienes y la propiedad ajena, rechazando el robo, el fraude, la corrupción y toda forma de injusticia económica. Requiere practicar la justicia en las relaciones laborales y en la vida social, y ejercer la caridad a través del compartir con los pobres y necesitados. El pecado de robo y de daño no se perdona hasta que no se restituye o se repara el mal hecho. La Confesión obtiene el perdón, pero con la obligación de reparar cuanto antes.

7.1. Hurto, robo y apropiación indebida
Son las formas más directas de violación de este mandamiento. La gravedad aumenta si el robo se comete con violencia, en perjuicio de personas pobres o en lugares sagrados.
1. ¿He robado algo? ¿El robo fue cometido con violencia (atraco), en perjuicio de una persona pobre, en un lugar sagrado, o con otras circunstancias agravantes?
2. ¿He tomado, retenido o sustraído injustamente bienes ajenos contra la voluntad del propietario, de cualquier modo?
3. ¿He ganado dinero con medios ilícitos o deshonestos?
4. ¿He comprado o vendido cosas que sabía que eran robadas?
5. ¿He ganado en juegos con trampas o engaños, causando daño a otros?
6. ¿He apostado de manera injusta o he hecho trampas en los juegos de azar?
7. ¿Soy consciente de que robar pequeñas cosas de forma constante y repetida puede convertirse en un pecado grave por acumulación?

7.2. Fraude, engaño y corrupción
No solo existe el robo directo: también se puede robar a través del engaño, la estafa y la corrupción. Todas estas formas lesionan la justicia y la confianza.
8. ¿He defraudado, engañado o estafado a alguien en un negocio, una compraventa o un contrato, ocultando defectos o usando el engaño?
9. ¿He vendido con pesos o medidas falsas, o he adulterado o mezclado lo que vendía para obtener más beneficio?
10. ¿He aumentado los precios especulando con la ignorancia o la necesidad de otros?
11. ¿Me he aprovechado de la ignorancia, la debilidad o la distracción de otros para obtener una ventaja injusta?
12. ¿He participado de alguna manera en actos de corrupción, tratando de cambiar el modo correcto de actuar por el que más me convenía?
13. ¿He aceptado sobornos, regalos o favores indebidos, relacionados con mi cargo o mi profesión?
14. ¿He incumplido sin causa justa contratos comerciales, de compra o venta, de alquiler o de trabajo, que me obligaban?

7.3. Injusticias en el trabajo y en los salarios
El trabajo es un ámbito en el que la justicia puede ser violada tanto por quien trabaja como por quien da trabajo.
15. ¿He defraudado a mis empleados o colaboradores del salario justo, pagándoles menos de lo que merecían o retrasando injustamente el pago?
16. ¿He defraudado a mi empleador, trabajando mal, robando tiempo al trabajo o no cumpliendo honestamente con mis deberes?
17. ¿He trabajado mal o con negligencia, no ganándome el sueldo que recibo?
18. ¿En mi oficina o empleo he tomado más de lo establecido o de lo que me correspondía?
19. ¿He retenido o retrasado indebidamente el pago de salarios o sueldos a mi cargo?
20. ¿Con mi voto o consejo he impedido que otro obtuviera un empleo, un cargo o un beneficio al que tenía legítimo derecho?

7.4. Evasión fiscal y daños a bienes públicos
La justicia también concierne al bien común. Defraudar al Estado o dañar bienes públicos afecta a toda la comunidad.
21. ¿He defraudado al Estado evadiendo impuestos justos y razonables, destinados al beneficio de la comunidad?
22. ¿He causado daños a propiedades o bienes públicos o privados?
23. ¿He sustraído o retenido dinero en los gastos públicos o en los cargos que gestionaba?
24. En el cargo que ocupo, ¿he hecho lo posible por evitar injusticias, robos, fraudes y abusos que dañan la convivencia social?

7.5. Usura, deudas y obligaciones de restitución
Quien ha robado o causado un daño tiene la obligación de restituir y resarcir. Mientras no lo haga, el pecado no está plenamente perdonado.
25. ¿He prestado dinero con tasas de interés excesivas (usura), aprovechándome de la necesidad de personas en dificultades?
26. ¿He saldado mis deudas, pudiendo hacerlo? ¿He respetado los plazos debidos para los pagos?
27. ¿He devuelto el dinero o las cosas tomadas en préstamo?
28. ¿He devuelto lo que he encontrado y que pertenecía a otra persona?
29. ¿He restituido o resarcido lo que he robado o el daño que he causado? Si no he podido hacerlo, ¿he compensado dando a los pobres en proporción?
30. Si a causa de mi robo o mi apropiación alguien ha sufrido una pérdida de ganancias, ¿estoy dispuesto a resarcir también este daño?
31. ¿He respetado los legados y los testamentos de otros?
32. ¿He hecho imposible pagar mis deudas de justicia por vanidad, gastos excesivos o prodigalidad?

7.6. Complicidad y cooperación en el daño ajeno
Se es corresponsable no solo cuando se roba directamente, sino también cuando se ayuda, se aprueba o se calla ante el mal ajeno.
33. ¿He cooperado en un robo o en un daño: ordenando, incitando, ayudando, aprobando o participando del botín?
34. ¿He consentido, aconsejado o influido de cualquier modo en el robo o el daño en perjuicio del prójimo?
35. ¿Con mi omisión, condescendencia o silencio he contribuido al daño del prójimo, cuando habría podido impedirlo?
36. ¿Me he complacido del robo o del daño sufrido por otra persona?
37. ¿He aconsejado mal a alguien en un negocio, causándole un daño económico?

7.7. Negligencia y pereza en los propios deberes
También la negligencia y la pereza pueden causar daños injustos a otros o a uno mismo.
38. ¿He sido negligente en la gestión de dinero o bienes que otros me confiaron?
39. ¿Por mi negligencia he arruinado o deteriorado propiedades ajenas?
40. ¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes profesionales o familiares?
41. ¿He rehusado o descuidado ayudar a alguien en necesidad urgente, pudiendo hacerlo?

7.8. Apego a los bienes materiales y deseos desordenados
El séptimo mandamiento no se refiere solo a las acciones externas: toca también el corazón y los deseos. La envidia y la avaricia son las raíces de muchos pecados contra la justicia.
42. ¿He deseado los bienes ajenos o he tramado para apoderarme de ellos?
43. ¿Siento envidia de las riquezas, las propiedades o el éxito económico de los demás?
44. ¿Soy avaro o codicioso, dando demasiada importancia a los bienes materiales y a las comodidades? ¿Mi corazón está fijo en los bienes terrenales en lugar de en los verdaderos tesoros del Cielo?
45. ¿Soy honesto en el trabajo, en la profesión y en el comercio? ¿Todo lo que poseo lo he ganado de manera honesta?

 

Mandamiento 8. “No darás falso testimonio”
“No darás falso testimonio contra tu prójimo.” (Ex 20,16; Dt 5,20)
“No difundirás noticias falsas. No harás causa común con el malvado para ser testigo en favor de una injusticia.” (Ex 23,1)
“No andarás difamando entre los tuyos.” (Lev 19,16)
“Los labios mentirosos son abominación para el Señor” (Pro 12,22)
“El testigo falso no quedará impune, el que propala mentiras no escapará.” (Pro 19,5)
“Que vuestro hablar sea: “Sí, sí”, “No, no”. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.” (Mt 5, 37)
“Por eso, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros.” (Ef 4,25)
“No os mintáis unos a otros, pues os habéis despojado del hombre viejo con sus obras” (Col 3,9)

En resumen, el octavo mandamiento exige amar y testimoniar la verdad, rechazando la mentira, el falso testimonio, la calumnia y la difamación. Requiere respetar la buena fama del prójimo y dar testimonio de la verdad en todos los ámbitos de la vida cristiana, a imitación de Cristo que es el Camino, la Verdad y la Vida. La mentira es una negación de Dios, que es la Verdad Suprema. Los pecados contra este mandamiento a menudo requieren reparación: quien ha dañado la reputación de otro tiene la obligación de remediar el daño causado.

8.1. Falso testimonio, perjurio y mentira grave
Son las formas más graves de pecado contra la verdad, porque lesionan directamente la justicia y pueden causar daños irreparables (cf. Pr 19,9).
1. ¿He dado falso testimonio en público —en un juicio, ante una autoridad o en un contexto oficial— declarando lo falso sobre alguien?
2. ¿He cometido perjurio, es decir, he dicho cosas falsas bajo juramento, o he firmado documentos falsos?
3. ¿He acusado injustamente a alguien de algo que no había hecho, causándole un daño?
4. ¿He calumniado a alguien, es decir, he atribuido a otros culpas o defectos que sabía que eran falsos, dañando su reputación? ¿He hecho la reparación debida o estoy dispuesto a hacerla?
5. ¿He descubierto o hecho públicos los pecados o los defectos ocultos de alguien por venganza o para desacreditarlo?

8.2. Maledicencia y difamación
La maledicencia es revelar los defectos verdaderos del prójimo a quien no los conoce, sin una razón válida. Aunque lo que se dice sea verdad, puede ser pecado grave (cf. Sir 21,28).
6. ¿He cometido maledicencia, es decir, he revelado los defectos o las faltas reales del prójimo a personas que no los conocían, sin una razón objetivamente válida?
7. ¿He dañado la buena fama de alguien revelando defectos ocultos, aunque sean verdaderos (detracción)?
8. ¿He revelado los pecados o los secretos de otros sin una razón seria y proporcionada?
9. ¿He difamado a alguien con actitudes, gestos o palabras injustas, incluso sin decirlo explícitamente?
10. ¿He hablado mal de los demás por frivolidad, envidia, mal humor o simple placer de criticar?
11. ¿He exagerado los defectos ajenos, inflando la realidad para hacer a alguien peor de lo que es?
12. ¿He usado medias palabras o insinuaciones para arrojar sombras sobre alguien, sin tener el valor de decir las cosas claramente?

8.3. Juicios temerarios
El juicio temerario es creer firmemente, sin pruebas suficientes, que alguien es culpable de algún defecto moral o delito. Es pecado porque ofende la dignidad de quien es juzgado.
13. ¿He juzgado negativamente a alguien sin tener pruebas o fundamentos suficientes?
14. ¿He creído firmemente en la culpa de alguien solo por sospechas, rumores o impresiones, sin verificar la realidad?
15. ¿He emitido juicios precipitados, condenando a alguien antes de conocer los hechos?
16. ¿Soy habitualmente crítico, negativo o falto de caridad al hablar de los demás, sin necesidad?

8.4. Chismes, murmuraciones y discordia
El chisme y la murmuración envenenan las relaciones entre las personas y crean enemistades incluso donde no las habría.
17. ¿He murmurado de los demás, es decir, he hablado mal de alguien a sus espaldas sin una razón justa?
18. ¿He sembrado discordia entre personas, refiriendo cosas desfavorables dichas por uno sobre el otro para crear enemistad entre ellos?
19. ¿He dejado a alguien en mal lugar ante otros, quizás con el pretexto de que «me lo han dicho» o «se dice por ahí»?
20. ¿He escuchado con gusto las murmuraciones de otros, sin tratar de detenerlas?
21. ¿He permitido que se murmurara en mi presencia, cuando tenía la obligación o la posibilidad de interrumpirlo?
22. ¿He escuchado o aprobado la difusión de un escándalo sobre mi prójimo?

8.5. Mentira ordinaria y violación de secretos
Incluso la mentira cotidiana, aparentemente pequeña, es una violación de la verdad y una ofensa a la persona engañada.
23. ¿He mentido? ¿Por qué motivo: para engañar deliberadamente, para escapar de un castigo, por broma o por comodidad? ¿He causado daños espirituales o materiales con mi mentira?
24. ¿He violado un secreto que me había sido confiado, sin una razón justa y grave?
25. ¿He sido cómplice al encubrir hechos graves o delictivos con mi silencio, cuando debería haber hablado?
26. ¿He adulado a alguien, diciendo cosas no verdaderas para complacerle o para obtener algo?
27. ¿He faltado a la verdad por vanagloria, exagerando mis méritos o mis cualidades?
28. ¿He usado la ironía de manera cruel para herir a alguien, aun sin decir cosas explícitamente falsas?

8.6. Omisiones: falta de defensa y reparación
No basta con evitar hacer el mal: a veces se tiene el deber de defender la verdad y el buen nombre de los demás, y de reparar los daños causados.
29. ¿He omitido defender a alguien que estaba siendo difamado o calumniado, pudiendo hacerlo con facilidad?
30. ¿He respetado y cuidado el buen nombre y la dignidad de cada persona con la que he entrado en contacto?
31. ¿He hecho la reparación debida por los daños causados a la reputación de otros con calumnias, difamaciones o revelaciones indiscretas?

 

Mandamiento 9. “No desearás la mujer de tu prójimo”
“No codiciarás la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que pertenezca a tu prójimo».” (Ex 20,17)
“No desearás la mujer de tu prójimo.” (Dt 5,21)
“Aparta tu ojo de mujer hermosa, no te quedes mirando una belleza ajena. Por la belleza de la mujer se perdieron muchos, y por ella el amor se inflama como fuego.” (Eclo 9,8)
“Hice un pacto con mis ojos de no fijarme en ninguna virgen.” (Job 31,1)
“Habéis oído que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer para desearla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te es ocasión de escándalo, arráncalo y tíralo lejos de ti: pues más te conviene que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha te es ocasión de escándalo, córtala y tírala lejos de ti: pues más te conviene que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya a parar a la Gehena.” (Mt 5,27-30)
“Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus deseos.” (Gál 5,24)
“Haced morir, pues, lo que hay de terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Col 3,5)
“Huye de las pasiones juveniles y busca la justicia, la fe, la caridad y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro.” (2Tim 2,22)

En resumen, el noveno mandamiento exige la pureza del corazón, respetando la santidad del amor conyugal. Pide explícitamente vigilancia no solo sobre los actos externos (que son objeto del Sexto), sino también sobre los deseos interiores, las miradas, los pensamientos y las imágenes que consentimos. Requiere luchar contra la concupiscencia y el deseo desordenado, cultivando la humildad, la modestia y la gracia de Dios como fundamento de una vida interior ordenada.

9.1. Deseos impuros hacia la persona de otro
El mandamiento nace de la protección de la fidelidad conyugal y de la dignidad de toda persona: nadie debe ser reducido a objeto de deseo ilícito.
1. ¿He deseado sexualmente a la mujer o al marido de otra persona, cultivando este deseo en mi corazón?
2. ¿He mirado a otra persona con mirada de concupiscencia, transformándola mentalmente en objeto de deseo, en lugar de respetarla en su dignidad?
3. ¿He cultivado fantasías o imaginaciones sobre personas reales, complaciéndome interiormente en ellas en lugar de rechazarlas?
4. ¿He traído voluntariamente a la memoria recuerdos impuros ligados a personas reales, gozando de ese recuerdo?

9.2. Pornografía, exhibicionismo y medios de comunicación
La pornografía y el exhibicionismo son ofensas graves a la dignidad de la persona y herramientas poderosas de corrupción interior.
5. ¿He participado de alguna manera en la pornografía: viéndola, buscándola, produciéndola, difundiéndola o apoyándola económicamente?
6. ¿He participado en actos o espectáculos exhibicionistas, como espectador o como protagonista?
7. ¿He abusado de internet, de la televisión o de otros medios de comunicación para buscar contenidos, conversaciones o «distracciones» que alimentan deseos, pensamientos o fantasías impuras?
8. ¿He guardado en el teléfono, en el ordenador o en casa imágenes, vídeos o materiales pornográficos o sexualmente provocativos?

9.3. Vestimenta, pudor y provocación
El pudor del cuerpo es una forma de respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Vestir de modo provocativo es una invitación al deseo ilícito.
9. ¿Me he dejado arrastrar por la moda llevando en público ropa o prendas que excitan sensualmente a los demás y provocan miradas, deseos o pensamientos indecentes?
10. ¿He faltado a la modestia en mis comportamientos, gestos o modo de presentarme, sin preocuparme del efecto que producía en los demás?
11. ¿He respetado el pudor de los sentimientos y de las emociones, o he alimentado en mí mismo sensaciones y estados de ánimo que me llevaban hacia el desorden? ¿Uso tipos de ropa para excitarme? ¿Uso tipos de ropa íntima para excitarme?

9.4. Protección de los menores
Los niños y los adolescentes tienen derecho a crecer en un ambiente puro. Lesionar su pudor es una responsabilidad gravísima.
12. ¿He faltado al respeto al pudor de niños o adolescentes, exponiéndolos a imágenes, conversaciones, espectáculos o situaciones inapropiadas para su edad?
13. ¿He permitido que menores presentes en mi casa accedieran a contenidos pornográficos o sexualmente explícitos a través de la televisión, internet u otros medios?
14. ¿He dado a niños o jóvenes un mal ejemplo con mi comportamiento, mi vestimenta o mi lenguaje en materia de pureza?

9.5. Custodia de los ojos y de la imaginación
«La vista despierta la pasión de los insensatos» (Sab 15,5). Los ojos y la imaginación son las puertas principales por las que entran los deseos impuros: custodiarlos es una forma concreta de lucha por la pureza.
15. ¿He luchado por custodiar la mirada, evitando fijarme en personas, imágenes o situaciones que suscitan deseos impuros?
16. ¿He descuidado el control de mi imaginación, dejándola vagar libremente hacia fantasías impuras sin combatirlas?
17. ¿He evitado lugares, situaciones, personas o ambientes que sabía que eran para mí una ocasión de caída interior?
18. ¿He buscado activamente llenar la mente y el corazón de pensamientos buenos —la oración, la belleza, el trabajo, el servicio— como remedio contra los pensamientos impuros?

9.6. Oración y medios sobrenaturales para la pureza del corazón
La pureza del corazón es un don de Dios que debe pedirse con humildad. Sin la gracia, la lucha contra el desorden interior es imposible.
19. ¿He rezado regularmente para obtener de Dios la gracia de la pureza y de la limpieza de corazón, reconociendo que solo no consigo vencer?
20. ¿He recurrido a los sacramentos de la Confesión y de la Comunión como instrumentos principales para purificar el corazón y recibir la fuerza para empezar de nuevo?
21. ¿He invocado a la Virgen María como modelo y ayuda en la lucha por la pureza, confiándole mis momentos de debilidad?
22. ¿Me doy cuenta de que la bienaventuranza evangélica «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8) no es una promesa lejana, sino un camino concreto que puedo recorrer cada día con la ayuda de la gracia?

 

Mandamiento 10. “No codiciarás los bienes ajenos”
“No codiciarás la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que pertenezca a tu prójimo.” (Ex 20,17; Dt 5,21)
“Guardaos de toda clase de codicia, porque, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.” (Lc 12,15)
“Vuestra conducta esté libre de avaricia; contentaos con lo que tenéis” (Heb 13,5)
“… donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.” (Mt 6,21)

En resumen, el décimo mandamiento, como el Noveno, se refiere al corazón; mientras que el Séptimo prohíbe tomar los bienes ajenos con las acciones, este prohíbe desearlos con el corazón. Exige la libertad interior de la avaricia y de la envidia, practicando el desapego de los bienes materiales y la confianza en la providencia de Dios. Requiere cultivar la sobriedad y la generosidad, reconociendo que el verdadero bien del hombre no reside en la posesión de las riquezas, sino en el abandono confiado a Dios. Este examen ayuda a descubrir si el corazón está libre o prisionero de los bienes de este mundo.

10.1. Codicia y deseo morboso de los bienes ajenos
La codicia es el deseo desordenado de poseer lo que pertenece a otros. Es la raíz de muchos pecados contra la justicia y la caridad.
1. ¿He deseado de modo morboso u obsesivo los bienes, las propiedades o las riquezas ajenas, incubando en el corazón el deseo de apropiarme de ellos?
2. ¿He tramado o planeado internamente cómo apoderarme de lo que pertenece a otros, incluso sin pasar a la acción?
3. ¿He deseado que alguien perdiera sus bienes —por muerte, mala suerte o desgracia— para poder beneficiarme yo?
4. ¿He cultivado un apego desordenado al dinero y a las cosas materiales, hasta el punto de convertirlos en el centro de mis pensamientos y preocupaciones?

10.2. Envidia
La envidia es la tristeza por el bien ajeno, vivida como una amenaza o una injusticia hacia uno mismo. Es uno de los siete vicios capitales y envenena el corazón y las relaciones.
5. ¿Me he entristecido o molestado por el éxito, la prosperidad, los talentos o la felicidad de los demás, en lugar de alegrarme con ellos?
6. ¿He deseado que los demás no tuvieran lo que tienen —bienes, cualidades, afectos, posiciones— porque su fortuna me pesaba?
7. ¿He albergado resentimiento hacia quien tiene más que yo: más dinero, más talento, más éxito, más reconocimiento?
8. ¿La envidia me ha empujado a menospreciar, criticar o sabotear a los demás, con tal de reducir la distancia que percibía entre ellos y yo?

10.3. Ambición desordenada y deseo del puesto ajeno
No solo se desean los bienes materiales: también se puede desear el rol, el prestigio, el puesto o la estima que pertenecen a otro.
9. ¿He deseado ocupar el puesto de otro —en la escuela, en el trabajo, en un grupo, en una comunidad— no por servir mejor, sino por ambición o por envidia?
10. ¿He intentado desplazar a alguien de su posición o de su rol de manera desleal, aunque solo fuera en los deseos y en los pensamientos?
11. ¿He anhelado reconocimientos, honores o estima que no me correspondían, albergando resentimiento cuando se los daban a otros?
12. ¿Soy capaz de alegrarme sinceramente del éxito y del ascenso de los demás, sin sentirme menospreciado?

10.4. Avaricia y apego a los bienes propios
La avaricia es el apego excesivo a los propios bienes, que lleva a no compartir nada con quien está necesitado. Es el reverso de la codicia: allí se quiere tomar, aquí no se quiere dar.
13. ¿Soy avaro, dando demasiada importancia a los bienes materiales y a las comodidades? ¿Mi corazón está apegado a las posesiones terrenales más que a los verdaderos tesoros del Cielo?
14. ¿Me cuesta compartir lo que tengo con quien está necesitado, incluso cuando podría hacerlo sin grandes sacrificios?
15. ¿Me he negado a dar limosna o a ayudar a quien estaba en dificultades, para no disminuir mis haberes?
16. ¿He tratado el dinero y los bienes materiales como un fin en sí mismos, en lugar de como instrumentos al servicio de Dios y del prójimo?

10.5. Desapego interior y pobreza de espíritu
El remedio a la codicia y a la avaricia no es la miseria, sino la libertad interior: poseer las cosas sin ser poseído por ellas. «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3).
17. ¿Vivo en un estado de continua insatisfacción, deseando siempre más de lo que tengo, sin lograr contentarme con lo que Dios me ha dado?
18. ¿Reconozco en la Providencia de Dios el fundamento de mi seguridad, o busco seguridad solo en la acumulación de bienes y recursos?
19. ¿Me esfuerzo por practicar la pobreza de espíritu: usar las cosas sin apegarme a ellas, estar dispuesto a renunciar a ellas si Dios lo pide?
20. ¿He rezado para obtener de Dios la libertad interior de los bienes de este mundo, pidiéndole que purifique mi corazón de los deseos desordenados?
21. ¿Me doy cuenta de que el desorden de mis deseos hacia los bienes materiales me aleja de Dios y de las personas, encerrándome en mí mismo?

 

Los cinco preceptos de la Iglesia
1. Participar en la Misa el domingo y las demás fiestas de precepto y permanecer libres de trabajos y actividades que pudieran impedir la santificación de dichos días.
2. Confesar los propios pecados al menos una vez al año.
3. Recibir el sacramento de la Eucaristía al menos en Pascua.
4. Abstenerse de comer carne y observar el ayuno en los días establecidos por la Iglesia.
5. Ayudar a las necesidades materiales de la Iglesia, según las propias posibilidades.