Disposiciones para una buena confesión

Para prepararse a la confesión es indispensable conocer las enseñanzas del catecismo: se trata de la formación básica de todo cristiano. También quien ya haya recibido esta instrucción en el pasado hará bien en repasarla, porque es una ayuda valiosa para confesarse con fruto.
Recordemos algunas verdades contenidas en él y otras enseñanzas muy útiles para la Confesión.
1. Los dos mandamientos de la caridad
1. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
2. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
2. La regla de oro (Mt 7,12)
Todo cuanto queráis que los hombres hagan a vosotros, hacedlo también vosotros a ellos.
3. Los diez mandamientos de Dios o Decálogo
1. No tendrás otro Dios fuera de mí.
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Acuérdate de santificar las fiestas.
4. Honra a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No darás falso testimonio.
9. No desearás la mujer de tu prójimo.
10. No desearás los bienes ajenos.
4. Los cinco preceptos de la Iglesia
1. Participar en la Misa el domingo y las demás fiestas de precepto y permanecer libres de trabajos y actividades que pudieran impedir la santificación de dichos días.
2. Confesar los propios pecados al menos una vez al año.
3. Recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por Pascua.
4. Abstenerse de comer carne y observar el ayuno en los días establecidos por la Iglesia.
5. Subvenir a las necesidades materiales de la Iglesia, según las propias posibilidades.
5. Las siete obras de misericordia corporales
1. Dar de comer al hambriento
2. Dar de beber al sediento
3. Vestir al desnudo
4. Alojar a los peregrinos
5. Visitar a los enfermos
6. Visitar a los presos
7. Enterrar a los muertos
Recuerda que nuestra santa fe católica nos enseña que… así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta. (Santiago 2:26)
6. Las siete obras de misericordia espirituales
1. Aconsejar a los que dudan
2. Enseñar a los ignorantes
3. Amonestar a los pecadores
4. Consolar a los afligidos
5. Perdonar las ofensas
6. Soportar con paciencia a las personas molestas
7. Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos
7. Las tres virtudes teologales
1. Fe
2. Esperanza
3. Caridad
8. Las cuatro virtudes cardinales
1. Prudencia
2. Justicia
3. Fortaleza
4. Templanza
9. Los siete vicios capitales y las virtudes contrarias
1. Soberbia – Humildad
2. Avaricia – Generosidad
3. Lujuria – Mortificación
4. Ira – Paciencia
5. Gula – Abstinencia
6. Envidia – Caridad
7. Pereza – Diligencia
10. Los pecados contra el Espíritu Santo
1. Desesperación de la salvación – Considerar que Dios no puede o no quiere perdonar los propios pecados, rechazando la misericordia divina.
2. Presunción de salvarse sin mérito – Esperar la salvación sin conversión (presumir del perdón de Dios) o esperar obtener la gloria sin merecerla.
3. Impugnar (oponerse a) la verdad conocida – Negar o combatir deliberadamente una verdad de fe que se reconoce como verdadera, por razones de soberbia o interés.
4. Envidia de la gracia ajena – Entristecerse por los bienes espirituales del prójimo, es decir, por su santidad o su cercanía a Dios.
5. Obstinación en los pecados – Persistir deliberadamente en el mal con la voluntad de no convertirse, rechazando el arrepentimiento.
6. Impenitencia final – Morir sin haberse arrepentido, rechazando el perdón de Dios hasta el último momento de la vida.
Jesús habla de un “pecado contra el Espíritu Santo” que no será perdonado (Mt 12,31-32). La teología aclara que estos pecados no son irremisibles por un límite de la misericordia de Dios (que es infinita), sino porque quien los comete rechaza voluntariamente los medios mismos del perdón: la gracia, la conversión, el arrepentimiento. Es un cierre libre y obstinado del corazón humano.
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1864) afirma: “Quien no quiere recibir el perdón, no puede ser perdonado”.
11. Los cuatro pecados que claman venganza al cielo
1. Homicidio voluntario
“¡La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra!” (Gn 4,10 – Tras el fratricidio de Caín)
2. Pecado impuro contra natura
“Porque vamos a destruir este lugar: el clamor que se ha alzado contra ellos ante el Señor es grande y el Señor nos ha enviado a destruirlos.” (Gn 19,13 – destrucción de Sodoma y Gomorra)
3. Opresión de los pobres, viudas y huérfanos
“No maltratarás a la viuda ni al huérfano. Si los maltratas, cuando invoquen mi ayuda, yo escucharé su clamor, mi ira se encenderá y os haré morir a espada.” (Ex 22,21-23)
4. Defraudar el salario a los obreros (no pagar a tiempo su justo salario)
“No defraudarás al asalariado pobre y necesitado, ya sea uno de tus hermanos o uno de los extranjeros que están en tu tierra, en tus ciudades. Le darás su salario el mismo día, antes de que se ponga el sol, porque es pobre y a eso aspira. Así no clamará contra ti al Señor y no estarás en pecado.” (Dt 24,14-15)
12. Los nueve modos en que se es cómplice de los pecados ajenos
1. Participando – tomar parte activa en la acción pecaminosa
2. Mandando – ordenar a alguien que peque, especialmente cuando se tiene autoridad
3. Provocando – instigar o dar mal ejemplo a alguien hasta hacerlo caer en el pecado
4. Aconsejando – sugerir o empujar a alguien a cometer el mal
5. Consintiendo – aprobar interior o exteriormente el mal que otro está haciendo
6. Alabando o adulando – elogiar a quien comete el mal, animándolo
7. Defendiendo el mal cometido – justificar o proteger a quien ha pecado
8. No impidiendo – omitir detener a alguien cuando se tiene el deber y la posibilidad de hacerlo
9. Callando o, peor aún, ocultando – no denunciar o no corregir cuando la conciencia y el rol lo requieren
La distinción fundamental es entre cooperación formal (se comparte la intención malvada del otro) y cooperación material (se contribuye al acto sin compartir su fin), con diferentes grados de gravedad moral según el caso.
La lista tradicional en latín es: consilio, mandato, consensu, palpatione, adulatione, receptatione, participatione, taciturnitate, non obstando.
13. Las cinco blasfemias contra el Inmaculado Corazón de María
1. ¿He blasfemado contra la Inmaculada Concepción?
2. ¿He blasfemado contra la Virginidad Perpetua de Nuestra Señora?
3. ¿He blasfemado contra la Maternidad Divina de Nuestra Señora? ¿Me he negado a reconocer a Nuestra Señora como Madre de todos los hombres?
4. ¿He intentado públicamente sembrar en los corazones de los niños indiferencia o desprecio, o incluso odio, hacia esta Madre Inmaculada?
5. ¿La he ultrajado directamente en sus sagradas imágenes?
Las cinco blasfemias contra el Inmaculado Corazón de María tienen su origen en las apariciones de Fátima, más específicamente en la aparición de Pontevedra (España) del 10 de diciembre de 1925.
En esa fecha, la Virgen María se apareció a sor Lucía dos Santos —una de las tres videntes de Fátima, que entretanto se había hecho monja dorotea— junto con el Niño Jesús. La Virgen le mostró su Corazón rodeado de espinas y le explicó que se trataba de las blasfemias e ingratitudes de los hombres. Fue en esa ocasión cuando María pidió la devoción reparadora de los cinco primeros sábados de mes, como remedio contra estas ofensas.
14. El vicio o la segunda naturaleza
A menudo ya no nos damos cuenta de los pecados, porque al repetirlos, incluso sin intención, se han transformado en vicios; se han convertido en una segunda naturaleza. La mayoría de las veces se adquieren por socialización y por eso a veces son difíciles de identificar. Es necesario entender qué es el vicio para saber reconocerlo con humildad y encontrar el remedio oportuno.
Un vicio es una disposición estable y habitual al mal, una mala costumbre arraigada en el alma, un hábito moral negativo que inclina a la persona a cometer actos moralmente desordenados. En otras palabras, es lo opuesto a la virtud: mientras que la virtud hace más fácil y espontáneo hacer el bien, el vicio hace más fácil y espontáneo hacer el mal. Es en la práctica la ausencia de una virtud. Nace de un pecado repetido.
En teología moral, el vicio se considera una mala costumbre que se opone a una virtud específica (por ejemplo, la gula se opone a la templanza), o puede ser una deformación por exceso o por defecto con respecto a una virtud.
Las pasiones (como la ira o el deseo) en sí mismas no son vicios. Se vuelven viciosas solo cuando no son gobernadas por la razón y la voluntad.
Características principales del vicio
Es habitual: no es un solo acto incorrecto, sino una tendencia repetida que ha echado raíces en el comportamiento.
Implica conciencia y libertad (al menos al principio): un vicio se forma a través del abuso del libre albedrío; la persona elige conscientemente cometer una acción incorrecta, y al repetir esa elección, se convierte en una segunda naturaleza que oscurece la razón.
Nace de los actos: así como las virtudes se forman repitiendo actos buenos, así los vicios nacen de repetir actos malos.
Ofusca el juicio moral: quien cultiva un vicio tiende a justificar el mal y a no reconocer ya su gravedad; debilita la capacidad de juicio moral y hace progresivamente más difícil hacer el bien.
Deforma la libertad: debilita la capacidad de elegir el bien y hace que la persona sea menos dueña de sí misma.
Causa un daño moral: el propósito de una virtud es perfeccionar a la persona y hacerla florecer (εὐδαιμονία – eudaimonia decían los griegos). El fin del vicio es el opuesto: degrada la inteligencia, debilita la voluntad y corrompe la capacidad de amar y de relacionarse de manera sana. Es un comportamiento que, al final, hace infeliz.
15. El pecado
El sacramento de la Penitencia –también llamado Confesión– es el sacramento instituido por Cristo para perdonar los pecados cometidos después del Bautismo. Mediante la confesión al sacerdote y la absolución sacramental, el fiel obtiene el perdón de Dios y la reconciliación con la Iglesia.
Pecado es cualquier acto, palabra, deseo, pensamiento u omisión contra la voluntad de Dios. Se puede distinguir en pecado mortal, pecado venial e imperfecciones.
El pecado mortal
El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre y lo aleja completamente de Dios, que es su fin último. Mata la gracia santificante que habita en nosotros.
Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones:
1. Materia grave – violar uno de los mandamientos en materia grave.
2. Plena advertencia – conciencia de que el acto es gravemente malo.
3. Perfecto consentimiento – elección libre y voluntaria de cometerlo.
Si no es borrado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, el pecado mortal lleva a la exclusión del Reino de Dios y a la condenación eterna en el infierno.
El pecado venial
El pecado venial no destruye la caridad, pero la ofende y la debilita. No rompe completamente la alianza con Dios, pero lo ofende mucho, especialmente cuando se actúa conscientemente.
El pecado venial:
1. Frena el progreso espiritual del alma.
2. Comporta penas temporales (en la tierra o –mucho peor– en el Purgatorio).
3. Si es deliberado y repetido sin arrepentimiento, dispone progresivamente a caer en el pecado mortal.
Las imperfecciones
La imperfección es un bien realizado de manera menos plena de lo que sería posible, o la omisión de un bien que no era estrictamente obligatorio. Aunque no rompen la relación con Dios, las imperfecciones ralentizan el camino hacia la santidad.
Ejemplos concretos:
1. Realizar un acto bueno pero con tibieza o poca generosidad.
2. Elegir algo bueno sin elegir lo mejor posible.
3. Actuar con recta intención pero mezclada con un poco de amor propio.
4. Rezar pero con escasa atención.
5. Hacer caridad pero con alguna búsqueda de aprobación.
16. Modo práctico para hacer la Confesión
Preparación
Me pongo en la presencia de Dios y pido al Espíritu Santo que me ilumine, para que me recuerde los pecados que desagradan a Dios.
Examen de conciencia: Recuerdo los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha —de pensamiento, palabra, obra u omisión— contra los mandamientos de Dios, de la Iglesia, contra las virtudes o contra las obligaciones del propio estado de vida. El examen se hace con diligencia, seriedad y sinceridad, pero sin angustiarse. La confesión no es un suplicio ni una tortura, sino un acto de humilde confianza en la misericordia de Dios: no se trata de atormentar el alma, sino de liberarla.
En el confesionario
Me acerco y comienzo con un saludo cristiano, del tipo:
“¡Alabado sea Jesucristo!” — y hago la señal de la cruz.
El confesor responde:
“¡Por siempre sea alabado!”
Y puede continuar:
“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. El Señor esté en tu corazón para que puedas arrepentirte y confesar humildemente tus pecados.”
La confesión de los pecados
Digo mi estado: casado, religioso, viudo, etc., y cuánto tiempo ha pasado desde la última confesión.
Luego, con arrepentimiento, reconozco y me acuso humildemente de todos los pecados recordados desde la última confesión bien hecha, ante Dios y su ministro. Especifico si se trata de pecados de pensamiento, palabra, acción u omisión.
Se empieza por el pecado más grave. Se confiesa primero el pecado, luego las circunstancias y el número —evitando excusarse—. Estamos ahí para acusarnos, no para excusarnos. El perdón lo da siempre Dios, no nosotros.
Es muy aconsejable terminar con las palabras:
“Me arrepiento también de todo lo que no recuerdo o no me doy cuenta; pido a Dios perdón, y a usted, padre, penitencia y absolución.”
La penitencia y la absolución
El confesor puede dar consejos oportunos, imponer la penitencia e invitar a expresar la contrición con el acto de dolor:
“Dios mío, me arrepiento y me pesa de todo corazón de mis pecados, porque pecando he merecido tus castigos, y mucho más porque te he ofendido a Ti, infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas. Propongo, con Tu santa ayuda, no ofenderte nunca más y huir de las ocasiones próximas de pecado. Señor, misericordia, perdóname.”
El sacerdote absuelve al penitente diciendo:
“Dios, Padre de misericordia, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y resurrección de su Hijo, y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”
Respondo:
“Amén.”
El sacerdote puede añadir:
“La Pasión de Jesucristo nuestro Señor, la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de todos los santos, el bien que hagas y el mal que tengas que soportar te sirvan para el perdón de los pecados, el aumento de la gracia y el premio de la vida eterna. El Señor ha perdonado tus pecados, vete en paz.”
Respondo:
“Amén.”
Después de la confesión
Es aconsejable cumplir enseguida la penitencia recibida, para no olvidarla.
A esta es aconsejable añadir al menos un Padrenuestro y un Avemaría en acción de gracias a Dios por el perdón recibido, y un Padrenuestro y un Avemaría por el sacerdote confesor —para que Dios nos conceda siempre encontrar un confesor, especialmente en la hora de la muerte.
17. Los elementos indispensables para una buena Confesión
1. Examen de conciencia
Traer a la memoria todos los pecados cometidos desde la última confesión, tratando de ser lo más honesto posible con uno mismo.
2. Arrepentimiento
Sentir un sincero dolor por haber ofendido a Dios y detestar sinceramente el pecado. Como el arrepentimiento es un don de Dios, es necesario pedírselo a Él con humildad en la oración.
3. Propósito de enmienda
Tomar la firme decisión de no pecar más, aceptando hacer todo lo necesario para evitar el pecado, cueste lo que cueste.
4. Confesión al sacerdote
Decir al sacerdote todos los pecados descubiertos en el examen de conciencia. Esta confesión debe ser:
Sincera: sin intentar engañar al sacerdote —ya que es imposible engañar a Dios.
Completa: sin callar ningún pecado.
Humilde: sin altivez ni arrogancia.
Contrita: sin indiferencia, y mucho menos con ligereza.
Prudente: con palabras adecuadas, sin nombrar a otras personas ni revelar pecados ajenos.
Breve: sin explicaciones inútiles ni temas ajenos, salvo las circunstancias relevantes.
5. Satisfacción (Penitencia)
Cumplir la penitencia asignada por el sacerdote, con la intención de reparar los pecados cometidos. La penitencia es obligatoria, ya que constituye parte integrante del sacramento mismo.
18. Preguntas útiles para prepararse a la confesión
Sobre la propia actitud hacia el sacramento
– ¿Me acerco al sacramento de la Penitencia con un sincero deseo de purificación, de conversión y de una amistad más profunda con Dios? ¿O lo considero algo molesto, que se recibe solo raramente y de mala gana?
Sobre las confesiones pasadas
– ¿He olvidado o callado deliberadamente algún pecado grave en las confesiones anteriores?
– ¿He mentido en confesión, por vergüenza o por miedo?
– ¿He cumplido la penitencia que me fue asignada por el sacerdote?
Sobre el cambio de vida
– ¿He reparado las injusticias cometidas hacia los demás?
– ¿Me he comprometido concretamente a corregir mis pecados y a no recaer en ellos?
– ¿He intentado poner en práctica los propósitos hechos para enmendar mi vida según el Evangelio?
Sobre el sacramento de la Eucaristía
– ¿Soy consciente de que, si tengo en la conciencia un pecado grave —o incluso solo la duda de que lo sea— no debo acercarme a la Santa Comunión sin haberme confesado antes? Hacerlo constituiría un pecado más grande, el del sacrilegio.
Sobre las Obras de Misericordia
– ¿He descuidado las Obras de Misericordia espirituales y corporales, cuando habría podido realizarlas?
Sugerencia práctica: si puede ayudar, escribe tus pecados en una hoja antes de confesarte, para no olvidar ninguno. Es aconsejable destruirla después de la confesión.
