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En 2026, la comunidad salesiana de Vallecrosia celebra un hito significativo: 150 años de presencia educativa y pastoral en el corazón del Ponente ligur. Un aniversario que no es solo una ocasión para recordar, sino también para reflexionar sobre el valor de una historia capaz de atravesar generaciones, cambios sociales y transformaciones culturales sin perder su propia identidad. Desde sus orígenes, ligados directamente a la intuición educativa de Don Bosco, hasta los desafíos del presente, la obra salesiana ha representado para muchos jóvenes y familias un punto de referencia estable. Recorrer este camino significa descubrir cómo una comunidad educativa, arraigada en el territorio y animada por el espíritu salesiano, ha continuado a lo largo del tiempo poniendo a los jóvenes en el centro, mirando con confianza al futuro.
En 2026, la obra salesiana de Vallecrosia celebra 150 años de presencia educativa y pastoral en el Ponente ligur. Desde 1876 hasta hoy, esta realidad ha atravesado épocas muy diversas, adaptándose a los cambios de la sociedad y a las nuevas necesidades de las generaciones jóvenes.
En un siglo y medio, la obra ha cambiado de rostros y actividades, ha renovado estructuras y proyectos educativos, pero nunca ha perdido el corazón de su misión: poner a los jóvenes en el centro, acompañándolos en su crecimiento humano y espiritual y defendiendo su dignidad. Generaciones de chicos, familias y educadores han encontrado en esta casa salesiana un punto de referencia estable, capaz de evolucionar sin perder su propia identidad.
Esta continuidad representa uno de los aspectos más significativos de la presencia salesiana en Vallecrosia: una historia que nunca se ha interrumpido y que continúa todavía hoy con el mismo espíritu que animaba a Juan Bosco, el fundador de los Salesianos.
Los orígenes: Don Bosco y el Santuario de María Auxiliadora
La presencia salesiana en el territorio del extremo Ponente ligur nace en los últimos años de la vida de Don Bosco. En 1876 toma forma la obra de Vallecrosia, destinada a convertirse en un centro educativo y espiritual de gran importancia para la zona comprendida entre Ventimiglia y Sanremo.
Desde el principio, la misión de los salesianos se entrelaza con la de las Hijas de María Auxiliadora, ya presentes en el territorio. La colaboración entre las dos congregaciones dio origen a una presencia educativa complementaria: la de los salesianos para los chicos y la de las religiosas para las chicas.
Esta doble presencia, masculina y femenina, contribuyó a crear una amplia red educativa, capaz de acompañar a generaciones enteras en su camino de crecimiento.
En el centro de esta realidad se encuentra el Santuario de María Auxiliadora. Desde sus orígenes, el santuario se convirtió en el corazón espiritual de la comunidad: un lugar donde la fe se entrelazaba con el compromiso educativo y social. Aún hoy representa un espacio de encuentro entre la dimensión religiosa y la vida cotidiana del territorio.
Una obra que crece con el territorio
A lo largo de las décadas, la obra salesiana se ha desarrollado ampliando sus actividades educativas y pastorales.
En torno a la presencia de los salesianos han nacido diversas realidades que han marcado la vida de la comunidad local: la parroquia, el oratorio, las actividades escolares, las iniciativas deportivas y culturales. En tiempos más recientes, también se ha consolidado la experiencia de la formación profesional a través del CNOS-FAP, que ofrece a los jóvenes oportunidades concretas de preparación para el mundo laboral.
Estas iniciativas han permitido a la obra responder a las transformaciones de la sociedad sin perder su identidad educativa.
El patio del oratorio, en particular, ha permanecido a lo largo del tiempo como uno de los símbolos más vivos del espíritu salesiano: un lugar de encuentro, de amistad y de crecimiento, donde el juego y el deporte se convierten en ocasiones para educar en la responsabilidad y la solidaridad.
Muchos antiguos alumnos recuerdan aquellos años como una experiencia determinante para su vida. No es raro que cuenten que fue precisamente entre los muros del oratorio donde aprendieron valores como el respeto a los demás, el sentido del deber y el compromiso con la comunidad.
Un libro para contar ciento cincuenta años de historia
Con motivo del 150º aniversario, se ha publicado un volumen titulado «Don Bosco en Vallecrosia: ayer, hoy y mañana».
El libro, realizado por la dirección del Instituto Salesiano junto con el comité organizador de las celebraciones, representa una auténtica reconstrucción histórica de la presencia salesiana en el territorio. A través de documentos, cartas, fotografías de época y testimonios personales, el volumen recorre la vida de la parroquia, de la escuela, del oratorio, de las actividades deportivas y de las iniciativas socioculturales que han caracterizado estos ciento cincuenta años.
El editor, Roberto Capaccio, antiguo alumno salesiano, ha explicado el espíritu de la iniciativa: recoger las voces y las experiencias de quienes han vivido esta historia para mostrar cuán profundamente ha influido la obra salesiana en la vida del extremo Ponente ligur.
Según Capaccio, el objetivo del libro es testimoniar cómo los salesianos y las Hijas de María Auxiliadora han difundido en el territorio el espíritu educativo de Don Bosco, contribuyendo a formar generaciones de jóvenes capaces de asumir responsabilidades en la sociedad y de trabajar por el bien común.
La realización del volumen ha requerido un año de trabajo, involucrando a un grupo de redacción formado por salesianos, antiguos alumnos y estudiosos de la historia local. El resultado es un mosaico de memorias y documentos que devuelve el rostro de una comunidad educativa arraigada en el territorio.
El epílogo del libro está firmado por Fabio Attard, undécimo sucesor de Don Bosco al frente de los Salesianos de Don Bosco.
Presente en las celebraciones, Don Attard subrayó en su intervención el profundo significado de la memoria histórica. Recordar el pasado, observó, no significa refugiarse en la nostalgia. Al contrario, la memoria debe convertirse en un impulso hacia el futuro y una llamada a la responsabilidad.
La historia de la obra de Vallecrosia demuestra cómo, a lo largo del tiempo, la comunidad salesiana ha sabido interpretar los desafíos de los diferentes periodos históricos sin perder de vista el objetivo principal: poner a los jóvenes en el centro de su acción educativa.
Este, afirmó Don Attard, es el hilo conductor que atraviesa ciento cincuenta años de presencia salesiana en el territorio.
Un don para la Iglesia y para la sociedad
También el obispo de la diócesis de Ventimiglia-Sanremo, monseñor Antonio Suetta, ha querido subrayar el valor de este aniversario.
Según el prelado, estos ciento cincuenta años representan un patrimonio de dones incalculables para la Iglesia y para la sociedad. Solo el tiempo, explicó, puede revelar plenamente cuánto bien ha producido la semilla plantada por Don Bosco en el corazón de las personas y en la vida de las comunidades.
Sus palabras encuentran confirmación en las muchas historias personales ligadas a la obra salesiana. Cada vez que un antiguo alumno cuenta lo que significó para él el oratorio, o cuando un joven en dificultades encuentra en el centro de formación profesional una nueva oportunidad, emerge la profundidad de este patrimonio educativo.
Una historia que continúa
Ciento cincuenta años de historia no representan una meta definitiva, sino más bien una nueva etapa del camino.
En su intervención final durante las celebraciones, Don Fabio Attard invitó a la comunidad salesiana y a la sociedad civil a mirar al futuro con confianza.
La tarea de las obras educativas, recordó, es escuchar las preguntas y las inquietudes de los jóvenes de hoy, acompañándolos en la construcción de un mañana más justo y humano. Cada chico debe poder encontrar un ambiente donde la esperanza pueda germinar, donde la persona sea siempre respetada y donde los más frágiles no sean considerados un problema, sino protagonistas con talentos por descubrir y desarrollar.
Este es el espíritu que continúa animando la obra salesiana de Vallecrosia.
Después de 150 años de actividad, la casa salesiana de Vallecrosia sigue siendo una presencia viva en el territorio. Su historia no pertenece solo al pasado, sino que continúa escribiéndose cada día a través del trabajo de los educadores, el compromiso de los voluntarios y el entusiasmo de los jóvenes.
La memoria de lo que fue se convierte así en un recurso para afrontar el futuro.
Como ocurría en tiempos de Don Bosco, también hoy el patio del oratorio, las aulas de formación profesional y los espacios de la comunidad continúan siendo lugares donde los jóvenes pueden crecer, descubrir sus capacidades y construir su proyecto de vida.
Y esta es precisamente la verdadera herencia de ciento cincuenta años de presencia salesiana en Vallecrosia: una comunidad que —fundada en los valores cristianos— continúa educando con fruto.

