Tiempo de lectura: 6 min.
Del 15 al 18 de enero de 2026, Valdocco acogió las XLIV Jornadas de Espiritualidad de la Familia Salesiana, reuniendo a múltiples grupos que comparten el carisma de Don Bosco. El tema «Haced lo que él os diga. Creyentes, libres para servir», extraído del Aguinaldo 2026 del nuevo Rector Mayor, don Fabio Attard, guio un camino de escucha, oración y comunión. Estas Jornadas representan mucho más que una cita anual: son el corazón palpitante de una familia carismática que vuelve a sus orígenes para recentrar su misión educativa.
Valdocco, mediados de enero de 2026. Turín tiene ese aire límpido y cortante del invierno, pero dentro del «corazón» salesiano se respira otra cosa: una familiaridad que viene de lejos y que, puntualmente, se reaviva cuando la Familia Salesiana vuelve a reunirse en torno a Don Bosco. Del 15 al 18 de enero de 2026, las XLIV Jornadas de Espiritualidad de la Familia Salesiana congregaron en Valdocco a unos 350 participantes, procedentes de distintos países y pertenecientes a los múltiples grupos que comparten la misma fuente carismática.
El lema que acompañó estos días —«Haced lo que él os diga. Creyentes, libres para servir»— no sonó como un eslogan de congreso, sino como una palabra entregada a la vida. Es el Aguinaldo 2026 del Rector Mayor, don Fabio Attard, y ya el hecho de que las Jornadas de 2026 fueran la primera edición acompañada por él dio al encuentro un color especial: como una familia que, en el paso del testigo, renueva la confianza y relee su propia misión a la luz del Evangelio.
Un eco que viene de Caná y llega a Valdocco
«Haced lo que él os diga»: la frase de María en Caná (Jn 2,5) trae consigo una imagen concreta —la fiesta, la falta de vino, el riesgo del bochorno, la intervención discreta y decisiva— y, sobre todo, un método espiritual: escuchar a Jesús y actuar. En el comentario al Aguinaldo 2026, esta palabra se presenta como una invitación a una escucha real, capaz de atravesar las crisis y transformarse en servicio.
En Valdocco, ese eco evangélico encontró un escenario casi «salesiano» en sentido pleno: la apertura en el Teatro Grande, los rostros y las lenguas diferentes, la alegría no impostada, sino espontánea. El tema fue incluso representado con gestos y símbolos —una coreografía preparada por los estudiantes de Valdocco—, como para decir que la espiritualidad, para Don Bosco, nunca permanece desencarnada: toma cuerpo, educa, involucra.
Entre los presentes destacaban figuras que, por sí solas, expresan la amplitud de la comunión: madre Chiara Cazzuola (Superiora general de las Hijas de María Auxiliadora), sor Leslie Sándigo (Consejera general para la Familia Salesiana) y otros responsables y delegados de los diversos grupos. Pero la clave no era la «representación», sino la experiencia de un cuerpo vivo, que se reconoce como familia cuando reza, escucha y discierne en común.
«Jornadas de familia y comunión»: no un evento, sino un modo de ser Iglesia
En un mensaje compartido para la ocasión, don Joan Lluís Playà —Delegado central del Rector Mayor para la Familia Salesiana— definió estas Jornadas como «días de familia y comunión», hechos de profundización, puesta en común, oración y disponibilidad al encuentro, con el estilo de María en Caná: poner en juego la fe para abrir caminos. Es una expresión que ayuda a entender por qué, después de más de cuarenta años, las Jornadas no han perdido vigor: no «añaden» algo a la misión, sino que la recentran.
El programa de 2026, por lo demás, lo mostraba con claridad: lectio divina, diálogo y puesta en común entre grupos, presentación y profundización del Aguinaldo, celebraciones y momentos de fraternidad. Incluso algunas propuestas «a elegir» de la tarde del 16 de enero —visitas a exposiciones y lugares, o escucha de testimonios— tenían la forma de una peregrinación cultural y espiritual: desde la memoria de las figuras de santidad (como María Troncatti) hasta las raíces del carisma en la Casa Museo Don Bosco, pasando por el relato de jóvenes cuya fe se ha medido con la prueba.
Y dentro de este conjunto, un apunte significativo: una atención especial a los jóvenes, laicos y Salesianos Cooperadores, en el contexto del 150.º aniversario de su fundación. Es un detalle que vale más que una nota conmemorativa: indica una dirección. La Familia Salesiana se reconoce cada vez más como un sujeto eclesial en el que las vocaciones se apoyan mutuamente y en el que la misión educativa es verdaderamente compartida.
¿Por qué precisamente Valdocco? ¿Por qué precisamente enero?
Las Jornadas de 2026 confirmaron lo que los textos de base ya ponen de relieve: Valdocco no es simplemente un «lugar cómodo», sino un símbolo fundacional. Aquí Don Bosco inició su obra; aquí el carisma vuelve a casa para reencontrar, cada año, su gramática esencial: acogida, educación, Evangelio, María, jóvenes.
Y enero, con la memoria de Don Bosco a las puertas, tiene la fuerza de un tiempo litúrgico «familiar»: no se parte de una agenda de tareas, sino de una memoria que habitar. Es como si la Familia Salesiana se dijera a sí misma: antes de correr, parémonos a mirar la fuente; antes de planificar, escuchemos la Palabra; antes de multiplicar actividades, reencontremos la unidad interior.
Una larga historia: el eco de 2026 hace resonar los orígenes
Releyendo las Jornadas de 2026, se comprende mejor también su genealogía. La Familia Salesiana, especialmente en el postconcilio, ha madurado progresivamente la conciencia de ser una realidad plural pero unida por un único carisma; y fue precisamente durante el rectorado de don Egidio Viganò cuando la idea de un encuentro anual de espiritualidad común se consolidó hasta convertirse en una referencia estable.
Desde 1986 —cuando comenzaron— hasta 2026, ha quedado clarísimo que la Familia Salesiana no es una federación organizativa, sino una comunión carismática.
Es aquí donde se inserta el vínculo estructural con el Aguinaldo: el Aguinaldo orienta; las Jornadas ayudan a interiorizar, a dar carne espiritual a lo que podría quedarse en un programa. Los textos lo dicen con franqueza: sin las Jornadas, el Aguinaldo correría el riesgo de ser un eslogan; sin el Aguinaldo, las Jornadas correrían el riesgo de la autorreferencialidad.
El año 2026 lo ha mostrado de un modo casi «didáctico». El tema no se quedó en un título, sino que fue un itinerario: creyentes (arraigados en Cristo), libres (no aprisionados), para servir (con concreción evangélica).
Una fe que libera: de la esperanza al servicio
En el relato de las Jornadas de 2026 reaparece una idea de fondo: de la esperanza en Jesús nace una confianza que impulsa al servicio. No es una fórmula, es un criterio que libera —de narcisismos espirituales, de rigideces, de lamentos estériles—. Si la fe no se convierte en servicio, y si el servicio no nace de la fe, entonces se transforma en un activismo que consume.
Desde esta perspectiva, tampoco los momentos de fraternidad son un «marco»: son sustancia. Porque la misión salesiana no se apoya en solistas, sino en una comunidad que, para seguir siéndolo, debe volver a hablarse, a rezar junta, a reencontrarse en el mismo Evangelio. En 2026, en torno a don Fabio Attard y los distintos responsables, Valdocco volvió a expresar visiblemente que el carisma de Don Bosco es compartible: une a consagrados y laicos, a generaciones diferentes, a historias lejanas.
El eco que queda
Cuando las luces del Teatro Grande se apagan y cada uno regresa a su tierra, el eco de las Jornadas no se mide con la nostalgia, sino con lo que cambia en lo cotidiano. Si «Haced lo que él os diga» se convierte en un estilo, entonces cambia el modo de educar, de acompañar a los jóvenes, de trabajar juntos, de estar en la Iglesia.
Quizás sea este, en el fondo, el sentido más profundo de las Jornadas de Espiritualidad: no añadir un evento al calendario, sino custodiar un centro. En enero de 2026, Valdocco recordó a la Familia Salesiana que la unidad no nace de estrategias, sino de la escucha del Señor; que la libertad cristiana no es autonomía, sino disponibilidad; y que el servicio, para ser salesiano, debe tener el rostro concreto de los jóvenes, sobre todo de los más frágiles.
Es un eco que vuelve cada año. Pero en 2026, con el nuevo paso de un Rector Mayor recién iniciado en su ministerio y con la llamada directa de María en Caná, ese eco resonó como una consigna sencilla y exigente: si quieres que el «vino» de la misión no falte, escucha a Jesús y haz lo que él te diga.

