7 Feb 2026, Sáb

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Don Bosco fue profundamente fiel a la Iglesia y al papa Pío IX, a quien amó con afecto filial. El Papa lo recibió en audiencia quince veces en treinta años, demostrándole una constante benevolencia a través de cartas y «Breves Pontificios» de tono paternal. Don Bosco, en señal de gratitud, hizo edificar en Turín la iglesia de San Juan Evangelista con una estatua del Pontífice. Pío IX fue providencialmente el Papa que acompañó a Don Bosco desde el inicio de su obra por la juventud pobre y abandonada.

Don Bosco era un sacerdote muy obediente a la Iglesia y al mismo tiempo un ciudadano leal a su patria. Sin embargo, como hombre de Dios, no podía dejar de considerar al Romano Pontífice más que a cualquier otro líder. Solía decir que cada deseo del Papa era una orden para él. Esta actitud procedía de ese “sensus Ecclesiae” y fidelidad al Papa que él consideraba aspectos esenciales de una fe cristiana integral.
Además de esta fidelidad absoluta al Santo Padre, como Vicario de Cristo y Pastor Supremo de la Iglesia, Don Bosco, que desarrolló su obra bajo la égida de Pío IX, amaba también al gran Pontífice con afecto filial, y era para él un verdadero padre.
Y es que el angélico Pío IX, ahora Beato, constituyó con la Venerable Margarita Occhiena y con San José Cafasso, el espléndido trío que el Señor puso en apoyo de todo lo que Don Bosco pudo realizar en su vida. La madre desempeñó un papel único en la educación y el apostolado temprano de su hijo, influyendo profundamente en el espíritu y el estilo de su futura obra. Don Cafasso fue el director espiritual en el momento de las elecciones juveniles, dificultades, incertidumbres y dudas de Don Bosco.
Pío IX, con su paternal benevolencia, su clarividente intuición y la suprema garantía de su autoridad, fue el guía inspirado que le confirmó el camino a seguir, permitiéndole superar todos los obstáculos y haciendo posible que en un tiempo relativamente breve fundara, aprobara y desarrollara su Obra en todo el mundo.

Las Audiencias y los “Brevi” pontificios
      Para Don Bosco, por tanto, fue también una cuestión de corazón. La bondad de Pío IX, las graves pruebas que tuvo que soportar por la Iglesia y su benevolencia hacia la obra salesiana, fueron otros tantos lazos que le unieron íntimamente a él. Y, a su vez, Pío IX amaba a Don Bosco.

Veinte veces fue Don Bosco a Roma y 15 de esos viajes los hizo para ser recibido por el Papa. El primero fue en la primavera de 1858, cuando obtuvo tres audiencias sucesivas. Pío IX quedó fascinado. A partir de ese momento se convirtió en un gran amigo de Don Bosco y de su obra, dándole múltiples pruebas de su amistad a lo largo de 30 años. Fue una amistad rica en consejos, favores y generosa comprensión de sus problemas.
Ciertamente no es posible en un artículo como éste describir todas las relaciones que existieron entre el gran Pontífice y el Fundador de los Salesianos. Nos limitaremos a recordar dos momentos significativos de la correspondencia -¿podemos llamarla así? -, entre Don Bosco y el Papa.
En el Archivo Central Salesiano se conservan 12 cartas de Pío IX a Don Bosco, cartas que, aunque tienen la forma externa de “Brevi Pontificios”, se diferencian completamente de ellos porque sustituyen el formulismo habitual de la Curia por un lenguaje paterno en el que vibra todo el afecto del Papa hacia Don Bosco, sus hijos y su obra.
El 7 de enero de 1860, en respuesta a un discurso que Don Bosco le había enviado en su nombre y en el de sus hijos, el Papa contestó, en latín por supuesto, dando rienda suelta a su dolor por lo que estaba sucediendo y expresando su consuelo por el bien que se estaba haciendo en Turín, concluyendo
Soporta si te sobreviene alguna tribulación, y manten con grandeza de ánimo los sufrimientos del tiempo presente. Nuestra esperanza está puesta en Dios que, por intercesión de la Inmaculada Virgen María, Reina y Señora del mundo, nos librará de estos graves males” (ASC 126.2, trad.).
La última carta o “Breve pontificio” lleva la fecha del 17 de noviembre de 1875. El Papa había recibido en audiencia especial a los primeros Misioneros Salesianos que partían para América. En el Breve decía:
Hemos acogido con paterna benevolencia a los Misioneros que nos recomendasteis. De su aspecto y de sus palabras ha crecido en nosotros la esperanza, que ya teníamos, de que sus trabajos en aquellos lejanos países, adonde van, sean fecundos y saludables para los fieles” (ibid.).
Todas estas manifestaciones de bondad por parte del gran Pío IX compensaron ampliamente a Don Bosco de sus muchas aflicciones.

Un truco de la Providencia
      En memoria del gran Benefactor, Don Bosco hizo construir en Turín la iglesia de San Juan Evangelista, en la Avenida del Rey, al este de la Estación Central de Porta Nuova, que llevaba el nombre del santo patrón del Papa Mastai, y que debía ser un monumento de perpetua gratitud al gran Pío IX. Por la misma razón, Don Bosco hizo colocar en la entrada una gran estatua que representaba su majestuosa figura.
La estatua fue colocada en su base el 25 de abril de 1882. En la mañana del 11 de abril, monseñor Celestino Fissore, arzobispo de Vercelli, había consagrado la iglesia de San Secondo, en el lado opuesto de la Estación Central. Pero en aquella ocasión, los sectarios, molestos por el hecho de que se fuera a colocar un busto del difunto Pontífice con una inscripción en el frontón de la iglesia, que era también un monumento a la memoria de Pío IX, organizaron un motín de protesta en el lugar durante la ceremonia. Una turba de asalariados, que había acudido a propósito al lugar, provocó tal alboroto que hubo que retirar el busto y la inscripción para evitar males mayores.
Pero en el mismo momento en que el busto de Pío IX era retirado de la fachada de San Secondo, un carro que transportaba la estatua del Pontífice llegaba desde la estación de ferrocarril hasta la iglesia de San Juan Evangelista. El coadjutor salesiano José Buzzetti, que buscaba mano de obra para descargar aquel enorme peso, se topó con los albañiles que regresaban de la hazaña realizada en San Secondo. Les invitó a transportar la estatua al interior del templo de San Juan Evangelista. Felices por la repentina oportunidad de obtener beneficios, los pobres hombres aceptaron encantados. Y así, esas mismas manos que habían retirado el busto del Papa en un lugar, levantaron la estatua en otro (MB XV, 374). ¿Bromas de la Providencia?
Pío IX fue el Papa que la Providencia envió a Don Bosco desde el principio de la obra que emprendió en favor de la juventud pobre y abandonada. Fue verdaderamente un Padre amoroso para aquel a quien Juan Pablo II proclamaría “Padre y Maestro de la Juventud”.

 

P. Natale CERRATO

Salesiano de Don Bosco, misionero en China de 1948 a 1975, estudioso de Don Bosco y del Salesianismo, escribió obras y artículos, realizando una valiosa labor de difusión de la vida y obra del Santo de la Juventud. Entró en la eternidad en 2019.