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Se difunde en todo el mundo en docenas de diferentes idiomas. Ciertamente ha cambiado de cara muchas veces, pero siempre en sintonía con el Boletín Salesiano del fundador: “el ojo (educativo) salesiano en el mundo y el ojo sobre el mundo salesiano», como le gustaba repetir al Rector Mayor don Juan Vecchi.
Comienza de lejos (1844)
Don Bosco comprendió muy pronto la importancia de la comunicación y de los correspondientes instrumentos de comunicación social, a pesar de que en aquella época sólo existía la prensa. Apenas concluidos sus estudios (1844) imprimió Cenni storici sulla vita del chierico Luigi Comollo. Al año siguiente, mientras estaba al servicio de la marquesa Barolo, publicó Il divoto dell’Angelo Custode y la voluminosa Storia Ecclesiastica. En 1846, publicó otros tres folletos devocionales. En 1847, fue el turno de la Storia sacra per uso delle scuole e Il Giovane provveduto… , este último un texto con más de cien ediciones/reimpresiones en vida del autor. Con la promulgación de la libertad de prensa en 1848 Don Bosco se preocupó por los jóvenes, para ellos ideó rápidamente el periódico trisemanal L’Amico della Gioventù. Pronto tuvo que cerrar la experiencia, pero no se desanimó.
En 1851 publicó el folleto La chiesa cattolica-apostolica-romana y, dada la acogida tan favorable, puso en marcha su iniciativa editorial de más éxito: Letture Cattoliche, que alcanzaría los diez millones de ejemplares en el momento de su muerte (¡en una Italia de 30 millones de semianalfabetos!). A la docena de fascículos que llevaban su nombre, añadió en 1855 la muy exitosa Storia d’Italia raccontata alla gioventù), con veinte ediciones en vida. En el quinquenio 1856-1860 fue el turno de una veintena de títulos más. Como obra independiente, en 1856 comercializó La chiave del Paradiso in mano al cattolico (un auténtico bestseller de 800.000 ejemplares con 44 ediciones en vida).
La imprenta de Valdocco (1862)
En diciembre de 1861 Don Bosco obtuvo permiso para abrir su propia Imprenta. Inmediatamente se empeñó en el ámbito escolar dados los nuevos programas creados tras la unificación de Italia: publicó cuatro series de autores seleccionados latinos, griegos, cristianos, además de la Biblioteca de la Juventud Italiana. Cuatro diccionarios de italiano, latín y griego, así como gramáticas, textos escolares, subsidios. En 1876 DB fundó una “sucursal” en Génova Sampierdarena y en agosto de 1877 inició el Boletín Salesiano o Bibliófilo católico (o Boletín Salesiano Mensual) durante los primeros cuatro meses.
Los tímidos inicios del Boletín Salesiano (1876-1877)
La idea de proceder en 1877 a la publicación de un Boletín informativo para todos aquellos que se interesaban de diversas maneras por la Obra Salesiana podría haber sido sugerida a Don Bosco por la presencia en el mercado de publicaciones similares de otras Órdenes religiosas. Si estas publicaciones se enviaban a los Terciarios, miembros y amigos de cada una de las Familias religiosas, Don Bosco bien pudo hacer lo mismo con sus Cooperadores que en aquellos mismos años se estaban arraigando formalmente como Asociación.
El Reglamento de la Asociación prescribía: “Cada mes un boletín [o] folleto impreso dará cuenta a los socios de las cosas propuestas, hechas o por hacer”. El texto se modificó posteriormente para que dijera: “Cada tres meses y con mayor frecuencia mediante un boletín o folleto impreso (…)”. En realidad, pronto fue mensual.
En febrero de 1877 Don Bosco comunicó a sus colaboradores la decisión de imprimir un Boletín periódico “como periódico de la Congregación, porque hay muchas cosas que comunicar a los citados Cooperadores”. En el verano discutió los problemas concretos del proyecto con Don Barberis y a la objeción sobre el pasivo que resultaría de enviarlo gratis, señaló que los lectores, sabiendo que era gratis, darían más de la eventual suma solicitada, sin contar las donaciones posteriores.
En septiembre/diciembre de 1877 el Boletín Salesiano comenzó a publicarse con el nombre de Bibliofilo cattolico o Bollettino Salesiano mensuale. Il Bibliofilo cattolico era un catálogo cuyo objetivo era dar a conocer las ediciones salesianas y otras publicaciones útiles a la juventud y al clero. En agosto de 1877 sufrió una transformación radical. Llevaba la indicación tipográfica de Sampierdarena para evitar el riesgo de que la curia de Turín le negara el imprimatur. Tenía 12 páginas y los siguientes títulos: Los Cooperadores Salesianos, De los Cooperadores, Cartas de los Misioneros salesianos en la América Meridional, Diversos temas, Primeros ensayos di algunos Cooperadores, Indulgencias especiales en el mes de agosto; seguidas y concluidas por tres densas páginas de un catálogo bibliográfico.
Hubo dos ediciones en septiembre. La primera con la dirección de Turín, la segunda con la de Génova. En noviembre, Don Bonetti asumió el cargo de redactor-director. A partir de enero de 1878 se utilizó exclusivamente la cabecera Boletín Salesiano. Las páginas variaron de 8 a 20 hasta 1881. A partir de 1882 se inició la numeración continua hasta llegar a 204 páginas en 1882-1883 y 158 páginas en 1888.
El objetivo
En el primer número de septiembre de 1877 Don Bosco indicaba a los Cooperadores Salesianos que el Boletín Salesiano les habría dado “precisión de las cosas hechas o por hacer para alcanzar el fin que nos hemos propuesto” es decir “la gloria de Dios, el bien de la Sociedad Civil”. Concretamente, pretendía que la publicación periódica fuera el medio normal de mantener la identidad de pensamiento y de acción entre los Cooperadores y los Salesianos, de promover la buena prensa, de oponerse al proselitismo protestante, a la corrupción de las costumbres y a la prensa irreligiosa e inmoral, en detrimento sobre todo de los jóvenes, y sobre todo de hacer el bien a los lectores y a sus familias.
En los primeros números del “Boletín Salesiano” (1877…) se privilegiaron los episodios interesantes episodios de la historia del Oratorio de San Francisco de Sales y la carta de enero de Don Bosco a los Cooperadores, en la que describía las obras realizadas el año anterior y previstas para el año en curso. Se dedicó un amplio espacio a las “cartas americanas” de los misioneros, con apetitosos informes sobre situaciones, costumbres y tradiciones de vastas zonas de América Latina totalmente desconocidas para los lectores.
¿Por qué diferente de los demás?
Don Bosco escribió el 28 de noviembre de 1885 a Don Emanuele Morossi, que le había enviado una donación por sus obras: “En cuanto al envío del Boletín Salesiano, Su Señoría y el Señor Párroco me permitirán continuarlo. No se moleste por el pago, porque no se trata de un periódico como los demás, ni se hace con ánimo de lucro [ganancia]… No lo rechacen, ni se lo suplico a ninguno de ustedes y crean que haciéndolo leer por el mayor número posible están haciendo una obra de gran caridad, sin tener que pensar en ninguna donación para enviar en años venideros, siempre que puedan hacerlo sin graves inconvenientes”.
En Italia, pero en todo el mundo, se publicaban Boletines de todo tipo, pero el de Don Bosco quería diferenciarse de los demás: por su contenido “original”, “único”, “salesiano”, “misionero”, que acabamos de mencionar, por su estilo sencillo, comprensible al alcance de todas las personas, porque se enviaba gratuitamente “a quien lo quería y a quien no lo quería”. Con ocasión del tercer Capítulo General de los Salesianos (1883) afirmó: “No nos importa recibir 10 liras más o menos, sino alcanzar la mayor gloria de Dios. Si los gobiernos no nos ponen escollo, el Boletín se convertirá en un poder, no para sí mismo, sino para el pueblo que reunirá”.
Según la intuición de Don Bosco, el Boletín Salesiano no es una simple crónica de sucesos, sino que divulga el espíritu de la Congregación, a través de la narración de hechos y obras, más que mediante la difusión de ideas especulativas. Ofrece una lectura de la realidad contemporánea desde un punto de vista salesiano y acoge las provocaciones del mundo juvenil y de la Iglesia con vistas a un proyecto educativo y pastoral más global.
“El Boletín Salesiano tenía como objetivo mantener entre los miembros de la pía unión la mayor identidad posible de pensamiento y armonía de acción para la consecución del fin común” (Memorias Biográficas XIII, 603).
El director
Al principio Don Bosco se ocupó personalmente de darle la dirección que pretendía; después se la confió a uno de sus estrechos colaboradores, a Don Juan Bonetti. Este último, excelente escritor, pero también polemista nato, se permitía a veces demasiadas licencias, ampliando ciertas noticias y acabando por herir ciertas sensibilidades civiles y eclesiásticas. Don Bosco le llamó a una mayor serenidad: prefería limitarse a dar a conocer las obras salesianas en un tono sencillo, antes que entrar en polémicas impresas. El primer sucesor vivo de Don Bosco, Don Juan Bautista Lemoyne, el conocido escritor de las monumentales Memorias biográficas de Don Bosco, colaboró con él.
Otras lenguas
La presencia de obras salesianas en Francia desde 1875 y también la necesidad de llegar a un número cada vez mayor de bienhechores acomodados en Europa, presumiblemente capaces de leer en francés (belgas, polacos…), llevaron a Don Bosco a publicar una edición del Boletín en esas lenguas. El Bulletin salésien francés comenzó a publicarse en Génova-Sampierdarena en abril de 1879. Mientras Don Bosco vivía se publicaron también dos ediciones en español: la primera en Argentina y la segunda para España, pero editada en Turín. El Boletín Salesiano llegó a los hogares de ricos y pobres, nobles y ciudadanos de a pie, autoridades civiles y religiosas, eruditos y gente sencilla, católicos o no, en Italia y en el extranjero. Don Bosco no dudó en hacer encuadernar algunos números y regalarlos a la familia imperial de Viena y a otras casas reinantes. Con una tirada que pasó rápidamente de algunos miles a decenas de miles de ejemplares a la muerte de Don Bosco, el Boletín Salesiano, a falta de medios modernos de comunicación social (radio, TV, redes…) contribuyó en gran medida a la “fortuna” de la Familia Salesiana: en términos de vocaciones de Salesianas e Hijas de María Auxiliadora, de obras salesianas y, por qué no, de apoyo económico.
Siempre únicos
En tantos años de vida, el Boletín Salesiano, concebido y realizado con enorme éxito por Don Bosco, ha pasado del blanco y negro al color, ha actualizado continuamente su gráfica, ha diversificado sus columnas, ha multiplicado su tirada y está en on line. Hoy se imprime en 63 ediciones, en 31 diferentes idiomas y llega a más de 134 naciones. Cada una es diferente, cada una tiene sus propias necesidades y lectores, pero cada una quiere ser fiel a la inspiración original y originaria de Don Bosco. Esto, que usted está leyendo, es accesible para todos los países; traducido, lleva cada mes la palabra del Rector Mayor a todas las partes del mundo.

