Examen de conciencia según los deberes con Dios, con el prójimo y conmigo mismo

I. EXAMEN DE CONCIENCIA SEGÚN LOS DEBERES CON DIOS
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente” (Lc 10,27)
1. Fe y adhesión a la Iglesia
Las faltas más graves se refieren a la fe misma, fundamento de todo el camino cristiano.
1. ¿He basado mi aceptación de Dios solo en impresiones, en lo que he oído o en lecturas superficiales, sin buscar de verdad la verdad con seriedad?
2. ¿He puesto en duda las verdades fundamentales: la fe en Dios, en Jesucristo, Hijo de Dios que vino a salvarnos, en el Espíritu Santo y en el misterio de la Santísima Trinidad?
3. ¿No me he negado a aceptar el juicio de Dios, prefiriendo el mío?
4. ¿Me he adherido con firmeza a todo lo que la Iglesia enseña?
5. ¿He tenido miedo de declararme cristiano, tanto en la vida pública como en la privada?
6. ¿Me he avergonzado de mostrar mi fe?
7. ¿He evitado programas, lecturas o ambientes que pudieran poner en peligro mi fe?
8. ¿Me preocupo de verdad por instruirme en la fe, por leer la Palabra de Dios y por participar en la catequesis?
2. Ídolos en mi vida
Inmediatamente después de la fe viene el riesgo de poner algo o a alguien en el lugar de Dios.
9. ¿He puesto la riqueza o los bienes materiales por encima de Dios, preocupándome por ellos de forma excesiva?
10. ¿He practicado supersticiones, magia, espiritismo, adivinación u otras formas de ocultismo?
11. ¿He puesto mi confianza en cosas vanas más que en Dios?
12. ¿No hay «ídolos» en mi vida —familia, carrera, salud, fama, honor, mi futuro— a los que doy más espacio que a Dios?
13. ¿Me he opuesto a las inspiraciones divinas?
14. ¿Me he rebelado contra los designios de Dios, pretendiendo que Él cumpla mi voluntad?
3. Oración y diálogo con Dios
La oración es el aliento del alma: su falta o su superficialidad debilita todo lo demás.
15. ¿He rezado cada mañana y cada noche?
16. ¿Es mi oración un verdadero diálogo con Dios —con la mente y el corazón— o solo un rito mecánico y vacío?
17. En la oración, ¿sé también dar gracias, o me limito a pedir?
18. ¿He ofrecido a Dios mis fatigas, mis alegrías y mis sufrimientos de cada día?
19. ¿Recurro a Dios en los momentos de tentación?
20. ¿He intentado mantener un clima de recogimiento interior durante el día, acordándome a menudo de la presencia de Dios?
21. ¿He apartado las distracciones durante la oración?
22. ¿He hecho el examen de conciencia —tanto particular como general— cada día?
23. ¿He rezado el Rosario a diario?
24. ¿He mantenido una buena lectura espiritual o formativa?
4. Santa Misa, sacramentos y preceptos de la Iglesia
Los sacramentos son los canales ordinarios de la gracia: descuidarlos es una falta grave.
25. ¿He participado en la Misa cada domingo y en las fiestas de precepto con atención y devoción?
26. ¿He cumplido el precepto de la confesión anual y de la comunión pascual?
27. ¿Me confieso regularmente, con sincero arrepentimiento y propósito de enmienda?
28. ¿Observo un progreso real de una confesión a otra?
29. ¿Recibo la Santa Comunión a menudo, incluso a diario, si es posible? Si no lo hago, ¿es por pereza o por respeto humano?
30. ¿Me he preparado bien para la Santa Comunión y he dado gracias a Jesús después de recibirla?
31. ¿Hago visitas al Santísimo Sacramento?
32. ¿Me he comportado de manera indecorosa en la iglesia?
5. Respeto del nombre de Dios y de las cosas sagradas
33. ¿He blasfemado o pronunciado el nombre de Dios en vano?
34. ¿He jurado en falso o de manera indebida?
35. ¿He usado el nombre de Dios, de la Virgen o de los Santos de manera irreverente, irónica o despectiva?
36. ¿He tenido respeto hacia la Virgen y los Santos?
6. Vida espiritual cotidiana
Un camino espiritual sólido se construye con pequeñas fidelidades diarias.
37. ¿He comenzado el día con el pensamiento puesto en Dios, con adoración, gratitud, petición y ofrecimiento de mí mismo?
38. ¿He ofrecido a Dios todas las actividades del día?
39. ¿Me acuerdo de Dios a lo largo del día o solo cuando estoy en necesidad?
40. ¿He hecho de la voluntad de Dios la norma de mi vida, tratando de evitar incluso los pecados más pequeños?
41. ¿He cumplido mi plan de vida espiritual diario (oraciones, lectura bíblica, meditación)?
42. ¿He dedicado tiempo a la meditación matutina? ¿Qué decisiones he tomado? ¿Las he mantenido? ¿Conservo en mi corazón las inspiraciones divinas?
43. ¿Me intereso por el bienestar de los demás y por su crecimiento espiritual?
44. ¿He rezado por la unidad de la Iglesia?
7. Esperanza, confianza en la Providencia y conversión
45. ¿He perdido la esperanza o la confianza en la Providencia de Dios?
46. ¿No he pecado contando con la misericordia de Dios para luego hacer lo que quería?
47. ¿No he cedido al desánimo o a la desesperación, dando así espacio al mal en mi vida?
48. ¿Estoy realmente dispuesto a poner mi vida y mi voluntad bajo la guía de Dios?
49. ¿Cada día me comprometo concretamente a hacer mía la voluntad de Dios?
50. ¿No he perdido de vista que el progreso en la santidad es el verdadero propósito de mi vida cristiana?
8. Amor a Dios
El gran mandamiento —amar a Dios con todo el corazón— es la cumbre y la síntesis de todo.
51. ¿Amo a Dios de verdad por encima de todas las cosas: más que a la familia, la carrera, la salud, los bienes?
52. ¿Es Jesucristo realmente el Señor de mi vida, presente en mi mente y en mi corazón?
53. ¿He demostrado mi amor a Dios no solo con palabras, sino con elecciones concretas cada día?
54. ¿Acepto los sufrimientos que Dios permite sin rebelarme, poniéndolos en relación con Jesús?
55. ¿Encuentro pequeños sacrificios cotidianos para ofrecer a Dios por amor, ante todo los que la vida me ofrece?
56. ¿Es recta mi intención en las acciones o escondo motivaciones que no deberían admitirse?
57. ¿He aprendido a ser agradecido y a cultivar la gratitud, sabiendo que esta es la clave de la verdadera felicidad cristiana?
II. EXAMEN DE CONCIENCIA SEGÚN LOS DEBERES CON EL PRÓJIMO
“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.” (Jn 15,12)
1. Amor a los enemigos y perdón de las ofensas
Las faltas más graves se refieren al odio, la venganza y el rechazo del perdón.
1. ¿No guardo odio hacia alguien o deseos de venganza?
2. Si he sufrido una injuria o una ofensa, ¿estoy dispuesto a reconciliarme y a perdonar por amor a Cristo?
3. ¿No he alimentado rencores, enemistades o peleas prolongadas?
4. ¿Quiero de manera especial a mis enemigos: rezo por ellos, los perdono y estoy dispuesto a servirlos?
5. ¿He permanecido frío, amargo u hostil hacia quien me ha hecho daño en lugar de reaccionar con la mansedumbre del Cordero?
6. ¿Debo hacer las paces con alguien y todavía no lo he hecho?
2. Respeto de la vida y de la integridad física
Todo atentado contra la vida es una de las faltas más graves contra el prójimo.
7. ¿He atentado contra la vida o la integridad física de alguien? ¿He pensado en hacerlo?
8. ¿He aconsejado, procurado o ayudado a un aborto?
9. ¿He rechazado la vida recién concebida o he extinguido el don de la vida en cualquiera de sus formas?
10. ¿He provocado riñas, violencia o agresiones físicas?
3. Escándalo e instigación al pecado
Llevar a otros al pecado es una grave responsabilidad ante Dios.
11. ¿He sido causa de pecado para alguien con mis palabras, acciones o ejemplo?
12. ¿He aconsejado o instigado a alguien a hacer el mal?
13. ¿No he ayudado a alguien a pecar, facilitándoselo o encubriéndolo?
14. ¿He alabado o animado el pecado ajeno?
15. ¿He callado o minimizado el pecado ajeno cuando debería haber intervenido?
16. ¿No he dado escándalo con un falso silencio, con actitudes contradictorias o con comportamientos que confunden a los demás sobre la vida cristiana?
17. ¿No he enseñado cosas erróneas o no suficientemente ponderadas, desviando así a los demás?
4. Honestidad, justicia y respeto de los bienes ajenos
La justicia hacia el prójimo se refiere a los bienes materiales, el trabajo y los contratos.
18. ¿He robado o dañado los bienes de alguien? ¿He pensado en hacerlo?
19. ¿He deseado de manera desordenada las cosas de otros (envidia de los bienes)?
20. ¿He devuelto lo que he sustraído y he reparado los daños causados?
21. En el trabajo, ¿he sido justo, honesto y diligente, prestando mi servicio con dedicación?
22. ¿He pagado a los empleados y a los colaboradores el justo salario?
23. ¿He respetado los contratos firmados y he mantenido las promesas hechas?
24. ¿He cumplido mis deberes cívicos, incluido el pago de los impuestos?
25. ¿He usado injustamente el trabajo o los recursos ajenos en mi propio beneficio?
26. Si ejerzo una autoridad o un cargo, ¿lo uso para el bien común o para mi provecho personal?
27. ¿He retrasado injustamente decisiones o denuncias de injusticias que era mi deber hacer?
28. ¿Me he dejado corromper con dinero o regalos?
5. Honor, reputación y uso de la palabra
Las ofensas al honor y a la reputación hieren profundamente y son difíciles de reparar.
29. ¿He ofendido el honor o la reputación de alguien con calumnias (cosas falsas) o con maledicencias (cosas verdaderas pero inútilmente divulgadas)?
30. ¿No he juzgado temerariamente a alguien, atribuyéndole malas intenciones sin fundamento?
31. ¿No he interpretado mal las acciones o las palabras de los demás cuando era posible una explicación mejor?
32. ¿He violado secretos que me habían sido confiados?
33. ¿He mentido o engañado a alguien de alguna manera?
34. ¿He usado palabras violentas, ofensivas o injuriosas hacia alguien?
35. ¿Me he burlado, he despreciado o he hecho bromas inapropiadas sobre alguien?
36. ¿No he fomentado desavenencias, discordias o rencores entre personas?
37. ¿He hablado mal de los ausentes sin que pudieran defenderse? Por el contrario, ¿he salido en su defensa cuando eran atacados injustamente?
38. ¿No he exagerado u omitido hechos importantes, alterando la verdad?
39. ¿He callado culpablemente por egoísmo cuando debería haber testificado la inocencia de alguien?
40. ¿He pedido perdón a quien he ofendido o dañado?
6. Respeto hacia toda persona
Toda persona tiene una dignidad que no depende de su condición social, económica o cultural.
41. ¿No he despreciado a alguien por su condición económica, social, racial, cultural o política?
42. ¿No he tratado con suficiencia o dureza a los pobres, los débiles, los ancianos, los marginados, los extranjeros?
43. ¿No me he comportado de manera prepotente? ¿He usado insultos o violencia?
44. ¿He alimentado la «cultura del descarte», ignorando a quien no me es útil?
45. ¿He tratado a los demás como me gustaría ser tratado yo?
46. ¿He tenido respeto y paciencia al escuchar al prójimo?
47. ¿Respeto a las personas que ostentan una autoridad legítima?
48. En la relación con quienes están a mi cargo, ¿no he sido despótico, autoritario o susceptible?
7. Caridad concreta y ayuda al prójimo
El amor cristiano se mide con hechos, no solo con palabras.
49. ¿Comparto mis bienes con quien tiene menos que yo, sin mezquindad?
50. ¿Cuido de los pobres, de los enfermos, de los débiles, de los ancianos y de quien está en dificultades?
51. ¿Estoy disponible para donar mi tiempo a quien lo necesita?
52. ¿No estoy tan absorto en mis intereses que ignoro los problemas de los demás?
53. ¿No soy egoísta: pienso primero en mí o soy capaz de poner a los demás por delante?
54. ¿Soy solidario con quien sufre, participando al menos con una palabra amable o una oración?
55. ¿No he pasado de largo junto a alguien en dificultades ignorándolo, como el sacerdote de la parábola del buen samaritano?
56. ¿He retenido para mí cosas que podrían servir a otros?
57. ¿He participado en las obras de apostolado, caridad y vida de mi parroquia?
58. ¿Rezo por las necesidades de la Iglesia, por la unidad de los cristianos, por la evangelización y por la paz en el mundo?
8. Vida familiar
La familia es el primer lugar donde se ejerce la caridad.
Como hijo/a:
59. ¿He sido obediente, respetuoso y agradecido con mis padres?
60. ¿Les he ayudado en sus necesidades espirituales y materiales?
Como padre/madre:
61. ¿Me he preocupado por la educación cristiana de mis hijos?
62. ¿Les he dado buen ejemplo con mi vida?
63. ¿Les he guiado con autoridad amorosa, sin ser ni ausente ni tirano?
64. ¿Me he preocupado de darles lo necesario para la vida y la formación, sin forzarles en las decisiones importantes?
65. ¿No he dado a mis hijos mal ejemplo con mis palabras o mis acciones?
66. ¿Me gustaría de verdad que mis hijos llegaran a ser como yo?
Como cónyuge:
67. ¿He sido fiel a mi cónyuge en el corazón y en mi comportamiento con los demás?
68. ¿He contribuido con paciencia y verdadero amor al bien y a la serenidad de la familia?
69. ¿He sido comprensivo en los momentos difíciles?
70. ¿No he usado palabras ofensivas o humillantes hacia mi cónyuge?
71. ¿No me he comportado como un dictador en la familia, imponiendo mi voluntad?
9. Trabajo, responsabilidades profesionales y vida cívica
El trabajo es también un servicio a la sociedad: la pereza o la deshonestidad perjudican a todos.
72. ¿He sido perezoso o negligente en mi trabajo, realizándolo por debajo de mis capacidades?
73. ¿Trabajo con conciencia incluso en las tareas más ordinarias y banales?
74. ¿Hay aspectos de mi trabajo en contraste con la moral que ignoro diciéndome «los negocios son los negocios»?
75. ¿Mis relaciones con compañeros, clientes y colaboradores son correctas y respetuosas?
76. ¿No he perjudicado a mi empleador o a mis clientes por negligencia, omisión o engaño?
77. ¿He participado, en la medida de mis posibilidades, en la promoción de la justicia, la moralidad y el bien común en la sociedad en la que vivo?
78. ¿Me intereso de verdad por el bienestar de mi comunidad (colegio, parroquia, barrio) o soy indiferente?
79. ¿No me considero un buen ciudadano solo de palabra, sin comprometerme concretamente?
80. ¿He respetado el medio ambiente que se me ha confiado?
10. Actitud interior: cómo miro y pienso en el prójimo
Las faltas menos graves, pero aun así significativas, se refieren al interior del corazón.
81. ¿Sé ver a Jesús en el prójimo, o me es sustancialmente indiferente?
82. ¿He tenido pensamientos de celos o envidia hacia alguien, no deseándole nada bueno?
83. ¿No me he alegrado del mal o del fracaso ajeno?
84. ¿No he alimentado antipatías instintivas hacia alguien sin intentar superarlas?
85. ¿He sido irritable, brusco o frío sin motivo?
86. ¿He intentado disculpar los errores ajenos en lugar de juzgarlos duramente?
87. ¿No soy suspicaz o desconfiado hacia el prójimo sin una razón fundada?
88. ¿Soporto con paciencia los defectos y las debilidades de los demás?
89. ¿Me olvido de mí mismo para buscar el bien del prójimo, o me mueve sobre todo la necesidad de ser amado y apreciado?
90. ¿He dado buen ejemplo en todas las circunstancias?
91. ¿Rezo de manera especial por las personas con más dificultades?
III. EXAMEN DE CONCIENCIA SEGÚN LOS DEBERES PARA CONMIGO MISMO
«Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.» (Mt 5,48)
1. Orientación fundamental de la vida
La pregunta más radical: ¿hacia dónde se dirige mi vida?
1. ¿Estoy realmente animado por la esperanza de la vida eterna, o me comporto como si con la muerte todo terminara?
2. ¿He reflexionado seriamente sobre la pregunta: qué le respondería a Dios si muriera esta noche?
3. ¿Me doy ánimos ante las dificultades recordando que esta vida no es la definitiva?
4. ¿Me esfuerzo por crecer cada día en la vida espiritual a través de la oración, los sacramentos, la lectura de la Palabra de Dios y la mortificación?
5. ¿Me esfuerzo de verdad por superar mis vicios, mis malas inclinaciones y mis pecados más arraigados?
6. ¿Estoy dispuesto a empezar ahora lo que no podría hacer en la hora de la muerte y que entonces desearía haber hecho?
7. ¿Soy consciente de que la caridad es el fin último de mi vida y que seré juzgado sobre todo por ella?
8. ¿Tengo fe en la misericordia de Dios hasta el punto de no desesperar nunca y de abandonarme totalmente a Él?
2. Pureza y castidad
El cuerpo es templo del Espíritu Santo: toda impureza lo ofende gravemente.
9. ¿Estoy realmente convencido de que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo y no me pertenece?
10. ¿He conservado mi cuerpo puro y casto según mi estado de vida?
11. ¿He fornicado o cometido actos impuros?
12. ¿Me he opuesto a pensamientos, fantasías y deseos impuros o los he secundado y consentido?
13. ¿Me he entretenido con la pornografía o con espectáculos, lecturas y conversaciones contrarias a la moralidad?
14. ¿He consentido la búsqueda desordenada del placer sensual?
15. ¿He incitado a otros al pecado con mi comportamiento indecente o por falta de modestia?
16. ¿He respetado la ley moral en el uso del matrimonio?
3. Soberbia, vanidad y presunción
La soberbia es la raíz de muchos otros pecados.
17. ¿No soy soberbio? ¿Me considero mejor que los demás y los desprecio?
18. ¿No soy vanidoso o vanaglorioso: busco la admiración y la alabanza y no soporto críticas o correcciones?
19. ¿No soy presuntuoso ante Dios, como si no necesitara purificación?
20. ¿No amo el primer puesto? ¿No busco el dominio y la autoridad para afirmarme a mí mismo?
21. ¿No me alegro de la inferioridad ajena en lugar de valorar a los demás?
22. ¿No he impuesto mi voluntad a los demás, pisoteando su libertad y sus derechos?
23. ¿No me considero un justo mientras pienso que los demás son peores que yo?
24. ¿Sé olvidarme de mí mismo?
4. Sinceridad, hipocresía y conciencia
Actuar contra la propia conciencia es una de las faltas más sutiles y graves.
25. ¿No soy hipócrita? ¿Finjo la virtud, la devoción, un buen sentimiento, buenas cualidades y disposiciones para ganarme la simpatía o los favores de los demás, engañándolos?
26. ¿No he actuado contra mi conciencia por miedo o por respeto humano?
27. ¿Soy sincero con Dios, con el prójimo y conmigo mismo?
28. ¿No me he endurecido en el pecado, rechazando consejos, correcciones y enseñanzas que me devolverían al buen camino?
29. ¿No me he hecho culpable de pecados contra el Espíritu Santo, como la desesperación de la salvación o la presunción sobre la misericordia de Dios?
30. ¿Me he enfrentado honestamente a mí mismo, evitando ensoñaciones, racionalizaciones, resentimientos o vicios?
5. Templanza y cuidado del cuerpo
31. ¿He pecado de gula en la comida y en la bebida, excediéndome o siendo desmedido?
32. ¿He sido intemperante con las bebidas alcohólicas?
33. ¿He consumido drogas?
34. ¿No he exagerado con el tabaco o con otros vicios del cuerpo?
35. ¿Me preocupo de forma excesiva por la salud física o los bienes materiales, hasta el punto de descuidar el alma?
36. ¿No soy mundano? ¿Un poco creyente y un poco apegado al mundo, sin una elección clara?
37. ¿He observado la ley del ayuno y de la abstinencia en los tiempos establecidos por la Iglesia?
38. ¿He sido decente en mi forma de vestir y de comportarme?
6. Pobreza, sencillez y uso de los bienes
39. ¿No soy ávido de riquezas o avaro, apegado a los bienes materiales de forma desordenada?
40. ¿No soy ambicioso en el sentido mundano: busco dinero, poder o fama como un fin en sí mismos?
41. ¿He malgastado dinero en cosas inútiles o en lujos superfluos, en detrimento de mi familia o de los pobres?
42. ¿No abuso de los dones que Dios me ha dado, los derrocho o los considero míos sin reconocer su origen?
43. ¿Soy fiel al espíritu de pobreza y sencillez que exige el Evangelio, o estoy distraído por el apego a mis bienes?
44. ¿Mi situación financiera está en orden? ¿Contribuyo con los pobres y con la Iglesia según mis posibilidades?
7. Uso del tiempo, de las fuerzas y de los dones recibidos
45. ¿No soy perezoso e inerte, malgastando el tiempo en lugar de usarlo bien?
46. ¿No pierdo el tiempo en actividades que no edifican (televisión, internet, redes sociales, etc.) más de lo necesario?
47. ¿He usado bien mi tiempo, mis fuerzas y los talentos que Dios me ha dado para crecer en la vida espiritual y servir?
48. ¿No he sido negligente en los deberes cotidianos porque no me gustaban o eran incómodos?
49. ¿He respetado el programa espiritual y de vida que me había fijado?
50. ¿Me he levantado y acostado a la hora establecida, viviendo con orden y disciplina?
51. ¿Mantengo en orden y limpios los lugares en los que vivo y trabajo?
52. ¿No soy perezoso espiritualmente: intento de verdad avanzar o me conformo con ir tirando a medias?
8. Sufrimientos, pruebas de la vida y mortificación
La aceptación de las pruebas es un signo de madurez cristiana.
53. ¿No me he rebelado contra los sufrimientos y las contrariedades permitidas por Dios, en lugar de aceptarlas con fe?
54. ¿No he murmurado o acusado a los demás y a las circunstancias, en lugar de ver en la prueba una ocasión de purificación?
55. ¿He ofrecido a Dios los dolores, las fatigas y los sufrimientos de mi vida?
56. ¿He soportado con paciencia y serenidad las dificultades cotidianas?
57. ¿No me he dejado abrumar por el desánimo, la tristeza o el pesimismo ante las pruebas?
58. ¿He practicado la mortificación de los sentidos: ojos, oídos, gusto, tacto, lengua?
59. ¿No me he opuesto a la voluntad de Dios, reclamando o protestando contra lo que Él permite?
60. ¿Soy capaz de decir «sí, Padre» incluso cuando la prueba es dura, a ejemplo de Cristo?
9. Envidia, celos y dominio de las pasiones
61. ¿No soy esclavo de mis pasiones e inclinaciones, en lugar de actuar con la libertad de los hijos de Dios?
62. ¿No soy envidioso o celoso, sintiéndome en competencia con los demás?
63. ¿He dejado que mi ira o mi mal humor me perjudicaran a mí mismo y a los demás?
64. ¿No medito venganzas o guardo rencores en el corazón?
65. ¿He intentado dominar mis reacciones negativas con el silencio interior y el autocontrol?
66. ¿No he cedido a la curiosidad morbosa que lleva a las tentaciones?
67. ¿Soy manso, humilde y constructor de paz, empezando por mí mismo?
10. Progreso espiritual y dirección de la vida
La vida cristiana es un camino: detenerse ya es retroceder.
68. ¿Observo un progreso real en mi vida espiritual o estoy estancado desde hace años?
69. ¿No me apego demasiado a las cosas transitorias, impidiendo así mi crecimiento interior?
70. ¿Me dejo guiar más por mis opiniones, pasiones y caprichos que por quien me puede ayudar espiritualmente?
71. ¿Tengo amor por la verdad y por la vida?
72. ¿Sé identificar los pecados que cometo más a menudo y busco sus causas para corregirme?
73. ¿Soy buscador de la paz y de la alegría cristiana del Resucitado, o me lamento constantemente de mi vida?
Al final del examen, reza un acto de contrición y proponte mejorar.
«Arrepentirse es sentir tristeza por haber ofendido a Dios tan bueno, y por haber hecho lo que nos hace daño a nosotros mismos y a los demás.»
