13 Mar 2026, Vie

⏱️ Tiempo de lectura: 3 min.

En 1844, en un período lleno de interrogantes sobre el futuro del Oratorio, Don Bosco anota en sus Memorias un sueño que ilumina y orienta su misión. La víspera del anuncio a los muchachos del traslado a Valdocco, ve en visión un rebaño confuso de animales feroces y mansos que, guiado por una misteriosa Pastora, se transforma progresivamente en corderos dóciles. El camino culmina en un vasto patio dominado por una iglesia majestuosa, sobre la cual campea la inscripción latina «Hic domus mea, inde gloria mea» (Aquí mi casa, de aquí mi gloria). El episodio, que recuerda su primer sueño infantil en los Becchi, prefigura el nacimiento de la obra salesiana, revela la confianza providencial que sostiene a Don Bosco en los momentos de duda y lo impulsa a dar pasos decisivos.

Un hecho maravilloso infundía ánimo a don Bosco por aquellos días, indicándole los futuros acontecimientos. Vamos a narrarlo con sus mismas palabras, copiadas del manuscrito de sus memorias:

El segundo domingo de octubre de aquel año (1844) tenía que anunciar a mis chicos que el Oratorio pasaría a Valdocco. Pero la incertidumbre del lugar, de los medios y de las personas, me tenía preocupado. La víspera fui a dormir con el corazón inquieto. Aquella noche tuve otro sueño que parece ser un apéndice del que tuve en I Becchi cuando tenía nueve años. Creo oportuno exponerlo con detalle.

Soñé, pues, que estaba en medio de una multitud de lobos, zorros, cabritos, corderos, ovejas, carneros, perros y pájaros. Todos juntos hacían un ruido, un alboroto, o mejor, una batahola capaz de espantar al más intrépido. Iba a huir, cuando una señora muy bien vestida, a guisa de pastorcilla, me indicó que siguiera y acompañase aquel extraño rebaño, mientras ella se ponía al frente. Anduvimos vagando por varios lugares; hicimos tres estaciones o paradas. A cada parada, muchos de aquellos animales, cuyo número cada vez aumentaba más, se convertían en corderos. Después de andar mucho, me encontré en un prado, en donde aquellos animales corrían y se alimentaban juntos, sin que los unos tratasen de dañar a los otros.
Agotado de puro cansancio, quise sentarme junto al camino vecino; pero la pastorcilla me insistió que siguiera andando. Después de un corto trecho de camino me encontré en un patio grande, rodeado de pórticos y, a cuyo extremo, se levantaba una iglesia. En aquel momento me di cuenta de que las cuatro quintas partes de aquellos animales ya se habían convertido en corderos. A este punto llegaron algunos pastorcillos para custodiarlos, pero estaban poco tiempo y se marchaban. Entonces sucedió algo maravilloso: no pocos de los corderos se convertían en pastores, que crecían y se cuidaban del rebaño. Como aumentaba mucho el número de pastores, fueron dividiéndose y marchando a diferentes pastos, para recoger otros animales de otro origen y guiarlos a otros apriscos.
Yo quería marcharme de allí, porque me pareció que era hora ya de celebrar misa, pero la pastora me invitó a mirar hacia el mediodía. Miré y vi un campo sembrado de maíz, patatas, coles, remolachas, lechugas y muchas otras verduras. – Mira de nuevo, me dijo. – Miré otra vez. Entonces vi una iglesia alta y grandiosa. Un coro orquestal, música instrumental y vocal me invitaban a cantar la misa. En el interior de la iglesia había una franja blanca en la que estaba escrito con caracteres cubitales: HIC DOMUS MEA, INDE GLORIA MEA (ESTA ES MI CASA, DE AQUI SALDRA MI GLORIA). Siempre en sueños, pregunté a la pastora que en dónde me encontraba; qué querían decir aquel andar y detenerse, aquella casa, una iglesia y después otra iglesia. -Todo lo comprenderás cuando con los ojos materiales veas realizado lo que ahora contemplas con los ojos del entendimiento. Y como me pareciera que estaba despierto, dije:
– Yo veo claro y veo con los ojos materiales. Sé a dónde voy y qué hago. – En aquel momento sonó la campana de la Avemaría en la iglesia de San Francisco de Asís y me desperté.
Esto duró casi toda la noche; lo acompañaron muchas circunstancias. Entonces entendí poco de su significado, porque no le daba gran crédito; pero comprendí poco a poco las cosas, según se iban realizando. Más tarde me sirvió, juntamente con otro nuevo sueño, de programa en mis decisiones, en el Refugio.
(MB IT II, 243-245 MB ES II, 191-192)

TAGS: