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La relación del pequeño Juan con sus dos hermanos fue muy diferente. Antonio, el hermanastro problemático, que se quedó huérfano a los nueve años, se mostró hostil a los estudios de Juan y agobiado por el trabajo del campo. A pesar de las tensiones, Don Bosco lo perdonó y ayudó a sus hijos tras su prematura muerte en 1849. En cambio, José, su querido hermano, fue un gran apoyo: le cedió su herencia a Juan, llevaba provisiones al Oratorio y participaba activamente en la vida salesiana. Hombre generoso y religioso, construyó en I Becchi una casa con una capilla que se convirtió en un centro de devoción. Murió en brazos de Don Bosco en 1862.
Porque vivió intensamente lo que significa «familia»
Antonio Bosco. El hermanastro
Francesco Bosco se casó, el 16 de junio de 1811, con Margherita Occhiena de Capriglio, con quien tuvo otros dos hijos (Giuseppe y Giovanni). Francesco murió el 11 de mayo de 1817. Antonio se encontró así, a los nueve años, huérfano de padre y madre.
Al crecer, se mostró más difícil. Se le describe como desobediente e irrespetuoso con su madrastra, a pesar de la dulzura y la atención que ella le prestaba. Más tarde, lo vemos obstinado y contrario a que Giovanni fuera a la escuela. Además, los dos tenían un carácter incompatible que hacía tensas sus relaciones. Parece que después de la muerte de la abuela paterna, Margsrita Zucca († 1826), Antonio, con dieciocho años, se volvió aún más hosco. Por otro lado, era él quien llevaba la mayor parte del trabajo agrícola. La preocupación de que el conflicto en casa pudiera volverse más serio y peligroso convenció finalmente a Margarita de la conveniencia de enviar a Giovanni a trabajar como mozo en una granja cercana.
Antonio firma con su nombre el certificado de nacimiento de su último hijo (como se requería a partir de 1842), por lo que no era completamente analfabeto. Su hermano Giuseppe, por el contrario, siempre firmó con una cruz y con la asistencia de dos testigos. La imagen que podríamos hacernos al leer las Memorias de un Antonio tosco e ignorante debería, por tanto, ser revisada.
Tras la división de la propiedad familiar, el 22 de marzo de 1831, Antonio se casó con Anna Rosso de Castelnuovo, con quien tuvo siete hijos. Son los sobrinos de Don Bosco por parte del hermanastro. No sabemos de qué manera Antonio podía mantener a su familia con las pequeñas parcelas de tierra que había heredado; probablemente también trabajó como jornalero. En cualquier caso, la familia debió de vivir con grandes apuros económicos.
Poco a poco, los descendientes de Antonio y de Giuseppe abandonaron I Becchi y se trasladaron a otros lugares. Entre 1891 y 1926, sus propiedades en I Becchi fueron donadas o vendidas a los Salesianos. Sus partes de la casita fueron donadas en 1919 (por los herederos de Antonio) y en 1926 (por los herederos de Giuseppe). Desde 1929, el centro histórico, que engloba la casita, la casa del hermano Giuseppe y la casa Cavallo-Graglia, y gran parte de la colina, incluida la propiedad Biglione, pasó a manos de los Salesianos. El Rector Mayor, don Filippo Rinaldi, proyectaba transformar toda la colina en un santuario con vistas a la beatificación de Don Bosco (1929).
La pequeña casa construida por Antonio frente a la casita fue demolida en 1915 para dar paso al santuario de María Auxiliadora, erigido entre 1915 y 1918 para conmemorar tanto el centenario del nacimiento de Don Bosco como la institución de la fiesta de María Auxiliadora. Se podría pensar que los dos hermanastros nunca más retomaron el contacto después de 1831. Esto no se corresponde con la realidad. Es más plausible que con el tiempo se reconciliaran de alguna manera.
Antonio iba con bastante frecuencia al Oratorio para visitar a Mamá Margarita y a don Giovanni. Antonio murió casi de repente, el 18 de enero de 1849, a los 41 años, tras unos días de un malestar que no parecía peligroso.
Don Bosco, que estaba a punto de partir hacia I Becchi, recibió la funesta noticia de su hermano Giuseppe. Él, que no había dejado pasar ocasión para demostrar su afecto sincero hacia su contradictor Antonio, una vez que este murió, se hizo cargo solícito de sus hijos. A uno, de nombre Francesco, lo acogió luego en el Oratorio, lo hizo practicar el oficio de carpintero y formó de él un buen cristiano. El otro, que se quedó en I Becchi, recibió de Don Bosco ayudas en casos de necesidad.
Así se vengan los santos.
Don Bosco afirmó haber soñado con Antonio entre 1831 y 1832 y de nuevo en 1876. De estos pasajes se deduce que no guardaba rencor hacia su hermanastro. Desafortunadamente, Antonio es recordado negativamente en la tradición biográfica salesiana, aunque en cierto punto en las Memorias biográficas Lemoyne teje un «elogio» de él.
Giuseppe Bosco. El hermano amado
Aparece como un niño tímido, amable, a veces testarudo. «Giuseppe, de un carácter dulce y tranquilo, todo bondad, paciencia y prudencia, seguía con gusto la condición paterna; pero tenía un ingenio sutil para sacar provecho de todo, incluso de aquello que podía parecer poco útil: de modo que habría llegado a ser un experto comerciante, si no hubiera amado la vida pacífica del campo». Lo encontramos junto a Giovanni en el episodio de la venta del pavo. Los dos hermanos se querían mucho.
Giuseppe, por muy grandes que fueran a veces sus apuros, nunca pidió nada a Giovanni, quien, sin embargo, le estaba muy agradecido. Para permitirle estudiar con don Calosso, Giuseppe le prometió que lo sustituiría en el trabajo de la granja. Cuando se dividió la propiedad familiar, decidió quedarse con Giovanni y Mamá Margarita. En los años en que Giovanni asistía a la escuela de Chieri o estaba en el seminario, él acompañaba a su madre en las visitas a su hermano. Cedió a Giovanni su parte de la herencia para que pudiera demostrar en la Curia que poseía el patrimonio necesario para entrar en las órdenes mayores.
Don Bosco tenía en su hermano mayor una total y afectuosa confianza, le hacía partícipe tanto de sus alegrías como de sus penas, y formaba con él un solo corazón y una sola alma. Giuseppe venía varias veces al año a Turín para quedarse en el Oratorio, más o menos tiempo según le era posible. Su fin era disfrutar de unas horas en compañía de Giovanni y de Mamá Margarita, que era felicísima de ver a su primogénito. Tenía buenos motivos la buena madre para enorgullecerse de este hijo. Era profundamente religioso, solícito y afectuoso padre de familia, de corazón generoso y caritativo y, aunque tenía numerosos hijos, sentía como suyos a los jóvenes del Oratorio.
No contento con enviar cada año de su propia cosecha provisiones de comestibles, en tiempo de recolección, iba en busca de ayudas entre parientes y amigos, y sabía convencerlos tan bien que lograba cargar varios carros de nueces, trigo, patatas, uvas y mandarlos al Oratorio.
Un día, dirigiéndose al mercado de Moncalieri para comprar dos terneros, pasó por Valdocco para visitar a su hermano. Pero vista la penuria en la que se encontraba el Oratorio, que precisamente ese día debía hacer frente a deudas pesadísimas, sacó la cartera y le dijo a Don Bosco: «He venido para gastar 300 liras en la feria de Moncalieri, pero veo que tu necesidad es mucho más urgente que la mía. Por eso, de todo corazón te cedo este dinero». Don Bosco tenía lágrimas en los ojos: «¿Y tú?»
«Esperaré a otra ocasión».
«¿Pero no sería mejor que me los dieras solo en préstamo? Te los devolveré en cuanto pueda».
«¿Cuándo vas a encontrar ese dinero, Gioanin? Siempre estás lleno de deudas. ¡No, no! Te los doy y punto».
Cuando aparecía en el Oratorio, todos los jóvenes iban a su encuentro con afecto y confianza como a un padre. Lo llamaban «tío Giuseppe». En sus facciones se parecía mucho a Don Bosco y de estatura era más o menos igual. Su aspecto manifestaba la bondad de su gran corazón. Don Bosco lo presentaba siempre con orgullo incluso a los personajes más distinguidos. Lo invitaba a menudo a dar las «buenas noches» a los jóvenes desde la cátedra que solía usar él. Giuseppe, siendo un simple campesino, oponía un poco de resistencia pero luego aceptaba, y en dialecto piamontés, era escuchado con inmenso placer.
El 18 de marzo de 1833, Giuseppe se casó con Maria Calosso (1813-1874). Tuvieron diez hijos; de los varones, solo dos alcanzaron la mayoría de edad: Francesco fue el único que continuó el apellido Bosco, Luigi nunca se casó y le dio bastantes disgustos a Don Bosco por su modo de vida no precisamente ejemplar.
En 1839, Giuseppe regresó a I Becchi, donde con sus propios ahorros y con préstamos se construyó una hermosa casa frente a la vieja casita.
Durante la fase germinal del Oratorio (1844-1846), Don Bosco regresaba de vez en cuando a I Becchi para descansar. En el verano-otoño de 1846, para recuperarse de la grave enfermedad que lo había llevado al borde de la muerte, pasó más de tres meses en familia. En la casa de Giuseppe siempre hubo a su disposición una habitación, en el extremo oeste del segundo piso, junto a los dormitorios de la familia.
En 1848 se abrió una puerta en la parte oeste de la casa y una de las habitaciones, con el beneplácito del Vicario General de Turín, fue destinada a capilla, bendecida el 12 de octubre por don Pietro Antonio Cinzano, párroco de Castelnuovo. Dedicada a la Virgen del Santo Rosario, la capilla fue el primer «santuario» en la historia de I Becchi y se convirtió en centro devocional del pueblo y meta de peregrinación para los chicos del Oratorio. Aquí Michele Rua recibió la sotana en 1852 y dos años después Domenico Savio se encontró por primera vez con Don Bosco.
En 1848, para la bendición de la capilla, Don Bosco había traído consigo desde Turín a dieciséis muchachos. El viaje es considerado como el primero de los «paseos de otoño» que se sucedieron cada año hasta 1864.
Giuseppe era un excelente «asistente». Vigilaba a los jóvenes para que no se desbandaran por los campos y viñedos ajenos. Era obedecido; pero no faltó alguna rara infracción a sus órdenes. Una mañana de domingo vio a un muchachito en el patio, y sin más lo regañó por haber ido a los viñedos. El chico lo negaba, pero él, con su sonrisa pícara, replicó: «¿No te das cuenta de que llevas contigo al soplón? ¿No ves la hierba que se ha quedado pegada a tus pantalones?»
Giuseppe estuvo junto al lecho de Mamá Margarita el 26 de noviembre de 1856. Escuchó sus últimas palabras y sus consejos y, tras su fallecimiento, informó a Don Bosco, que había salido de la habitación a petición de la propia madre. Poco después de la muerte de su madre, también Giuseppe enfermó de pulmonía durante una visita al Oratorio. Don Bosco rezó a la Virgen por su curación y Giuseppe se restableció y pudo regresar a I Becchi.
Lemoyne cuenta que Giuseppe tuvo una premonición de su propia muerte cuando fue al Oratorio para confesarse y hablar con Don Bosco sobre «cierto problema». Al regresar a casa, arregló sus cosas como si estuviera seguro de su inminente muerte, aunque se sentía en perfecta forma. Una semana más tarde enfermó. Don Bosco corrió a su lado. Al día siguiente, el 12 de diciembre de 1862, Giuseppe murió en los brazos de su hermano.
don Arthur J. LENTI, sdb – Don Bosco historia y espíritu, volumen 1, pág. 179

