12 Abr 2026, Dom

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Después de la Primera Guerra Mundial, en tiempos de gran hambruna, el profesor Breitenbach, un famoso médico, enfermó gravemente. Junto con la enfermedad llegó un estado general de agotamiento. Los médicos que lo atendían murmuraban sobre una dieta nutritiva y luego, desconsolados, se encogían de hombros. En aquellos días críticos, un conocido le había enviado media hogaza de pan.
El profesor estaba tan encantado con el regalo recibido que ni siquiera pudo comérselo. Sabía que su vecino, un maestro de escuela, tenía una hija enferma que padecía hambre. Así que dijo: “¿Qué hago con ella? Ya soy un anciano. Será mucho más útil para esa joven”. Y envió a la institutriz a llevar ese trozo de pan a la hija del maestro.
El maestro tampoco quiso quedarse con el pan, sino que decidió dárselo a una anciana viuda que había encontrado refugio en un desván de una zona pobre de la ciudad. El extraño viaje del pan estaba destinado a no tener fin. La anciana se lo llevó a su hija, que con sus dos hijos se había refugiado en un sótano no lejos de allí.
A su vez, la mujer se acordó del viejo médico enfermo, que vivía a un par de casas de distancia. Recordó que poco antes había atendido a uno de sus hijos, gravemente enfermo, sin exigirle nada a cambio. Se puso la media barra de pan bajo el brazo y se dirigió a casa del médico.
“Así fue como lo recuperamos”, relató el ama de llaves. Una vez que tuvo el pan en la mano y supo de su peregrinación, el profesor se sintió profundamente conmovido y dijo: “Mientras haya tanto amor entre nosotros, no le temo a nada”.
No comió el pan, pero dijo: “Debemos guardarlo y cada vez que actuemos con mezquindad, lo tomaremos y lo miraremos”.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Puedes comprar medicinas, no salud. Puedes comprar cosas, no una familia. Puedes comprar unión, pero no amor. Un libro, pero no inteligencia. Un crucifijo, pero no la fe. El lujo, pero no la belleza. Una habitación hermosa, pero no el sueño. Una tumba lujosa, pero no el cielo.

Editor BSOL

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